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biblia comentada

 

 





Descripcion:
grado, los lugares paralelos de los evangelios sinpticos son tratados en el comentario al evangelio de San Mateo. De este modo se evita, bastantes veces, la repeticin de conceptos equivalentes.

a al pueblo judo. Cuando est ejerciendo su oficio, Cristo lo llama al apostolado (Mt 9:9-13; par.) y fue hecho apstol (Mt 10:3; par.). Su telonio lo tena en Cafarnam. All debi de conocer a Cristo, y prob

blemente haba presenciado algn milagro. En el primer evangelio se le llama Lev. Acaso el nombre de Mateo se lo dio Cristo (Dufour). Por ello, el gnstico Heraclen, Clemente de Al

), que cada uno interpret () como pudo.”

Los argumentos internos del libro llevan a lo mismo. Al narrar su conversin cita su nombre vulgar de Mateo, mientras que Mc-Lc, en el lugar paralelo, lo llaman Lev. En esto ltimo se ha querido ver un modo de disimular el nombre con el que el publicano Mateo era conocido. En este mismo pasaje no se dice que l dio un banquete a Cristo en su casa, lo que dicen Mc-Lc. En el catlogo de los apstoles se pospone a Toms, y se llama con el no

plicable que toda la antigedad cristiana desconociese este evangelio de Mateo, hasta el punto de no haber quedado memoria de l, y que, adems, hubiese sido suplantado por el actual sin protestas en personas tan vinculadas a la tradicin como un San Ireneo.

Algunos autores (Schmidtke, Grandmaison, Lagrange, Huby) quieren conservar el sentido primitivo de la palabra de Papas. Y as Mateo slo orden los discursos, por ser la parte que a l le interesaba para componer sus cinco libros de

do que, en su ambiente, el dialecto hebreo significa el estilo hebreo y no el arameo. Pero este hebreo de la poca en que escribe Mateo era el arameo. Los judos haban perdido como lengua el hebreo desde la cautividad y haban aprendido el arameo. Hasta tal punto que, en la sinagoga, la lectura de los libros sagrados se haca en hebreo, que qued como lengua litrg

Esta misma expresin dialecto hebreo significa el arameo, pues en unos pasajes se citan como hebreas palabras que son arameas (Jn 5:2; 19:17), y en otros pasajes se habla al pueblo en hebreo, que ha de ser el arameo, ya que, de lo contrario, no lo entenderan (Act 21:40; 22:2).

cia sin precederle ; se establece la relacin por medio de en lugar de (8:21; 12:13); se usa pleo-nsticamente el participio (13:28-46; 18:30). Todo lo cual se explica por una traducci

dicin eclesistica (San Ireneo, Orgenes, San Epifanio, San Jernimo, etc.) unnimemente sostiene que el evangelio de Mateo es el primer escrito de los evangelios cannicos. Tratando de precisar ms, se han propuesto diversas hipt

. Los apstoles habran marchado de Palestina sobre el ao 42, bajo la persecucin de Agripa I (Act 12:17) contra los cristianos. Vendra a confirmar esto lo que dice el antimontanista Apolonio (c. 190), que Cristo haba ordenado a los apstoles no salir de Jerusaln hasta despus de doce aos

Otra hiptesis est basada en un texto, muy discutido, de San Ireneo: Mateo dio su evangelio en la lengua hebrea cuando Pedro y Pablo evangelizaron y fundaron la iglesia de Roma.

El texto de San Ireneo es muy oscuro y se presta a varias interpretaciones. Algunos no lo refieren a la composicin del evangelio, sino a su divulgacin. Pero el verbo usado no tiene este sentido. Probablemente signifique este texto de San Ireneo que, sobre el tiempo que se fundaba la iglesia de Roma, sin matizar ms, Mateo escribi su evangelio. No sera, pues, compuesto antes del 60, primera cautividad romana de San Pablo. Podra tambin significar que Mateo escr

gelio avanzaba cada vez ms. Interesaba divulgarlo por escrito: No tenemos ningn indicio que nos permita decir en qu momento se compuso. Sin embargo, los datos probables de los evangelios cannicos y el espacio necesario para la gnesis literaria que hemos bosquejado invitan a colocar pronto

aramaico del evangelio de Mateo desapareci. Pero ya de muy antiguo se usa la versin griega del mismo. Papas ya deca que, en el uso del texto aramaico, cada uno lo interpret (

te Romano (s.l), San Ignacio ( 107), San Policarpo ( 155-156). Est, pues, hecha antes de fines del siglo I. Parecera que lo est antes del 70, ya que no describe la destruccin de Jer

Pero el concepto de versin en la antigedad es distinto del actual. Un traductor poda amplificar los pasajes que vierte, introducir alguna percopa, citas del A.T. hechas por alguna versin ya en curso, interpretacin de nombres, alteracin del orden e incluso aadir grandes partes.

Y el que est en la Vulgata y el que se us en la Iglesia fue el Mtg. De ah que toda esta reelaboracin y complementacin que el Mtg tenga sobre el Mateo aramaico estn insp

Este concepto de versin tan amplio, y la poca tarda en que es citado el Mtg, hace que la crtica moderna d una fecha de composicin y versin al Mtg mucho ms tarda.

En Mtg se acusa muy fuerte el antifarisesmo y antijudasmo oficial (Mt 23 y Mt 8:5-11 comparado con Lc 7:1-9; 13:28-29). Acaso pudiese sugerir esto el ataque del judaismo oficial al cristianismo, incluyndose en las 18 bendiciones el ataque a los cristianos. Esto ll

Pero, de suyo, es un clis ordinario, con el que se habla en el A.T. ms de treinta veces, e incluso a propsito de Jerusaln (1 Mac 1:30-33; 2 Re c.25; Is 29:3-7). ¿Es que se quiso utilizar este clis? ¿O

. con que quiere probar su tesis; lo mismo que el no explicar numerosos usos judos conocidos de sus lectores (1:21; 15:1-3; 27:62; 24:15; 10:6; 15:24; 4:5; 27:53; 5:47), trminos o costumbres inusitados para no judos, y que, por lo mismo, los otros sin

Dnde haya sido compuesto no se sabe. La falta de contactos paulinos posiblemente postulara una localidad fuera de los crculos de San Pablo, y hasta se pens en Fenicia, do

cia textos mesinicos del A.T., haciendo ver su cumplimiento en Cristo. As al hablar de la concepcin virginal (1:22), lo mismo que en diversos pasajes de la infancia (2:15-17:23), con motivo de establecerse en Cafarnam (4:14-16), a propsito de ciertas curaciones (8:17; 11:5; 12:17ss), a propsito d

npticos, el que ms datos, escenas y alusiones da de Cristo como Dios. As es superior al templo y dueo y seor del sbado (12:6.8); el conocimiento excepcional que tiene del Padre (11:25ss); El enva sus ngeles;

Sentada esta tesis de una manera directa, se destaca muy fundamentalmente a Cristo como fundador, legislador y doctor del nuevo reino. De ah los grandes discursos en que se expone la justicia del nuevo reino (c.5-7); y los miembros jerrquicos — apstoles — con el primado de Pedro (16:13-20; 18:1-10); ndole y crecimiento del mismo (c.13); su misin un

Como consecuencia se expone cmo el pueblo judo es rechazado, por su obstinacin, del privilegio de pueblo del Mesas, para venir a ser universal (21:18ss.28-32.33-46; 27:25). Esto mismo lleva a ver su carcter antifarisaico (c.23), haciendo ver

— ¿acaso para evocar los cinco libros de la Ley? — su evangelio. Unas son narrativas y otras de discursos. Aqullas preceden, alternativamente, a stas, y se distinguen, aparte de su contenido,

El esquema con que Mt desarrolla su evangelio es artificioso. No significa ello que no sean autnticos los hechos, sino que los utiliza, a veces, fuera de su marco cronolgico, para incluirlos, como enseanza y prueba, dentro del marco calculado de

parlos o alterarlos de su situacin histrico-cronolgica, pero, recogindolos en autenticidad, los coloca como piezas lgicas para este gran mosaico de Cristo-Mesas.

adas en este procedimiento de tcnica temtico-estructural. En alguna ocasin parecera percibirse, como excepcionalmente, sin especial desajuste, el respeto de algn relato fontal.

ce en ocasiones su evangelio. Es Cristo que habl y sigue hablando a los cristianos. Por eso, el cuidado de proyectarlo hacia sus hermanos, sus discpulos. No tiene la sola present

lo que Jess dijo para sus contemporneos. El insiste sobre la repercusin prctica de las sentencias de Jess dichas a sus contemporneos (X. L. dufour).

Este nmero es predilecto, entre otros, de Mateo. As, pone cinco Pero yo os digo. (5:22.28.34.39.44); cinco panes para cinco mil personas, en la primera multiplicacin; cinco temas de discusin con los fariseos en los ltimos das que preceden a la pasin; cinco vrg

nes necias y cinco prudentes; cinto talentos, etctera. Esta predileccin en la redaccin por este nmero, de la que se citaron algunos ejemplos, junto con el valor ambiental tradicional de esta cifra, hace pensar que Mateo dio, deliberadamente, a esta parte del evangelio esta d

pasin y resurreccin, se obtiene en su evangelio la cifra 7, de abolengo bblico. Tambin Mateo tiene predileccin por l. As destacarn siete bienaventuranzas, siete peticiones en el Padrenuestro, siete parbolas (c.13), perdonar setenta veces siete,

iete recriminaciones a los fariseos. Tambin usa la cifra 3: tres tentaciones de Cristo; tres enseanzas agrupadas en temas: la limosna, la oracin, el ayuno, etc. Igualmente utiliza el 2: dos endemoniados, dos ciegos de Jeric, dos ladrones que insu

. — Los discursos van encuadrados por una misma frmula; los relatos reflejan el mismo procedimiento de composicin; busca la brevedad en los mismos, e igualmente la claridad; tiene formas estereotipadas de unin de unos pasajes con otros, sin que tengan otro valor que el de una soldadura literaria cronolgica o topogrfica, v.gr., e

Mateo limita la genealoga de Cristo a los antecesores del pueblo elegido: a las dos series que derivan de Abraham y David, en un orden descendente. Recoge as la gran promesa mesin

ta. La Biblia conserva muchas (Gen c.4-11; 1 Crn c.1-9; Esd 2:61-63; Neh 7:63-65). Josefo recuerda el esmero con que se conservaban por escrito las de los sumos sacerdotes desde dos mil aos, con sus nombres y los de sus padres.

cin literaria, artificiosa. La reduce a tres grupos de catorce generaciones cada una, cuando son ms, y omite a veces nombres de personajes conocidos. As, omite los tres reyes que exi

ron unos tres siglos, y slo cita dos generaciones; y tambin hubo ms entre Zorobabel, de la cautividad, y San Jos, y slo cita nueve. Lucas mismo, en este espacio de tiempo, cita di

to particular al que subordin estos problemas. El mismo dice explcitamente: van catorce generaciones de Abraham a David, y catorce de David a la Cautividad, y catorce de sta a Cristo.

La segunda, el gusto oriental por los acrsticos. Las tres radicales que componen el nombre de David tienen el valor numrico 4 6 4 = 14. As el nmero 14 viene a ser, en acrstico, el nombre de David. Tendra as una

Le bastaba para su fin citar, como anillos de la cadena, el que estos antepasados lo fuesen en un sentido natural o legal. La palabra padre puede tener entre los orientales un sentido muy amplio.

Mateo termina su genealoga con estas palabras: Y Jacob engendr a Jos, el varn de Mara, de la cual naci Jess, el llamado Cristo (Mcsas). Pero la expresin varn de Mara debi de parecer algo fuerte a algunos lectores, como si ello supusiese alguna relacin matrimonial entre Jos y Mara, lo cual

Al regreso de su visita a Isabel, Mara volvi a su casa, la de sus padres, familiares, o la de su esposo. Depende de si haban celebrado las bodas o slo los desposorios.

Ante todo, conviene destacar que la tradicin cristiana se divide al precisar el estado de Mara a la hora de la concepcin virginal de su Hijo. As, se encuentran representantes que interpretan el verbo convenir del uso matrimonial, y que, en este caso, sera la afirmacin por el evangelista de no haber mediado en esta concepcin ni antes del nacimiento relacin conyugal alguna. Tales San Juan Crisstomo

ciones matrimoniales, pues Mt mismo, o el traductor, expresa stas en el mismo pasaje por el conocido eufemismo matrimonial hebreo de conocer. As dice, probando la virginidad de Mara en la concepcin y parto: Y (Jos) no

= conocer) tcnico por relaciones conyugales? Ni en contra de eso estara el que se llame a Jos varn de Mara si estuviese desposada. Ya que los desposorios (

arla en secreto, darle el libelo de repudio secretamente y sin fecha para que ella pudiese salvar mejor su honor. Jos ante los hechos cree en el honor de Mara; si no, hubiese obrado de otra manera.

Fue en sueos. En Mt estas manifestaciones son, como en el documento elohsta del A.T., en sueos; en Lucas, con apariciones. En l se le revela el misterio que se ha realizado en Mara. No debe temer en tomarla por esposa, pues no es ningn mal, sino un gran privilegio para l la obra

dena que le ponga por nombre Jess. Mara dar a luz un hijo, pero t le llamars Jess. Es Jos quien va a transmitir al nio legalmente los derechos mesinicos, pues es de la casa de David (v.20). Jess, que es su nombre propio y el que contiene la misin que viene a real

aas sobre el Emmanuel (Is 7:10-16). Precisamente sucede para que se cumpliese lo que el Seor haba anunciado por el profeta. Mateo da aqu una interpretacin de esta profeca, ba

Resueltas todas las dudas, Jos recibe a Mara por esposa, llevndola oficialmente a su casa, y acepta la paternidad legal de Jess. Y aade el evangelista que no la conoci hasta que dio a luz a su hijo. El verbo conocer (

diendo de lo que despus de l suceda. As, Micol, mujer de David, no tuvo ms hijos hasta el da de su muerte (2 Sam 6:23; Gen 6:7; 2 Re 15:5). Cuando la expresin intenta sugerir un cambio posterior, se explcita en el contexto (Gen 24:33; Act 23:12.14.21). A veces, la frase, perdiendo su sentido subordinado, introduce un nuevo e imprevisto suceso

en Mlanges A. Robert (1957) p.390-397, en que sostiene quejse, por modestia, no quera pasar por el padre del Nio divino, cuyo origen saba por Mara. Tema engaar a la gente hacindolo pasar por su hijo. Por eso el ngel le dice que lo acepte. Esto tiene en contra el contexto y el porqu del v.20. Por eso hace torturas en la traduccin.

cacin cronolgica amplia: sucede en los das del rey Herodes. Se refiere a Herodes el Grande, que rein del 37 al 4 antes de Cristo, ya que la cronologa sobre el nacimiento de Cristo est mal fijada. En esta poca narra la venida de unos magos de Oriente a Jerusaln.

, la palabra mago parece derivarse de la forma persa maga, don, que es la revelacin del Sabio del Seor, anunciada primeramente a Zoroastro. Aparecen en su primera poca como una casta sacerdotal de Media y Persia. Es trabn dice de ellos que eran c

En una segunda poca tarda, despus de la conquista de Babilonia, degeneraron y pasaron a ser nigromantes y astrlogos en el sentido peyorativo. San Jernimo dice: La costumbre y lenguaje popular toma los magos por gente malfica.

anto, reyes. Ni por su nombre, ni por su origen, ni por el modo como Herodes los recibe y marchan a Beln. El llamarles as nace por influencia del salmo 72, en que se dice que los reyes de Tarsis y de las islas le ofrecan dones (al Mesas). El primero

¿De dnde proceden? El texto dice que de Oriente, o mejor an, de las regiones orientales. Ellos mismos dirn que vieron su estrella en Oriente. Sin embargo, al tratar de precisar la regin, surgen las divergencias. Pudiera ser

pas originario de los magos. Esta es la opinin de la mayora de los Padres y as son representados en varias catacumbas y aun en la iglesia de Beln, del siglo IV.

Sin embargo, la opinin ordinaria es que se pone sobre ao y medio despus, ya que Herodes da la orden de matar a los nios de dos aos abajo. La razn que alegan para su venida es para adorar al nacido Rey de los judos, pues han visto su estrella en Oriente. En el mundo de la astrologa los hombres se consideraban

uvo que esta estrella no fue otra cosa que la conjuncin de los planetas Jpiter con Saturno el 21 de mayo del 747 de Roma, tres aos antes de la muerte de Herodes. Orgenes propona que se trataba de un cometa. Casualmente, el nacimiento de Mitrdates y Augusto fue precedido por la aparicin de un cometa.

bre el lugar donde estaba el Nio, se par. Su semejanza puede encontrarse en lo que se lee en el xodo: que una columna de fuego, en la noche, iba delante de ellos en el camino

Habiendo visto la estrella del Rey de los judos, se encaminan a Jerusaln. Pensaban que el acontecimiento era del dominio pblico. Por ello preguntan, sin ms, dnde estaba el Rey de los judos que haba nacido y venimos para adorarle. Lo que evoca el salmo 72:11. Y, a pesar de que su presencia en Jerusaln no debi de llamar l

y nada haba de particular, temi an ms por si esta conjura estuviera organizada desde fuera. Por eso se turb, y toda Jerusaln con l. ¿Fue por creerse que haba nacido ya el Mesas por lo que se turb Jerusaln? Unos catorce aos despus de esta escena, a la muerte de Arquelao, surgi

cribas del pueblo. El Sanhedrn era el Gran Consejo de la nacin. Constaba de 71 miembros, divididos en tres grupos: prncipes de los sacerdotes, que eran los ex sumos sacerdotes, y r

s familias sacerdotales; los escribas, cultivadores e intrpretes de las Escrituras, y los ancianos, representantes de los sectores importantes de la nacin. El Consejo estaba presidido por el sumo sacerdote. Haca tiempo que Herodes (a.30 a.C.) haba pre

dido del Sanhedrn para evitar oposiciones, y convocaba consejos particulares a la medida. Pudo ser as — slo cita a sacerdotes y escribas — lo que a veces est por todo l, o por h

berlo convocado con habilidad poltica. Y, reunidos, les pregunta dnde haba de nacer el Mesas. Le contestaron con el texto de Miqueas: Y t, Bethlehem Efrata, eres pequea e

tuar con astucia, temiendo pudiera ser un enredo poltico, tramado contra l desde fuera. En su mismo palacio se haban urdido conjuras, bajo el pretexto de la aparicin prxima del M

amiento externo, se pusieron en camino hacia Beln y vieron de nuevo la estrella, que les gui hasta la casa donde estaba el Nio. No es probable que fuese la gruta, como afirma San Justino

aba ofreci a Salomn (1 Re 10:12-13; Is 60:6). Hecho esto, y advertidos en sueos que no volviesen a Herodes, se volvieron a su tierra por otro camino; frase vaga, usual (1 Re 13:9.10) usada, sea por ign

Partido que hubieron, el ngel del Seor se apareci en sueos a Jos y le dijo: Levntate, toma al nio y a su madre y huye a Egipto, y estte all hasta que yo te avise, porque Herodes buscar al Nio para quitarle la vida. '

Cuando haban partido los Magos, el ngel del Seor se apareci a Jos en sueos y le ordena que tome al Nio y a su madre y huya a Egipto. Huye, le dice. Trmino expr

sivo que condena por s mismo toda literatura apcrifa basada en milagros para hacer ms fciles las cosas. Jos, con toda prontitud, se levant, en la noche, y parti para Egipto. En Mt las apariciones son en sueos, como en el documento elohsta.

Nada se sabe sobre su establecimiento, aunque se sealan diversos lugares, como El Cairo, Koshm y hasta Hermpolis, en el, alto Egipto. All permanecieron hasta el nuevo av

so del ngel. Cuando ste lleg, Mateo dir que se cumpla lo que el Seor haba pronunciado por su profeta: De Egipto llam a mi hijo (Os 11:1). Aunque el profeta lo refiere a Israel, mi hijo, esto mismo lo poda decir Dios de su verdadero Hijo. Hay adems en todo el ep

Herodes, considerndose burlado por los Magos, se irrit grandemente y, temiendo una conjura solapada de tipo mesinico, dio la orden brutal de que se matase en Beln y su trmino a todos los nios de dos aos para abajo, segn el tiempo que con diligencia haba inquirido de los Magos.

Esta reaccin era normal en Herodes. Segn cuenta Josefo, mand matar a su yerno Jos, a Salom, al sumo sacerdote Hircano II, a su mujer Mariamne, al hermano de ella Ari

No se sabe cuntos seran. Tomando por base un Beln de mil personas y teniendo en cuenta todos los datos demogrficos, ndice de natalidad y mortalidad, etc., se pueden calc

. La Iglesia los venera como santos y como mrtires, ya que, como dice bellamente San Agustn, con razn pueden llamarse primicias de los mrtires los que, como tiernos brotes, se helaron al primer soplo de la persecucin, ya que no slo por Cristo, sino en vez de Cristo, perdieron su vida.

As se cumpli lo que dice Jeremas (Jer 31:15), aade Mateo: Una voz se oy en Rama, lamentacin y gemido grande: es Raquel que llora a sus hijos y rehusa ser consolada, porque no existen. Aunque esta cita se refiere a las conce

Herodes muri poco antes de la Pascua del 750 de Roma. El decir Mateo que haban muerto los que atentaban contra la vida del nio es una reminiscencia del libro del xodo. All se dice a Moiss, que estaba escondido en Madin: Ve, retorna a Egipto, pues ya han muerto los que buscaban tu vida (Ex 4:19), que era, como el texto dice, el faran (Ex 2:15-23).

, Jos temi ir all y vino a establecerse en Nazaret. Caa as bajo la jurisdiccin de Antipas, que, aunque sensual y astuto, se mostr benvolo en su gobierno. As la ida a Nazaret, villorrio insignificante que no es citado nunca fuera de los documentos cristianos hasta el siglo VIII, en una elega juda de Ka

. Parece ms bien indicar el retoo mesinico de Isaas o el retoo de los profetas, dado el gusto oriental por el juego de palabras. Aqu, entre Nazaret y Nazoraios. All iba a crecer este retoo y de all saldra para su obra mesinica.

cepto en tentaciones y Getseman —, hace pensar. El milagro existe, pero sometido a una economa de excepcin. Sin duda que a fortiori han de estar al servicio de Cristo, pero los datos evanglicos los presentan en forma moderada y con una finalidad muy especfica, fre

dial de ellos no es cronstica, sino preferentemente teolgica y edificante, sin que ello niegue lo que haya de histrico. Se piensa en narraciones afines a las narraciones judas midrshicas.

mente una interpretacin libre y adornada con fines didcticos, de ncleo histrico sobre la Biblia. Es ordinariamente una historia narrada libremente en funcin de una finalidad concr

cia, en general, no depende del krigma primitivo. Este tena por esquema la vida pblica de Cristo, comenzando por la predicacin del Bautista, como se ve en los sinpticos y en los H

chos de los Apstoles. Adems, si se hubiese predicado la infancia de Cristo en el krigma oficial, pronto se hubiese formado un esquema ms o menos fijo en su exposicin y se hubi

percibido en estos relatos de Mt-Lc. Sin embargo, no exige esto que los evangelios de la infancia sean tardos. Se ve su diferencia con el maravillosismo exuberante e inverosmil de los apcrifos. Ya desde primera hora tuvo que tener

todia de la Virgen. Mara y Jos fueron seguramente las fuentes de varios de estos datos (Lc 2:51). La historicidad fundamental de varios de ellos se impone incluso como exigencia apriorstica.

cieron en sus obras. De haber sido as, hubiese habido interdependencia entre ellos: v.81., en Lc no hubiese faltado el episodio de los Magos o escenas siguientes, lo mismo que en Mateo se percibira otra forma de relatar, probablemente, la anunciacin, etc. Ms an, se hubiesen armonizado mejor su

5) Es concebido cuando an no convivan juntos (la interpretacin es discutida, pues se discute si Mara estaba slo desposada o casada). El Nio nace cuando ya viv

dad. No necesitan depender del c.l. Adems tienen una homogeneidad compacta, aunque no hubieran sido todas las escenas primitivas; la escena de los Magos explica todas las escenas siguientes, y stas sin la de los Magos no tiene explicacin de enmarque lgico.

dr a Jess, sino que, para destacar la concepcin virginal de Mara, dice: Jacob engendr a Jos, el varn de Mara, de la cual naci Jess, el cual es llamado Cristo (Mesas). Lo que viene a confirmar, segn su procedimiento, el hacer ver que las profecas rubrican el mesi

cer ver que cada episodio cumple una profeca mesinica. Es un propsito y procedimiento distinto de Lc. No le basta decir que Cristo es descendiente de Abraham y David y que naci en Beln, pues otros muchos tenan estas mismas caractersticas. Busca el cumplimiento en l de profecas mesinicas, aunque usadas con gran libertad. Si estos pasajes a los que aplica las profecas — se puede preguntar — no fuesen fundamentalmente histricos, ¿por qu las apl

e para su relato, salvado el ncleo histrico, en los procedimientos midrshicos en uso. Es ya la impresin que da una primera lectura de Mt en su c.2. Estos esquemas podan ser de diverso origen:

en los bblicos. Aqu es especialmente Moiss, pero no en lo que narran de l las fuentes cannicas, sino preferentemente lo que dicen del mismo los relatos midrshicos y Josefo. Aunque estos relatos son muy tardos en Josefo, es muy posible que sean muy

car a Israel de ese pas. Se hace en varias formas, segn los relatos: en un sueo al faran, o se le comunica por uno de los prncipes, Balaam o un eunuco; tambin los astrlogos le e

Ante tantas convergencias, no slo parece verse — aunque son muchas las diferencias — un paralelismo literario, sino tambin un cierto influjo de estas fuentes en Mt. Se podra pensar si Mt us slo estos esquemas literarios por razn del gusto y pro

tales, o si pretendi directamente presentar a Cristo como el nuevo Moiss, libertador del nuevo pueblo de sus pecados (Mt 1:21). Para Dupont esto ltimo se demuestra por lo m

— Debe de haber otro tema enlazado con el de Moiss: la tipologa Cristo-Israel. Es claro en Mt por la cita que hace de Oseas (11:1 = Mt 2:15). Esta citacin se esperara, siguiendo el procedimiento de Mt, despus de la vuelta de Egipto (Mt 2:21), pero la situacin violenta en que est puesta muestra ms an el inters de Mt por este tema.

se lea en la liturgia de la vspera de Pascua. Los cristianos de origen judo queran seguir celebrando la antigua fiesta de la Pascua, y vean que el antiguo xodo tena cumplimiento en el nuevo. C

dir la ida del pueblo Jacob-Israel-Jess a Egipto, y, para ello, ambos quisieron matar a toda la familia: la de Jacob (Labn) y la de nios betlemitas (Herodes). Pero Jacob (Israel)-Jess l

to Jacob como Jess (el sueo de San Jos en el que recibe la orden, pues Cristo es nio, de ir a Egipto). La promesa hecha a Jacob de volver de Egipto a Israel se cumple, pues au

que se refera al volver de sus restos, en semita, como su pueblo desciende de l, en la vuelta del pueblo se ve su retorno. Y as lo interpretaron los rabinos. Ms an, el

Lo que destacan los crticos es que aquellos escritores de la antigedad juda eran ms complejos e intencionados de lo que se podra pensar. Aqu slo con un paralelismo entre I

es muy tardo. Si la tradicin anterior al mismo existiese en tiempo de Mt, acaso hubiese podido ser utilizado este dato, ya que Mt habla de Jess hijo de Abraham (Mt 1:1). Pero el paralelismo parece muy remoto y lo de la estrella era un elemento que fl

tipologa Israel-Jess, hay una base ms honda. Supuesta la huida a Egipto — sea por tradicin histrica aprovechada o como producto de esta misma teologa —, a Mt le interesaba citar a Oseas para, conforme a su procedimiento, seguir mostrando proftic

centes, pues el texto de Jeremas habla de una deportacin de gentes cautivas. Una tradicin pona la tumba de Raquel cerca de Beln. El dato de la tradicin, anterior a Mt, poda muy bien usar esta tradicin de Raquel junto a Beln para que llorase los nios muertos all. Pero si la profeca hubiese hecho nacer el relato — ¿cmo pasar de deportacin (Jer) a mata

za (Mt)? —, la profeca hubiese situado el hecho en Rama, al norte de Jerusaln (Jer 31:15), y los nios lgicamente hubiesen sido de la tribu de Jos o Benjamn.

— La tradicin pona el retorno de Cristo y su residencia en Nazaret. Mt, al no encontrar una profeca especfica en la geografa cristolgica para co

Esta libertad mxima en la citacin de los textos profticos es una buena confirmacin de que las profecas que se citan no crean los relatos a los que ellas afectan, pues, sobre todo aqu, hubiese inventado otro episodio al que aplicarle una profeca oportuna, u omitiendo ste.

dencia a lo maravilloso. El modo concreto como se realiza se debe a razones particulares. Acaso hay influjo de estos moldes literarios en el anuncio a San Jos en sueos. Pero admitido el dogma de la concepcin virginal de Mara, muchos datos hubieron d

so han podido influir en el relato mateano el anuncio en sueos a San Jos, el que Herodes consulte al grupo de sanhedritas y la turbacin de Jerusaln. El que los protagonistas se salven: Cristo, nio, y Moiss, de joven, ambos con la huida, no tienen verdadero paral

cedimiento especial. Este tema mosaico era conocido de la cristiandad primitiva y se refleja en diversos pasajes evanglicos. De la lectura del xodo y de los pasajes midrshicos antes citado

s dos temas del cap.2, unos son de fe (concepcin virginal.), otros histrica-bblicamente ciertos (nombres de Jess, Mara, Jos, matrimonio, nacimiento en Beln.), y otros, si alguno puede tener un fondo histrico (

10 hontheim, Die Konjunktion des Jpiter Saturn injahre 7 vor Chr.: Der Katholik (1908) 187-195; KLUGER, Der Stern vom Bethlehem: Stimmen aus Mara Laach (1912) 481-492; C. Schumberher, Stella magorum et conhmctio Saturni cum Jove annis 7

Yo, cierto, os bautizo en agua para penitencia; pero detrs de m viene otro ms fuerte que yo, a quien no soy digno de llevar las sandalias; l os bautizar en Espritu Santo y en fuego.

Como a este lugar difcilmente podran ir a buscarle las multitudes de que habla el evangelio, Lucas da la explicacin. Vino — dice — por toda la regin del Jordn, predicando el bautismo de pen

sierto precisamente para esperar all la hora mesinica. Dice la Regla de la comunidad: De acuerdo con estas determinaciones, se alejarn de los hombres impos para ir al desierto y preparar all el camino de El (Dios), como est escrito: 'En el desierto, preparad el camino de Yahv., allanad en la estepa el se

do algn contacto con estas comunidades tambin por el ansia de expectacin de ambos por el inminente mesianismo. Muchos pensaban que del desierto vendra el Mesas (Josefo). Era la evocacin del Israel del desierto. Aunque los esenios/ Qumrn y el Bautista tienen activ

ez/juventud. ¿Qu iba a hacer solo en los desiertos (Lc) donde moraba? Los esenios... "adoptan nios de otros en una edad bastante tierna, para que reciban sus enseanzas..." Pudo haber sido una especie de postulante, pues en los esenios podan salirse (Josefo,

uan, sin embargo, ejerca su actividad por toda la regin del Jordn, predicando el bautismo de penitencia para el perdn de los pecados (Lc 3:3). Esto provoc un gran mov

miento de masas, pues venan a l de Jerusaln, y de toda la Judea, y de toda la regin del Jordn (Mt 3:5; Mc 1:5). Y el cuarto evangelista aade que lleg hasta Betania, en Tran

, a 12 kilmetros al sur de Beisn (Escitpolis). Eran razones de apostolado y de conveniencia para ejercer el bautismo en determinados lugares. Posiblemente las crecidas del Jordn le llevaban a determinados vados, que se prestaban mejor para ejercer estos bautismos de inmersin, como en el caso de Ainn, donde haba mucha agua y venan a bautizarse (Jn 3:23).

Alude el pasaje a la vuelta de la cautividad de Babilonia. Yahv los conduce. Por eso habrn de preparar el camino por donde van a pasar. Yahv, que se identifica aqu con Cristo, volva de nuevo a reinar en Israel.

Mateo y Marcos, al describirlo, dicen que apareca con un vestido tejido de pelos de camello. Es un tejido spero y duro, como lo usan an los actuales beduinos palestinos. Y usaba, adems, un ceidor de cuero. Flavio Josefo, unos veinticinco aos despus de esta escena, se retir a hacer vida con un ermitao llamado Banno, que viva en

Juan no necesita copiar su bautismo de elementos extraos, pues viva y se mova en la esfera del A.T., y su bautismo se inspiraba ciertamente en las profecas del mismo

y otras (Jue 10:10; 1 Sam 7:6; 1 Re 8:47; Esd 9:6-7; Jer 3:25). Tambin las haba personales y de pecados concretos (Nm 5:7; Eclo 4:31; Act 19:18). En el bautismo de Juan debieron de ser muy varias, aunque individuales. Al borde ya de la era cristiana, en el da de la Expiacin,

Este bautismo, tan slo de agua, excitaba a convertirse; Cristo, que viene detrs de l, lo har en Espritu Santo y fuego. Flavio Josefo, hablando del bautismo de Juan, dice: No se lo usaba para expiacin de los pecados, sino como limpieza del cuerpo, cuando las mentes haban sido purificadas antes por la justicia.

sas del concepto teocrtico de Israel y de la Ley. Y con objeto de mantener sta en su estricto valor, recogieron de la tradicin y prescribieron una serie de reglas a las que haba que at

dote. De l se habra prolongado una poderosa familia sadokita o saducea, con influencia poltica y agrupada en partido. Sin embargo, hay autores que niegan el origen de este Sadok o de otro personaje o fundador que diese origen a la secta

. Por ello, tenan ante l muy poco ascendiente y poco influjo. Sin embargo, cuando ven las pretensiones me-sinicas que reclama Cristo y la posible restauracin del trono davdico — por interpretacin errnea del mesianismo espiritual que trae —, lo mismo que por temor a las intervenciones romanas y a prdidas de sus puestos y situaciones privile

Juan, que traa un cambio de pensamiento y de ser. Para nada cuenta el ser hijo de Abraham. Si as fuera, Dios podra sacar de las piedras hijos de Abraham, grafismo hiperb

Ya se aplic — anuncia y amenaza Juan — el hacha a la raz de los rboles; el rbol que no produzca buen fruto va a ser cortado y arrojado al fuego. Ser extirpado todo l, y esto va a afectar a todos — judos vulgares o fariseos —. Entraaba esto una predicacin escat

Era creencia en Israel, anunciada por los profetas (Jl 3:1-16; Sof 1:14-18; Mal 3:1-3), que a la instauracin mesinica precedera un terrible juicio. De l se hacen eco los apocal

tud moral y se orienten as hacia El, perecern al no ingresar, culpablemente, en su reino. El castigo, sin precisiones, se anuncia con la metfora de fuego, siguiendo el

Se propone tambin una interpretacin eclesial. El E.S. = purificacin; el fuego = castigo premesinico. El bautismo aqu tendra un cariz eclesiolgico, y escatolgico relativo.

. Esta, en Mt, slo puede lograrse superando un doble juicio: 1) al realizarse el primero se abren las puertas de la Iglesia (Mensaje del Bautista); 2) con el segundo, al fin de los tiempos, se a

Lucas es quien da la razn de esta confesin del Bautista (3:15). Se haba producido en torno suyo un gran movimiento de masas que acudan de Jerusaln, Judea y de toda la r

gin del Jordn. Josefo mismo lo acusa, hasta el punto, dice, que Herodes (Antipas) temi que la gran autoridad de aquel hombre le pudiese traer una defeccin en sus sbditos.

ca tiempo que no haba en Israel profetas, y las gentes llegaron a pensar si Juan no sera el Mesas (Jn 1:20-25), pues, adems de todo lo grande que rodeaba a su persona, deca que ya lleg el reino de los cielos.

En Espritu Santo es, seguramente, una adicin explicativa del Mtg. El os bautizar en Espritu Santo, que es un fuego devorador, santificador, capaz de consumir todas las impurezas y de santif

segunda confesin, Juan se proclama servidor y esclavo de Cristo. El llevar las sandalias o desatar sus correas es funcin de esclavos, como se lee en los escritos r

uncin de Mc (3:27) y Lc (11:12) se expresa al Juez escatolgico — Mt tambin lo describe as — y al gran Liberador. Se est en el comienzo escatolgico.

, Juan seala que Cristo es el Seor, el Juez que criba y juzga las conductas de los hombres, bien de Israel, bien de todo el mundo. Poderes que en el A.T. se atribuyen a Yahv (Dios), con lo que Juan coloca a Cristo en una esfera totalmente superior a

mo de Cristo es sealado desde el siglo IV, por el Peregrino de Burdeos (a.333), en la ribera occidental del Jordn, lo mismo que en el siglo VI lo seala la Carta de Madaba. Corresponde al lugar que hoy se seala, cerca de Jeric, no lejos del convento

c a l para comenzar su vida oficial. Por otra parte, acaso no fuese necesario a las gentes el confesar concretamente sus pecados — que Cristo no tena —, sino hacer simples conf

A esto obedece seguramente el dilogo entre Cristo y Juan que aparece, solamente en Mt: eran preocupaciones de la Iglesia primitiva, que no se explicaba a Cristo yendo a este bautismo de penitencia. Una visin superficial poda hacer ver a Cristo como un pecador ms que, acaso, se bautizaba para librarse de los castigos anunciados por el Bautista (Mt 3:7) a causa del pecado;

. No deja de ser esto extrao. Una vez retirado el Bautista, de nio, a los desiertos (Lc), ¿se habran vuelto a ver y conocer? Se pensara en encuentros familiares en las peregrinaciones a Jerusaln. Pero si el Bautista estaba aislado en vida de anacoreta, v.g. en Qumrn, podran no conocerse. De ser esto as, orientara a la misin que desde la crcel le enva el Ba

tista, preguntndose si l es el que ha de venir o si se espera a otro. (Mt 11,2ss). No obstante, tendra en contra el relato de Jn, en el que el Bautista lo seala a sus discpulos. Sin emba

a Jn (l:35ss). En este caso, el problema del conocimiento y desconocimiento aqu, de Cristo y el Bautista, desaparecera, teniendo en cuenta que este dilogo era un

cuencia, el verdadero intento de los evangelistas con los elementos concretos que utilizan. El bautismo de Cristo fue por inmersin, pues aparte que Mt-Mc dicen que sali, subi (

mejantes, aparecen como elementos bastante ordinarios en la literatura rabnica: targmica y apocalptica. Es en este ambiente, aparte de las divergencias apuntadas, donde se ha de buscar el ncleo histrico y los valores didcticos que lo expresan.

ces, mvilmente a profetas, reyes, jueces, Moiss (Is 63:11), al Mesas (Is 11:2), al Siervo de Yahv (Is 42:1). Y hasta se esperaba una efusin escatolgica del Espritu (=accin) (Is 44:3; Ez 36, 25; Jl 2:28ss;

Esta forma d como aparece en los tres sinpticos e incluso en Jn (1:32). Pero es caracterstico del estilo apocalptico el uso de partculas comparativas para indicar la

La paloma aparece en la literatura bblica y extrabblica simbolizando diversas cosas. Pero sugerido por el pasaje de Gnesis en el que el Espritu de Dios se cerna sobre las aguas,

ado no indica que Jess sea el primero entre los iguales, sino que indica una ternura especial; en el A.T. — dice Lagrange siguiendo a Welhausen — no hay gran diferencia entre amado y nico

pretacin. Ante la preocupacin cristiana primitiva por el hecho y las objeciones que se le planteaban de ir Cristo a un bautismo de penitencia, la catequesis cristiana presenta lo que es Cristo: no va como pecador, sino, como Mt explcita en el dilogo, va para cumplir t

sultados de las investigaciones sobre los targumm, la valoracin exegtica de este episodio se clarea. Los judos haban perdido en el destierro su lengua, y aprendieron all y usaban el arameo. Pero en

zen-Deis. Es Gnesis (22:10). Isaac pide a su padre que le ate bien para el sacrificio, no sea que por miedo se impida o desvirte el sacrificio. Es as como se logra centrar el tema en el sacrificio voluntario de Isaac, simultneamente con el herosmo de su padre. Luego se descr

les del cielo y dijeron entre s: Venid y vez estos dos justos, nicos en el mundo: uno sacrifica y el otro es sacrificado; el que sacrifica no vacila y el que es sacrificado ofrece su cuello (o. c., p.203ss). En el targm

mico-apocalpticos: la visin. Y al mismo tiempo — segundo aspecto — se oye una voz del cielo, que por el contexto es la del Padre, que dice: Este — o T (Mc-Lc) — es mi Hijo, el Amado; en l me complazco.

Todos estos elementos estn en funcin de este pasaje de Isaas. A los elementos plsticos de tipo haggdico descritos primero, viene la voz del Padre a completarlo y val

los diversos espritus correspondientes, v.g. de sabidura, inteligenca, consejo (Is 11:1-2), para realizar su obra mesinica — aunque resulte un mesianismo extrao — en pe

. Rowley, The Baptism of John and the Qumrn Sect: New Testament Essays (1959) p.218-229; T. Slmedrea, an Baptiste a la lumiere des decouvertes de Qumrm: Studi Theologice (Bu-carest 1958) p.139-161.

Exegetische una religiongeschichliche Studie (1936) p.57-66; J. Delorme, La practique du BaptZme dans le Juda'isme contemporain des origines chrtiennes: Sum Vie (1956) p. 165-204; J. Thomas, Le mouvement baptisteen Paks-tine et

XVIII 10:5; XIII 10:5. — 26 Josefo, BI II 8:14. — 27 L. Finkelstein, The Pharisees, their Origin and their Philosophism: Harward Theol. Review (1929) 185-261; T. Herford, The Pharisees (1924); DB, art.

teme de Jess: Se. Eccle. (1961) p.147-166; A. Nlsin, Histoire de Jess (1961) p. 129-138; M. Sabr, Le bapteme de Jess: De Jess aux vangiles: Bibl. Ephem. Thol. Lovan. p.l84-211; A. Vgtle, Exegetische rwagungen ber das Wis-sen

La forma de expresin lo vincula con el desierto de Judea (Mt 3:Ib; cf. Mc 1:4; Lc 3:2) antes descrito. Una tradicin lo localiza en el Jebel-Qarantal, a cuatro kilmetros al norte de la actual Jeric. En el siglo IV San Garitn fund all una laura. Desde 1874 est en poder de los ortodoxos l

El tiempo que establecen los evangelistas para esta tentacin es de cuarenta das y cuarenta noches, cifra de ambiente bblico. As, el diluvio (Gen 7:12); la estancia de Moiss en el Sina (Ex 24:18); los aos de Israel en el desierto (Nm 14:33-34); aos de una gener

el mes del Ramadn. Sin embargo, la dependencia de los pasajes citados del A.T. explica la formulacin literaria del continuo ayuno de Cristo. Fue durante este perodo cuando se dice que Cristo experiment tentaciones. La construccin gramatical de Mc-Lc

que transforme estas piedras en pan. Sugerencia bajo capa de piedad: que no sufra un privilegiado hijo de Dios. Hijo de Dios est sin artculo; pero se refiere, como en otros c

en funcin de otra vida superior, a la que hay que atender con preferencia. Que es lo que Jess recordar ms tarde junto al pozo de Siquem: Mi alimento es hacer la voluntad de aquel que me envi (Jn 4:34). Por eso dijo a sus discpulos: Yo tengo una c

Cristo pudo hacer el milagro. Pero ste no debe hacerse intilmente. El abandono al Espritu y a la Providencia fue el medio para rechazar la tentacin. La Escritura, con todos los procedimientos y sentidos rabnicos, cerraba toda discusin. Como aqu con un procedimie

De nuevo Cristo rechaza la tentacin con la Escritura: No tentars al Seor tu Dios, que se refiere al Dt 6:16, y se alude con l al pasaje del xodo cuando, faltos de agua en el desierto, exigan los israelitas a Moiss un milagro. ¿Por qu tentis a Yahv? les dijo Mo

. Se trata de un hecho anlogo al que se lee en Ez 40:2; 41:l-5ss, y que se realiz en visin: Mc condujeron y me pusieron sobre un monte muy alto. Es una visin imaginativa y fantasmagrica, ya que naturalmente es imposible; aparte que Lc lo insina al decir que fue en un instante (

nfluye en sembrar el mal, Cristo le llam prncipe de este mundo (Jn 12:31), y San Pablo le llega a llamar Dios de este mundo (2 Cor 4:4). Por eso Cristo, citando de nuevo la Escritura (Dt 6:13), desenmascara la falta de sus poderes y le o

directamente, tent luego a Cristo a travs de los fariseos y saduceos, queriendo intimidarle en el desarrollo de su mesianismo; de las turbas, que queran hacerle rey temporal; de los que intervinieron en la pasin. Todos colaboraron a aquel momento, del que Cristo dijo: Viene el prncipe de este mundo contra m (Jn 12:31). Entonces el Padre,

¿Qu intencin tienen los evangelistas al describir estas tentaciones? Algunos, en la antigedad, pensaron en una victoria ejemplar y eficiente de Cristo sobre las tentaciones y pecados genricos de los hombres: gula, vanagloria, soberbia, que cita San Juan (1 Jn 2:16). As se poda Cristo compadecer de nosotros y animarnos en la lucha: Confiad, yo he vencido al mundo (Jn 16:33). Para otros significan la absoluta impecabilidad de Cristo: ¿Quin de vosotros me argir de pecado? (Jn 8:46). Otros queran ver que en el desierto donde Israel fue tentado y pec, Cristo supera aquella conducta. Y hasta se pens que, contra el pecado del paraso, l era el nuevo Adn.

Se producen, adems, en el desierto, smbolo y escenario de la edad mesinica. Ya en tiempos de los profetas exista la tradicin segn la cual el tiempo de la restauracin de Israel, los tiempos mesinicos, se vern precedidos de un perodo ms o menos largo en el que se repitan las experiencias del pueblo de Dios en su peregrinacin por el desierto antes de entrar en la tierra prometida. Pero, sobre todo, esta corriente de ideas penetraba ntimamente la conciencia del judasmo contemporn

o de Jess. Estaban convencidos de que el Mesas haba de venir del desierto y que inaugurara la era mesinica repitiendo la fenomenologa del desierto

ecientes descubrimientos de Qumrn hablan tambin de esta expectacin mesinica que ha de realizarse en el desierto. Dice as la Regla de la Comunidad: Cuando estas cosas sucedan en la comunidad de Israel, que se alejen de la ciudad, de los hombres de in

Es bien probable que los hombres de Qumrn. tambin se fueron al desierto con el fin de repetir las experiencias de los cuarenta aos, los mismos que peregrin el pueblo antes de e

concurren a ello: la cifra de cuarenta das, las citas del Deuteronomio, el man, la condena de la idolatra recordando la escena del becerro de oro, son sucesos todos del pueblo de Israel en el desierto. Todo ello hace ver que el sentido de estas ten

Se comprende bien que Cristo, despus del bautismo y antes de su vida pblica de Mesas, se hubiese retirado algn tiempo a la oracin, como haca en otras ocasiones, mxime en momentos trascendentales, y que fuese este lugar una regin desrtica. Pero choca ya

to. Y si Cristo va realmente al desierto para ser tentado por el diablo, es extrao que ni all, en el desierto, est Jerusaln ni ninguna montaa altsima. Aparte que las tentaciones son pr

lla en la forma de una discusin entre peritos en las Escrituras (J. Schmid). A esto se aade la gran discrepancia de este relato de la tentacin de Mt-Lc con el relato de Mc, y la misma divergencia entre Mt y Lc. En todo ello se ve un maravillosismo de afinidad con los relatos y gneros literarios conocidos y afines con esta exposicin: no se ve el porqu de t

— ¡increble! — pero aun extraa que el diablo someta a Cristo al otro sentido de esta palabra: prueba. En cambio, son demasiado conocidos los procedimientos literarios judos, esp

mo histrico de Cristo —, en orden a justificar, mediante dramatizaciones didcticas, algunos temas o preguntas que inquietaban aquel medio ambiente. Y esta escena parece ser respuesta del krigma de la comunidad cristiana primitiva a un problema inquietante entonces, tanto en la Iglesia como en las polmicas contra el farisesmo rabnico.

Los judos contemporneos de Cristo esperaban un Mesas as (Mt 12:22.23; Jn 4:29). En este plan se presentaron una serie de pseudomesas, como se ve por los evangelios (Mc 10:35ss; Lc 24:21; Jn 6:15), Josefo y los apcrifos

(cf. Jn 13:2ss). No sera ello, en el fondo, otra cosa que querer orientar la solucin por un camino, no al margen de las tentaciones histricas de Cristo, tal como estn relatadas en los evangelios:

Adems, si no hubiesen sido histricas en su ncleo, no como estn relatadas, la comunidad cristiana primitiva no parece que las hubiese inventado, lo que no es creble, por la humillacin, incluso victoriosa de Cristo, mxime en la hora del pleno conocimiento de su divinidad. Por eso, parece que ella hubiese querido exponer — hubiese tenido necesidad de justificar — en una dramatizacin or

Primero, ¿por qu el Mesas va al desierto a ayunar y a ser tentado por el diablo, y para ello, adems, es movido o llevado por el Espritu Santo? Es ya un misterio, pero que Dios traza. Son los planes de Dios.

Y en estas tentaciones A prueba, en la primera — ¿y por qu el Mesas tiene hambre? — no se resuelve por el expediente fcil del milagro, sino por el abandono a la Providencia de Dios. Si se hubiese hecho conforme a la proposicin diablica, el Mesas no seguira el mesianismo proftico, espiritual y de dolor (Isaas), que Dios traz.

La segunda tentacin, la expectacular, de bajar en la hora esplendente del Templo en manos de ngeles — ¿la gente vera los ngeles? —, era provocar el mesianismo por aclamacin de triunfalismo espectacular. Lo que no era el Mesas proftico, que triunfara, fina

cos — pinsese en tantos tronos de entonces logrados por sangre, en el fondo, por Satn —. Es verdad que en el salmo 2:6.8 se prometen al Mesas los reinos de la tierra. Pero stos no le vienen por donacin de Satn, que no tiene, sino de Yahv. Lo llamaron en vida endemoni

encuentra aqu su respuesta. Cristo-Mesas rechaza ese poder poltico. ¿Acaso se quiere insinuar por rechazo, que esos otros falsos mesianismos y aspiraciones judas son satnicos? Cristo es el gran ve

Es la gran confesin que se hace del mesianismo isaiano del Siervo de Yahv. Es el mesianismo proftico, el autntico. Es el mesianismo espiritual y de sufrimiento. Es el mesi

mo l mismo indica: despus que el Bautista haba sido preso (v.12), y lo cual relata Mt muy posteriormente (Mt 14:1-12.13.34). El propsito de este cuadro es destacar, por un nuevo m

lamente se aleja de Judea, sino que tambin abandona la misma Nazaret, donde se haba criado (Lc 4:16), para establecerse en Cafarnam, cuya precisin topogrfica indica Mt, pues por razn de su localizacin ver l su vinculacin con la profeca mesinica de Isaas.

a de Isaas. Dice as el texto masortico (Is 8:23b; 9:1). 8:23b. Como al principio cubri de oprobio a la tierra de Zabuln y de Neftal, a lo ltimo llenar de gloria el camino del mar y la otra ribera del Jordn, la Galilea de las Gentes.

El pasaje de Isaas alude, en su primera parte, a las invasiones asiras de Teglatfalasar III (2 Re 15:29; 1 Crn 5:26). A estas invasiones y deportaciones de estas gentes a Asira, con lo que sufri especialmente todo el territorio de Neftal, y con lo que Yahv as los castig y humill, va a seguir a lo ltimo —

to vivan numerosos gentiles juntamente con los judos de raza y judos mixtificados (1 Mac 5:15), atrados por el comercio, sobre todo en las ciudades de Galilea superior.

Estas tribus, antes as humilladas y mixtificadas de razas y religiones — lo que haca que los habitantes de Judea tuviesen a los galileos como judos inferiores —, tuvieron un gran privilegio. Los que estaban en tinieblas ahora vieron la Luz (Is 9:5.6): el, Emmanuel, que comenzaba a realizar all su obra mesinica

si esta escena es la misma que relata Lc (5:1-11), con algunas variantes y precedida de una pesca histrica y simblica, o si se trata de una pesca distinta o literariamente combinada. Las afinidades del relato vocacional en Mt-Mc son evidentes. La fue

mente, esta escena previa, mximamente oportuna. El seguimiento de los discpulos en l corresponde sin duda al parcialmente ms explcito de Mt-Mc. Pero el relato de stos est h

. El hecho de dejar las redes all y seguir a Cristo no parece exigir un completo desprendimiento material de toda su familia y bienes. Se los ver, en ocasiones, residir en su hogar, y, despus de la resurreccin de Cristo, volver a Galilea a sus faenas. Un ejemplo bien concreto es Mateo, que en su

e pasaje es un clsico relato de tipo sumario de la obra de Cristo. Incrustados en los evangelios causan fuerte impacto sobre su mesianismo. No slo tiene valor apologtico, sino sugeridor de la obra benfica del Mesas, al evocar a Isaas (Is 53:4) y q

dinario de relato parcial, debido probablemente a su fuente. La Siria que se cita no es la provincia romana, a la que tambin perteneca Palestina, cuyas regiones cita (v.25), sino la regin de Siria al sur de Hermn, en la que residan numerosos judos

II 13:4.5. — 21 lamadrid, o.c., p.141. — 22 Regla de la Comunidad VIII 12:13; IX 20; Vermes, Les manuscrito du desert de Juda (1953) p. 149-150-152; H. Riesenfeld, Le carattere messianique de la tentation au desert: Rech. Bibl. VL: La venue du Messie (1962) p.51-63; Meagher, Stones or Bread. A study of Christ's temptations (1957); J. Dupont, L'origine du recit des tentations de —

l sermn de la Montaa (c.5.6.7 de Mt) est sistematizado, como se ve, porque partes del mismo estn situadas por los otros evangelistas en otros contextos, a veces histricos. Se puede, en general, suponer como esquema fundamental de este sermn de Mt el que coincide conceptualmente con Lc (6:12-49). Literariamente est redactado con grandes hiprboles, que exigen una interpretacin justa.

cedimiento redaccional. Lc dir que Cristo, por la noche, subi a la montaa para orar, y luego baja para hablar. Como Mt no habla de lo primero; si el sermn es en la montaa, tiene que decir que subi. Este se hallaba cerca de Cafarnam (Mt 8:15; Lc 7:1). La tradicin, que llega al siglo IV, lo sita junto a Tabgha; tiene 250 metros de altura, aproximadamente, con un kilmetro de superficie, y est a tres de Cafarnam .

Jesucristo predic parte de este sermn slo a los discpulos (Lc 6:12; cf. Mt 10:1-4); a las turbas probablemente les predic en la llanura, aparte los pasajes incrustados. Pero qu

biese pronunciado ms, aqu o en otras ocasiones, pues es gran recurso pedaggico. El gnero literario de las bienaventuranzas es un producto semita. Las Escrituras las usan varias

quios: en el primero se seala una virtud, y en el segundo el premio correspondiente. Pero literariamente no tienen una diferenciacin conceptual rigurosa; el premio suele ser el mismo con simple variacin literaria o formulada en relacin al primer hemistiquio. Por eso la val

racin numeral de ellas es ms literaria que conceptual. Ordinariamente se admiten ocho en Mt (v.3-10), ya que los v.11-12 se consideran como una prolongacin o duplicado. Sin e

mula en tercera persona, y Lc en segunda. Tambin esto parece ser primitivo: es dirigida a los discpulos oyentes (v.l; Lc 6:20). Incluso Mt parece tener un ndice de esta formulacin pr

lo las de Mt y Lc, los dsticos quedan slo alterados por las adiciones interpretativas de Mt: de espritu (v.3) a la justicia (Lc 6) por la justicia (v.10)

la de Lc. Es ms semita. Y si hubiese encontrado en el original la matizacin espiritualista de Mt, no la hubiese cambiado. Es el Mtg el que la matiza con la adicin de espritu (

Este trmino design primero, en la legislacin mosaica, a los que no posean tierras (Ex 22:24; Lev 19:10; 23:23): gentes pobres en sentido material, y, frecuentemente, gente sin apoyo ni influencia social, gentes explotadas y humilladas. Aunque no es ste el exclusivo aspecto que tiene aqu esta palabra

que Dios ve la pobreza, sea con promesas, sea con hechos, v.gr., Sal, David, etc. Pero la innovacin de Cristo est en que beatifica al que acepte as libremente la pobreza — pinsese que se la consideraba castigo en la Ley —, lo mismo que el premio que

Cundo? Si la bienaventuranza se dirige a los apstoles, se pensar en la fase celeste. Pero los tiempos usados para indicar el premio de las bienaventuranzas, puestos unos en presente — porque suyo

El doble concepto que se usa en los evangelios sobre el ingreso en el reino. Unas veces ya est como presente y realizado, otras, en cambio, aparece como futuro, por pensarse en su fase celeste, escatolgica.

la, syr.-sin., Peshitta) en tercer lugar antes de la de los que lloran. Por ser el orden de la Vulgata se la considera aqu. Es propia de Mt. No hay razn para pensar en un desdoblamie

Del primero (Mt 21:5) se deduce que para Mt mansedumbre es la carencia de violencia, resignacin, y del segundo (Mt 11:29), el de benevolencia y compasin. ¿Cul ha de preval

es esencialmente mansedumbre y modestia, teniendo una afinidad particular con la humildad, de una parte, y con la benignidad o compasin, de otra. Es paciente y buena, tan enemiga de la clera vengadora como del orgullo extremoso. Ten

El premio es que poseern la tierra. Palabras tomadas del mismo salmo: retribucin que all se asigna a los pobres (Sal 37:11; 9:22). Es el salmo en el que se plantea el probl

Pero no se beatifica el llanto, sin ms. Si no pone en espritu como en la primera, ha de suponerse como encuadrarlo en un mismo propsito intencional del autor. Es el lla

de la primera bienaventuranza, como gentes abandonadas y hasta consideradas pecadoras, aunque con la sola formulacin del llanto. Debe de ser Mtg el que le da este amplio aspecto moral.

consolados se pueda referir a la fase final. Pero est encuadrado en los principios de interpretacin filolgico-sapienciales antes dados. Primitivamente parecera referirse a su ingreso en el reino. Pero tambin caben consolaciones aqu en e

Lc. Como en otras bienaventuranzas, Mt (v. 3.8.10) aade algo para precisar bien el sentido, evitando desviaciones. Aqu primero (Lc 6:21a): al hambre aade sed, pleonasmo semita que no altera el significado (Is 49:10; Am 8:11). En su primitiva form

n, se ve porque rompe el ritmo semita de su estructura, en paralelismo con las otras y con Lc. Su sentido es, pues: Bienaventurados los que ansan grandemente la justicia. Nada est ms ce

Propia de Mt. Tiene una formulacin absoluta y universal. Pero como formulacin sapiencial podra tener restricciones y matices. Naturalmente, no se trata de beatificar, sin ms, un temperamento sensible y slo filantrpicamente compasivo; ni beatificar una miser

cordia afectiva y no efectiva, en la medida de lo posible, como se ve encuadrndola en todo el contexto literario del sermn del Monte (Mt 7:21). Es, adems, en este contexto, una miser

cin de su hija (Mt 15:22). La misericordia, pues, tiene en Mt el sentido amplio y ordinario de hacer el bien a todo necesitado, y, formulada en tono sapiencial, no se dice la medida en que se ha de practicar la misericordia para obtener el premio a ellos prometido. Ya se lea en el A.T.:

ea — a los que practiquen la misericordia con todos los hombres. Los rabinos defendan que la beneficencia deba practicarse con el prjimo, pero que era slo el judo; por eso excluan de ella al pueblo de la tierra y a los gentiles

Propia de Mt. La formulacin literaria est hecha con un vocabulario legal, ritual, del culto. Los puros de corazn evocan a los que tienen en el culto

mulacin del premio de esta bienaventuranza se encuentra en el vocabulario del A.T.: Los rectos vern su benigna faz (de Dios) (Sal 11:7b). Si por frmula est vinculado al primer grupo — faz de Dios —,

tolgico en el cielo. Es la imagen del Templo con la que se describe el premio del cielo bajo imagen cultual: sus servidores (de Dios, en el templo del cielo) le rendirn culto y vern su faz, se lee en el Apocalipsis (22:3.4.2-11). As se beatifica a

Y como en el templo del A.T. haba que estar legalmente puros, as en el templo del cielo hay que estar, para ingresar en l, espiritual y moralmente puros:

Slo la trae Mt. No se beatifica a los de temperamento pacfico o a los pacficos estticos — los pacficos —, sino a los dinmicos en esta virtud: a los hacedores de paz (

bajar por la paz. La formulacin universal e impersonal en que est redactada llevara a esto. Lemonnyer y otros, basndose en el salmo 82, piensan en las autoridades y magistrados, ya que a ellos corresponde esto por oficio

. Pero el sentido que le da Mtg de universalidad rebasa esto. Aparte que es paz en funcin del reino. En los pasajes bblicos en que sale este trmino tiene sentido de

daccin lo supone en la fase escatolgica, lo mismo que el contexto en que se encuadra (v.5.6.7): premio en el cielo. Pero no se puede prescindir de lo que se dijo a propsito de la primera bienaventuranza.

. Por las razones alegadas en la introduccin a ellas, se la considera literariamente distinta. Y hasta podra verse un ndice de esta duplicidad en Lc, que, trayendo la ltima (Lc 6:22), no trae sta. Hay adems algn matiz literario diferencial entre las dos. Condamin pens incluso si el premio asignado a sta, que es el mismo que el asignado a la primera, no sera un caso de i

Bienaventurados seris cuando os injurien y os persigan y Digan Toda Clase de mal contra Vosotros, siendo Calumniados a Causa de M Alegraos y Exultad, Porque Vuestro Premio Ser Grande en los Cielos. Pues As Persiguieron a los Profetas que hubo hntes de Vosotros (cf. Lc 6:22.23).

Al obrar as los judos contra los apstoles y discpulos, no hacen otra cosa que obrar como obraron sus padres (Lc) contra los profetas que hubo antes de vosotros (Mt). En el Evangelio, los apstoles son los sucesores de los profetas (Mt 23:34; 10:4l; 13:17). Los pr

Esta seccin de Mt es una enseanza hecha con diversas imgenes sobre la santidad de los discpulos. Es propia de Mt. Pero tambin Mc y Lc utilizan estas imgenes, aunque en co

(Mt 28:19-20) y tema usual de Mt: nota universalista y misionera (Mt 9:6; 10:34; 12:42; 24:30). En el ambiente judo se le reconocen a la sal varias propiedades: dar sabor y gusto a la comida, librar a la carne y pescados de la corrupcin, y los rabinos tambin dest

e a estas creencias hay que darles el sabor y gusto de Cristo. Esto hace ver que esta parte del sermn se dirige a apstoles y discpulos, que son los que tienen la misin de salar la masa.

. Y se alude a una sal extrada del mar Muerto y que perda su sabor muy pronto. La alegora acusa una gran responsabilidad para los discpulos. Esta sal de su vida cristiana

fensa y conservacin. Pues si se pierde no vale para nada: ni para la tierra es til ni aun para el estercolero (Lc), sino para tirarla afuera. Conforme a las viejas costumbres de Oriente, todo lo que no

males que por all transitan, para que tambin a l lo pisen los hombres. Pero estos rasgos deben de ser alegricos: imagen de desprecio en que caen los discpulos cados de su fervor, incluso ante los hombres

Este oficio apostlico se expresa con otras dos imgenes. Son luz del mundo. La luz se enciende para lucir. En las casas palestinas antiguas, con una sola y grande habitacin, se encenda la pequea lucerna de barro y se la pona sobre el candelero, en lugar alto, para que alumbre a cuantos hay en casa. No se la pona bajo el modio, medida de ridos con capac

dra desorientar su sentido preciso. Aunque podra aceptarse la forma extremista oriental, no es ello ms que efecto de una traduccin material del original, en el que la partcula

des construidas sobre las montaas. En Palestina era frecuente emplazar los pueblos en los altos. Desde el lugar donde, tradicionalmente, se sita este sermn, se vean en lo alto de las montaas Safet, Sfforis e Hippos. Acaso Cristo seal alguna de ellas y la tom por smil de su enseanza. Como la ciudad puesta en lo alto de una montaa no puede menos de verse, as el apstol del reino no puede ocultarse; ha de verse, dejarse ver, actuar.

Estas dos comparaciones sobre el oficio de los apstoles de Cristo — sal y luz — tienen finalidades algn tanto distintas. La primera mira a la preparacin y santidad del ap

stol; la segunda, a que no se oculten los valores necesarios para el apostolado; ni, incluso, como se ve en otros contextos, porque aguarden persecuciones. Pues la tierra espera su sal y su luz.

or causa del encadenamiento semita de cada uno de estos versculos. El tema vena sugerido en esta carta magna del cristianismo por la necesidad de fijar su actitud doctrinal frente al judasmo, o mejor a la interpretacin literaria que de l daban los

dente, preexistente. Los dems libros, incluso los profetices, que son explicadores de la Ley, no tienen tal carcter; se los dieron a Israel a causa de sus pecados, y cuando llegasen los das mesinicos, aqullos no tendran razn de ser

za de pensamientos ocultos en la Thorah y una solucin de todos sus enigmas (cf. Jn 4:25); Jer 31:31ss; Is 2:3; 60:21; Ez 36:25ss). La frase fuerte acaso proceda de la poca de la pol

de muchas cosas del A.T. As dice San Pablo, al declarar intil la vieja Ley: ¿Anulamos, pues, la Ley con la fe? No, ciertamente; antes la confirmamos (Rom 3:31). Se da la perfeccin por superacin (Gal 3:23-25), como destr

de ser ndice de la necesidad de destacarlo ante las polmicas judaizantes. No obstante, el contexto lgico en que est en Mt, podra ser tambin un contexto histrico.

Cristo introduce la frmula con un amn. El significado judo de esta palabra y su finalidad era unirse, mediante ella, con deseo de aprobacin a lo dicho por otros, v. gr., or

Los elementos expresivos de esta afirmacin son los siguientes: Hasta que pasen los cielos y la tierra. (Mt 24:35; Sal 71:57; 88:38; Is 32:20.21), trmino con que se expresa el fin de los tiempos y, por tanto, se expresa tambin con ello la

que en ella existe como en germen y cuya permanencia es definitiva en la nueva Ley. Los versculos 21-48 de este captulo darn un buen ejemplo del espritu cristiano revitalizando la moral de la vieja Ley

no tienen relacin con lo anterior, pues no se habl explcitamente de preceptos mayores. Debe de ser un contexto lgico, con encadenamiento semita, evocados porque toda la Le

nimos y adems ensease as a los hombres, ser el menor en el reino de los cielos, seguramente en su fase final escatolgica. El encadenamiento de palabras trae el encadenamiento semita de las comparaciones hiperblicas. Un precepto menor que se de

precia o quebranta trae, de suyo, el tener — no la exclusin de l — un puesto menor en el Reino. Y la contraposicin se hace con los preceptos grandes y su premio correspondiente. Precisamente grande y pequeo son los trminos usados frecuentemente en la literatura rabnica para significar la diversa suerte de las personas en el futuro reino mesinico

ba la prohibicin de ingerir sangre (Dt 12:23), y, entre los primeros la circuncisin (Gen 17:10), la idolatra, fornicacin, derramamiento de sangre, profanacin del nombre de Dios, santificacin del sbado. Pero tambin

Se pens si alguno de estos preceptos mnimos se refiriese a la doctrina que se va a exponer a partir del v.21. Pero la doctrina expuesta en el Sermn es demasiado importante para pensar que son preceptos mnimos juramento, adulterio, divorcio, amor al prjimo, etc.

a un propsito claro. Si la Ley ha de permanecer, en la forma dicha, conforme al perfeccionamiento que de ella hace Cristo, esto traa, por cierto encadenamiento semita conceptual, por contraste, el modo de la prctica de esa Ley, y anlogamente de la n

cesidad de poner el espritu y el corazn en los sacrificios. El rito material no cuenta. Por el simple cumplimiento del rito cultual, Dios no lo atiende ni retribuye. Esto es lo que Cristo censura, al tiempo que ensea cmo ha de ser la prctica de la nueva Ley, de la justicia m

Mc 9:43-48). Igualmente Mt, en los dos pasajes de la excepcin en el matrimonio (5:31-32 y 19:9) trae esta frase, que est ausente de este mismo tema en Lc 16:18 y en Mc 10:11.

interpretacin de los varios preceptos que aparecen en este sermn es el quinto precepto del Declogo: No matars. Refirindose al auditorio les dice: Habis odo que fue dicho a los antiguos. Estos antiguos son las generaciones judas anteriores co

La cita se hace literalmente del Declogo. De la segunda parte, el que matare ser reo de juicio, se pens si no sera una glosa posterior de Mt, pues no se encuentra citada as en la Ley. Aparte que es una cita quoad sensum, puede derivar de la sancin con que en la Ley se castiga el homicidio: El que hiere mo

talmente a otro ser castigado con la muerte (Ex 21:12; Lev 24:17). Este juicio al que se alude puede ser el juicio jurdico del tribunal (Dt 16:18; Dan 7:26 en los LXX) que le juzgar y le condenar o puede ser la misma condena.

Hay tambin en ello otro valor. Al contraponer lo que se les haba dicho por Moiss a los antiguos, al pero yo os digo, est implcitamente declarndose

a Moiss. ¿Quin era superior a Moiss? Gradualmente ir declarndose superior a los reyes, profetas, sbado y Templo (Mt 16:6). Aqu se presenta ya como el supremo Legislador de Israel.

En este precepto no solamente se condena el acto de homicidio real, sino la injuria al hermano. Este, en la apreciacin juda, era el equivalente al prjimo, y ste era slo el judo.

El castigo correspondiente es tambin gradual. Al airarse se le amenaza con ser reo de juicio del tribunal local, que ha de haber en todos los pueblos (Dt 16:18); al rac, se es reo ante el sanedrn, es decir, ante el gran sanedrn de Jerusaln, que es el que tena comp

Naturalmente, Cristo no pretende establecer este triple y exclusivo cdigo de penas y castigos. Toma los trminos de la jurisprudencia juda como medio de expresin de valor

de sangre. El judasmo en tiempo de Cristo era unnime en rechazar la clera entre hermanos. Hasta en Qumrn se dice: El que guarde rencor a su prjimo, inju

gencia del que est ya a punto de ofrecerle. Que la deje ante el altar y que vaya primero a reconciliarse con su hermano — acaso recuerde la redaccin eclesial de la Iglesia primitiva — si tiene algo contra ti, por suponerse que el oyente hizo algo injusto contra l. Con ello encarece la nece

Se pretendi sacar del v.26 de Mt la idea del purgatorio. Pero esto no es ms que una redaccin parablica, popular y de tipo sapiencial, y que corresponde a una ofensa in via. Es una advertencia de prudencia humana, para los asuntos de la tierra, sin ms pretensiones, y que se debe de aprovechar para evitar otras complicaciones. As se debe aprovechar, analg

Naturalmente, esto no se dice en el sentido de una realizacin material; sacado el ojo derecho, el escndalo — en el sentido etimolgico de que es tropiezo u ocasin de pecado —, seguira el mismo escndalo con el izquierdo.

, por la Consolacin de Israel (Mcsas). A veces la frmula empleada era negativa, v.gr., yo (juro) no querer ver la Consolacin de Israel si. (hago o sucede tal cosa); o en forma positiva: Yo (juro) que quiero ver muertos a mis hijos si. (sucede tal c

. No es que lo excluya en absoluto, pues El mismo responder ante la conjuracin que por Dios le hace Caifas, sino que es la forma rotunda de expresin contra el laxismo.

Ni por tu cabeza jures tampoco, pues aun en este juramento se inclua a Dios. Se lo inclua al usar la palabra tcnica jurar, y porque ella es la representacin del hombre, que est bajo el dominio de Dios. Por eso no puede cambiar por un acto de su determinacin el color de sus cabellos.

sea una repeticin enftica, como el amn, amn, en San Juan. Se querra destacar el honor del hombre sin tener para estos casos que recurrir a Dios. Literari

n de textos puede significar que procede del mal — de la mala condicin de los hombres —, o del Maligno (diablo), en su obra de mal contra el Reino. Parece ms probable la primera, pues no todo mal es obra actual del diablo, aparte que Mt est etizando la enseanza.

Es la ley de cdigo de Hammurabi. Esta legislacin, tan chocante con la mentalidad moderna, naca precisamente de un espritu de justicia y moderacin. Si la injusticia privada fcilmente degenera en reyerta y sta en abuso, a prevenir y evitar stos tenda la ley del talin. Era la ju

rialmente: Ojo por ojo, pero no ms que el equivalente material de la ofensa hecha. Aunque tambin se admita en la antigedad la sustitucin de esta tasacin material por una equiv

tucin pecuniaria o equivalente de la ley del talin, no es seguro. En la literatura rabnica hay indicios de estar vigente estrictamente esta ley, al menos en casos concretos

la abolicin de la justicia pblica, necesaria para la existencia misma de la sociedad. El mismo dijo: Dad al Csar.; ni tampoco trata de que sus seguidores renuncien a sus derechos ante la justicia pblica, pues se hara la vida humana imposible en m

Lo que Cristo ensea, en una forma oriental, concreta, extremista y paradjica, es cul ha de ser el espritu generoso de caridad que han de tener sus discpulos en la prctica misma de sus derechos de justicia. Por eso, al ojo por ojo, dir como temtica paradjica de este espritu de caridad: No resistis al mal (

to, al hombre malo, al que le hace mal. Y Cristo ilustra an este principio con cuatro casos, que harn ver con grafismo su pensamiento. Al final de ellos se sintetizar su intento.

. El que sea la derecha no tiene ningn valor especial, aunque algunos lo pensaron basndose en sutilezas. Lucas, en el lugar paralelo, dice: Al que te hiera en una mejilla, ofrcele la otra (Lc 6:9). Es una expresin tomada del lenguaje popular. En la literatura rabnica se lee: Cuando alguno te abofetee en la mejilla izquierda, presntale an la derecha

bin el manto, sobre el que no haba cuestin. La Ley exiga que el que tomase en prenda el manto del prjimo se lo devolviese antes de la puesta del sol, pues tan necesario le era (Ex 22:25.26). Lc da una formulacin de evocacin menos jurdica.

prctica a toda clase de abusos. En labios de Cristo tiene la palabra mayor amplitud, pues se refiere al espritu que ha de informar la conducta de sus discpulos. El mismo trmino cua

vida del prjimo. Pero atenindose al tono general de este contexto, en el que se acusan exigencia o insolencia por abuso — la bofetada, el despojo del manto, la requisa —, probablemente este ltimo punto ha de ser situado en el plano de lo exigente. P

ede ser el caso de una peticin de prstamo en condiciones de exigencia o insolencia. A esto lleva la sentencia paralela de Le: Da a todo el que te pida y no reclames a quien

(Lc 6:30). Segn el A.T., el prstamo al pobre deba ser hecho sin rditos (Ex 22:25; Lev 25:36; Dt 15:7-11; 23:20ss). Expresin an con ms hiprbole.

— bofetada — o en los que tiene la justicia a su favor — tnica, requisa, prstamo — debe tener su disposicin de nimo en tal estado que, por su parte, est dispuesto al perdn y a la generosidad con su adversario. Por l

La Ley preceptuaba positivamente el exterminio de diversos pueblos idlatras, v.gr., amalecitas, ammonitas, moabitas, madianitas, cananeos (Nm 35:31), y hasta preceptuaba la prohibicin de aceptar compensacin pecuniaria por el rescate de estas gentes (Nm 33:31). El salmista deca: ¿Cmo no odiar, ¡oh Yahv! a los que te odian? ¿Cmo no aborrecer a los que se levantan contra ti? Los detesto con odio implacable y los tengo

Como sntesis ambiental, en Qumrn, en el Manual de disciplina (1:4-9), se lee Amar a todos los hijos de la luz. y aborrecer a todos los hijos de las tinieblas. Lo mismo en los Salmos de Salomn

ratura rabnica muestra bien el ambiente que reflejan las palabras de Cristo. As se lee, comentando el Levtico (19:18): Amars al prjimo, no a otro (aliengenas); amars al prjimo, pero no a los samaritanos, aliengenas, proslitos (no conversos).

Del estudio de la literatura rabnica a este propsito, Strack-Billerbeck resumen as sus conclusiones: La sinagoga, en tiempo de Jess, entenda la nocin de prjimo en un sentido tan estrecho como en el A.T.; slo el israelita era prjimo; los otros, e

decir, los no israelitas, no caan bajo este concepto. Y as admiten que estas palabras de Cristo deban de ser en aquella poca una mxima popular, a la cual conformaban los israelitas, en general, su actitud con respecto al amigo y al enemigo.

Pero yo os digo. Y el amor al prjimo llega hasta amar a vuestros enemigos, que, en contraposicin al judo, son todos los no judos, todos los hombres (v.47). Y al mismo tiempo se extiende a perdonar las ofensas personales con verdadera amplitud, pues manda orar por los mismos que os persiguen. En este pasaje de Mt parecen percibirse dos planos confundidos: el h

universal de Dios. Y esta imitacin y participacin establece en ellos una nueva y especial relacin con El. Lo que se expresa en semita por el concepto de filiacin: hijos de Dios, como se es, v.gr., hijo de la luz. As son los hombres, hijos de vues

Pues si amis a los que os aman, ¿qu recompensa tendris? El amor natural es practicado espontneamente por todos. Pero aqu se destacar la necesidad de una conducta nueva de amor, que llega a los publcanos y gentiles, a quienes los judos abominaban. El amor aqu a los hermanos (

(1:3) da una interpretacin errnea de esto. Dice: Amad a los que os aborrecen, y aade: Y no tendris enemigos Pero este no es el motivo de la perfeccin, sino del egosmo o poltica.

turanzas en el A.T.: Est. Bb. (1945) 241-258; J. Dupont, Les Beatitudes. Le probleme litte'raire. Le deux versions du sermn sur la montagne et des Beatitudes (1958); A. George, La forme des beatitudes jusqu'a Jess: Ml. A. Robert (1957) 398-403; B. Celada, Las Bienaventuranzas. Por los mtodos crticos a la ms ferviente piedad del Evangelio: Cult.Bbl.

4 Descames, Bienhereux ks pauvres p.59: RDT (1952) 53-61; R. Ejarque, Beati pauperes spiritu: VD(1928) 129-133.234-237.334-341; Danilou, Bienhereux les pauvres: Et (1956) 321-338; J. Dupont, Les ptojo to pnemati de Mt 5:2 et les an(e)we ruaj.

justicia, pero que en la poca de Cristo, y ya de antes (Eclo 3:32; 7:10; Tob 12:3), vino a significar corrientemente limosna. Pero no es aqu ste su sentido, pues es tema general que afecta a diversos temas, y entre los cuales se dedica uno especficamente a la limosna (v.2-4) con su trmino propio (

La limosna es una prctica religiosa especialmente recomendada en el A.T. (Prov 2:27; 19:17; 21:13; 28:27; Tob 4:7, etc.), y hasta tal punto se la considera caracterstica del hombre justo, que se llega a llamar a la limosna justicia (Eclo 3:32; 7:10; Tob 12:3, etc.). En la literat

que ha de informar la prctica de la misma. Y lo hace ver en contraste con la prctica de los hipcritas. Estos son en el contexto los fariseos (Mt 15:17; 22:18; 23:13-15.18)

a annimo. Aparte de esta colecta semanal se admitan dones voluntarios. Los fariseos solan dar limosna con gran ostentacin a los pobres encontrados en los caminos o reunidos en plazas con motivo de alguna solemnidad. Y hasta parece que para excitar la

de los escritos rabnicos — convocaba con una trompeta desde un lugar alto de la sinagoga el comienzo del sbado. Este era el modo, en general, de hacer limosna los fariseos. Pero Cristo les dir duramente que ya recibieron su recompensa, el aplauso de los hombres. El trmino griego aqu

la publicidad, aunque de hecho se sepa por los hombres, y, contra la ostentacin, lo har ocultamente. Y tan oculto — sigue el grafismo hiperblico oriental —, que no sepa tu izquierda lo que hace la derecha, sin duda la mano. Y as suc

Rab Eleazar (c.270 d.C.), deca: Quien da limosna en lo oculto es ms grande que nuestro maestro Moiss. No se trata de la vida interior frente a la exterior. Es el espritu de la obra lo que se destaca.

El espritu cristiano de la enseanza no exige naturalmente el cumplimiento material del grafismo hiperblico con que se expresa. No es tanto la materialidad de la realizacin lo que se censura, sino la

Mas para el fariseo — hipcrita — tambin la oracin era motivo para su vanidad. Les gustaba orar ostentosamente en las sinagogas, en el templo — tambin estaba permit

. Los sacerdotes de Baal aparecen con ciertas prcticas interminables patolgicas en la oracin (1 Re 18:26ss). Igualmente aparecen listas de eptetos en los himnos babilnicos y frmulas de encantamiento en los papiros mgicos de la edad helenstica. Los dioses romanos tenan sus

en los que no se omita detalle y en los que se ponan todos los ttulos y requisitos preventivos para que no fallase la peticin. Era una magia o una mecanizacin de la piedad. Sneca habla de aquellas oraciones que fatigaban a los dioses

No es sta la actitud cristiana en la oracin, pues vuestro Padre conoce las cosas de que tenis necesidad antes de que se las pidis. Pero no se excluye la minuciosidad, que no se estima como requisito semimgico, cuando es la sinceridad del corazn.

y que Mt sea una ampliacin. Otros piensan que se justifica mejor la omisin por Lc de algunos pasajes de Mt que no viceversa. Los manuscritos de Qumrn han hecho ver que los copistas palestinenses del principio de la era cristiana tenan tendencia a suprimir ms que a aadir

. Tambin se piensa en la posible formulacin diversa, segn una tradicin-fuente, de lo que habra sido la idea o formulacin orientadora fundamental dada por Cristo. De ah las variantes literarias. Sin embargo, no es fcil suponer dependencia de Mt de Lc ni viceve

sa. Las divergencias son demasiado importantes para suponer esto. Pero el problema sera saber si Cristo dio una simple orientacin sobre la forma de la oracin cristiana, o si dio una frmula inmutable. Si Cristo hubiese dado una frmula fija, ¿no se hubiese conservado nt

de lo que Cristo habra dado? Sera ms fcil suponer adiciones a ese ncleo primitivo que no un cambio sustancial en esta frmula de oracin de Cristo.

Desde el punto de vista de la estructuracin literaria, esta oracin encuentra diversos elementos de la misma, ms o menos afines, en la literatura juda. Pero la originalidad de la oracin dominical radica en dos razones:

otras se lo dice de David y los suyos. Esta denominacin, no frecuente en el A.T., vino a encontrar su auge en la Sinagoga, y de aqu pas al pueblo. En el ambiente judo neotestamentario esta expresin est divulgada. Dios es Padre de Israel

y cuyo determinativo ltimo omite Lc, acaso por prestarse en su medio a una interpretacin de estrecho nacionalismo o por preferencias de una oracin que primitivamente comenzaba por slo Padre (Gal 4:6; Rom 8:15; Ef 3:14; Mc 14:36; Lc 22:42).

sarse y establecrselo mediante el bautismo (Mt 28:11), que confiere la gracia — vida — al nacer del agua y del Espritu Santo (Jn 3:5). Es as como un da se podr ingresar en la fase celeste del mismo. Venid, benditos de mi Padre, poseed el Reino que os est preparado de

Este concepto y esta localizacin de Dios en los cielos estaba ya en la voz popular, ya en el siglo I por obra de la literatura rabnica. Al hablar de Dios como Padre se le haca seguir de esta determinacin: que ests en los cielos

nado este nombre, y es que, ligado a este pueblo, participa en alguna manera de la suerte del mismo. Humillado o vejado ste, queda tambin humillado o vejado el nombre de Yahv, que est en l. No castigo a mi pueblo por m, por m l

1) El pueblo escogido es el que santifica el nombre de Yahv, sea alabndole, al contemplar sus intervenciones maravillosas (Is 29:23), sea guardando los mandamientos (Lev 22:31-32), sea findose totalmente de El (Nm 20:20), de su providencia, etc.

pecto. Israel ha sido desterrado a Babilonia y all no se comporta como conviene y profana el nombre de Yahv. Pero ste anuncia la santificacin del mismo al renovar al pueblo en virtud y aparecer as

po, los judos vueltos de la cautividad se convencieron de que las profecas de los profetas de la cautividad no iban a tener un cumplimiento inmediato. Mas siendo palabra de Dios, haban de cumplirse. De ah que proyectasen su cumplimiento para los tiempos escatolgicos. Ms an, se co

El concepto proftico-rabnico general sobre la santificacin del nombre de Dios se refiere a una gran intervencin de Dios en el mundo para realizar esta gran obra. As se lee: Santificado sea su gran

del reino a venir —, ello no obstante, esta oracin tiene una perspectiva recitativa indefinida; su valor en labios ya cristianos pide la constante actualizacin y difusin del mismo geogrfico-temporal, y su mayor penetracin en las almas. Es su adaptacin plenaria.

mediatamente, pero que, siendo palabra de Dios, haba infaliblemente de cumplirse, se lo proyect para una perspectiva ms lejana. Y se lo concret en la perspectiva escatolgica: la era ideal que esperaba Israel.

Sin embargo, la descripcin proftica de este reinado no llevaba excesivas precisiones sobre su carcter espiritual. De ah el lento proceso sobre su espiritualizacin, lo mismo que el haber dado lugar a malas interpretaciones, incluidos, antes de Pentecosts, los mismos discpulos (Lc 24:21; Act 1:6). Esta es la lnea de concepcin que va del A.T. a la literatura rabnica. Pero

mientos, le dan una proyeccin ms distante por buscar, en realidad, una Epifana que haga ver la realidad del reino instaurado, aunque no sea ella el momento mismo constitutivo. Hay algunos. que no morirn hasta que h

. Solamente algn autor propone la posibilidad de que tenga un sentido escatolgico final. Se pedira en ella que el Reino llegase a su plena consumacin (cf. 1 Cor 15:28). Se tendra por fondo la inminencia de la parusa. Pero ya se est desescatologizando en Mt-Lc esta tensin primitiva. Al pedirse la plena realizacin del reino, se pedira implcitamente por el advenimiento progresivo del mismo — en extensin geogrfica y penetracin espiritual — en

de lo que ha de ser un establecimiento gradual. Aunque no puede perderse de vista el marana tha, sin embargo, ya se indic, Mt-Lc desescatologizan la tensin primitiva parusaca.

— Hgase tu voluntad, como en el cielo, as sobre la tierra (v.10:6). Peticin exclusiva de Mt. Su ausencia en Lc — no dejara de extraar la prdida original de esta peticin en los apstoles y la tradicin — hace sospechar que no sea pr

a por esta expresin, lo que atraera la de Getseman. Con esta adicin se lograra literariamente el nmero siete, nmero bblico y caracterstico de Mt, como se ha indicado en la introduccin. As estructurada, p

o etizante es enfoque general en la catequesis de Mt (Mt 7:21; 12:50; 18:14; etc.) El profetismo habl de cmo en los das mesinicos los hombres obedecern a Yahv (Is 61:3). Y en las oraciones judas, como en la

porque las determinaciones trascendentales dependen definitivamente de la voluntad de Dios, como es en este caso. Pues la forma absoluta de esta voluntad divina ha de ser sobre algo concreto. Y encuadrada en el contexto de las dos anteriores, ha de ser la gran vo

(Mt 6:34). Tambin se lo ha puesto en funcin del xodo, donde se lee que el man slo se lo permita tomar para cada da (Ex 16:4). Sera una confirmacin, de fondo mateano, sobre lo mismo.

est por un alimento. Pero cabe ante l una doble posicin: ¿material o espiritual? Varios Padres lo interpretaron espiritualmente, y hasta, concretamente, de la Eucarista. Tertuliano

to — ayuda de Dios — para vencer — nutrirse — en esta lucha escatolgica entre Cristo y Satn. O incluso participar en el banquete escatolgico. No sera sino una repet

cin de las anteriores. Aparte que queda excluida aqu por el hoy de Mt y el cada da de Lc. Estara entonces esta peticin en lnea con las anteriores

Pero en su forma actual es metfora por el alimento corporal de cada da (Lc). La expresin es tan especfica que, sin una matizacin en contrario (Prov 9:5), slo se la puede interpretar del alimento diario,

Hay una diferencia redaccional consistente en que Mt pone “perdonamos” () en aoristo, mientras Lc lo pone en presente (). Lo primero parecer

te. Literalmente es que Dios no nos introduzca. ¿Dios puede introducirnos en la tentacin? Para suavizar esto se buscaron traducciones que la suavizasen. San Agustn deca: Muchos, cuando rezan, dicen: 'No permitas que seamos puestos en tentacin.

Otro grupo de textos presenta la tentacin, no como algo malo o peligroso, sino como ocasin de mritos y experimentacin de la virtud. Clsico el caso de Abraham: Dios lo tent (o prob =

22:1.16v). De ella dice el Eclesistico: En la tentacin fue hallado fiel (Eclo 44:21). O como se dice a Tobas: Porque eras acepto a Dios, fue necesario que la tentacin te probara (Tob 12:13.14). En este sentido llama Jes

sible en la tentacin: su aspecto escatolgico. Con la venida de Cristo al mundo se inaugura este gran perodo y con l la gran lucha entre Cristo y Satn (Jn 12:31; 16:15; 13:3; 6:70-71; 8:39-44; 1 Pe 5:8). La tentacin, en este caso, sera la proveniente de Satans, en esta hora escatolgica, para boicotear o procurar destruir el reino del Mesas. Muchas veces, cuando Mt habla de tentacin

1) Si esta peticin form, primitivamente, un todo homogneo, entonces se pedira a Dios que no permitiese, en esta lucha escatolgica, estar en el bando de Satn. Lo que tendra ms probabilidad si en el segundo hemistiquio se leyese: Lbranos del

2) Si primitivamente la peticin se tom en sentido moral individual, entonces no se pide que libre de toda tentacin, ya que sta est en el plan de la economa de Dios sobre el mundo. S se puede pedir que libre de tentaciones especialmente graves y, en todo caso, que d el auxilio para superarlas (1 Cor 10:13).

Los judos tenan prescrito un ayuno obligatorio para todos en el da de Kippur, da de la gran expiacin (Lev 16:29), da del ayuno por excelencia (Act 27:9). Pero haba tambin otros ayunos supererogatorios, que vinieron a incorporarse a la prctica colectiva de la vida piadosa. Zacaras menciona cuatro en seal de duelo nacional (Zac 8:19) y, aunque l parece abolirlos, su prctica haba dado lugar a la introduccin de otros. As el ayuno citado en el libro de Ester (Est 9:31), el ayuno del da 9 de

Cuando ayunen, que se unjan (Mt 26:27; Mc 14:3; Lc 7:46), que laven su cara, que se pongan con apariencia de fiesta, para que los hombres no vean que ayunan, y as reciban su recompensa. Hecho slo por Dios, El lo ver y premiar. Cristo no quiere decir que, materialmente, lo hagan as, ni que los hombres tampoco lo vean, sino que, con el grafismo hiperblico usado en todo el sermn del Monte, dice cul ha de ser el

llas casas de Palestina, y acaso pobres. En cofres y arcones se guardaban telas, trajes, tejidos valiosos; tambin en lugares ms disimulados de la casa, y hasta ocultas en tierra y guardadas en cajas o en jarras, v.gr., como en Qumrn, se guardaban cosas valiosas: monedas, joyas, lo mismo que alimentos y todo tipo de grano. Todo esto guardado con esmero est expuesto a la prdida o d

cando a los graneros y destruyendo alimentos y frutas. Etimolgicamente significa comer, y derivadamente, corrupcin, erosin, destruccin. Si por paralelismo a polilla pedira otro tipo de gusano destructor, tambin puede traducirse por herrumbre, ya que se puede referir a la destruccin de objetos e hipotticos tesoros metlicos. Pero ello es cuestin muy secundaria para la ensean

den robar fcilmente, horadando las casas palestinas, hechas de argamasa y adobe (Ez 12:5). Claro ejemplo es el paraltico al que descuelgan por el techo, hecha una abertura (Mc 2:3.4). Hasta aqu se expone el aspecto

no, es decir, cuando el ojo realiza su funcin, normalmente todo el cuerpo se ve inundado del beneficio de la luz: Todo tu cuerpo est iluminado. Pero si est enfermo,

sico, inutiliza al hombre, todo el cuerpo est en tinieblas. Rab Elie-zer distingua el camino bueno y malo segn que el ojo era bueno o malo, es decir, que el hombre fuese benvolo o envidioso

morales. Y si lo que es luz es en l tinieblas, ¡cmo ser esta moral en l! Llevar al mayor extravo, al hacer poner el corazn en lo que no es el verdadero tes

parntesis, con el v.21: Donde est tu tesoro, all estar tu corazn. Est basado en la psicologa del corazn humano y de la legislacin oriental juda. La formulacin tiene el extremismo oriental. No se habla de ciertas, aunque imperfectas, incompat

An se acusa ms el extremismo de incompatibilidades, amar a uno y odiar al otro. Esta formulacin hebraica no significa odio propio, sino no amar o amar menos (Mt 10:36.37; cf. Lc 14:26; Rom 9:12). Y Cristo saca la enseanza: No se p

Por esto os digo: No os inquietis por vuestra vida, sobre qu comeris, ni por vuestro cuerpo, sobre qu os vestiris. ¿No es la vida ms que el alimento y el cuerpo ms que el vestido?

Pasaje comn a Mt-Lc, aunque en contextos completamente distintos. Acaso la parbola con que Lc la precede sea primitiva, y Mt lo separ para su tema; si no, procede de otra fuente. En todo caso, en Lc la parbola tiene por tema la

traste con las riquezas. ¿No ha de haber solicitud por los bienes necesarios de la tierra? S, pero sin demasiada solicitud, pues hay Providencia. Literariamente est estructurado con una mezcla de incl

La enseanza es clara: no es negar la solicitud por las cosas necesarias o convenientes a la vida — alimento, bebida y vestido —, sino lo que se censura es el afn desorbitado por aquellas que impidan atender a las exigencias del reino. No se promete venir, milagrosame

constantemente usados en el sermn de la Montaa. No se contrapone lo ms a lo menos, sino una cosa se contrapone a otra en forma rotunda y exclusiva. Esto exige una interpretacin justa de esta mentalidad oriental.

traprueba de ello son los aos de trabajo de Cristo en su vida oculta de Nazaret, lo mismo que, al encontrarse sediento, pide agua a la Samaritana (Jn 4:7). Como tambin para usos y previsiones del grupo apostlico haba una caja comn de bienes (Jn 1

para probar lo que implcitamente deca en su enseanza: que hay Providencia. ¿No es la vida ms que el alimento, y el cuerpo ms que el vestido? Las aves no siembran ni guardan, previsoras, alimento en sus graneros, ni los lirios hilan ni trabajan para vestirse, ni con preocupaciones se prolonga la vida, y, sin embargo, Dios alimenta las aves, viste los l

Que se busque primero el reino y se cumplan sus exigencias, y Dios proveer por mil medios al desarrollo de la vida, pues cuida del hombre. La gran leccin, despus de buscar primero el reino y su justicia es sta: ¡Hay providencia sobre la vida!

Es lo contrario de los gentiles, que no la conocan, sino al Hado o la Fatalidad, pero no al Dios Padre providente. Ni puede argumentarse que muchos pjaros mueren de inanicin o fro, y nosotros no nos podemos estrechar hasta ese trmino. Este planteamiento son sutil

n es sapiencial, y habla del suceder normal y segn la naturaleza de las cosas. Tambin en el plan de Dios estn las catstrofes humanas, a pesar de las prev

La frase ¿No har mucho ms con vosotros (hombres) de poca fe? es trmino en uso. En la literatura talmdica, a los hombres de fe se les contraponen los pequeos de fe (

quivala a medio metro. La palabra griega usada para indicar que no se le puede aadir un codo pone helika, que puede tener dos sentidos: estatura o edad. Las versiones ant

cin. Aadir un codo — medio metro — a una estatura significa mucho, cuando lo que se quiere decir es que por mucho cavilar no se puede aadir nada apreciable; por tanto, se sup

ne un trmino de comparacin mnimo. De aqu que esta palabra hay que interpretarla de edad. Un codo de tiempo que se, aadiese a una vida no era, en realidad, nada. Es el se

En la expresin: Buscad primero el reino., y todo eso se os dar por aadidura, el sujeto de se os dar por aadidura, conforme al uso rabnico, es Dios

emita de esta percopa, hace suponer que est desplazado en el mismo Mt. El tema de esta percopa, aunque con cierta semejanza, desarrolla temas distintos. En ella se trata de los cuidados de la vida, en este versculo se trata de afanes de todo tipo. Su

. Acaso la frase evanglica est tomada del medio ambiente como frase proverbial, y usada como un apndice al pasaje de la Providencia, para indicar la inutilidad de adelantarse a lo incierto, en paralelo con la sentencia del v.27, que indica que, con cavilaci

utilidad, evtese lo inevitable. Pero no por simple utilitarismo. Encuadrado el versculo en este pasaje de la Providencia, la sentencia cobra una nueva perspectiva. No te preocupes afanosamente, desorbitadamente, por los cu

(1936) P.218-228. — 16 Votaw, A Dictionary of the Bible t.5 p.32. — 17 J. Carmignac, Recherches sur le Notre Ptre (1969) p.22. — 18 O.c.: ML 34:1285. — 19 Strack-B., O.C., I P.410. — 20 Bonsirven,

l captulo 7 de Mt sigue con una cierta conexin lgica con la segunda parte del c.6, en el que se comenz a exponer una serie de temas morales, que se continan y concluyen en ste. Soiron piensa que aqu hay un nuevo giro: poner en guardia sobre posibles conclusiones a sacar

El juicio al que se refiere no es el judicial, necesario a la sociedad y a la Iglesia, y que Cristo reconoce en el Evangelio (Mt 22:21; 18:17.18); ni a la correccin fraterna, que supone un jui

rentemente aqu su sentido. En esta forma oriental y extremista se formula la prohibicin en absoluto. Est redactada en forma sapiencial, lo que admite, justificadamente, excepciones. Este juicio condenatorio est formulado con la amplitud sapiencial a que afecta el tema. Por eso, no se limita a una condenacin externa, puede serlo igualmente interna. La valor

j luz sobre este punto. Son citados numerosos casos anlogos en los que, dndose en forma impersonal, el sujeto que ha de suplirse, puesto, como en Mt, en tercera persona de plural, es Dios

. Deba de ser frmula proverbial. En ste es la ley del talin. Rab Eleazar deca: En la olla en que vosotros hayis cocido a los otros, vosotros seris cocidos, a su vez (por Dios), y con el celemn de que t te sirvas para medir, se medir para ti.

Si esta formulacin supona la ley del talin, en el caso de Cristo no tiene el mismo valor de adecuacin. No es que en Dios no haya justicia estricta, sino que la medida a la que Cristo alude es la medida de la semejanza y de la

Si no se condena al prjimo, tampoco Dios nos condenar a nosotros. Y si se perdona, el perdn, como se lee en Lc, la medida que se usar con nosotros, ser una medida. colmada, rebosante, ser derramada en vuestro seno (Lc 6:38). Es anlogo a la peticin del

Cristo llama hipcrita al que as obra. En general, poda tener un valor moral en el evangelio etizado de Mt. Pero se encuadra en un contexto general. En Mt es un trmino c

si tcnico para denominar a los fariseos (Mt 6:2.5.16). Y era un tema demasiado candente en aquel medio en el que los fariseos despreciaban a los dems, tenindose ellos por los solos hombres justos (M

Lo que pasa por lo ms precioso y refinado no se puede echar — extremismo oriental — a lo ms inmundo. Pues se aade: no sea que las pisoteen con sus pies y, revolvindose, os destrocen. El puerco tiene por ansia el hartarse. Por instinto se tira a cuanto le echen; si son perlas, al ver que aquello no se come, enfurecido, puede revolverse y abalanzarse sobre los que le echaron esto y destr

nes inmediatas. Por eso su interpretacin supondr una comparacin metafrica que, por enunciar un principio general, rebasa, en su intento directo, las concreciones especficas. D

Este pasaje no tiene vinculacin inmediata con lo anterior. Lc lo trae en otro contexto (Lc 11:9-13) muy lgico. El tema que se propone es la necesidad de orar para obtener favores del cielo, y a esta oracin se garantiza su eficacia. La formulacin literaria del mismo es por p

Se ha querido alegorizar estas expresiones, v.gr., la parusa. No es ste el intento de Cristo en el contexto; sus comparaciones humanas, elementos parablicos, son expresados, adems, en forma sapiencial, por lo que su sentencia es genrica, sin concretarse alegr

¿le dar un escorpin? (Lc 11:12). Por ello se ve que no hay relacin alguna entre la peticin y lo que no se le dar: son simples hiprboles orientales de contraste. Algunos autores han propuesto, a este propsito, verdaderas sutilezas

La conclusin de base es que ningn padre dar a sus hijos, cuando le piden cosas buenas y necesarias, cosas malas. En el orden espiritual se concluye igualmente que Dios no dar sino cosas buenas al que se las pida.

ana sea por s misma mala, lo que sera maniquesmo; ambas hiptesis estn fuera del intento comparativo de Cristo. Se habla slo de la naturaleza humana inclinada al mal, y, m

itiva, como se ve por su estructura. Esta interpretacin de Lc se debe probablemente a que, citndose una perspectiva religiosa de peticiones, Lc lo sintetiza en el Espritu Santo (que) es el don mesinico en el cual se resumen todas las gracias divinas.

ms, en esta perspectiva religiosa, que no se pedirn cosas que impidan la incorporacin al Reino, objeto de la gracia y del mensaje de Cristo. Santiago escribe: No tenis porque no peds, y si peds, no recibs

El tema de este pasaje es llamado regla de oro de la caridad desde el siglo XVII. En Mt no tiene relacin directa ni con lo anterior ni con lo que sigue. Tendra un puesto lgico en este mismo captulo despus del v.5. No obstante, se propone que, si se refiere slo a lo anterior, sera esto una referencia de censura contra las facilidades de la casustica rabnica (Mt 5:20); si a lo que sigue, sera contra la creencia de algunos cristianos que se crean seguros por ser tales (

, creencia cargada de substracto judo (Mt 3:8). En Lc tiene un puesto sumamente lgico y situado tambin en el sermn de la Montaa (Lc 6:27.30.31.32.38). En Mt procede probablemente de otra fuente, mxime con la insercin (v.12b), que falta en Lc en la forma que est en Mt.

La sentencia que prcticamente har ver a los hombres cmo deben amarlos, es hacer a los dems lo que quisiramos que los otros nos hicieran a nosotros. No consiste solamente en

(Mc 12:31); y como norma prctica est esta sentencia. Es un toque en lo vivo de la psicologa humana. Con esta norma, ¡qu autenticidad en el amor, qu de recursos para ejercitarla y qu perspectiva de e

tiene una segunda parte complementaria, que falta en Lc (7:31). Esta es la Ley y los Profetas. La unin de esta sentencia no es primitiva, como se ve por su ausencia en Lc. Su misma vinculacin por el primer hemistiquio no es necesaria; puede ser una r

La Ley y los Profetas — el A.T. — legislaron y defendieron la prctica de la justicia y de la misericordia con el prjimo, aunque para la Ley era el judo. Lo que all se deca qued aqu superado por el perfeccionamiento de la Ley a travs de la interpretacin cristiana de Cristo. Por eso, esta norma prctica, con motivo cristiano, resume todo el espritu que info

Siguiendo la misma lnea de yuxtaposicin de enseanzas, sin una conexin inmediata con lo que acaba de exponer, trata ahora Mt el tema de los dos caminos. Es tema muy frecuente en los libros sapienciales; tambin aparece en Qumrn. Su situacin literar

nexa. El pasaje semejante de Lc (13:23-24) est en un contexto completamente distinto, pero lgico. Es la respuesta a un tema que preocupaba grandemente en Israel (cf. 4 Esd 7:7): si son pocos los que se salvan (Lc). Al colocarlo Mt en esta situacin autnoma, pero ya al f

Estos muchos o pocos que as caminan no se refiere al nmero de los que se salvan. En el sentido original de estas palabras de Cristo, se referan al pequeo nmero de

Otra exhortacin de Cristo sin una unin perceptible con lo anterior, aunque posiblemente de fondo a partir de los v.13-14. Al peligro del camino ancho con senda a la perdicin, puede unrsele aqu el peligro que para lo mismo aportan los falsos profetas. Este pasaje est despl

El falso profeta o profeta de mentira era conocido en la vieja historia de Israel. El profeta Seducas, y con l todos los profetas (falsos), profetizan. (2 Re 22:11; 2 Crn 18:22). Jeremas habla de otro falso profeta que engaaba al pueblo (Jer 28:1; 5:1; 28:1V; Zac 13:2).

con la tarea de “seducir” al pueblo (Mt 24:11:24 par.). En el . . se ve o anuncia la presencia de ellos (Act 13:6; 2 Pe 2:1; 1 Jn 4:2; A-p 16:13; 19:20; 20:10; 2 Tes 2:2.3.8-12). La tradici

a se presenta aqu bajo un principio sapiencial, toca directamente a los fariseos en su momento histrico. Aunque no eran profetas, Mt usa a veces esta expresin en sentido metafrico hablando de los apstoles (Mt 23:34) y, por tanto, con un sentido

amplio. La aparente austeridad externa de su vida, aunque fuesen sepulcros blanqueados, haba hecho de ellos los rectores espirituales del pueblo. Pero eran los grandes enemigos de Cristo y su doctrina, hasta el punto de anular con sus tradiciones e

El sentido histrico de este pasaje son los fariseos. Pero posiblemente incorpora estas sentencias con un sentido histrico tambin a causa de un fenmeno religioso contemporneo de la composicin de los evangelios: los judaizantes y la infiltracin y desconcierto que producan en la Iglesia primitiva los herejes (Jn 10:12; Act 20:29; etc.).

Cronolgicamente, este pasaje corresponde a una poca avanzada de la vida de Cristo. Parece suponer la misin de los apstoles y discpulos con la potestad que se les haba conf

La doctrina que aqu se ensea no slo afecta a la prctica de los pasajes del sermn de la Montaa, sino a toda la obra del Reino. ¿Quin entrar en el Reino de los cielos en su fase final, pues el texto supone ya cristianos? El que hace la voluntad de mi Padre (v.21). El plan que traz el Padre sobre el Reino tiene creencias y exige obras. No basta un ingreso idealista y soador. No bast

rael. Jeremas haba censurado fuertemente al pueblo, que deca: ¡Oh el templo de Yahv! ¡Oh el templo de Yahv! queriendo confiar mgicamente en l, pero sin poner la conversin de su vida en la prctica de los mandatos de Yahv (Jer 7:4; cf. 7:lss). En su momento histrico estas palabras de Cristo deben referirse a algn tipo de cristianos que ya haba ingresado en el Reino,

mtico para los que fuesen a ingresar, para que supiesen que su justicia tena que superar a la de los escribas y fariseos (Mt 5:20), porque de ellos dice: Haced y guardad lo que os digan. Pero no los imitis en las obras, porque ellos dicen y

tenticidad cristiana en el Reino est en las obras. Aquel, pues, que escucha mis palabras y las pone por obra (v.24) es el cristiano autntico. Ni vale como excusa el haber profetizado en tu nombre o el haber exorcizado demonios o el haber hecho milagros (v.22). No slo los apstoles, sino tambin otros discpulos haban recibido estos poderes carismticos (Lc 10:1-9.1

nismo. Podan ser grupos o personas al estilo de los carismticos de Corinto (1 Cor c.12-14). San Pablo dir que si uno tuviese profecas, o glosolalia, o actos heroicos, milagros, y no tuviese caridad, nada soy (1 Cor 13:1-3). Ant

Cristo llam a su Padre mi Padre (v.21) en sentido excepcional. Cuando habla para otros dice vuestro Padre, o tu Padre, pero, al contraponerle con El, es mi Padre. Mt, que confiesa en su evangelio la divinidad de Cristo (Mt 12:6.8; 11, etctera), con esta expr

Le dirn en aquel da (v.22). La expresin literaria procede del A.T. y tiene diverso valor escatolgico (Is l0ss). En el Talmud significa el mundo a venir. En este contexto si

a el juicio final, pues Cristo aparece como Juez de destinos eternos; es la escatologa final (v.21). Es un pasaje de gran portada dogmtica, aunque no es el nico pasaje en que lo ensea el evangelio (Mt 25:31-64; Jn 5:22.27). En el mesianismo judo,

da tener un valor instrumental (dativo instrumental), como si se operasen estos carismas por la invocacin de su nombre (Act 19:13; cf. 3:6; Mc 9:38), que tener el valor de represe

cin al Cristo celeste (Bousset). ¡Sera polemizar contra un verbalismo comunitario litrgico! Otros piensan en discpulos que, para atraer la atencin sobre ellos, tienen constantemente el

Pero sin matizarse ni sugerirse ni ser fcilmente alegorizables los diversos elementos que la integran. Aparte que Cristo dice: El que escucha mis palabras y las pone por obra, ser

(v.24.26). Por eso toda precisin o matiz en este sentido no pasa de ser una alegorizacin subjetiva por acomodacin, como los que vean en la lluvia las tentaciones carnales, en los ros la avaricia, en los vientos la vanagloria y soberbia, etc.

e inteligente o intuitivo, con un gran sentido prctico, sino del que cree y obedece estas enseanzas anteriores y, en general, el que hace esto con el Evangelio. Este trmino se contrapone al necio (

anza de Cristo. Para ensear oficialmente haca falta haber sido discpulo de algn rabino y haber sido autorizado oficialmente, mediante la imposicin de manos, para ensear en Israel. Y haba que ensear con el argumento

no como sus escribas — hace ver la fuerte contraposicin que se establece, y que impresionaba a las turbas, sobre esto: El tena autoridad, los escribas no tenan autoridad. Por eso, teniendo en cuenta los datos sacados de la Mishna y el Talmud, se ha escrito a este propsito: Aquel que da el poder es Dios. Las palabras 'como teniendo poder' han de completarse as: Y

Adems, en aquel ambiente en que se mova, esta actitud magisterial evoca que El es el Mesas. En la conversacin de Cristo con la Samaritana, le dir a El: Yo s que el Mesas est para venir y que, cuando El venga, nos har saber todas las cosas (Jn 4:25) que se disp

sta seccin de los captulos 8 y 9 es manifiestamente intencionada y sigue el procedimiento sistemtico y de tesis del evangelio de Mateo. Despus que present a Cristo como legisl

con los milagros que realiza, tanto sobre enfermedades corporales como del alma y aun sobre los mismos elementos de la naturaleza y los demonios. Los ciegos ven, los rengos andan, los leprosos son limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan,

. Sin embargo, la lepra en la antigedad no tena un diagnstico cientfico, y por eso se incluan entre ella otras enfermedades de la piel curables (Lev c.13 y 14). Tal es el caso de Simn el leproso (Mt 26:6; Mc 14:3)

proso. Pero Cristo toca para curar. No podr contagiarse de esta enfermedad ni contraer ninguna impureza legal el que curaba las enfermedades y el que era Seor del sbado y de toda la Ley. Y al instante desapareci la lepra y qued limpio (Mc).

padecido, lo cura. La primera lectura, de no ser primitiva, no se explicara bien; de ah su insercin de la segunda. ¿Se referira, acaso, al ver que el leproso transgreda tan abiertame

te la Ley de Moiss? (Lev 13:45.46). Mt y Lc omiten la compasin cuando la registran en otros casos (Mt 20:33; Lc 7:13). ¿Es por esto por lo que Mc dice que Cristo le despidi con una fuerte

Se comprende la sorpresa, la gratitud y la reaccin de aquel hombre al verse limpio, justificada su inocencia y hbil para volver a la sociedad y a su hogar. La explosin apuntaba. Y ante ello Cristo, con fuerte conmocin de nimo (cf. Jn 11:13), le ordena que no diga n

da a nadie. Deban de estar ellos dos solos o muy poca gente que no comprometa el peligro de divulgacin, en cuya medida de precaucin pone al leproso curado. El proclamarlo en aquel ambiente de sobreexcitacin mesinica no hubiera logrado ms que hacer intervenir intempestivamente al sanedrn (J

s y es a lo que aqu se refiere. Sin embargo, en la frmula a ellos es posible que no sea ajeno al deseo de Cristo enviar a aquellos sacerdotes o corpus sacerdotale

curado, sin embargo, comenz a pregonar su curacin, creando dificultades a Cristo para venir pblicamente a las ciudades. Por lo que se retiraba a lugares desiertos, aunque esto tambin lo haca

, no judo (Lc 7:5), sino gentil, pero que admiraba la religin juda. Ama a nuestro pueblo, decan los de la ciudad, y prueba de ello es que les haba l

. Este centurin tena un esclavo al que amaba mucho. Estaba enfermo de parlisis y prximo a la muerte (Lc). En esta circunstancia lleg Cristo a Cafarnam y el centurin acudi a l con solicitud y urgencia.

(v.5-6) dice que el centurin se le acerc a Cristo, Lucas dir que envi algunos ancianos de los judos rogndole que viniese para salvar a su siervo, y, cerca ya de su casa, le envi, en una segu

no se puede concluir que sean sucesos distintos. El fondo y la trama son los mismos. San Agustn propona como solucin que lo que se haca por medio de otros, se puede decir personalmente de aquel que los enva

gue en este relato de Lc en que en Lc el centurin es amigo de los judos. En Mt se omiten estos detalles. Acaso se deba a que Mtg se escribe en una poca en la que el judaismo se e

na sospecha que pueda ser hijo de algn dios o un ser muy excepcional? 3) En que Cristo puede curar a distancia (B. Weiss); 4) en el impulso irracional de confianza en Cristo (A. Schlatter); 5) en el esperar ardientemente un milagro (Kijostermann); 6) en su comprensin de la palabra en el misterio de Cristo (Schniewind); 7) en una gran fe y confianza en el poder de Cristo, a causa de los milagros

ham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos. Mientras que los hijos del reino sern arrojados a las tinieblas exteriores, donde habr llanto y crujir de dientes. La felicidad mesinica — que profetiza para los gentiles — se la describe con frecuencia, tanto en la Escritura (Is 25:6; Ap 19:9) como en los escritos apcrifos apocalpticos y rabnicos, bajo la

. Para los judos, que eran por excelencia los hijos del reino y que pensaban sentarse en este festn al lado de los patriarcas, mientras los gentiles, llenos de confusin, quedaran a la entrada, en las tinieblas exteriores

, a las tinieblas de afuera, imagen tal vez de un festn nocturno cuya sala est llena de lmparas, mientras fuera slo hay oscuridad. All habr llanto y crujir de dientes, imagen que indica el castigo para expresar las injurias de los impos contra los justos (Sal 35:16; 37:12, etc.) y lugar comn en la liter

fiere el texto evanglico a la salida de la reunin sinagogal de la tarde, por vincular los tres sinpticos esta escena a la siguiente, a la que, al ponerse el sol (Lc), le traan los enfermos para que los curase, y que probablemente era en el mismo Cafarnam, pues se reunieron en la puerta de la ciudad (Mc 1:33).

La suegra de Pedro yaca postrada por la enfermedad. Slo se describe que tena una enfermedad febril. Lucas, acaso por sus aficiones mdicas, lo matiza diciendo que tena una gran fiebre. Es un trmino tcnico de la medicina de entonces y usado probablemente en este sentido por Lc

a; en otro milagro semejante en Jn (4:46ss) se polemiza contra una religiosidad gnstica que viene a buscar algo de Cristo en lugar de entregrsele a El. Lo que se destaca abierta

a un espritu del mal, poder demonaco, tambin ste tiene, por lo mismo, un valor escatolgico: el triunfo de Cristo sobre Satn y la llegada del reino.

aqu, Mc-Lc lo ponen antes del sermn de la Montaa. Fue ya atardecido, sea por referencia histrica o para indicar tambin el fin del reposo sabtico, antes del cual no se podan transportar camillas de enfermos (Jer 17:21; Jn 5:9.10) ni incluso ser curados en sbado (Jn 9:13-16; Mt 12:10-14 par.).

Se destaca la curacin de los endemoniados, pues indicaba ello el establecimiento del reino de Dios (Mt 12:8). Lc destacar que los curaba imponiendo a cada uno sus manos, lo que indica la potestad que tena (Lc 4:40), con lo que se vea su poder. Aqu lo hace con su palabra para indicar ste

El inters de la citacin — dice Lagrange — es precisamente que ella se puede aplicar literalmente a la situacin en trminos que contienen un pensamiento ms profundo.

tuarlos aqu juntos, siendo improbable la realizacin de ambos en un mismo momento, hace ser su agrupacin artificial temtica. Literariamente se puede justificar el poner aqu estos casos porque Cristo abandona la regin de Cafarnam. Se ha visto en ello, adems, un v

lor tipolgico. Cristo parte a la otra ribera, donde estallar la tormenta en el mar, Cristo parte y stos quieren seguirle. As han de ser los seguidores de Cristo:

Jesucristo frecuentemente lo utilizar para nombrarse. Este ttulo sale 50 veces en los sinpticos. Y si se incluyen los lugares paralelos, se cuentan 76 78 veces, ya que Mt 18:11 y Lc 9:56 son crticamente dudosos. En San Juan sale 12 veces. Esta expresin slo aparece en los evangelios en boca de Cristo. Es El quien se designa con ella. Fuera de aqu, slo San Esteban designa a Cristo con el ttulo de Hijo del hombre ante el

En el A.T. solamente se usa esta denominacin en Ezequiel para llamar a una persona. Un ngel llama a Ezequiel hijo de hombre como a ser de otra especie (Ez 2:1.3.6.8; 1:2.34, etc.).

¿Qu intenta Cristo al designarse con esta expresin? En boca de Cristo es usada siempre para denominarse a s, pero no figura siempre con el mismo matiz. Los textos en que aparece usada por Cristo se pueden reducir a tres grupos.

2) Textos en los que se usa esta expresin para designar, calificativamente, al Mesas humilde, despreciado, y que ir a la muerte (Mt 17:22; 20:18 par.; 12:40; 17:12; 10:33.34; Mc 8:31ss par.; 9:30.31; Lc 9:12.44).

con esta expresin al Mesas en su aspecto glorioso y triunfal, o para destacar su potestad (Mc 14:61ss par.; 8:38 par.; Lc 18:8; 17:24.37; Mt 24:27.30; 19:28; cf. Lc 6:5 par.; 11:30; 19:10; Mt 9:6 par.; 13:37)

Fuele dado (al Hijo del hombre) el seoro, la gloria y el imperio, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron, y su dominio es dominio eterno, que no acabar nunca, y su imperio nunca desaparecer (Dan 7:13.14)

Dos diferencias han de notarse entre el texto danilico y su uso por Cristo. En Daniel, la expresin Hijo del hombre aparece sin artculos. La otra diferencia es que, en Daniel, el Hijo del hombre tiene un valor colectivo, mientras que Cristo lo usa en sent

Sin embargo, ya la antigua sinagoga haba interpretado este pasaje, no con un valor colectivo del pueblo de los santos, sino personalmente de slo el Mesas.

En la antigedad se vera preferentemente el sentido de humillacin y sufrimiento del Mesas. Se usara este ttulo por Cristo para hacer ver que el mesianismo verdadero no era poltico ni ostentoso, sino de una naturaleza muy distinta de como lo haban interpretado o deformado los rabinos. Por su contenido es el mesianismo doliente del Sie

, sin tomar el ttulo oficial de Mesas, podra ir gradualmente llamando la atencin y llevndola hacia ese misterioso personaje que Daniel describe como un Hijo del hombre, y, veladamente, identificndose con l.

ralmente se tena del Mesas el simple concepto de un origen terreno. El mismo plantear a los fariseos un mesianismo trascendente (Mt 22:41-46 par.). Ms tarde, por influjo de los apocalpticos, se admiti en algunos sectores el concepto de un Mesas trascendente. Y es a esta corriente a la que Cristo apu

ta, como interpretadora de este sentido trascendente en la interpretacin, ya entonces personal, de la profeca danilica del Hijo del hombre. Viene del cielo y tiene una trascendencia sobrehumana, divina

No era esta invitacin para incorporarlo a ser uno de los Doce. Era invitarle a seguirle ms de cerca, y acaso ms habitualmente, en sus correras apostlicas, como le acompaaban sus disc

efiere, manifiestamente, a que el padre de este discpulo acabase de morir o estuviese muy grave y le pidiese licencia para ir a cumplir sus deberes de piedad. Sera una coincidencia aqu increble. Y ms increble an el que Cristo le hubiese negado

Honra a tu padre y a tu madre (Ex 20:12). Debe, pues, de tratarse de un discpulo que, antes de seguir a Cristo en su apostolado de una manera total y habitual, rog que se le permitiese antes esperar a la muerte de su padre, para, despreocupado de estos deberes, entregarse entonces a esta misin. Pero esto era incierto,

acompaarle en la mies, que era mucha y los operarios pocos, urga. Y vino aqu la gran leccin, que ya se presenta, en funcin del supremo amor a El sobre los padres (Lc 14:26): Deja a los muertos sepultar a los muertos. Los rabinos hablan metafricamente de vivos y muertos como sinnimos de

Los que viven en el mundo despreocupados de esta vida eterna, estn como muertos. Que ellos cuiden de s mismos: que los muertos entierren a los muertos. Por eso, aqu los muertos citados primero, en el v.22, designan a todos los que no han encontrado la vida del Reino en Cristo (cf. Mt 7:13.14; cf. Lc 15:32; Mt 22:32; Ef 2:1; Col 2:13).

te paradoja para expresar los derechos suyos — de Dios — sobre los mismos de los padres. Al estilo que expresa en otro lugar, que su amor ha de ser superior al de los padres, diciendo: si alguno viene a m y no

Sucedi cronolgicamente de inmediato a la curacin de los endemoniados gerasenos (Mt y Lc). Marcos precisa que fue en la tarde del da en que Cristo tuvo la gran jornada de las parbolas (M

La descripcin es tan realista como hbilmente tipolgica. Estas tormentas del lago son tan rpidas como imponentes. Lc es el que usa el trmino preciso: descendi (

tivo de la tradicin, lo pone en forma demasiado espontnea (Mc 4:38). En Mt (v.25) es casi una oracin, que acaso proceda en su redaccin del uso litrgico (Mt 14:30); Mc-Lc lo llaman Maestro (Rab); Mt pone la expresin

Los discpulos haban visto milagros; pero ante aquel espectculo csmico quedaron especialmente impresionados. Les falt confianza en El, an dormido. Es un aspecto de la gran leccin, y que El les reprocha. El siempre vigila

en la revelacin de su persona. Por eso, ellos preguntan admirados quin sea este al que obedecen los vientos y el mar embravecidos. En el A.T. era Dios el que dominaba el mar embravecido (Sal 88:10; Job 26:12; Is 51:10). La va hacia su divinidad se va abriendo

sin que este hecho tuvo, por su divulgacin, en las gentes. Y hasta se piensa que pueda ser eco de los debates de los predicadores cristianos de la primera mitad del siglo I con los hombres del mundo grecorromano. Probablemente es el intento central de Mt destacar esta falta de confianza en el Mesas.

Mt tiene una tendencia a pluralizar. As, mientras Mc-Lc slo presentan en escena un ciego que es curado por Cristo (Mc 10:46-52; Lc 18:39-43), Mt presenta la misma curacin hecha en dos ciegos (Mt 9:23-31). Tambin los ladrones que estn crucificados con Cristo, segn Mt, blasfemaban (Mt 27:44; cf. Mc 15:32), mientras que slo uno era el que le ultr

. A lo que podra aadirse la posibilidad de que, no matizndose en la escena la parte de uno o de otro, o por ser en casi todo anlogas sus reacciones, quedaba perfectamente valorada la escena con slo presentar a uno de ellos

23 P. Lamarche, La guerison de la belle mere de Fierre et le genre littraire des vanges: Nouv. Rev. Thol. (1965) 515-517; L. Dufour, La guerison de la belle mere de Fierre: tudes d'vangile (1965) 125-147.

hn (1907); Roslaniec, Sensus genuinus et plenus locutionis Films hominis (1920); Dleckmann: VD (1928); Lemonnyer, Theologie du N.T. (1928) p.65-73; Dupont, Le Fils de l'homme (1924); Robert-Feuillet, Int. a la Bib. II p.790-795; Dalman, Die Worte Jesu p.191-219. — 30 Cerfaux, Eph. Theol. Lov. (1935) 326-328; Vaccari, VD (1938) 308-312. — 31 Willam,

Cristo volvi a su ciudad — Cafarnam (Mt 4:13; Mc 2:1) — despus del milagro de los endemoniados gerasenos. Y das despus de su llegada (Mc) realiza este milagro con oc

sin de la presencia de unos escribas o maestros de la Ley, y de fariseos (Lc). Haba tantos para escucharle en la habitacin interior en que Cristo estaba, que no caban ni junto a la puerta. Los escribas o doctores de la Ley eran cultivadores oficiales de libros sagrados y pe

locarlo delante de El (Lc). Pero como no podan llegar hasta El (Mc), lo subieron al tejado para bajarlo por el techo. Esto era posible, porque las casas tenan una terraza de vigas y c

tezar. Lc lo describe al modo occidental y dice que lo bajan por entre las “tejas” ( ). Una vez arriba “descubrieron el techo por donde

cados. Rab Amm deca sobre el 300 (d.C.): No hay muerte sin pecado ni dolor sin ofensa. Y rab Alexandrai, en el 270: El enfermo no se libra de su enfermedad hasta que le hayan perdonado (por Dios) todos sus pecados, porque El es quien perdona todas las iniquidades. Y en el Talmud se llega a decir: Al haber perdn, al punto se cura.

¿Quin puede perdonar los pecados sino slo Dios? (Lc), sino uno, Dios (Mc), explicacin para sus lectores gentiles. Y Cristo aqu aparece perdonando los pecados en su nombre, con autoridad propia. Ni al mismo Mesas en la mentalidad rabnica, atribuy

Cristo, que los conoci en su espritu, admite la interpretacin que ellos censuran. Esta normal penetracin de los corazones es un atributo de Dios (Jer 17:9-10; Act 1:24, etc.). Los rabinos haban deducido por un texto de Isaas (11:2ss) que la penetracin del pens

lagrosamente a un paraltico? Ambas cosas estn en la misma lnea de poder sobrenatural. Pues para que veis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar los pecados, dijo al paraltico: Yo te digo (a ti): Levntate, toma tu camilla y marcha a tu casa. Lo que l, al punto hizo. Todos los que vieron esto se ma

uracin y el poder de perdonar los pecados. ¿Son sincrnicamente primitivos? Varios autores (Bultmann, etc.) lo discuten. El hecho declarativo del poder de perdonar los pecados el Hijo del hombre es muy probable que sea primitivo, pues aparece su ejercici

nard), aunque retocado y explicitado, en su redaccin, acaso en funcin de discusiones de la Iglesia primitiva, polmica judeo-cristiana, sobre el perdn de los pecados. En todo caso, el texto, en su redaccin, tiene un marcado y definitivo valor apologtico, lo mismo que en su estadio histrico, en cuyo medio ambiente, por necesidad, haba de interpret

Si Mt esquematiza la primera parte, por ir a su enfoque teolgico, destaca, en cambio, el aspecto del perdn de los pecados. Seguramente que en el estadio actual tiene esta escena una redaccin reflexionada, lo que no excluye su histrico valor documental. La tesis de que fuese una invencin tarda, con la que la Iglesia haya querido remontar a Cristo su

de perdonar, sacramentalmente, los pecados, aparte que se ve que es gratuita — ni a la Iglesia se le hubiere ocurrido este invento de no ser verdad (cf. Jn 20:22ss) —, ha sido ya frecuente

mente refutada (K. L. Schmidt). Y de la unidad primitiva del pasaje, se podra defender igual a travs de su estructura la tesis contraria: que el relato del milagro fuese una aadidura ta

da destinada a sostener la palabra del perdn (Bonnard, o.c.). Esto es en Mt la garanta de la confesin sacramental en su Iglesia. ¿Acaso la contestaba algn sector judo?

Estando, pues, Jess sentado a la mesa en la casa de aqul, vinieron muchos publcanos y pecadores a sentarse con Jess y sus discpulos. 11 Viendo esto, los fariseos decan a los discpulos: ¿Por qu vuestro Maestro come con publcanos y pecadores?

Despus de la curacin del paraltico, Jess se fue camino del mar, donde sola predicar a las gentes. Y, al pasar, encontr a Mateo sentado en su puesto de alcabalero. Marcos y Lucas le llaman Lev, hijo de Alfeo

tintas. Heraclen pens que fue Lev el apstol y no Mateo 11. Y tambin Orgenes pens que eran distintos, para probar, contra Celso, que Cristo no tuvo publcanos entre sus apst

no dos nombres hebreos o arameos, como Jos-Caifas, sumo sacerdote. Si Lucas y Marcos lo llaman Lev, tal vez sea por el sentido odioso que este cargo de alcabalero tena. As piensa San Jernimo

. Para asegurar su anticipada contribucin al fisco y cubrir sus riesgos, fijaban ellos, en ocasiones, diversas tasas al pblico. Y, como delegados de su autoridad, se prestaba su contrata a grandes abusos (Lc 3:12.13). Estos impuestos podan ser de diversas especies: paso de puentes y barcas; co

Este asistir Cristo con publcanos y pecadores a un banquete levant en los fariseos y escribas una fuerte censura. Como la comida es un acto de sociedad, solamente se celebra entre los que se tienen por amigos. As se comprende que los fariseos echaran en cara a Jess en especial que comiera con publcanos y pecadores. Si no hubiera hecho ms que saludarlos o hablarles, pase; ¡c

El momento de esta interpelacin de los fariseos a los discpulos, naturalmente, no es en el momento del banquete. Pues ni ellos asistan a comer con pecadores, conforme a la prohibicin que ellos mismos se hicieron, ni se hubiesen atrevido a hacer esta protesta all mismo.

amente a Cristo. La pregunta que hacen es insidia y censura. Mt y Mc ponen la censura dirigida abiertamente a Cristo: ¿Por qu come vuestro Maestro con los publcanos y pecadores? Lucas lo engloba en la censura a todos: ¿Por qu comis y bebis con los

cadores, quebrantaba las prescripciones legales que los rabinos haban hecho sobre esto, y era ello no tener celo de la Ley. Y el que as trataba con pecadores, ¿sera l justo? Este era el ataque intentado y la censura insidiosa que dejaban flotando s

La respuesta de Cristo no es directamente a los fariseos, aunque, en el fondo, a ellos va dirigida. Es la respuesta que da cuando los discpulos le hacen llegar la crtica de los f

sentido, pues resulta en oposicin con el paralelismo de la anterior, ya que, como mdico, vino a buscar a los enfermos (aqu = pecadores) y no a los sanos (aqu = falsos justos). Esto hace ver que la frase pertenece a otro contexto histrico y que

e inserta aqu por una cierta relacin con el tema que se trata. Aunque resulta aqu irona contra los fariseos, que se tenan a s mismos por justos (Lc 18:9)

ss les contest: ¿Por ventura pueden los compaeros del esposo llorar mientras est el esposo con ellos? Pero vendrn das en que les ser arrebatado el esposo, y entonces ayunarn.

Ni se echa el vino nuevo en cueros viejos; de otro modo, se romperan los cueros, el vino se derramara y los cueros se perderan; sino que se echa el vino nuevo en cueros nuevos, y as el uno y el otro se preservan.

Los discpulos tanto del Bautista como de los fariseos ayunan frecuentemente (Lc). Pero, en cambio, los discpulos de Cristo no ayunan. La pregunta no se refiere, de seguro, a los ayunos oficiales del judasmo; v.gr., el gran ayuno del da de Kippur, preceptuado en la Ley (Lev 16:29) y llamado por excelencia el ayuno (Act 27:9). Pero los fariseos haban establec

. Acaso se llamase preferentemente hijos de la cmara nupcial a un grupo especial de convidados o amigos ms ntimos (Jue 14:11.12), que tuviesen por misin mantener la alegra en aquellos actos (1 Mac 9:39). Pero stos son distintos de los amigos del esposo (

nos y tristezas. Cul sea la razn ltima de que los apstoles no ayunen, sin estar obligados a ello, no se dice. Acaso Cristo quiere eludir la respuesta a una cuestin basada en exigencias farisaicas.

que se expresa con dos imgenes sinnimas, acaso procedentes de otros contextos y usadas aqu por una cierta relacin con lo anterior, no es una ilustracin parablica de lo enunciado; es una nueva enseanza. Se hace ver, desde otro punto de vista, el po

Principio que los apstoles lo irn gradualmente aplicando y que lo expresa con las dos imgenes del pao viejo y nuevo, y el vino nuevo y los odres viejos. Lo viejo se rompe con lo nuevo, tomado como molde intangible.

cin de este captulo dedicado a milagros. Y, como reproduccin del mismo, su divergencia del nmero de ciegos, dos en Mt y uno en Mc (10:46) y Lc (18:35), puede ser debida a un efecto de las fuentes o a una condensacin en un solo relato de dos curaciones individu

dumbre que le segua, acaso por haberla El mismo despedido o prohibido seguirle, como hizo poco antes para entrar en casa de Jairo (Mc 5:37), los ciegos entraron y se le acercaron dentro de casa. Si un desgraciado en Oriente se une a vosotros para reclamar una limosna o socorro, lo hace con la firme resolucin de ser escuchado a toda costa: splicas obstin

tes, continuadas, sin vergenza, todas las formas de la splica entran en este protocolo de la miseria; y si no os ponis en guardia, pronto seris tomados familiarmente por una parte de vuestro vestido, para que no os podis sustraer.

que no deja de extraar es que estos ciegos vayan por el camino detrs de Cristo gritando que se compadezca de ellos y proclamndole Hijo de David. Ciertamente, el ttulo de Hijo de David es ttulo mesinico

¿Cmo conocen estos ciegos la mesianidad de Cristo? El pasaje seguramente est adelantado por su inclusin sistemtica en el esquema de los milagros. Dependera, pues, del momento cronolgico en que sucede, dada la excitacin mesinica que se produca en torno a Cristo. Aparte que Mt puede prestar a estos ciegos el ttulo que es la tesis de su eva

Cristo quiere constatarles bien el milagro en su confianza. Que no se vayan slo por un provecho material (Jn 6:26.27), o slo se lo pidan a ttulo de ensayo a ver lo que pasa. Por eso no pudo hacer milagros en Nazaret (Mt 13:58ss; Mc 6:5ss).

enfermedad. Se acusa as plsticamente ms su vinculacin al efecto que va a producir y el imperio que tiene sobre los enfermos. Y, al tiempo que pona sus manos en aquellos ojos sin luz, les dijo: Hgase en vosotros segn vuestra fe. Y al punto rec

Hecha la curacin, Cristo les prohibe, como en otras ocasiones, su divulgacin. Es el secreto mesinico. Buscaba evitar explosiones prematuras de entusiasmo mesinico, y sus posibles repercusiones nacionalistas y polticas.

rra Mt ms adelante (Mt 12:24-30). Es un elemento ms en el cuadro de milagros de Cristo, que Mt sistematiza. El poder sobre los endemoniados haca ver el poder de Cristo sobre Satn, y la venida ya de su reino. Si antes cit (Mt 8:28-34) la curacin de dos endemoni

dad y toda dolencia. Es un cuadro sinttico en el que se relaciona la enfermedad del cuerpo y la del alma y se pinta a Cristo como al gran taumaturgo, al tiempo que, realidad y smbolo, se le presenta como el gran Mdico y Misionero de la

corra, s enterneci de compasin. Es sta una de las bellas estampas de Cristo Misionero. Pues vea por doquier que estas gentes, ante la esperada doctrina del reino, estaban fatigadas y decadas como ovejas sin pastor.

En el pensamiento del evangelista, esta expresin de Cristo no se refiere a que las gentes, por seguirle incluso a lugares desiertos, se encontraran fatigadas, sin tener en aquellos lugares descampados medios de proveerse (Mt 14:14-15; Mc 6:35.36; Lc 9:12.13; Jn 6:5), sino a que las gentes desfallecan sin saberlo, porque no haba quien les diese el pan, la do

trina del reino. Por esto estaban como ovejas sin pastor. Siendo la hora mesinica, la vieja Ley terminaba. Les haca falta ser conducidas por el Pastor-Mesas a los pastos de la verdad. Por eso los encontraba fatigados y decados con la revelacin de la vieja Ley: ya que no poda dar la plenitud de una exigencia dogmtica y moral, adulterada adems por la deform

riamente en este contexto, a los discpulos, y que en Lc son directamente los 72 discpulos. La mies es mucha, pero los obreros pocos. La frase es probable que fuese un proverbio, aplicado aqu por Cristo a una situacin religiosa. En el Talmud se lee una sentencia algn tanto semejante: El da es corto; el trabajo, considerable; los obreros son perezosos; el salario, grande, y el dueo de la casa apremia.

Las mies son esas muchedumbres que Mt cit antes. Estn como ovejas sin pastor, fatigados y decados porque los operarios — pastores cristianos — son pocos. Hace falta multiplicar su nmero y continuar la obra misional de Cristo. ¿Qu hacer para ello? Cristo da la respuesta.

Es una oracin misional. Dirigindose a los discpulos, les dice: Rogad al dueo de la mies que enve obreros a su mies. El pensamiento es claro y de una importancia teolgica muy gra

pastores los suscite el Padre, y entren por su puerta (Jn 10:1.2), pone el gran medio de la oracin. Es este pasaje la introduccin a la eleccin y misin de los apstoles del r

Mechlin. (1958) p. 134-139; J. Alonso, La parbola del mdico en Mc 2:l6ss: Cult. Bbl. (1959) p.lOss; Descames, Les justes et la justice dans les vanles (1950) 98-108.

gadas y decadas, como ovejas sin pastor que las condujese al Reino. Ha dicho que la mies es mucha, pero los obreros pocos. El tena en Israel una misin temporal y circunscrita a los pocos aos de su vida pblica. Pero mostr que se deba pedir al dueo de la mies que enve obreros a su mies. Y eso va a ser el tema de este captulo.

Es tema que Mt une aqu por semejanza lgica de contenido. Agrupa una instruccin que Cristo dio a los apstoles en otra o en otras varias ocasiones. As, el cuadro queda completamente descrito y redo

clatura. Esta forma incidental de referir un hecho de importancia suprema es un buen ndice de su misma autenticidad evanglica y su reconocimiento histrico de la tradicin y catequ

dro, sino que Mt aade adems al hacer el relato de las listas de los apstoles: He aqu los nombres de los doce apstoles: primero, Simn, llamado Pedro. Esta expresin primero sera absolutamente innecesaria al principio de una lista de nombres sin que sigan otros ord

Lucas dice que Cristo llam a los Doce, a los cuales dio el nombre de apstoles (Lc 6:13). El nombre de apstoles no era desconocido en Israel. Su nombre era en hebreo

ote de Jerusaln se comunicaba con las comunidades judas de la Dispora mediante enviados (apstoles), sea en forma de simples correos (Act 28:21), sea en forma de verdaderos delegados dotados de poderes (Act 7:12). Despus de la ruina de Jerusaln,

vo y permanente. El envo que Dios hizo a Isaas (Is 6:8) y Jeremas (Jer 1:7-10) no tiene, en relacin con el poder de los doce apstoles, ms que un valor puramente analgico. El C

piedra, roca. Los evangelistas recogen este nuevo nombre, que era el que tena un excepcional sentido para ellos. Slo aparecer el solo nombre de Simn, en muy contados pasajes, que son, adems, aquellos en los que Cristo se dirige, como era lgico, a Simn

rir, en estilo directo, las escenas de primera hora, mxime en Mc, que refleja la catequesis de Pedro y primitiva, o cuando supone un auditorio en el que el nombre usual de Pedro es Simn (Lc 24:34). En otros casos se usa el nombre de Simn Pedro, que si, por una parte, el primero es signo de identificacin, el segundo lo es de simbolismo y dignidad. En

cuente es llamarlo, sin ms, Pedro. Es el reflejo del cambio de nombre que Cristo le hizo, y reflejo del uso que de l se fue haciendo en funcin y comprensin de la nueva dignidad. Este nuevo nombre de Pedro no prevaleci ya a partir de la eleccin definitiva al apostolado (Mc 3:16; 6:14), parece que en un principio Pedro continu llamndose Simn (Mc 1:16.22.36; Lc 5:3-5.10).

Es interesante notar el intento especial que tena Cristo al cambiar el nombre a Simn en funcin de su primaca. Precisamente por tener el cambio una vinculacin fundamental con ese hecho histrico es por lo que pervivi el nombre cambiado. Mientras que Mc dice, al dar la lista de los apstoles, que a Juan y Santiago les puso por nombre Boanerges, que qui

Pedro era galileo de Betsaida (Jn 1:44); hijo de Jonas (Mt) o de Juan (Jn); pescador (4:18; Mc 1:16); estando en Judea en la parte del Jordn donde el Bautista bautizaba, se dice que es trado a Cristo por su hermano Andrs (Jn 1:41.42); ms tarde, estando echando las redes junto con su hermano Andrs, Cristo los llam a seguirle (Mt 4:18.19; Mc 1:16.17); y aun siendo dueo de la barca y teniendo socios (Lc 5:3.10), lo dej todo y le sigui (Mt 4:20; Mc 1:18). Ms tarde, en el sermn de la Montaa, y es a lo que responde su nombre en estas listas, es cuando es llamado, como se dijo, al apostolado.

o con los gentiles. Andrs era hermano de Simn Pedro (Mt 4:18; Mc 1:16; Jn 1:40); haba sido discpulo del Bautista (Jn 1:40); como Pedro, era pescador en Galilea (Mt 4:18; Mc. 16). Andrs, por las indicaciones del Bautista, busca a Cristo (Jn 1:37-40)

fue a donde se hospedaba en el Jordn, y pas all con El el resto del da (Jn 1:39); a su vuelta, dijo a Simn, su hermano, que haba encontrado al Mesas (Jn 1:41), y le condujo a Jess (Jn 1:42). Ms tarde, estando juntos los dos echando las redes e

Mt y Lc ponen el nombre de Andrs el segundo de la lista. La razn debe de ser lo que ellos mismos aaden despus de dar su nombre: Andrs, su hermano, o porque fueron llamados al apostolado simultneamente. En cambio, Mc, en la lista de los apstoles, lo pone despus del nombre de Santiago, el hijo del Zebedeo, y de Juan, el hermano de Santiago. Esto acaso se deba

Se dedicaba con su hermano a las faenas de la pesca (Mt 4:21; Mc 1:19). Pasando un da Cristo junto al lago de Genesaret, los vio, llam a ambos, y, dejando todo, le siguieron (Mt 4:21.22; Mc 1:19.20).

de ambos apstoles, como lo manifiestan en su vida (Mc 3:17); pero tambin algunos Padres lo interpretaron de su ardiente predicacin, o por la teologa de San Juan. As, Orgenes habla del trueno mstico

. De ambas cosas se acusan ndices en los episodios de su vida relatados en los evangelios. Sin embargo, no se ve bien a qu expresin hebrea o aramea pueda corresponder esta transcripcin griega que da Mc. Tambin se propone el

bre griego, como el de Andrs, se explica bien por ser Felipe de Betsaida (Jn 1:44; 12:21), en Galilea. Felipe es trado a Cristo por Andrs (Jn 1:43). Y, luego de venir a Cristo, se tran

forma en un celoso propagandista de Cristo-Mesas, catequizando para la causa a Natanael (Jn 1:45.46.49). Ya siendo apstol, es citado ms veces en los evangelios (Jn 6:5-7; 12:21.22; 14:8.9).

os sinpticos figuran juntos Felipe y Bartolom, acaso debido a que el primero trae a Bartolom a Cristo Mesas. Y esta misma unin se ve en la narracin de Juan, en la que Felipe aparece en unin de Natanael (Jn 1:45-49)

lom, o sea, el hijo de Tolmai, como tambin se habla de Juan y Santiago el Mayor sin citar sus nombres, diciendo sin ms: Se acerc (a Cristo) la madre de los hijos del Zebedeo (Mt 20:20).

— Es nombre arameo. Juan mismo da tres veces la traduccin griega de l: Ddimo (Jn 11:16; 20:24; 21:2). Es un sobrenombre significando dos veces, gemelo. Corresponde a la raz hebrea

stoles que tienen dos nombres. De la contraposicin de los tres relatos de la vocacin de Mateo se ve que Mateo es la misma persona que Lev (Mt 9:9; Mc 2:13; Lc 5:27). El uso de dos nombres hebreos es bien conocido (1 Mac 2:2-5). As, en los Hechos (4:3

blicano. Era hijo de Alfeo (Mc 2:14). Llamado por el Seor, dej todo por seguirle (Mt 9:9, par.). Como publicano, deba de ser hombre de buena posicin econmica.

y algn moderno, los relatos evanglicos hacen ver que la vocacin de Lev y Mateo son la misma escena. Por lo que parece se impone la identificacin de personajes con duplicidad de nombre.

— Slo citan este nombre las listas de Mt y Mc. Pero, como los apstoles que Cristo eligi son doce, este apstol aparece tambin con dos nombres en las listas apostlicas. Como en las cuatro listas coinciden los nombres de todos los apstoles excepto ste, se sigue, por exclusin, que el Tadeo de Mt y Mc es la misma persona que citan Lc y los Hechos con el nombre de Judas de Santiago (Lc 6:16; Act 1:13). Los evangelistas no podan ignorar los nombres de los apstoles.

bin puede en ocasiones indicar otra relacin. Tal sera: Judas (hermano) de Santiago, por referencia a Santiago el Menor, obispo de Jerusaln, y tan conocido, que acaso se quera co

El verdadero sentido aqu de cananeo, que no tiene nada que ver con el pas de los cananeos, lo dan en los lugares paralelos Lc y Act. Pues al nombrar a Simn lo califican el Zelotes (

. El calificativo que se da a Simn no lleva por necesidad tcnica el recordarle como antiguo miembro del partido sedicioso y fantico de los zelotes. Si hubiese pertenecido a l, siendo nota desfavorable, posiblemente no se hubiese conservado este apelativo. Pero con l poda tambin denominarse un carcter apasionado. Poda haber sido un celoso cumplidor de la Ley. Es la palabra que usa San Pablo para decir esto de s mismo (Gal 1:14). Acaso con este calificativo se quiera primeramente

la lista de los Hechos, que suprime este nombre, los tres sinpticos, a! dar en ltimo lugar el nombre de Judas, le ponen, como otras veces se dice en los evangelios, el epteto de el que le entreg. Era a un tiempo un estigma, y aqu sobre t

que significa hombre de Qerioth. En el Talmud se leen abundantes expresiones anlogas indicando el lugar de origen; v.gr., Judas de Kefar-Akko por Judas el hombre de Kefar-Akko, etc. El apelativo toponmico era a la vez patr

s, ni bastn; porque el obrero es acreedor a su sustento. 11 En cualquier ciudad o aldea en que entris, informaos de quin hay en ella digno, y quedaos all hasta que partis.

El resto del captulo 10 de Mt es todo l un discurso apostlico. Atiende a la instruccin de los apstoles. Sin embargo, se nota una diferencia muy acusada entre dos secciones del mi

en la primera (v.5-16) se dirige a los apstoles para la misin que van a tener en Israel; la segunda (v. 17-42), aun dirigido a los apstoles, al menos en el contexto de Mt, tiene un hor

Mc y Lc traen tambin esta misin palestina de los apstoles, con las instrucciones que Cristo les da, aunque en forma ms sinttica que Mt; pero se ve que son las mismas. Se acusa, pues, la sustancia histrica de esta instruccin de Cristo.

y curar enfermedades el cumplimiento de Isaas sobre el Mesas, Siervo de Yahv, expiando los pecados y sus consecuencias (Mt 8:16.17). Al dotar Cristo as a los apstoles de este polifactico poder taumatrgico en su misin, predi

Pero si les confiere el poder de hacer milagros, les exige el ejercicio gratis de los mismos. Es don sobrenatural para beneficencia de los hombres en funcin de la extensin del reino y gloria de Dios. Por eso, lo que recibieron gratuitamente, lo administrarn gratuitame

El apstol-misionero tiene derecho a su sustento material (v. l0), ya que su trabajo es absorbente y en l debe ocuparse. Es un trabajo en parte material, que necesita compensacin, retribucin.

s ni a las ciudades de los samaritanos en plan de misin, no de paso (Jn 4:4ss). Estos eran considerados como judos espreos en lo tnico y como cismticos en lo religioso, por lo cual los judos los tenan en el mayor desprecio. A Cristo, para insultarl

Mateo refleja exactamente este estado de cosas, respecto a los samaritanos, antes del levantamiento judo final bajo Adriano. A partir de este momento los judos cambian en su apreciacin, siendo favorables a los samaritanos, como se ve reflejado en el mismo Talmud

cepcin lo hizo con los samaritanos (Jn 4:4ss), cur a unos endemoniados en el pas de los gerasenos (Mt 8:28) y a la hija de una cananea (Mt 15:21ss). Sin embargo, en el plan de Dios, Israel tena el privilegio, como elegido y transmisor de las promesas mesinicas. As lo ensea San Pablo (Act 13:46; Rom 1:16). Y Cristo mismo lo supone en otra parbola (Mt 22:1-10). Al fin esto era dar cumplimiento al anun

das de ningn tipo. Los orientales guardaban usualmente el dinero en los pliegues de su cinto o en un pequeo bolsillo anejo al mismo. Y hasta lo hacen en un pequeo escondrijo de su tnica o de su turbante o

Tampoco deban llevar duplicidad de vestidos: dos tnicas. De los escritos rabnicos se desprende que los judos tenan la costumbre de vestir dos tnicas (Lc 3:11), y de las mujeres se cita que usaban tres, cinco y hasta siete

tenta y dos discpulos en su misin palestina. Despus de haber buscado alojamiento digno, les dice: Permaneced en esa casa y comed y bebed lo que os sirvan, porque el obrero es di

apego a lo que no sea necesario. El mismo les dice en otra ocasin: Cuando os envi sin bolsa, sin alforjas, sin calzado, ¿os falt alguna cosa? Nada, dijeron ellos. Y les aadi: Pues ahora el que tenga bolsa, tmela, e igualmente la alforja, y el que n

pre una espada (Lc 22:35-36). Es, pues, el espritu de pobreza lo que arriba se recomienda a los apstoles y no precisamente la materialidad de su ejercicio, lo que normalmente sera e

den Mateo y Lucas. Marcos, sin embargo, presenta alguna divergencia: Encargndoles — dice — que no tomasen para el camino nada ms que un bastn, ni pan, ni alforjas, ni dinero en el cinto, y que se calzasen con sandalias y que no llevasen dos tnicas (Mc 6:8-9). La r

Se piensa que les da un consejo sobre la solicitud que han de tener para conservar su dignidad en el hospedaje. No deben hacerlo en cualquier casa, sino en la que la honestidad y honor de sus dueos no pueda venir en desdoro de su dignidad misional. Tampoco en casa de algn gentil que all viviese (v.5b).

sa ambiental. Un cambio sin motivo indicara en ellos ligereza. Se lee en la literatura rabnica: ¿Hasta cundo un hombre no debe cambiar de alojamiento? (gratuitamente) Rab dijo: Hasta que el husped no le golpee. Samuel dijo: Hasta que no se le tiren l

Adems, el apstol, al entrar en la casa, le desear la paz. Este texto, que nicamente trae Mateo, es una traduccin libre, hecha por el traductor griego, pues dice: Y, entrando en la casa, saludadla. Por todo lo que sigue hace ver que el saludo dirigido fue la paz. Por eso la formulacin del original aramaico de Mateo debe ser semejante al texto de Lucas, en la m

sante destacar la concepcin tan popular de una paz que, emanada de Dios, no puede quedar sin efecto; por lo que necesariamente debe reposar sobre alguno. Si ella no descansa sobre la casa hospitalari

Estaba en las concepciones judas que, si uno vena de viaje de regiones gentiles y no se purificaba al entrar en Israel, la profanaba con el polvo que traa de esas regiones. Por eso estaba obligado a sacud

rialmente usaron Pablo y Bernab en Antioqua de Pisidia cuando los judos levantaron una persecucin contra ellos (Act 13:51). Cristo aqu, ms que legislar un gesto, ensea una do

a. Y es la culpa de los que as se portan con los apstoles del Evangelio. Pues los que as obran estn en tierra gentil, porque se hallan en situacin culpable de error fundamental. Por eso, en verdad os digo que ms tolerable suerte tendr la tierra

e Sodoma y Gomorra en el da del juicio que aquella ciudad (Lc 10:12). La catstrofe de Sodoma y Gomorra (Gen 18:23-33; 18:1-29) era en la historia de Israel la manifestacin por excelencia del castigo d

. Una vez que los milagros les haban acreditado como legados de Dios, no se les poda rechazar. Era cerrar los ojos a la luz mesinica. Y en este sentido la culpa de stos era mayor que la aberracin moral, pagana, de Sodoma y Gomorra

Esta ltima y larga seccin del captulo 10 de Mt, en contraste con la anterior, tiene un horizonte ms vasto y universal en geografa y tiempo. Es una perspectiva para despus de la muerte de Cristo.

tal, de las dificultades de la Iglesia primitiva. La mixtificacin de pensamientos afines — duplicados — supone probablemente un acoplamiento de fuentes, aunque se querra m

, debido a la lucha del farisesmo contra Cristo. Pero el contexto de Mateo tiene otra perspectiva, pues tambin les habla de persecuciones por parte de los tribunales gentiles. Por eso se puede extender a ambos

. El lobo en el N.T. suele significar los falsos profetas (Mt 7:15; Act 20:29), o tambin un peligro no fcilmente identificable (Jn 10:12). Aqu no son herejes (v.17-25): deben de ser judos-fariseos-

bres (v.17a), porque os van a perseguir. No es que se condene el sufrir por l ni el martirio, que abiertamente se ensea, pero no debern ponerse imprudentemente en manos de los l

1) Ante los sanedrines. Se refiere — adems del Gran Sanedrn de Jerusaln — a los sanedrines locales que haba en las villas de ms de 120 hombres y se componan de 23 miembros y menos en los tiempos anteriores a la Mishna

fecas (Is 3:5; Jer 9:4). Basta ver hoy el fanatismo de un hogar musulmn contra un miembro suyo que se haga cristiano. Sin embargo, este texto no se refiere a los apstoles, que no tuvi

ron en su hogar estas contradicciones. Ni Pedro (Mt 8:15), ni Juan y Santiago (20:20ss), ni los dems apstoles. Las madres de algunos siguieron a Cristo hasta la cruz. No est, pues, en su contexto histrico. Tal vez Mateo le d un valor genrico, global, de las persecuciones que han de experimentar los apstoles, incluso de los allegados, y que sintetiza Mateo a continu

Sin embargo, en esta persecucin, el que perseverare hasta el fin, se ser salvo, con cuyo trmino se expresa hasta el fin de la vida de cada uno, ante las persecuciones que surjan, ya que es una perspectiva universal. El trmino perseverar (

usado, y que slo sale aqu en Mt, pertenece al vocabulario cristiano primitivo de martirio. Cuando os persigan en una ciudad, huid a una tercera. En verdad os digo que no acabaris las ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del hombre. Los evangelios no transmiten este tipo de persecuciones ni huidas en la primera misin ni en ella hay relacin especial con esa venida del Hijo del hombre. Simplemente quiere decir que no de

en exponerse temerariamente a la muerte, sino, si es caritativamente posible, que huyan a otra ciudad como lugar de refugio. Este mismo sentido de prudencia tiene la expresin no acabaris de recorrer las ciudades de Israel. en su retirarse de unas ciud

vidar la salida de stos antes de la destruccin de Jerusaln, a Pella, en Transjordania y que pasajes de este discurso estn fuera de su contexto histrico. Se tiene presente la profeca ante las d

Para estas horas de persecucin y juicio les promete la ayuda del Espritu Santo. Los apstoles, hombres rudos e ignorantes, podan temer y acobardarse ante la lucha dialctica que tendran que sufrir al enfrentarse con jueces y prncipes en sus tribunales. En aquella hora, no os preocupis cmo o qu habris de responder o decir (Lc), pues el Espritu ser el que hable en vosotros. Pero no quiere decir que ellos vayan a ser simples instrumentos ine

tes o pasivos para esta accin, ya que en aquella hora se os dar lo que habis de decir. La formulacin literaria no es otra cosa que efecto de la estructura semita, que no distingue cu

apstoles no deben temer. Y el motivo fundamental que les da es equipararles con su suerte propia. Y Cristo est seguro de su triunfo. El discpulo no est sobre el maestro, ni el siervo sobre el amo. Ellos como El provocarn una misma reaccin de ho

tilidad. Como a El — a quien llamarn Beelzebul — los calumniarn. Si al Seor de la casa lo llaman Beelzebul, ¡cunto ms (se lo llamarn) a sus domsticos! (Mt 12:22-24; 9:34)

tante. La expresin dueo de la casa, referida a Cristo, cobra un gran valor teolgico. En Mateo, el dueo de la casa es Dios (Mt 13:27; 20:11; 21:33). Al proclamarse Cristo el dueo de la casa y ser sta Israel, se seguira que Cristo se estaba proclamando Dios (Heb 3:1-6). Esta argumentacin a fortiori era una de las formas usuales y predilectas de arg

. Y, con ser as, ni uno de ellos cae en tierra sin la voluntad de vuestro Padre (Mt). La segunda es que los cabellos todos de vuestra cabeza estn contados, pero no se perder un solo cabello de vuestra cabeza, como dice Lucas (Lc 21:18). Esta frase deba de ser un proverbio para indicar la providencia de Dios, pues Sa

bres, y ms an sobre ellos, sus apstoles? No aventajis vosotros a los pajarillos? (Mt). ¿No valis vosotros ms que muchos pjaros? (Lc).

. A lo nico que deben temer es a no confesarle delante de los hombres, lo que es negarle ante ellos. Pedro le neg, es decir, protest que no le conoca (Mt 26:14.72.74 par.) y que no era su discpulo (Mt 26:73 par.; Jn 18:17). Pero El a todo el que le confiese ante los hombres, El har lo mismo ante el tribunal de su Padre: lo confesar ante su Padre por su discpulo. Y lo negar al que aqu lo niegue. El contexto hace ver que la confesin de Cristo es sentenc

La literatura proftica, y ms an la rabnica, conoca el juicio previo a la venida del Mesas. Tanto, que sta fue caracterizada, sin ms, con la frase elptica de los dolores del Mesas, es decir, los dolores que habr para el alumbramiento o venida del Mesas

El no vino a traer la paz, sino la espada, la guerra. No es que el Prncipe de la Paz (Is 9:5) no venga a traer la paz, sino que, por su doctrina aqu la espada —, va a ser ocasin de que con r

Seguramente estas expresiones y exigencias extraaban menos a aquellos oyentes de Cristo que a los lectores extrajudos. En la casustica rabnica se lee: Si el padre y el maestro llevan ambos una carga, es pre

Si el padre y el maestro estn en prisin, es preciso liberar primero a su maestro y luego a su padre. Y la razn es porque el padre le ha introducido en la vida de este siglo, mientras que el maestro, que le ensea la sabidura, lo introduce a la vida del siglo que viene.

. Imagen aterradora. Pero Cristo la exiga para ser dignos de El. Y, adems, la llevarn detrs de El. La redaccin literaria — detrs — puede estar influenciada por la estampa de Cristo por la Va Dolorosa (Mt 16:24; Mc 8:34; Lc 23:26). La enseanza aqu de tomar la cruz no tiene sentido asctico, sino el de persecucin violenta y martirio, que puede ser con la crucifixin. Lc (9:23) le da ya una adaptacin asctica, al decir que se ha

fundo sentido nuevo por Cristo, era usada en el medio ambiente. Si Cristo la toma de l, la enriquece. Se lee en el Talmud: ¿Qu debe hacer un hombre para morir? Darse la muerte.

do. Este versculo se entroncara conceptualmente, por su aspecto positivo, con el v.14. Sera la contraposicin. All, en la misin palestina, se deca lo que deban hacer cuando no los r

De ella deca un rabino: La hospitalidad es cosa tan grande como la visita matinal a la escuela (para estudiar la Ley). Y otro deca: La hospitalidad es incluso ms grande que saludar a la

. Este ltimo sentido parece preferible, ya que indica el mismo premio especfico, aunque no requiere que sea en el mismo grado que el del profeta o justo. El que recibe al profeta como profeta, tendr recompensa de profeta. Tiene adems el paralelo de las palabra

Y la enseanza se destaca completa, al modo oriental, utilizando para ello un servicio mnimo que se haga al apstol: el que d un vaso de agua fresca a uno de estos pequeos, no quedar tampoco sin recompensa, pero si lo hace en cuanto discpulo de Cristo.

Estos pequeos a quienes se supone hacer el beneficio, si en otro contexto pueden significar nios u otra clase de personas, en ste se refiere a los apstoles (Mt 11:26; cf. Lc 10:21-23), c

4 Medbielle, Apostolat: Dict. Bib. Suppl. I 533-536; Cerfaux, Pour l'histarie de titre Apstelos dans le N.T.: Rev. Se. Relig. (1960) 76-92; Dupont, Le nom ¿'apotres a-t-il ete donne aux Douze par Jess? L'Orient Chrt.; N. Van Bohemen, L'Institution des Douze. Contribution k l'tude des relat

. All debi de tener una prisin atenuada (Mc 6:20), y en donde reciba la visita de sus discpulos. All oy, precisamente por sus discpulos, lo que se deca d

. La frmula era tcnica (Gen 49:10) y en el ambiente de entonces era una de las expresiones para denominar al Mesas (Lc 7:19; Jn 6:14). El Talmud la emplea ms de cien veces. Tambin la usaba

La respuesta de Cristo en Mt dice implcitamente — decid a Juan lo que habis odo y visto (v.4) — lo que Lc especifica: que en aquella hora, delante de ellos, cur a muchos (Lc 7:21). Acaso Mt abre a los lectores una mayor perspectiva con todas las curaciones n

Esta era la respuesta que Cristo daba, ms que al Bautista, a los enviados y, por medio de ellos, al crculo de celosos adeptos del mismo. Por eso les aadi: Y bienaventurado el que no se escandaliza de m.

Como lo fueron para los fariseos (Mt 12:22v). Estos discpulos, ¿van convencidos? En el evangelio se ven resistencias de discpulos del Bautista a incorporarse a Cristo (Mt 9:14; Jn 3:23-26). Y en la Iglesia primitiva aparecen agrupaciones que slo recibirn el bautismo de Juan (Act 18:25; 19:3.4).

posicin fue que el Bautista, en el agotamiento de su prisin, al ver la tardanza de Cristo en presentarse y actuar como Mesas, comenz a dudar de El. Ya aparece esta hiptesis sostenida en la antigedad

ca-apocalptica ambiental (Mt 3:10-12). Pudo pensar que Cristo retardase algo su triunfal manifestacin. Pero, a estas alturas, ¿por qu no actuaba en forma triunfal? Y si deba liberar a los prisioneros, con ms motivo lo deba hacer con los prisioneros de la fe como lo era l

. Brunec, basndose en el anlisis filolgico, cree que la pregunta del Bautista significara: ¿Eres ya reconocido por el Mesas, o el pueblo an lo sigue esperando?

La solucin generalmente adoptada por los autores catlicos es otra. El Bautista no enva sus discpulos a Cristo para que le responda a l, quitndole su hipottica duda, sino para que la haga desaparecer a sus discpulos, y pese con su influjo sobre el crculo del Bautista, que no acaba de incorporarse al Mesas, mxime cuando el Sanedrn lleg a pensar en la posibilidad

e que el Bautista fuese el Mesas (Lc 3:15; Jn 1:12.20.25). En dos pasajes evanglicos se acusan los celos de los discpulos de Juan ante ese prestigio y obra de Cristo (Mt 9:14-17; Jn 3:23-26). Ya en otras dos ocasiones el Evangelio muestra al Bautista e

menos que suceden al Bautista con motivo del bautismo de Jess; lo mismo que las escenas del Evangelio de la infancia, de Lc (cap. 1), pues de haber sido historias, y no un

¿Acaso por su concepto de un Mesas terrible y apocalptico? Por eso Cristo aadi a los enviados del Bautista: Y bienaventurado aquel que no se escandalizare en m.

, y las autoridades judas de Jerusaln enviaron una legacin a preguntarle si l era el Mesas (Jn 1:19-27). Seguramente, a muchos de los que fueron oyentes del Bautista se d

rigieron ahora las palabras de Cristo. El Bautista, en el desierto, no era una caa agitada por el viento. Estas, que nacen en abundancia junto al Jordn, escenario bautismal de Juan, fueron siempre smbolo de vacuidad, de ligereza, de falta de consistencia (1 Re 14:15; 2 Re 18:21). Pero el Bautista tena la reciedumbre moral para enfrentarse contra el escandaloso adulte

utista. Pero esta aplicacin est, literariamente, muy acusada en los evangelistas, al cambiar los pronombres personales de la profeca para aplicarla al Bautista y a Cristo. Tenemos, pues, a la vez una argumentacin y una interpretacin de esta profeca

, y los autores se dividen en considerarla como autntica o como una glosa explicativa. Pero el texto de Mt da suficientemente el pensamiento al decir que es ms que un profeta (v.9). Los profetas hablaban del Mesas desde lejos, Juan lo ve y lo presenta a Israel.

Pero se dira que el pensamiento polmico-apologtico sobre la dignidad de Cristo y su obra se vuelve a acusar. Si el Bautista es el mayor profeta por su dignidad de precursor, el ingreso y pertenencia del menor en el reino es mayor que Juan Bautista; pues entre una funcin carismtico-proftica y preparatoria para el reino y la incorporacin al mismo, la s

perioridad est por ste. Era Elias por su papel, conforme a la profeca de Malaquas, y lo era porque tena el espritu y el poder de Elias (Lc 1:17).

A este ingreso en el reino, preparativamente contribuy el Bautista. Sin embargo, el pensamiento de Mt resulta abigarrado y, probablemente, fuera de su lugar. Lc cita esto mismo en otro contexto (Lc 16:16) y en forma ms clara. Debe de ponerse aqu por la temtica del Bautista.

(), y los violentos () lo arrebatan (v.12). La palabra , “hacer fuerza,” puede ser susceptible de diversas formas. La media es clara en Lc (16:16), aunque el verbo aparece con un complemento

ma naturaleza del Reino? ¿O de los fariseos contra los fieles que quieren ingresar en l? Esta ltima interpretacin parece ser la interpretacin ms plausible, si no de modo exclusivo, s preferentemente. Si la primera tendra a su favor el aviso de Cristo de que hay que entrar por la puerta estrecha (Mt 7:13-14), la segunda tiene a su favor las tremendas palabras de Cri

ante polmicas ambientales, aun persistentes, como antes se ha visto. Sobre todo, con el hecho de ser Cristo bautizado por Juan, ya conectaba con su valor de Precursor. Pero era necesario autorizar, en pleno cristianismo, la relacin de misiones Cristo-Bautista, ante posibles-probables-polmicas contemporneas aludidas. Por eso, la frase inicial (v.7) no exige, en estos mtodos, una apologa ins

. La escena es la de dos grupos de chicos en una plaza, que siempre estn dotados de un instintivo recurso para imaginar las escenas que ven. Pero otro grupo de ellos no quiso jugar con stos, en ni

As compara al Bautista con Cristo. El primero no tomaba pan ni vino, viva, con austeridad de todo, en el desierto, e Israel, de hecho, no le hizo caso (Lc 7:30); viene Cristo, asistiendo misioneramente a banquetes con publcanos y pecadores, lo desprecian y hasta le acusan de estar posedo por el demonio (Lc 7:33). Para un oriental es normal

us hijos, como en Lc. Pero en otros varios cdices, entre ellos B, ponen por sus obras. Se sospecha que la primera lectura de Mt sea correccin por el influjo del lugar paralelo de Lc.

a la Sabidura (Lc 7:35). Las obras de Cristo, que producen la conversin de las gentes e incorporacin al Reino, son las que hicieron reconocer la justicia de Dios (Lc), es decir,

Mt une este pasaje con el anterior por la incolora soldadura de entonces. Lc lo pone en otro contexto. Pero hay unin lgica, tan propia de Mt. Ante la actitud hostil de los fariseos, ac

tapone otra actitud semejante de algunas ciudades en las que l predic. Literariamente usa el estilo paralelstico en la descripcin doctrinal de las ciudades.

Cristo increpa a las ciudades — Corozan, Betsaida, Cafarnam — porque en ellas haba hecho muchos milagros, y, sin embargo, no se haban convertido a El. Todas estn s

tuadas en la ribera NO. del lago Tiberades. Corozan es, probablemente, el actual Khirbet Kerazeth, a cuatro kilmetros al norte de Tell Hum, con el que se identifica Cafarnam. Slo se discute sobre la exi

al compararlas con las antiguas ciudades malditas: Tiro, Sidn, Sodoma. Estas no fueron escenario de la predicacin de Cristo. Mas les dice, hipotticamente, que si en ellas se hubieran hecho los milagros que se hicieron en Corozan, Cafarnam y Betsaida, aqullas hubieran cambiado su modo de ser (

mente, mnimo. Y, en el fondo, era debido a que, ambientados y extraviados por el rabinismo, el Mesas no se presentaba con los rasgos deformados con que ste lo interpretaba y prese

taba. Mas por ello tendra castigo. ¿Cundo? En el da del juicio. Este da y este juicio, formulado en absoluto, es un termino clsico y tcnico de referencia como algo sabido de t

Si se apostrofa especialmente a Cafarnam, es que Cafarnam fue la patria adoptiva de Cristo (Mt 4:13). All mor con cierta permanencia, all hizo ms milagros, all hubo ms luz (Mc 1:22-34; 21-27). La frmula por ventura te levantars hasta el cielo, es el modo con el que se expresa el orgullo o el tiempo de prosperidad de una ciudad o un pueblo (Is 14:13). Y como la res

son los que poseen la habilidad de conducirse en los negocios de la vicia. Ambos tienen valor pleonstico por el ser humano de valer en la vida (Is 29:14-19). Aqu se refiere a los fariseos — sabios —

an no ser ms que nios, y a los que se equiparaban a ellos por su simplicidad y por ser considerados en la antigedad casi como sin valor. Y el reino es don del Padre y no exigencia de clases. Probablemente aqu se refiere a los apstoles. En el contexto, Lc se diriga a los discpulos (Lc 10:23). Sin embargo, el contexto es incierto, pues Mt trae esta s

Luego se goza en la librrima voluntad de esta economa divina del Padre: Porque te plugo, expresin frecuente en los escritos talmdicos. El gozo de Cristo no es por la ceguera de ellos,

Primeramente, Jesucristo dice que el Padre “le dio todas las cosas” ( ). Conceptualmente tiene su entronque con Jn: “El Padre ama al Hijo y ha puesto en sus manos todas las cosas” ( ) (Jn 3:35). El Padre le dio todas las cosas

( ) (Jn 13:3). Los pasajes de Jn hablan no de la naturaleza divina, sino del poder incomparable que el Padre confiere a Cristo por raz

n de su unin hiposttica. Tambin se pens por algn autor si este todas las cosas no se referir slo a su funcin mesinica

Se lo caracteriza como un atributo suyo propio, llamndole el Conocedor de los corazones (Act 1:24). Por eso este conocimiento del que aqu se trata debe de ser algo profundsimo,

guado en Mateo, lo mismo que en Lucas, y de primera importancia, porque se manifiesta, con el ms primitivo fondo de la tradicin sinptica, una conciencia clara de la filiacin divina de Jess.

tencias del Salvador, lo mismo que frecuentemente en otras expresiones sapienciales. Estos trabajos no deben de ser los trabajos y labores fsicos, aunque se pueda pensar en ellos, en este evangelio etizado de Mt adaptado y extendido

r aliviados por la doctrina de Cristo (v.30), se trata del farisesmo y de sus prcticas y leyes. Su doctrina era formulista e insoportable por sus infinitos preceptos y una m

El judo estaba envuelto en 613 prescripciones del cdigo mosaico, reforzadas de tradiciones sin nmero; la vida del fariseo era una intolerable servidumbre. El ltimo libro de la

nerse a mil infracciones. El temor de caer en ellas paralizaba el espritu y anulaba el sentido superior de la moral natural. Toda la religin degeneraba en un formalismo mezquino.

tn fatigados y cargados de toda esa seca e insoportable reglamentacin. A todos sos les dice que vengan a El, y El, con su doctrina de amor, les aliviar, literalmente os desca

— importabilia —, El les ofrece unas prescripciones nicas: porque soy manso y humilde de corazn. El corazn es para los semitas la sede de los afectos y conducta. Tal es la actitud del espirit

dumbre se opone la ira, el ser spero; a la humildad, la soberbia. El magisterio de los fariseos y doctores de la Ley era soberbio y buscaban con ello la gloria unos de otros (Jn 5:44). De ah, fcilmente, el tono spero e iracundo contra todo el que no se sometiera a sus lecciones. Prueba de ello es su odio a Cristo. Mas todo lo opuesto es el magisterio de l.

por persona (Jer 6:16). Porque no slo su yugo es blando y su carga ligera, sino que da vida abundante (Jn 10:10), y, con ella — la gracia —, la vida se restaura, se expansiona, se hace sobrenat

9 Buzy, vang. s. St. Matth. (1946) 140-141; Saint Jean Baptiste (1922) 280-306; R. Groehl, Die Gesandtschaft Johannes des Taufers an Christus (1932); J. Dupont, L'ambassade de Jean Baptiste (Mt 11:2-6; Lc 7:18-23); Nouv. Rev. Thol. (1961) p.805-821.943-959; M. Brunec, De kgatwne Johannis Ba

30 benoit, L'vangile s. St. Matth., en La Sainte Bible de Jrusalem (1950) p.80 nota e; H. Mertens, L'Hymme de jubilation chez les Synoptiques Mt 11:25-30; Le' 10:21-22 (1957); Charlier, L'action de grees de Jess'Lc 10:17-24: Bible et Vie Chrtienne (1957) 87-99; L. Cerfaux, Les sources scpturaires d

33 S. TH., Summa Theol. 3 q.10; Po XII, Mystci corporis Christi: AAS (1943) 230; A. Feuillet, Jess et la Sagesse divine d'apres les vangiles synoptiques: Rev. Bibl. (1955) p. 161-196; Braun, L'etude du quatrieme vangile: Ephem. Theolog. Lovan.

Cristo y sus discpulos atravesaban un sembrado. Era sbado. Los discpulos comenzaron a arrancar algunas espigas, desgranndolas con las manos (Lc). Mateo advertir que tenan hambre. No haba falta en ello, pues la misma Ley juda deca: Si entras en la mies de tu prjimo, podrs coger algunas espigas con la mano, pero no meter la hoz en la m

Los fariseos les dicen a los discpulos que estn haciendo lo que no es lcito hacer en sbado. Es histricamente extraa esta presencia espiatoria de fariseos en sbado quebranta

do probablemente el camino del sbado. Puede haber artificio dramtico, que es reflejo de las polmicas del farisesmo contra el cristianismo mateano que actualiza esta historia de Cristo. La legislacin rabnica tena 39 formas de trabajos prohibidos en sbado. En el siglo II

se haba aumentado y complicado hasta el exceso, con una reglamentacin minuciosa, todo este ritual prohibitivo. En tiempo de Cristo, estas 39 prohibiciones primeras estaban en todo su rigor. Entre ellas estaban las siguientes: 3.

Cristo les da una doble respuesta: 1) el reposo sabtico legtimo tiene excepciones; 2) El es el dueo y seor del sbado; por eso puede obrar como le plazca.

seguido por Sal, huy con su escolta a Nob, donde estaba el Tabernculo. No tenan qu comer y pidi al sacerdote Ajimlek que los socorriera. Mas no teniendo nada, les dio pan del Santo, pues no haba ms que panes de la proposicin (1 Sam 21:1-9), que slo podan consumir los sacerdotes (Lev 24:9). Si esto estaba pr

hibido por la Ley y fue hecho por un sacerdote al que no pareci ir contra el espritu de la Ley, y por David, modelo de perfeccin, es que fue una accin lcita; la ley natural estaba antes que la positiva. Cristo les desautoriza, incluso desde otro punt

. Mateo aade otra razn de Cristo. Si fuese tan estricto tal precepto, tampoco podra ministrarse en el santuario en sbado. Sin embargo, la Ley preceptuaba los sacrificios y su preparacin en este da (Nm 28:9-10; Lev 24:8). En la

. La misma circuncisin, segn los rabinos, se deba practicar incluso en sbado (Jn 7:23). Y, sin embargo, de todo aquel trabajo cultual no son culpables. Por lo que se concluye que no slo hay excepciones lcitas, sino que El mismo puede dispensarlo, porque el Hijo del hombre es Seor del sb

do (v.8). Como el reposo sabtico es de institucin divina (Gen 2:2-3), proclamarse seor del sbado es proclamarse dueo de su institucin. Moiss slo fue un ministro que legisl en nombre de Dios. Si Dios es el dueo del sbado y Cristo es el Seor del sbado, Cristo se est proclamando Dios

Slo Mateo refiere estas palabras de Cristo, lgicas despus que ha estado hablando de los sacerdotes que ministran en el templo: Yo os digo que lo que hay aqu es mayor que el templo. Esta forma mayor (

Superior al templo de Israel no haba ms que Dios. Cristo, por tanto, se proclama Dios. Poco despus se proclama tambin mayor que Salomn (reyes) y Jonas (profetas). As va mostrando gradualmente la grandeza de su dign

timientos de un corazn sincero a la prctica externa y ritualista de la Ley. Si vosotros — los fariseos — hubieseis comprendido estas palabras, no hubieseis condenado a los inocentes, a los apstoles, ya que aqu misericordia, como en Mt 9:13, debe de tener el sentido de benignidad, y, a imitacin de Dios, benigno, misericordioso, debi ser juzgada esa accin.

donde haba un hombre que tena seca una mano. Y le preguntaron para poder acusarle: ¿Es lcito curar en sbado? 11 El les dijo: ¿Quin de vosotros, teniendo una oveja, si cae en un pozo en da de sbado no la coge y la saca? 12 Pues ¡cunto ms vale un hombre que una oveja! Lcito es, por tanto, hacer bien en sbado.

y que imploraba el socorro as: Jess, yo soy albail, yo gano la vida con el trabajo de mis manos; te ruego, Jess, que me des salud, que no tenga que pasar por la vergenza de mendigar para vivir.

Segn la mentalidad rabnica, no se poda curar en sbado a no ser que peligrase la vida del enfermo. Fuera de este caso, los cuidados y cura del enfermo estaban casi del todo prohibidos. Solamente se le poda prestar normalmente los auxilios y alimentos que tomaba una persona normal

La argumentacin de Cristo es sta: Si un hombre tiene una oveja y sta cae en da de sbado a un hoyo o en una de aquellas cisternas vacas disimuladas por el ramaje, su dueo obraba lcitamente sacndola. Esto era lcito, segn sus interpretaciones, incluso en da de sbado

mente probativa — de tipo rabnico a fortiori —, era interpretar el verdadero contenido de la Ley. Por ello concluye: Es lcito hacer bien en sbado, y, dirigindose a aquel hombre, le dio la orden de extender la mano, y san al punto.

ridad propia sobre el sbado, apareca en la misma esfera de esta institucin. Y el sbado, ¿quin podra alterarlo o interpretarlo sino Dios? El Hijo del hombre es Seor del sbado, el

Esta escena, lo mismo que la anterior, es de carcter polmico. Parecen reflejar, en su conservacin evanglica, el especial inters contra los judaizantes de la Iglesia primitiva (Gal 4:10; Col 2:16).

pas, acaso para poder unirse a l y llevarle a Jerusaln, restaurando la unidad nacional. Por su parte, los herodianos se prestaban de buena gana a hacer desaparecer a aquel Mesas que tan honda conmocin despertaba y que tantos seguidores tena, pues teman que pudiese impedir su restauracin herodiana

. La omisin de este tema de los herodianos en Mt-Lc acaso se deba a que en la poca de la composicin de estos evangelios ya no se recordaba este partido desaparecido, pues Agripa I muri el 44. Si Mc lo conserva, acaso se deba a las fuentes que lo insertan an y l retiene.

den que no le descubrieran como taumaturgo o Mesas ante estas obras. Es una pincelada genrica que le permite a Mt traer una cita de Isaas en su evangelio mesinico.

Mt ve en esta actitud de Cristo un cumplimiento de parte del poema del Siervo de Yahv (L. Goppelt). El texto de Isaas que cita (Is 42:1-4) no est tomado directamente ni del texto hebreo ni de los LXX, sino de ambos, modificndose accidentalmente los trminos, por venir mejor a destacar su propsito. Como tal lo recoge incluso el Targum.

As, pone, en lugar de elegido, mi amado, que viene a significar casi el de hijo nico (Mt 3:17), y mi siervo viene a ser aqu, por su sentido paralelstico, el equivalente de hijo. Es el Mesas, en el que Yahv se complace. Mt, lo mismo que el Targum, p

nen lo restante en futuro. Con esto se viene a indicar la inauguracin de la carrera de vida pblica del Mesas. En esta obra dar la justicia, que es la verdad que corresponde al don del Espritu que Yahv puso en El. Es su obra de mesianismo universal:

a las naciones. En esa obra, ni tendr una enseanza ostentosa ni gritar al modo llamativo oriental en las plazas pblicas. No ser obra de disputa acalorada ni alboroto. Su mtodo ser persuasivo. No busca su gloria. As vea el evangelista en la profe

a de Isaas aquel prohibir Cristo a las turbas que le seguan que lo manifestasen (v.16). Y como su obra no es obra de destruccin de enemigos, no vendr contra aquellas personas que estn a punto de sucumbir, a los que no hara falta ms que un pequeo golpe para acabar con la caa quebrada, o un pequeo tirn o soplo para acabar con la mecha, que, puesta en la lmpara ya sin aceite, slo humea para extingui

racin que importa varios milagros; no slo el prodigio de curar a un enfermo, sino el poder que demostraba sobre los espritus demonacos. Las gentes, por ello, quedaban estupefa

a en las turbas de que fuese el Mesas, aparece la maldad de los fariseos (Mt). Marcos dir que haban bajado, con los fariseos, escribas de Jerusaln para tentarle (Lc).

nios. Otros pedan una seal del cielo (Lc) para tentarle. La calumnia de los primeros era ilgica y monstruosa. Cristo obraba en virtud de Beelzebul, o, como dice Marcos, tiene a Beelzebul, lo que es decir que estaba endemoniado. Si echa a los demon

Sobre el origen de este nombre se han propuesto varios significados. San Jernimo lo transcribe en la Vulgata por Beelzebul, porque dice que era el dios de Acarn, en Filistea. Pero la lectura crtica es Beelzebul. En la literatura juda se lo considera como un demonio de rango superior. Las etimologas propuestas son un juego de palabras entre

sacrificar, y que, adems, primitivamente signific estercolar. As se le haca el Seor de los sacrificios idoltricos. Por ltimo, basados en los textos de Ugarit, las ra

Cristo les rebate simplemente devolviendo el argumento. Parte de una comparacin, que es la sensibilizacin oriental de un principio de evidencia. Un reino dividido o ciudad, v.gr., por una guerra civil, en s mismo se destroza; una casa que tenga sus moradores divid

dos, encarnizadamente, en dos bandos, no puede subsistir. Eran imgenes ambientales. Los rabinos las utilizaban igualmente. As dice: Una casa que tiene divisiones, est totalmente destruida. Si hay divisiones en una sinagoga, est totalmente destruida.

Por eso la argumentacin que le hacen es absurda en s misma y en su consecuencia. Lo primero, porque si Satans echa a Satans — los demonios se consideran aqu formando una unidad, un reino —, es que est dividido contra s. Por eso, ese reino no puede subsistir, sino que viene la ruina. Lo segundo es que si Cristo arroja los demonios por virtud o pacto con Beelzebul, y los judos

—, los arrojaran por el mismo motivo. Por ello los hijos de los fariseos o escribas que haban bajado de Jerusaln estaran vinculados al mismo Satans. Esto sera absurdo. Por eso les aade: vuestros exo

r eso, es que lleg a vosotros el reino de Dios. Si el enemigo del reino es Satans, este poder de Cristo arrojando los poderes demonacos en nombre propio acusa su poder mesinico. Era el cu

Esta contraposicin falta en Mc. Acaso sea por razn de su fuente. Lo mismo que la doble repeticin sobre este pecado, pudiera proceder de una duplicidad de las mismas. Sin embargo, parece ser primitiva. Ya que no puede suponerse que la sentencia primitiva de Cristo haya sido

¿En qu consiste el pecado contra el Hijo del hombre en contraposicin al del E. S.? Para San Jernimo est en dudar ms o menos de la divinidad y grandeza de Crist

El pasaje responde en la perspectiva evanglica a poner de relieve el pecado de los fariseos de aquella generacin, con ocasin del anterior relato. Para ello usa dos comparaciones ambie

El rbol bueno da buenos frutos. Sobre 150 deca rab Jud: Si el corazn no lo anunci a la boca, ¿cmo lo podra la boca anunciar?

a raza de vboras. Tambin los haba llamado as el Bautista (Mt 3:7). La vbora, pequea e inofensiva de aspecto, inocula, no obstante, veneno al que se llega a ella (Sal 140:4b). Tal era la insidia que acababan de lanzar contra Cristo. Y sta fue su c

dice que, si el tesoro de la conciencia que va a obrar est lleno del espritu malo, hasta la accin buena la har mala. Esta es la crtica aqu de los fariseos.

De ello se deduce una conclusin: en el da del juicio se habr de dar cuenta de las palabras, porque ellas son las que manifestaron las obras. Rab Asha deca sobre 320: Incl

Entonces va, toma consigo otros siete espritus peores que l y, entrando, habitan all, viniendo a ser las postrimeras de aquel hombre peores que sus principios. As ser de esta generacin mala.

La escena no tiene una vinculacin histrica con lo anterior. El entonces en Mt suele ser soldadura literaria. Al tono calumnioso de lo anterior no sigue una actitud ms moderada. Pertenece al ciclo de insidias ordinarias (Lc 11:16). Es un contexto lgico, y le piden, para probar que es el Mesas, una seal del cielo (Lc 11:16). Deba de ser una intervencin e

Tambin esa generacin sera bblicamente adltera. Siendo Yahv el esposo de Israel, al volverse ste infiel a Dios, adulteraba (Is 1:21; 50:1; Ez c.16 y 23; Os 1:2, etc.). Como aqu, que rechazaba el la ligazon mesinica con el Dios-Hombre. Adltera falta en Lc, acaso por ser trmino no comprensible para sus lectores gentiles.

Cristo est trazado como prueba terminante en el plan de Dios (1 Cor 15:14-17). Es el signo de Jonas: tres das en la ballena; as estar Cristo en el sepulcro. Eri Le la frase es elptica. Jonas y Cristo sern un signo. ¿De qu? En Lc parece usarse

n el sentido de haber escuchado la predicacin de Jonas (Lc 11:30.32; 2:34). Acaso la fuente primitiva slo tuviese la afirmacin del signo de Jonas, sin explicitarlo, y los evangelistas lo derivaron a su propsito. En la valoracin juda, tres das i

rados, sino que hasta de la lejana Sab vino su reina a escuchar su sabidura (1 Re 10:1-13), y aqu se trata de or la Buena Nueva; y quien la pregona es ms que Jonas y Salomn. El texto pone: Y aqu hay ms (

miento de superacin, Cristo va descubriendo, gradualmente, su naturaleza: es mayor que Salomn — el mayor de los reyes — y que Jonas — mayor que los profetas —. ¿Quin es El, por tanto? Ya antes se present seor del sbado y mayor que el templo. El velo de su divinidad se va descorriendo en los dos primeros casos, al menos como Mesas, y se abre ms en los segundos.

bidura y milagros de Cristo, a escuchar su mensaje. Por lo cual, en el da del Juicio, los ninivitas se levantarn contra esta generacin y la condenarn. Es una dramatizacin, con fondo objetivo, de la censura a esta actitud de gran parte del judasmo contemporneo de Cristo.

cias el lugar de la morada de los demonios (Is 13:21; 34:14; Bar 4:35; Tob 8:3, etc.). Cristo se adapta a toda esta descripcin popular, y se relata por anthropopata, es decir, se expresan estos demonios al modo humano. Pero al no hallar verdadero reposo, pues desean un poseso, se vuelve al mismo del que sali: volver a mi casa. As hablan los demonios en el Talmud. ¡Desgraciado! Rab Meir me ech de mi

. Y quiere volver a su casa. Pero al verla arreglada y con gentes dentro — es parbola —, va en busca del refuerzo de otros siete — nmero de plenitud — espritus peores que l, y logran conquistarla y morar all. Y el final, con esta turba demonaca, de aquella casa — endemoniado — es peor que el principio. As ser de esta generacin mala. La aplicacin es clara.

Satn es el gran enemigo del reino. Cristo viene a Israel y se comienzan a orientar las gentes hacia El. Lleg a vosotros el Reino de Dios. La derrota de Satn en el pueblo eleg

do comienza. Pero mueve a fariseos y dirigentes contra Cristo, y lo llevan a la cruz, y se roba as la fe en el pueblo. Y viene a resultar que el final es peor que el principio (Jn 15:22). Israel se qued sin la fe. Los hechos bien lo han probado.

Estando Cristo con la turba, llegaron para hablarle su madre y sus hermanos. Pero pregunt ante este recado: ¿Quin es mi madre y quines son mis hermanos?

Ante la presencia de estos vnculos familiares, Jesucristo aprovecha la oportunidad para dar una gran leccin. He aqu a mi madre y a mis parientes, pues aadi: todo el que hace la voluntad de mi Padre del cielo, se es m

abbat: Bznw (1960) 79-89;. W. Beare, The Sabbath Was Madefor Man? (Mc 2:23-28): Journ. of Bibl. Lit. and Exegesis (1960) 130-136; F. Gils, Le sabbat a etefait pour l'homme et non l'homme pour le sabbat (Mc 22:27): Rev. Bibl. (1962) 506-523. — 4 H. G. Guy,

V.T. (1829-35) t.l p.223-226; R. Dussand, Les dcouvertes de Ras Shamra et VAnden Testament (1937) p.69; Benoit, L'vang. s. St. Matth., en La Sainte Bible de Jrusalem (1950) p.83 nota c.

emps deJ.-Ch. (1935) II p.189; SMIT, De daemoniacis in historia evanglica (1931) p.94-172; Strack-B., Kommentar zum neuen Testament auf Talmud und Midrasch IV p.527-535. Los pasajes principales del Talmud en los que se citan estos laboriosos exorcismos s

n este captulo, Mt expone muchas de las parbolas de Jesucristo, cinco de las cuales — la cizaa, el fermento, el tesoro escondido, la perla, la red — slo l las expone. Conforme al estilo y estructura de su evangelio, este captulo tambin est sistematizado. Jesucristo no inaugura ahora su hablar en parbolas (Mt 5:13-16; 6:26-30; 7:6.13-14; 8:24-27

Cristo est en Cafarnam. Para esta predicacin sali de la casa. Debe de ser la suya (Mt 4:13). La muchedumbre que se le rene es grande, y utiliza una barca, y, cercano a la orilla, les predica muchas cosas en parbolas (M

tor del Apocalipsis (2:7.11.17.29; 3:6.13.22). Los rabinos equiparaban los grupos oyentes al odo y esponja, segn que les resbalaba lo que oan o se empapaban en ello, y tambin los comparaban al embudo, filtro y tamiz

Acercndose los discpulos, le dijeron: ¿Por qu les hablas en parbolas? '' Y les respondi diciendo: A vosotros os ha sido dado conocer los misterios del reino d los cielos, pero a sos no.

que se ha endurecido el corazn de este pueblo, y se han hecho duros de odos, y han cerrado sus ojos, para no ver con sus ojos y no or con sus odos, y para no entender con su corazn y convertirse, que yo los curara.

Los tres sinpticos se plantean en este mismo lugar el porqu de las parbolas. El problema parte de los apstoles: ¿Por qu les hablas (a los otros) en parbolas? No deja de ser ch

cante el desarrollo de este tema. A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de los cielos, pero a sos no. ¿Por qu? ¿A qu se debe esta distinta finalidad o efecto?

Si este mtodo parablico es pedaggico, el mismo Mc hace la siguiente observacin: que todas las cosas les vienen a ser parbolas a los de fuera. Estos, para los rabinos, eran los gentiles o judos no ortodoxos; aqu son las muchedumbres.

Como hacen en ocasiones los apstoles, que le preguntan aparte lo que no entendieron. Y a esto apunta Lc cuando en la exposicin de la parbola del sembrador dice: Mirad, pues,

escuchis. (Lc 8:18). Que es lo que dice Mt en este pasaje: Porque al que tiene, se le dar ms y abundar, como a los apstoles, que al preguntar sobre la ens

se al profeta para perder al pueblo con una ceguera moral, que l causaba por orden de Dios, cuando ha de ser todo lo contrario, ya que la misin del profeta es llevar el pueblo a Yahv. Ni ser improbable que el profeta acente este fracaso al escribir su obra despus de haber visto con los hechos la actitud de Israel ante su mensaje proftico. La versin de este pasaje en los LXX se

penal del profeta, sino que se presenta slo el hecho de que el pueblo lo oye, pero viene a ser como si no lo oyese, y de tal manera obran, que no se convierten, pues de lo contrario yo los curara.

Y el pasaje de Isaas, en su contexto, era ir a predicar, que era ilustrar. Pero se seguira que no se le escuchaba. Y acaso la redaccin material est hecha con matices del poco xito del profeta. Y valorados adems con el concepto semita de causa y efecto, segn el cual todo lo que de alguna manera se puede

tivamente a algo —, se lo atribuyen sin ms a El. As, porque el faran no permiti salir de Egipto a Israel hasta la ltima plaga, se lo describir diciendo que

Hay un pasaje de Mc (4:33.34) en que parecera una contradiccin: en el primer versculo (v.33), la parbola tiene el sentido pedaggico de ilustracin; pero en el segundo (v.34), las parbolas se las tiene que explicar a sus propios discpulos.

¿Qu valor puede tener esto? Se indic ya, en ocasiones, la necesidad del esmero en or su enseanza y tratar de profundizarla. Pero tambin pudiera Mc, en este pasaje doble, indicar que al pueblo se le hablaba segn podan entender, y que, aparte, tena exposiciones a grupos ms reducidos, como los apstoles y otros discpulos, a quienes explicaba el sentido no slo de las parbolas, sino a los que propona tambin temas qu

xperimentado en ocasiones diversas modificaciones al ser vividas, utilizadas y situadas en la Iglesia primitiva. Esta las adapta, las interpreta y alegoriza en ocasiones po

Los tres sinpticos narran a continuacin la explicacin de la parbola. La alegorizacin de la parbola no habra inconveniente en atribuirla, fundamentalmente, a Cristo. Es problema anlogo a la misma primera parte, donde la parabolizacin se matiza mucho. Y aqu hay t

Para otros, J. Jeremas, Taylor, la alegorizacin se debera a la Iglesia primitiva, que adaptara la parbola fundamental a necesidades concretas de su medio ambiente. Para otros (Bonnard) parbola y explicacin seran de Mt, aunque elaboradas sobre el fuerte eco de la de Cristo.

nerla tuviese ya el trasfondo de las dificultades y frustraciones de Nazaret, Corozan, Betsaida (Mt 13:53-58, par). La adaptacin en este caso hara ver dificultades morales por las que el reino no se establece, mientras que el reino fructifica moralmente en proporcin a las condiciones del sujeto.

apcrifo de la primera mitad del siglo , que tiene la exposicin de la parbola, pero no la explicacin. Y parecen percibirse ecos de las grandes persecuciones contra la Iglesia (v.21) bajo Domiciano (a. 81-96). Lo mismo que las seducciones es tema corriente en esta poca (Ef 4:22; Col 2:8; 2 Tes 2:10; etc.).

es la forma ms usual de exponer los rabinos sus comparaciones. Es una parbola; sus elementos son ambientales palestinos, aunque hay algunos rasgos algn tanto irreales: los trabajadores que preguntan al dueo, extraados, por la cizaa que hay en el campo, siendo natural su mezcla con el trigo. Pero se trata de destacar elementos para la alegorizacin. Esta cizaa es el

venida del Mesas sera sbita y terminara no slo con los enemigos materiales, sino que hara una purificacin total. Expuesto el cuadro, pasa a exponer otras dos parbolas. Algunos autores piensan que esta parbola sea un duplicado de la parbola de

y, con ser la ms pequea de todas las semillas, cuando ha crecido es la ms grande de todas las hortalizas y llega a hacerse un rbol, de suerte que las aves del cielo vienen a anidarse en sus ramas.

La frase la ms pequea de todas las semillas es ambiental y trmino ordinario de comparacin de las cosas pequeas. Se deca: pequeo como un grano de mostaza.

Es una parbola, pues sus elementos descriptivos son reales directos. La comparacin fundamental es sta: He aqu la paradoja (doctrinal): de lo mnimo se har lo mximo.

del mismo. Ni el elemento de los pjaros parece pueda tener un valor alegrico por los fieles, aunque esta imagen est en el A.T. (Dan 4:11.21; Ez 17:23; 31:6) y surja espontnea en el lector de la parbola, porque no es el tema directo de la misma

dad de afirmar el Reino que Cristo enseaba, tan distinto del esperado ambientalmente. Parbolas de respuesta a dudas, especialmente ambientales de polmica judeo-cristi

La afirmacin rotunda que nada hablaba sin parbolas es una hiprbole oriental. Este pasaje est entroncado con el tema anterior de la finalidad de las parbolas. Pero Mt quiere, confo

. Acaso aluda al espritu proftico de los Salmos. En qu sentido se utilice este versculo, es discutido. Conforme a la argumentacin rabnica, que supona la Escritura llena de misterios y sentidos ignotos, todo lo que de alguna manera poda relacionarse con un pasaje bblico se lo consideraba como vinculado. No que Mt estuviese iniciado en estos procedimientos, como lo estaba San Pablo (1 Cor 10:1), pero estos procedimientos podan haber trascendido de las

se verificaba de nuevo en Jess lo que el salmista haba escrito de s mismo, no por una simple coincidencia, sino en funcin de una analoga de situacin que estaba en el plan de Dios.

La alegorizacin de la parbola es de gran inters. Se destacan los versculos que tienen un valor especial. Se hace a los discpulos en casa, a peticin suya.

meo, Maligno como sinnimo de Diablo es desconocido. En arameo, el nombre de Diablo es Satans. Diablo falta en Mc, y pertenece a un estadio literario posterior evanglico. Los hijos del Maligno o del Mal lo son por cualidad suya.

V.41. En este juicio final (v.39b), los ngeles aparecen como ministros de la justicia divina (Mt 24:3; 28:20; Heb 9:26). Pero es de la mxima importancia doctrinal la afirmacin que Cristo mismo enviar

. El suplicio que all les aguarda es expresado con la frmula amplia, usual y popular — estereotipada —, del llanto y crujir de dientes (Mt 8:12; 13:42.50; 21:13; 25:30, etc.). El llanto es metfora que expresa dolor; rechinar de dientes, furor de la desesperacin.

alegrica de esta parbola procede del mismo Mateo. Si el estilo es de Mateo, muchos de estos conceptos pertenecen, algunos fundamentales ya se indicaron, a un estadio teolgico posterior al de la hora primit

na justificarla. No era el mesianismo el sueo ideal que presentaba el IV libro de Esdras (6:27.28) en plena poca cristiana y con mxima difusin. As situada, esta enseanza apar

Se narra en la parbola que, descubierto el tesoro, lo oculta, y, en su alegra, va a vender cuanto tiene para comprar el campo con el tesoro. Estos detalles, irreales, son co

Como la anterior, es propia de Mt. La escena es la de un mercader tcnico en perlas: busca perlas preciosas. La construccin parablica es irregular. El Reino de los cielos no es sem

La enseanza doctrinal parablica es clara, como en la anterior: hay que dejar todo lo que sea obstculo para ingresar en el Reino. Tiene un matiz especial: se busca positivamente lo bueno; pero el r

La comparacin parablica es global: esta separacin de malos y justos suceder tambin al fin del mundo, destacndose ms la obra sobre los malos. La suerte de los bu

Sobre el horno de fuego y el llanto y crujir de dientes, se remite a la parbola de la cizaa (Mt 13:42), donde se valoran. E igualmente se acepta aqu lo que all se dijo sobre el valor y primitivo sentido de la parbola. Modificado y adaptado posteriormente por la Iglesia primitiva, concretamente por Mt, acaso tambin en orden a preocupacin

e su Iglesia. A la hora de la Iglesia primitiva, con mezcla de feles y herejes y pecadores, se hace ver la perspectiva de la discriminacin en el juicio. Mientras, ¡paciencia!

Mt es el nico que trae este pasaje. La pregunta debe de dirigirse a los discpulos, que son los que en la perspectiva de Mt estn en situacin. La palabra de este escriba

Despus de esta jornada de las parbolas, partiendo de all, se vino a su tierra, que era an Nazaret. Cuando lleg el sbado (Mc), se puso a ensear

Su doctrina y su autoridad hizo estallar la admiracin en sus paisanos. Pero esta admiracin era de escndalo (Mt-Mc). No era slo la clsica mentalidad aldeana estrecha, que no concibe cmo uno de los suyos pueda ser distinto de ellos, mxime con la altura que Jess les demostraba. Su argumento contra la fama

e taumaturgo que ya corra por la regin y contra la doctrina y los hechos — ¿De dnde le viene a ste la sabidura y los milagros? — era que conocan a sus padres y a sus familiares. Pero este detalle es precisamente la clave de la solucin del escnd

to. Dicen los judos: ¿Ser verdad que (Jess) es el Mesas? Pero de ste sabemos de dnde viene; mas el Mesas, cuando venga, nadie sabr de dnde viene (Jn 7:26-27). En efecto, en la creencia de entonces estaba divulgado que del Mesas nadie sabra su origen

ban como Mesas. Era lo que le dir un da Nicodemo (Jn 3:2). Pero, conociendo ellos a sus padres — el artesano y Mara — y a sus hermanos y hermanas, al enfrentarse ellos con la creencia popular del origen desconocido del Mesas, se escandalizaban de El como Mesas. Un da le dirn sus mismos hermanos, ante esta tremen

ga de su ciencia experimental. Y esta conducta de sus paisanos, que cerraban los ojos a la evidencia, era, en el plan de Dios, obstculo a que El se prodigase en milagros all: Hizo p

Tanto Mt como Mc recogen aqu, en este escndalo de los paisanos del Seor, lo que decan: que ellos conocan a los familiares del mismo. Pues Mt slo transmite el dicho de las gentes: que era hijo del artesano (

. El que se considere por los nazaretanos como hijo del artesano, ignorantes ellos de la concepcin virginal de Jess, no significa sino que hablan de El como lo que legalmente apareca

va ya o haba muerto San Jos. Pero despus de citar a Mara, su madre, habla de sus hermanos. Esto plantea el problema, ya clebre, de los hermano

. Pero los judos acostumbraban ya a llevar a sus hijos antes al templo, lo mismo que a otras prcticas, para acostumbrarlos. Esto sugiere que, si Jess a los doce aos, antes de la obligacin usual, es llevado por sus padres, segn costumbre — iban cada ao —, es que no tena ms hermanos, pues

Otra indicacin bblica de esta perpetua virginidad de Mara es la escena del Calvario. Cristo, moribundo, encomienda a Mara a San Juan, quien desde entonces la recibi en su casa (Jn 19:26.27). Pero, si Mara hubiese tenido ms hijos — esto supone tambin la mue

te de San Jos —, Jess no tena por qu encomendar a nadie su cuidado temporal, pues por derecho corresponda a sus propios hijos. Mxime cuando bastantes aos despus viva en Jerusaln Jacobo

ms se diga que son hijos de Mara. Tampoco choca ver la conducta de estos hermanos que se portan como hermanos mayores de Cristo, pues le daban consejos (Jn 7:3) y queran red

ces desposada, o, segn otros, ya casada, tiene hecho un propsito de perpetua virginidad en el matrimonio (Lc 1:34). Pero ¿habra de ser motivo para quebrantar este propsito el h

. Ejemplos de esto aparecen numerosos en la Biblia (Ex 2:11; Lev 10:4; 1 Par 23:21-22; 2 Par 36:4; cf. 2 Re 24:17; Jer 37:1; 2 Sam 2:26, etc.). As, Abraham dice que l y Lot son hermanos (

Pero no slo estas razones hacen ver que no se trata de hijos de Mara, sino que el mismo Evangelio da los nombres de la madre de estos hermanos de Jess. Estos herm

nos de Jess son los siguientes: Santiago y Jos, Simn y Judas (Mt 13:55; Mc 6:3). De las hermanas no se dan nombres. Pues bien, son los mismos evangelistas que dan estos nombres de los hermanos de Jess los que dan el nombre de la madre de ellos. Al hablar de las personas asistentes en el Calvario a la crucifixin de Cristo, donde estaba presente Mara la madre de Jess (Jn 19:25), Mt cita a Mara la madre de Santiago y Jos (Mt 27:56) y Mc cita igualmente a Mara la ma

re de Santiago el Menor y de Jos (Mc 15:40). Luego ni por realidad histrica ni por la perspectiva de los evangelistas, esta expresin de hermanos de Jess se puede referir a hijos de Mara, sino a familiares o parientes.

La identificacin del otro grupo, Judas y Simn, es ms difcil de precisar por no darse especficamente el nombre de su madre en los evangelios. Segn el historiador Heges

teraria de los evangelistas, estos hermanos del Seor no son presentados como hermanos de sangre, sino como parientes o familiares ms o menos prximos. Y, por tanto, que no es su intento suponer que Mara no fuese perpetuamente virgen

te de hermanos de Jess, en griego, dirigindose a oyentes de lengua griega, si esta palabra no hubiese de recibir su sentido griego universalmente admitido? Pero la objecin se explica.

7 D. Daube, Public Pronouncement and Prvate Explanation in the Gospels: Expositor Times (1945-46) p.175-177; j Sanh. l,19b; Pesiq. 40ab; b.Hul. 27b; Lev. r.4 sobre 4,ls; j Ber. 9:12d-13a; J. Jeremas, Die Gl

7 Skrinjar, Le but des parbales sur le Rtgne et l'e'conomie des turnares divines d'apres fcriture S.: Bblica (1930) p.291-321.426-449; M. Dldier, Les parbales du semeur et de la smence qui crolt d'elle-meme: R. D. Namur (1960), 185-196; C. H. Dodd, The Parables o/the Kingdom (1961); J. Jeremas, Die Gleichnisse Jesu (1962); T. X. Mullins, Parables as Literary Forras in the N.T.: The Luther Quarterly (1960) 235-241; Hugh Martin, The Parables of the Cospel

8 Vost, Parabolae I p.177-206; Bvz,vangile s. St. Matthieu (1946) p.167-174; Lagrange, vangile s. St. Matth. (1927) p.255-266; Buzy, Parbales (1932) p.3-41; J. Jeremas, Die Glekhnisse Jesu (1962), vers. esp. (1970) p.95-98.

El Herodes del que se habla es Antipas, hijo de Herodes el Grande. Se le da el ttulo oficial de tetrarca, concedido por Augusto. Herodes es la forma que slo aparece en las monedas. Su gran ambicin era el ttulo de rey, y a este fin se encamin a Roma. A veces se le da el ttulo genrico de rey (Mc), o por halago, como lo hacen sus sbditos.

te impacto en Antipas, estando dudoso a causa de lo que algunos decan de Jess (Mc-Lc). Ante las fuerzas milagrosas que obraban en El, las gentes lo identificaban con uno de los antiguos profetas (Lc) o con Elias, que se le supona vivo y se le esp

Antipas era un claro y agudo neurtico. Tena la obsesin por el Bautista, al que haba hecho degollar. Y ante la duda que las gentes tenan para identificar a Cristo y ante los mil

gros que haca, no se le ocurri ms que pensar en un muerto resucitado, que tendra poderes preternaturales. No es que Antipas creyese en una transmigracin de almas. San Jernimo observaba ya que, cuando esto sucede, Cristo tena ms de treinta aos

flujo llegase tambin a la Decpolis (Mc 5:20; 7:31; Mt 4:25). Se posesion de su tetrarqua a los diecisiete aos. Su carcter era aptico, falto de energa

to mismo le llamar zorra (Lc 13:32). Era adems adulador con Roma, pues en honor de Tiberio levant la ciudad de Tiberades, lo mismo que la de Livia-Julia en honor de la mujer de Tiberio. De los mismos relatos evanglicos sobre que Cristo fuese el Bautista res

Pero el ao 28 Antipas hace un viaje a Roma para ver a Tiberio; ante el que gozaba de prestigio, por ser su espa confidencial de los magistrados romanos en Oriente. All conoci a Herodas. Esta era hija del asmoneo Aristbulo y de Marianme, la hija del sumo sacerdote Simn.

. Antipas conoci all a Herodas, mujer de Filipo. Y unindose la ambicin en ella, que no soportaba la vida oculta de su marido, y la pasin en Antipas por Herodas, se acord la unin ilegal y el llevar con ellos a la hija de Herodas, llamada Salom

La presencia de Antipas y Herodas en la tetrarqua trajo el escndalo. El adulterio de Antipas iba abiertamente contra la Ley, que prohiba estas uniones incestuosas (Lev 18:16; 20:21).

Hubo una segunda fase, que no se matiza en los evangelios, en la que fue encarcelado. El Bautista fue encarcelado, precisa Lc, por lo de Herodas. y por todo lo malo que haba hecho Antipas, y que el Bautista censuraba. Esta prisin fue en el palacio-fortaleza que ten

. Pero en este ambiente es muy fcil suponer la licencia. Un caso semejante, actual, presenciado por l mismo en la regin de Merdj Ayun, lo cuenta Dalman. Despus del banquete, en el que comieron separados hombres y mujeres, se reuni

La escena agrad a todos, mxime en aquel ambiente, y Antipas, en la euforia del mismo, jur dar a Salom lo que le pidiese. Sali a consultar con su madre, indicio acaso de la separacin en salas de hombres y mujeres. Y sta le manda pedir la cabeza del Bautista. El juramento de Antipas,

aunque sea la mitad de mi reino, es frase bblica (Est 5:3; cf. 1 Re 13:8). La frase de Juan el Bautista en labios de Salom no es improbable. As habla de l Josefo

Se mand traer la cabeza del Bautista. ¿Se la trajo a la misma sala para que se viese el cumplimiento de la orden? Salom la llev a su madre. San Jernimo recoge que Herodas le sac la lengua y la pinchaba con aguijn

, como hizo Fulvia con la lengua de Cicern. Para unos es una leyenda, para otros una realidad calcada en el ambiente romano en el que haba vivido Herodas. Ni son desconocidos casos semejantes de pedir en banquetes la venganza de alguna vctima. A Jerjes, el da que celebraba el aniversario de su nacimiento, la reina Ame

La psicologa de maldad de Herodas contra el Bautista recuerda y es explicada por la conducta y odio feroz de Jezabel contra el profeta Elias (1 Re 18:2v) y contra Nabot (1 Re 21, Iv). Acaso la tradicin quiso subrayar este paralelo.

Contra el valor histrico de este pasaje se ha hecho ver la discrepancia de motivos que sobre la muerte del Bautista alegan los evangelistas y Josefo. Mientras los evangelistas alegan el incesto y la acusacin del Bautista por todo lo malo que haba hecho Antipas (Lc), Josefo alega un motivo poltico: tema que el prestigio del Bautista pudiese provocar una insurre

specto que, por otra parte, era el nico que poda alegarse ante el pueblo para justificar su conducta. Si este aspecto ms personal del adulterio pareciera sospechoso, entonces, segn este criterio, sera preciso suprimir la mayor parte de las historias

Cuando se enteraron los discpulos del Bautista (cf. Mt 11:2.7; Lc 7:18; Jn 1:53), recogieron el cadver y lo pusieron en un sepulcro. Segn costumbre juda, los cuerpos de los ajusticiados por las autoridades judas deban ser colocados en fosas comunes, propiedad de los tribunales

. Pero no era ste el caso del Bautista. Y la autoridad romana, y Antipas era prncipe vasallo de Roma, sola conceder los cadveres de los ajusticiados a sus familiares para su enterramiento

. La historicidad del hecho es incuestionable. El pueblo consider castigo de Dios la destruccin del ejrcito de Antipas por las tropas de Aretas, el 36 d.C., por esta muerte. La razn poltico-religiosa que dice Josefo

Y, mandando a la muchedumbre que se recostara sobre la hierba, tom los cinco panes y los dos peces y, alzando los ojos al cielo, bendijo y parti los panes y se los dio a los discpulos, y stos a la muchedumbre.

ulan a la vuelta de los discpulos de su misin y muerte del Bautista; Mt, a la muerte de ste; Jn lo inserta en la actividad galilaica de Cristo. Mc-Lc acaso lo sitan evoc

La multitud que oy esto y que le iba a buscar deba de ser en gran parte de gentes que se iban concentrando all para ir a la muy cercana Pascua, en caravanas, a Jerusaln. Ac

Hubo curaciones. Mc dir que se compadeci de ellos porque estaban como ovejas sin pastor, frase de evocacin bblica (Ez 34:5), que aqu tiene su aplicacin por estar a me

Mt pone hecha la tarde, mientras Lc dice que el da comenzaba a declinar. Esto parecera indicar el momento preciso de la hora, pero posiblemente no es ms que un modi

. Aqu est en funcin del tiempo necesario para poder ir a proveerse de vveres y alojamientos (Mc). Lo que no se dice ni se niega es que pudiesen quedar, en algunos, pequeas provisiones de repuesto, de lo que hubiesen llevado, pero que era insuficiente en absoluto para resolver el problema de su abastecimiento. Lo improvisado de la ida y la prolongacin de la enseanza haba terminado con un

Una indicacin cronolgica complementaria a la Pascua es que Jess manda que se sentasen sobre la hierba verde (Mc), y que Jn matiza an ms, mucha hierba verde. Estas condiciones no se realizan en la ribera del Lago ms que desde la mitad de marzo ha

), pero Jn, en este mismo lugar, pone, para lo mismo, “dar gracias” (). En cambio, los sin

pticos en la segunda multiplicacin de los panes ponen dar gracias. Esto hace ver que lo usan como sinnimo, sin que haya que suponerse con ellas una previa accin de gracias a la bendicin, o sta hecha en forma de accin de gracias. La costumbre rabnica haba establecido que no se comiese o bebiese sin bendecir los alimentos, pues equivala a un pecado de infidelidad

Tal se ve al comparar los trminos con los que describen esta distribucin solemne y los de la Cena (Mt 26:26) y Jn (c.6), que une a este milagro el discurso sobre el Pan de vida

Esto en Jn es claro (Jn 6:14.15). Como efecto del milagro — y probablemente de toda la fama de Cristo —, surgi este movimiento del milagro de Cristo multiplicador del pan –man — y en un lugar desierto, lo que evocaba

olitario con los discpulos, para descansar un poco (Mc 6:31a), y, en el segundo hemistiquio, se lee: pues eran muchos los que iban y venan (Mc 6:31) a donde estaban antes del retiro (Mc 9:32). Pero la gente se dio cuenta de su marcha y les siguiero

vs de su fama, un posible caudillo mesinico. Que algo de esto poda estar latente es posible, pues la resolucin de hacerlo rey, que se lee en Jn (6:14.15), fue el chispazo final de un a

biente ante aquel milagro. Pero pensar en que iban all en plan de tramar esta conspiracin, no parece lo ms probable. Pues Cristo, al ver a las multitudes, se conmovi por ellos (Mt-Mc), y cur a sus enfermos (Mt), y comenz a ensearles muchas cosas (Mc), que fue hablarles del reino de Dios (Lc). Si Cristo su

esto por la mente de muchas gentes, como en otras ocasiones pas (Mt 12:23), y precisamente a causa de un milagro (Mt 12:23), y otra muy distinta el que esas idas y venidas supusiesen una ida en plan de complot poltico. Su ida se explica muy bien, como e

Para sostener esta hiptesis se trata de confirmarla con otros datos. En Mc se dice que el nmero de personas alimentadas era de 5.000 hombres. De donde se deduce que eran precisamente slo hombres los que iban para un complot, ya que en Mt (14:21), pues Lc tiene una frase genrica,

se aade: sin mujeres y nios. Para eliminar esto se puede decir que la frase podra, en absoluto, querer decir que eran slo hombres. Podra encontrar esto aparente apoyo en Jn, en donde se dice que, para el milagro, se acomodaron los

bres orientales, estaban separados hombres y mujeres con nios. Pues al desembarcar vio mucha gente (Mc) y cur a sus enfermos, y gentes est normalmente por una multitud de todo tipo de personas de ambos sexos. Ni es creble que fuesen para ser curados slo los hombres.

Tambin, para esto, se interpreta la frase que al verlos los acogi, porque estaban como ovejas sin pastor, en el sentido de que necesitaban un jefe o general, sentido que, en ocasiones, tiene la frase (Nm 27:16v). Pero es increble que los evangelistas la utilicen en este sentido

carse a los apstoles porque deban de estar a punto de unirse al movimiento poltico-mesinico, pero que se produjo despus de la multiplicacin, y que relata Jn (6:14.15). No parece, pues, que se trate de una trama previa, sino de un ambiente propicio — por la fama de Cristo —, lo que hizo estallar, con toda la evocacin mosaica que haba en aquel milagro y en aquella topografa des

Ya tarde, los apstoles embarcaron. Se haban alejado varios estadios de la costa, pues la barca estaba ya en medio del mar (v.24). El estadio era una medida griega de longitud, equivalente a unos 185 metros. Ya en la noche (Jn), Cristo los ve bregar, lucha

s se levant un gran viento, que les era contrario (Mt-Mc), por lo que el mar tena gran oleaje (Jn). La depresin de la cuenca del Jordn en 200 metros bajo el nivel del Mediterrneo fcilmente trae estas marejadas y tormentas. Cristo, desde el mon

gilia de la noche. Los judos de la poca de Cristo haban aceptado la divisin de la noche en cuatro vigilias, aunque los antiguos judos slo conocan tres. Comenzaban en la puesta del sol, sobre las seis de la tarde, nueve de la noche, medianoche y tres de la maana; a sta ll

mana caminase sobre el agua? Ellos gritaron por el miedo. Los apstoles se muestran fciles a estas creencias (Lc 24:37; Act 12:15) en casos de apariciones de Cristo; no son espritus crdulos ni sugestivos a creaciones alucinantes del mismo. Adems, la creencia popular era rica en estas historias

formacin. Y ¿por qu no aguardar a ir con todos en la barca o esperar que El se subiese, pues queran recibirlo en la barca? (Jn). ¿Por qu aquel mpetu suyo? ¡Pedro! Es el Pedro de siempre: el del mpetu, el del amor, el de la flaqueza.

. Se ve en esta escena un tipismo, acaso querido por Mt, relacionado con la hora de las pruebas de la Iglesia naciente. Es en la confianza en Cristo y en su poder como los hundimientos se superan. Pero en el intento de Mt parece estar, primordialmente, el querer desta

. Si esto se interpreta de una proximidad de Betsaida, situada en la costa oriental, acaso fuera posible. Pero si se pone en la ribera occidental, como estaban en medio del lago, y ste tiene de ancho unos once kilmetros, les faltaran sobre unos cinco o seis kilmetros. En este caso, el mil

. En Mt ya se haba hablado antes de la divinidad de Cristo en varios pasajes (dueo del sbado, superior al templo, etctera). En Job, Dios aparece como dueo que camina sobre las crestas del mar (Job 9:8). Y en aquel a

. Aqu caminar sobre el mar era dominarlo, ser dueo del mismo. Pero como en Jn llaman a Cristo, despus de la multiplicacin de los panes, el Santo de Dios (Jn 6:69; Mc 1:24), con sentido mesinico, la expresin de Mt aqu debe de ser una

do antes a causa de las turbas. Pero pronto fue reconocido. La noticia se extendi y le trajeron enfermos de toda aquella regin. Cristo, el tiempo que estuvo all, que debi de ser de breves das (Jn 6:22-25), no residi en un solo lugar, pues le traan enfermos a donde crean que estaba (Mc 6:55.56). Era en su ruta hacia Cafarnam.

sidia. Es una representacin ms o menos oficiosa o al menos en connivencia con el Sanedrn de Jerusaln. No atrevindose a atacar a Cristo de frente, pues estaba rodeado de muchedu

bre (Mc 7:14), plantean el problema a los discpulos, pero se ve bien a quin apuntan. Les plantean un problema para ellos gravsimo. ¿Por qu comen sin lavarse las manos? Pues con ello traspasan la tradicin de los ancianos. Adems, como dice Mc, coman con manos comunes (cf. Mc 7:2.5), que es el equivalente rabnico

El problema que le plantean es por qu sus discpulos no se lavan las manos al comer, pues con ello quebrantan la tradicin de los ancianos. Mc, atento a sus lectores de la gent

pues los fariseos y todos los judos, cuando vienen de la plaza, no comen sin purificarse, y tienen otras muchas cosas que observan por tradicin: la ablucin de los vasos, de las ollas y vasijas de cobre. Y algunos cdices, aunque no se tiene por lect

nan tambin las interpretaciones jurdicas de la Ley, dadas por diversos rabinos. Y, aunque no siempre eran deducciones del texto sagrado, sino que se las inclua en la cadena de la tr

quiera, pero no se poda hacer con la concavidad de la mano. Era necesario que se vertiese el agua sobre las dos manos. Si se haca primero sobre una, Y haba que tener cuidado que la mano purificada no se hiciese impura tocando a la otra antes de estar purificada. El agua, para la purificacin,

cacin tocaba el antebrazo, haba peligro que, al verter la segunda vez el agua, la que haba quedado en el antebrazo pudiese deslizarse sobre la mano, hacindola as impura. Y para esto se resolvi por la casustica rabnica el hacer las dos purificaciones teniendo los dedos y las

. Esto es el exponente de una religiosidad que tenda una tela de araa sobre todos los actos humanos y una serie de trampas, que hacan la religin tan insoportable como odiosa.

la purificacin de las manos (de ese tipo), ser extirpado del mundo. Hay demonios encargados de daar a los que no se lavan las manos (religiosamente) antes de las comidas. Un rabino llamado Elezaro, que despreci esta purificacin, fue excomulgado

Jesucristo no responde a la pregunta — insidia — de los fariseos, sino que toma el problema de ms arriba, hacindoles ver la situacin moral de algunas de estas tradiciones frente a la misma ley divina. Mientras en Mc el mismo contenido reviste una forma ms n

se la vida sin tener a mano medios de cumplir estas prescripciones — algn rabino exiga, faltando el agua, ir por ella hasta una distancia de cuatro millas. Pero la pregunta de Cristo sita el problema de la misma validez de todo este aparato rabnico. ¿Por qu ellos, por ma

El mandato de honrar padre y madre es de ley divina. En el xodo se legislaba honrar a los padres (Ex 20:12), y al que los maldijese se le castigaba con la pena de muerte (Ex 21:17). Un doctor de la Ley jams habra dicho que fuese lcito no honrar a los padres. Para ellos, este precepto estaba considerado como el ms grave entre los graves.

quedaba dedicado a Dios. Pero no implicaba esto el que el sujeto que lo tena tuviese que desprenderse de l. Era como una ofrenda hecha al templo. Y, por tanto, tales bienes u objetos deban ser considerados por los dems como si estuviesen ofrecidos a Dios, al templo. Haba varias f

a Dios, y los padres no podran ser socorridos con ellos. Y as, segn estas tradiciones, a las que llegaban a dar ms valor que al mismo texto de la Ley, resultara que por honrar a Dios se desobedecera a Dios. Y lo que en algun

que no se creyese que esto era un solo caso en su conducta, Mc recoge abiertamente que les dice: Y hacis otras muchas cosas de este gnero. El abuso a que se prestaba esta doctrina del

to en Cristo Mesas, una cita de Isaas (Is 29:13), tomada de los LXX, por su analoga con el caso presente. Era un culto farisaico, de labios y teatral, pero no de corazn.

Al llegar a este punto debi de abandonar a los fariseos (Mt 15:12). El resto se lo dice a la muchedumbre (Mc 7:14), que acaso estuviese con El al venir este grupo de fariseos y escribas. ¿Para qu tanta purificacin? Si hay que purificar las manos por su contacto con los alimentos, es que los alimentos contaminan. Pero esto no es verdad. Dios cre todas las cosas — alimentos — para servicio del homb

ba de terminar su valor disciplinar y ritual, mxime cuando se haca carga insoportable. Si Jesucristo no quiso abolir de momento todo aquello, y si los apstoles, por oportunismo disciplinar, permiten an algunas prcticas en atencin a la mentalidad juda en el concilio de Jerusaln (Act

15:29), el principio haba quedado asentado por Cristo, y ser ya una prctica abrogada (Gal 2:12.14). Se haban acabado los alimentos tab. Un punto especial sobre e

los le dicen que aqullos se escandalizaron de lo que les dijo. Cristo les responde, conforme al sistema semita, con una cierta semejanza, acaso procedente de otro contexto. Toda planta que no plant mi Padre cele

la verdadera religiosidad. Por eso, con su exgesis y sus tradiciones eran ciegos que guiaban a otros ciegos; por eso ambos caern en la fosa. Metfora conocida en la antig

tivo principal de los evangelistas es destacar la fe de esta gentil frente al farisesmo judo. Si Lc omite esta excursin de Cristo por la provincia de Siria, puede ser debido a que no quiere romper el marco geogrfico de Galil

, acaso a tono del pasaje, por parecer que hay cierto desprecio en la misin de Cristo a los gentiles (v.22), o al hecho, molesto para los gentiles, de decir que los judos son, metafricamente, seores de ellos (v.27).

Se pens si Cristo no haba entrado en territorio sirio, sino quedndose cerca de sus lmites, a causa de la vaguedad de la expresin. Pero sta puede indicar el ingres

. Sin embargo, el v.22 de Mt parece sugerir lo contrario, pues esta mujer sali de sus contornos para ver a Cristo. Y ste, entr en una casa (Mc). Pareca sugerir la de algn judo conocido

poso para sus discpulos que no pudo encontrar en la regin de Betsaida (Mc 6:31), y pasar con ellos unos das de formacin y coloquios sobre el Reino. Pero tampoco aqu lo logr (Mc). El pas de Tiro tocaba con Galilea del Norte

. Y de los alrededores de Tiro y Sidn haban escuchado a Cristo en Galilea, junto al Lago, y haban presenciado muchas curaciones (Mc 3:8.11). Mt dir, con motivo de la actividad de Cristo en Galilea, que se haba extend

La noticia de su llegada se supo pronto, y entre los que se enteraron haba una mujer, que era, segn Mt, cananea, y segn Mc, griega de origen sir-fenicio.

Esta mujer, viniendo al encuentro de Cristo, se ech a sus pies (Mc); y gritando al modo oriental, le pide la curacin de su hija, llamndole Hijo de David. Este ttulo era m

sinico (Mt 21:9) y estrictamente judo. ¿Cmo esta mujer cananea emplea este calificativo de uso tan local? Lo ms lgico es que sea un prstamo literario de Mt, aunque no repugnara que fuese un eco de aclamaciones anteriores de las turbas, entre las que haba gentes de estas regiones (Mc 3:8).

Esta mujer, conforme al medio ambiente, atribuye el mal de su hija a un demonio. La sola expresin no basta para dictaminar si se trata de una verdadera posesin diablica o de simples modos populares y crdulos de valorar as las enfermedades (1 Sam 16:14.23; 18:10; 19:9).

tes de Israel que estn cadas por la desorientacin mesinica farisaica. No era ms que el plan de Dios. El judo no slo tena una primaca, por razn geogrfica, para venir a la fe, s

a un rechazar de plano, pues dice que primero atiende a Israel. Y aadi lo siguiente, que parecera muy duro: porque no est bien tomar el pan de los hijos y darlo a los perrillos. Mt slo recoge esta segunda forma; Mc, las dos. La literatura juda c

Se ha hecho ver cmo esta expresin en boca de Cristo no tiene la crudeza que parece para una mentalidad occidental. Estas expresiones y otras ms duras no extraan en el gr

res, le dir que no hace falta que quite el pan a los hijos, sino que, como sucede en las casas, sin quitar el pan a los hijos, los pequeos perrillos comen tambin del mismo pan., slo que de las migajas que caen de la mesa de sus seores. El, que er

poda hacer tambin, y mucho mejor, lo que los padres en el hogar. No era esto, en esta mujer, insistencia machacona, falta de vida. Era todo su corazn el que le creaba una dialct

zo. Fue un nuevo milagro a distancia. La mujer march llena de fe en la palabra de Jess: volvi a su casa y encontr a la nia acostada en el lecho y que el demonio — acaso una enfermedad epilptica — haba salido (Mc).

Cristo, dejando la regin sir-fenicia, viene a la regin de Galilea. En un cuadro general de impacto, las muchedumbres vienen a El y hay curaciones. Mt pone cuatro categoras espec

ue desfallezcan en el camino (Mc), y algunos han venido de lejos (Mc). El lugar es desierto (Mt). Si el hecho sucediese en la Decpolis (Mc 7:31), los pueblos eran pocos.

. Pero ambos estn como sinnimos. En ambos relatos, primera y segunda multiplicacin, se despide a las gentes y se suben a la barca; en Mt El solo se destaca; en Mc, con sus discpulos. El saciarse tiene un cierto valor escatolgico.

3) Mt fue testigo presencial, y Mc, discpulo de Pedro, del que relata su catequesis, deben de saber que son dos escenas distintas. Si no, ¿para qu relatar como distinto un mismo hecho?

3) Las pequeas diferencias redaccionales, v.gr., nmero de hombres, panes, peces, cestas que se recogen, tampoco, en principio, seran dificultad. Podran explicarse bien por ser, como tantas veces se hacen las cosas, relatos aproximados procedentes de fuentes distintas. En un recuento global, lo mismo puede decirse qu

asistieron a un acto 5.000 que 4.000 personas. En cuanto al nmero de panes, son cinco en la primera multiplicacin y siete en la segunda. ¿Es cifra intencionadamente exacta o slo aproximativa? El nmero siete podra tener un valor aproximativo o t

tiplicado, iba a saciar a la multitud. Si las cifras se conservasen fijamente, ¿por qu en esta segunda multiplicacin a los siete panes se contraponen slo algunos pececillos, mientras que en la primera se dan cifras concretas, aparte de histricas, tan del gusto oriental?

4) Ni los evangelios de Mt ni Mc se pueden considerar exclusivamente como obra de ellos, sino mixtificados con otros datos de diversas fuentes. Y stas han recogido los datos histri

Se dira que todo lleva a un duplicado. F. Barth escribe: Marcos haba recibido el relato de la redaccin de otra fuente, adems de los discursos que haba odo de Pedro. El r

lato ofreca, por ello, gran diversidad respecto al primero. El crey, por tanto, que se refera a un hecho distinto y lo insert en su libro. Mt imit a Me; pero Lc tiene el relato como un d

algo flotando. Si es un duplicado por razn de fuentes distintas, el que lo insert — ¿Mt-Mc? —, ¿saba que era un duplicado? ¿Cmo consta esto? ¿Qu inters haba, sabindolo, en repetir una escena que confundira crdulamente al lector? Si no lo

ria. Pinsese, v.g., en Gnesis y en los diversos relatos repetidos, procedentes de fuentes diversas y all insertados; lo mismo que en otros duplicados de los evangelios.

El pasaje termina despidiendo Cristo a las turbas, embarcndose y marchando a los trminos de Magadn segn Mt; segn Mc, vino a la regin de Dalmanuta. ¿Es una misma localidad? ¿Dnde est — o estn — situada? El problema an est en pie, y son muchas las opiniones sobre este tema.

22 II 19:20; III 73; J. Alonso, Cuestin sinptica y universalidad del mensaje cristiano en el pasaje evanglico de la mujer cananea (Mc 7:24-30; Mt 15:21-28): Cult. Bibl. (1963) 274-279; J. Dupont, Jess et les Paiens: Rythmes du Monde (1957) p.76-88.

Ellos admitan sus prodigios, pero lo atribuan a poder de Beel-zebul, prncipe de los demonios (Mt 12:24). Como insidia, buscan comprometerle, al hacerle fracasar con un prodigio de este tipo. No llegan a la pretensin de cie

Por eso, en este ambiente de convencionalismo le piden astutamente una seal del cielo. No les vale un prodigio cualquiera al alcance de la mano; ha de ser una seal que no estara al alcance de sus manos, v.gr., una lluvia de m

La respuesta de Cristo no es una capitulacin a un capricho insidioso, pero s es una irona celeste tomada de los signos de los tiempos. Es la experiencia cotidiana meteorolg

Cristo los califica generacin mala y adltera. La expresin de esta generacin sobrepasa los interlocutores inmediatos y se refiere a la generacin juda

a la Ley y a Yahv, que era su esposo. Ambas expresiones orientan marcadamente al mesianismo. Son las calificaciones que el Deuteronomio da a la generacin del xodo (Dt 32:5; Sal 95:10; Act 2:40). No en vano se esperaba que en los das mesinicos hub

Cristo da un signo, pero no el que ellos piden, ni para cuando ellos lo piden, sino el que est en el plan del Padre, y el supremo signo que da es la seal de Jonas. Como seg

cin. El gran milagro, ms sorprendente que los espectaculares e infantiles prodigios rabni-cos que se esperaban para acreditar al Mesas. ¿Podra pensarse acaso que Cristo slo respo

Despus de abandonar la disputa con aquel grupo de fariseos y saduceos. Cristo se embarca a la otra orilla (Mt), la oriental, pues desembarcar en Betsaida (Mc 8:22). El tema viene sugerido por la tentacin de la seal pedida.

rromperla (1 Cor 5:6; Gal 5:9) — altera la masa para hacerla a toda fermentar —, as era la accin disolvente de los fariseos en las masas. En este sentido tambin la usaban los rabinos

seos, que es la hipocresa (Lc 12:1). Y en otro contexto de Mt, Cristo dice a los fariseos: ¡Ay de vosotros, fariseos, hipcritas., que ni entris vosotros (en el reino) ni permits entrar a los que quieren entrar! (Mt 23:13). Con su conducta y con sus doctrinas corrompan la m

sa de Israel. Son los ciegos guas de otros ciegos, que caern en la fosa (Mt 15:44). Hasta aqu era ponerlos en guardia contra la enemistad declarada hacia El. Pues tan corruptora era su doctrina y su actitud frente a El, el Mesas, que buscaban destruir su obra: desacreditarle, boicotearle,

Ante esta observacin de Jess, los apstoles no comprenden el propsito por que lo dice. Y lo relacionan, ingenuamente, con su falta de provisiones de pan. Lo cuchicheaban entre ellos (Mc). Aunque Jess, probablemente, se dio cuenta que rumoreabanMc), Mt pr

Mc pone de la levadura de los fariseos y Herodes. A la hora de la composicin de Mtg, a Herodes, ya desaparecido y olvidado, se lo sustituye por el equivalente enemigo hostil del reino de Cristo, los saduceos.

Los tres sinpticos colocan este episodio encuadrado en otros hechos histricos bastante aproximados. Despus de su llegada a Dalmanuta-Magadn, Jess va a seguir por la Galilea del Norte, para internarse en los dominios de la tetrarqua de Filipo.

Jess, en su ruta por la regin de la tetrarqua de Filipo, probablemente sigui el curso del Jordn, atravesndolo, verosmilmente en su curso anterior, junto al pequeo lago Houleh. Es una llanura de singular fertilidad. La capital de esta tetrarqua era Cesrea. Haba constru

do esta ciudad el tetrarca Filipo, dndole el nombre de Cesrea en honor de Augusto. Distaba de Betsaida 40 kilmetros, lo que significa un largo da de camino. Sobre una gran rocosidad de Cesrea, Herodes el Grande haba ya levantado un esplndido templo de mrmol blanco en honor de Augusto

. Se ha descrito a los apstoles all en medio del camino, mudos de un silencio elocuente, con los ojos fijos en el templo de Augusto, que dominaba sobre la ciudad y la campia, desde lo alto de la roca.

Si estaban en la proximidad de la ciudad, sera muy probable que Jess hubiese utilizado aquella vista de la roca-templo para exponer la nueva roca sobre la que edificara su Iglesia. Era el estilo pedaggico de J

Es en este lugar y momento cuando Jess, dirigindose a los discpulos, les hace abiertamente esta pregunta: ¿Quin dice la gente que soy yo? Jess no lo ignoraba por su conocimiento sobrenatural, pero tambin lo que pensaba la gente de El lo saba, como los apstoles, por el rumor popular. ¿Por qu les pregunta primeramente a ellos lo

gieron eran stas: Jess, para unos, era Juan Bautista, sin duda resucitado, como sostena el mismo Antipas. Pues esta opinin haba cobrado cuerpo entre el pueblo, ya que Lc mismo dice que Antipas estaba preocupado con la presencia de Jess, puesto que

Para otros, Jess era Elias. Lc recoge en otro lugar esta creencia popular. Jess era, para diversos grupos, Elias, que haba aparecido (Lc 9:8). Segn la estimacin popular, Elias no haba muerto, y deba venir para manifestar y ungir al Mesas

Por eso, despus de or lo que las gentes pensaban de El, se dirige a los apstoles para preguntarles abiertamente qu es lo que, a estas alturas de su vida y de su contacto de dos aos con El, han captado a travs de su doctrina, de su conducta, de sus milagros. Era un momento sumamente trascendental. Si no fuera que Jesucristo tena un conocimiento de todo por su ciencia sobrenatural, se dira que esperaba impaciente la respuesta d

Los tres sinpticos no dicen la respuesta que hayan podido tener stos. Slo recogen la respuesta que le dirigi Pedro. Todos los detalles se acumulan en la narracin de Mt para indicar no slo la precisin que interesa destacar, sino con e

La ausencia de ella en Mc-Lc es decisiva. Si en Mt hubiese sido primitiva, de seguro que no faltaba en Mc-Lc. Sera increble la supresin de la misma, a no ser que la quisiesen considerar como sin

dero Hijo de Dios, no deja de ser muy importante. Adems, la divinidad de Cristo, que est en su enseanza histrica, es tesis comn que no se percibi entonces con claridad hasta de

pus de Pentecosts. Lo que no es admisible es decir que esta segunda frase es equivalente a la primera, y con la que se indica — la segunda — la su pe re mnente autoridad de Jess en trminos de relacin con su Padre (Bonnard, o. y 1. c). Pues la primera, que es el Mesas, indica su relacin supereminente de autoridad con Dios — el Padre — que lo enva. Tambin se puede aadir que, si esta

Luego le da la precisin de su nombre y su filiacin. Es uso muy judo dar despus del nombre de las personas, mxime cuando se quiere fijar bien la precisin y exactitud de la misma, el nombre de su padre, expresado por la palabra

so — obras y enseanzas del Cristo — y ser proclamado aqu, o haber tenido entonces una manifestacin sobrenatural. Mt toca este tema de la revelacin divina a los pequeos (Mt 11:25.26). Mas dado que despus de la confesin de Pedro reconociendo a Cristo slo como Mesas en Mc-Lc, y no recogerse en sus pasajes ninguna felicitacin de Cristo a Pedro, p

Glatas se dice de Santiago, Pedro y Juan que son columnas de la Iglesia (Gal 2:9). Pero se trata de fundamentos secundarios. As, en la cita de Efesios se dice que la Iglesia est fundada sobre el fundamento de los apstoles y profetas, que son proba

dadero fundamento de la Iglesia. Lo son en el sentido de que la fe y los creyentes no pueden tener otra fe que la de los apstoles y profetas, que son los que ensean esa verdad, que est construida sobre la piedra angular de Jesucristo (Ef 2:20). Es lo mismo que se dice en Gal

sa el edificio o casa a que la puerta afecta. As, unas veces significa el palacio real, y otras est expresando una ciudad. Los autores hacen ver cmo se perpeta an esta mentalidad al llamarse el imperio otomano la Sublime Puerta.

contra la Iglesia. Este verbo () indica actividad, lucha hostil (Col 1:13; Ef 6:12). Son dos reinos en lucha, pero anuncindose la victoria definitiva del primero. Pues estas “puertas” no podrn “prev

n se refiere? San Efrn pensaba pudiese concordar con piedra, y as no poda esta lucha superar a Pedro. Pero la regla de sintaxis exige que la concordancia se haga con el sustantivo ms prximo. Por eso se refiere a l

tica ratificacin en el cielo. Estas expresiones atar y desatar, que ya se usan en el A.T., aparecen como trminos tcnicos en la literatura rabnica, ambiente neo testamentario. Significan declarar lcita o ilcita una cosa.

lo que, = todo lo relacionado con esta misin — cuanto permita o prohiba en el reino, todo eso ser tambin ratificado en el cielo. Y eso garantizado por Cri

Los tres sinpticos aadirn, despus de esto, que Jess prohibi a los discpulos que a nadie dijesen que El era el Cristo (Mt). Dada la efervescencia mesinica que haba,

Nuestro Seor y sus discpulos se dirigieron desde Betsaida hacia los lmites de Cesrea de Filipo.Esta ciudad, antes llamada Paneas, se hallaba en la frontera norte de la tribu de Neftal, en el origen del Jordn, al pie del monte Lbano. Fue ampliada y embellecida por el tetrarca Filipo quien le dio el nombre de Cesrea en honor del Cesar (el emperador romano Tiberio).Esta Cesrea de Filipo debe diferenciarse de otra ciudad llamada Cesrea, situada en Palestina sobre la costa del mar Mediterrneo.

cpulos elegidos por l para difundir sus enseanzas aun no estaban preparados para llevar a cabo su gran misin. Por ese motivo, Nuestro Seor buscaba frecuentemente la manera de quedarse a solas con ellos para conversar y acostumbrarlos a la idea de que el M

sas no era como ellos suponan un rey terrenal que someter para Israel a todas las naciones de la tierra. Por el contrario, este rey cuyo reino no pertenece a este mundo, ser crucificado y luego res

Los discpulos respondieron que el pueblo tena distintas opiniones sobre l. As, en la corte de Herodes Antipas crean que Jess era Juan el Bautista resucitado. El pueblo sostena que l era uno de los grandes profetas del Antiguo Testamento. Mientras unos decan que se trataba de Elas, otros opinaban que Jess era Jeremas u otro profeta. Exista la creencia popular, que la venid

Los Evangelistas Marcos y Lucas se limitan a transcribir esta respuesta agregando tan solo que Jess prohibi a sus discpulos hablar sobre este tema con alguien. San Mateo es ms explc

porque Pedro haba dicho antes: T eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Y por eso le dijo el Seor: sobre esta piedra que acabas de confesar edificar mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecern contra ella. Desde su primer encuentro con Simn, Nuestro Seor lo llam con el nombre griego Pedro o Khefas en sirio-caldeo, que quie

bsolutamente. Esto se aprecia en el texto griego del Evangelio al que es necesario recurrir siempre que surja una duda. La palabra Petros, aunque significa piedra es reemplazada luego por petra que quiere decir roca. Es evidente que en las palabras del

s sino a travs de la revelacin que te hizo mi Padre celestial. Y ahora yo te digo que no en vano te llam Pedro, pues aquello que tu confesaste es el fundamento de mi Iglesia que ser invencible y ninguna fuerza hostil del infierno prevalecer contra El

Desde entonces no significa en Mt una contigidad inmediata; es por esta poca cuando Cristo comienza a anunciarles su muerte. Era un momento ya oportuno. Haba que corregirles el concepto errneo del medio ambiente.

3) All ser condenado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas (Mt): el sanedrn con sus tres clases componentes. Los que haban sido sumos sacerdotes seguan siendo miembros del sanedrn y gozando honorficamente de este ttulo

, y se los llama tambin prncipes de los sacerdotes (Act 4:5.8). Podra ser sta una acepcin popular. Entre stos figuraban tambin miembros de familias de las que se haban elegido miembros para el sumo sacerdocio

4) All sufrir mucho y ser entregado a la muerte. Pero al tercer da resucitar. Mientras Mt-Lc ponen la resurreccin en el tercer da, Mc, con redaccin ms primitiva,

de tres das, que en la apreciacin juda, como ya se expres, no exige tres das completos. Aparte que en los LXX (Gen 42:17.18) y en los autores ms tardos, ambas expresiones parecen sinnimas.

Mc aadir que Cristo, sobre este anuncio, se lo deca claramente. Sin embargo, es interesante resaltar que estas predicciones, tal como estn redactadas, parecen tener en cuenta los hechos ya realizados; de ah su matizacin. Lo cual no es quitar nada al co

ocimiento de Cristo, sino que ste, que se amolda al modo ambiental de hablar, seguramente se amold, en este caso, al gnero proftico. Y ste tiene sus leyes. La principal de las cuales suele ser el estilo vago con vaticinio nuclear claro. Lo otro pue

Los tres sinpticos sitan este pasaje inmediatamente a continuacin del anterior relato. Sin embargo, el entonces de Mt no tiene ms valor que el de simple unin literaria paratctica. Por eso no se puede precisar que estas enseanzas hayan tenido lugar en la regin de Cesrea de Filipo. Probablemente este bloque tiene, en el intento de los evangelistas, un contexto lgico con lo a

terior. Expuesto el anuncio de la pasin y muerte de Cristo, se le advierte al discpulo que ha de imitarle, y que se le anuncian as las persecuciones que le aguardan. En Mt-Lc, Cristo se dirige a los discpulos; en Mc, adems de los discpulos, convoca

tud. Probablemente es para indicar la universalidad de la enseanza. Parte de los dichos aqu insertados, Mt los trae en el discurso de misin (Mt 10:38-39). Tambin Lc pone en otro contexto algunas de las sente

ra que quiera venir en pos de m. Y, adems, tomar su cruz, que Lc matizar de cada da; y llevar esta cruz y seguir a Cristo. La sentencia est vista con la portada de las exp

ral para el ingreso en el reino — y que adems Lc le da tambin un sentido ms moral, al hacer ver la cruz de cada da. Las persecuciones contra la Iglesia naciente ya se haban de

Estas las sintetizaron en la cruz. Aunque la cruz era de uso penal romano, los judos haban visto ya estos cortejos ir a la muerte. Al morir Herodes el Grande, Varo haba hecho crucificar a 2.000 judos

. El mismo hecho de la crucifixin de Cristo con dos ladrones no era ms que un episodio usual de estos procedimientos romanos. La entrega a Cristo en las persecuciones poda llegar a la muerte.

cin se pens en el Cirineo llevando la cruz detrs de Cristo (Lc 23:26). Este es su sentido primitivo. Analgicamente, y en un orden etizado y cotidiano, ha de tomrsela cada da (Lc 9:23; 1 Cor 15:31). Mc insistir en que esta persecucin y prdida de la vida es por mi causa y por

A esto se aade una comparacin: ¿Qu aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma? Alma, conforme al uso semita, est por vida. La comparacin era pr

. En esta hora, El mismo, el Hijo del hombre, vendr a ejercitar este juicio en la gloria de su Padre (Mt-Mc), y que Lc dir que es su gloria, adems de la del Padre, que cita. Y los tres resaltan el elemento anglico apocalptico que le acompaa: vendr tambin acompaado de sus (Mt) santos ngeles.

ss se avergonzar de los que tuvieron esa actitud de desprecio a El ante esta generacin adltera y pecadora. Dos expresiones cargadas de sentido bblico y que orientaban, como antes se dijo, al mesianismo

La enseanza que aqu se hace es una afirmacin muy solemne. Jess, lo recogen los tres evangelistas, antepone la expresin amn, traduccin literal del hebreo, con lo que resalta la verdad de lo que ensea.

llamente, que algunos de los aqu presentes no morirn sin que vean al Hijo del hombre venir en su reino? (Mt). Pero manifiestamente no se puede referir esto a la parusa. Y esto no slo porque supondra error escatologista en Cristo, sino tambin porque El mismo dijo que de esa hora

. Ser, pues, una manifestacin de poder que har ver a algunos de la misma generacin contempornea de Cristo la presencia del reino de Dios, y, en consecue

ino de Dios (9:27). ¿Lo omite deliberadamente, para evitar dificultad? ¿Lo recoge as en la fuente? ¿O es una frase elptica, que supone lo mismo de Mt-Mc? ¿O acaso es por su gen

no). Pero esta posicin parece requerir una mayor perspectiva de tiempo, en funcin de esa generacin presente, ya que, de hecho, no slo algunos, sino toda esa generacin lo pr

Ciertamente los primeros cristianos han medido esta proximidad pensando en algunas decenas de aos. El error se explica, psicolgicamente, de la misma manera que se fijan datos prematuros para el fin de una guerra, una vez que se est persuadido que la batalla decisiva tuvo lugar.

Un dato sobre esto se ve en la segunda epstola de San Pedro, cuya composicin debe ser muy cercana al Mtg — sobre el a. 80 —, y en la que algunos se quejan, diciendo: ¿D

de est la promesa de su venida — parusa — ? Porque desde que murieron los padres — la primera generacin cristiana — todo sigue igual (2 Pe 3:4; cf. 2 Pe 3:16). Es una valor

La place de Mt 16:16-19 dans la traditbn pnmitive, New Testament Essavs Studies in Memory of T. W. Manson (1959) p.94-105. — 35 Benoit, en Rev. Bibl. (1953) 171. — 36 Braun, L'Apdtre Fierre devant l'exegese et fhistoire: Rev. Thom. — 37 Graber,

Peter's Double confession in Mt 16:16-19: Heythrop Journal (1962) p.31-41; B. Alfrink, en Bibl. (1962) p.258-259" P. Milward, The Rock of the N.T. (Mt 16:17-19): The American Ecclesiast. Review (1963) 72-97. — 38 Holzmeister, Christus passio

El relato tresinptico de la transfiguracin de Cristo no deja de chocar por su mucho ropaje maravillosista en contraste con la ordinaria sobriedad prodigiosa de la vida evanglica de Cristo y por su semejanza con determinados procedimientos literarios ambientales. Sin e

do por la Iglesia primitiva, de una hora importante de la vida de Jess (Bonnard, o.c.i p.253). Se puede, para mejor estudiar el tema, considerar tres puntos: 1) ¿Por qu Cristo tiene este desplazamiento — a donde sea — en su vida?; 2) ¿qu fue esta transfiguracin?; 3) ¿cu

to (Jn 6:15b), para rechazar un ambiente cargado de mesianismo ambiental, nacionalista. La cronologa que se da en Mt-Mc de seis das despus., no as la de Lc, se relacionara con los seis das que separaban el gran da de la Expiacin y el comienzo de la fiesta de los T

pus del comienzo de la fiesta, en su da sexto, vigilia de la conclusin litrgica y popular de la fiesta (cf. Lev 23:36; Dt 16:13; cf. Jn 7:37; cf. Jn 7:2). Sera, por tanto, en aquel ambiente de excitado mesianismo, y Cristo ya muy conocido, donde podra haber peligro de una r

vuelta, y querer hacerlo lder mesinico de ella (cf. Jn 6:15). Cristo, ante esta situacin, huira de la turba. Estas ausencias de ella son conocidas (cf. 14:13.23; 20:17; 24:3). Con l llev los tres discpulos predilectos. ¿Acaso para ejecutar la maniobra de modo ms de

haya contactos o posible evocacin de la fiesta de los Tabernculos, se quiere ver en Mt v.4; Mc v.5; Lc v.33, en que Pedro propone hacer all tres tabernculos. ¿Para res

lo sale aqu y en 2 Cor (3:8) y Rom (12:2), en el sentido de un cambio real, pero espiritual e interno. En cambio, en textos judos tiene el sentido de una transformacin visible (Ex 34:29; Apoc. de Bar 51:3.5.10).

Los evangelistas no dicen el lugar topogrfico concreto de esta escena. Slo dicen que subi a un monte muy alto. Se pens fuese el Hermn (2.793 m.); la trad

. En la poca de Cristo parece que haba all una fortaleza. Por lo que no parecera el lugar ms apropiado para ir a orar (Lc) y para tener all una transfiguracin. Este tipo de montes altos suele ser tambin escenario de manifestaciones apocalpticas, v.g., las tentaciones de Cristo (Mt 4:8); incluso se los pone en vis

blemente, ms valor como elemento ambiental-teolgico. Y probablemente no sea ajena a toda esta escena a describirse, comenzando por el monte, la evocacin de Moiss-Cristo que es el nuevo Moiss, nuevo Legislador subiendo al Sina, donde Dios le hablar; do

La descripcin que de ella hacen los evangelistas est hecha con rasgos sorprendentes. Segn Lc, sucedi mientras oraba: tema tan destacado por Lc. La escena sucede cuando los tres apstoles estaban descansando y medio dormidos (Lc 9:32). Dan de esta transfiguracin la descripci

Aparecen hablando con l Moiss y Elas, que aparecen igualmente resplandecientes (Lc). Eran el smbolo de la Ley y los profetas. Elas, en la conciencia p

Ambos estaban hablando con Cristo (Mt-Mc). Es slo Lc el que pone el tema de la conversacin: hablaban de su muerte, que haba de tener lugar en Jerusaln. ¿Por qu om

ten sta Mt-Mc? Parecera suponerla en lo que les dice al bajar del monte: que nada digan hasta que resucite de entre los muertos (Mt-Mc). En cambio, Lc omite estas advertencias, aunque tambin las sup

As Moiss y Elas lo acreditan a l contra fariseos y doctores de la Ley (cf. Jn 5:46.47), tanto contemporneos como polmicos a la hora de la composicin de los evang

en el Tabernculo (Ex 14:24; 16:10; 19:9; 33:9; 34:5; 40:34; Nm 9:18-22; Lev 16:2.12.13), lo mismo que aparece as en la dedicacin del templo (2 Par 5:13.14; 7:1-3). En la anunci

Uno de los smbolos ms caractersticos del A.T. est aqu en juego. Por eso los apstoles, al ser cubiertos por la nube, tuvieron miedo (Mt-Lc). En el A.T. se deca que no se poda ver a Dios y vivir (Ex 33:19; Lev 14:13; etc.). Esto es lo que se acusa aqu.

Los LXX vierten el nombre de el hijo amado por yahid = nico (Gen 22:2.12.16; Jer 6:26; Am 8:10; Zac 12:10; Prov 4:3). Por eso, el Amado, por excelencia, viene a responder al nico o Unign

Presentado el Mesas verdadero, a un tiempo Dios y Mesas doliente, no cabra ms que una actitud ante el Enviado de Dios: Escuchadle: en su doctrina, en su mesianismo, en su enseanza de pasin y muerte. Esta es la voz y el mandato del Padre. No se puede, pues, nadie escandalizar de Cristo-Mesas. Es a l, y no al Mesas del farisesmo, al que hay que esc

escena de la transfiguracin es una transposicin de una escena del ciclo de la resurreccin de Cristo. Entre otras razones, porque las palabras T eres mi Hijo (Sal 2:7) slo se aplicaban a Cristo despus de la resurreccin.

La teora de Bultmann es gratuita. No pertenece la escena al ciclo de la resurreccin, cuando toda ella est revelando el mesianismo doloroso del Siervo de Yahv, aunque co

blemente esta escena tuvo lugar en das de la fiesta de los Tabernculos, en los que, junto con la Pascua, se excitaban los mpetus revolucionarios de los zelotes y sus grupos, junto con el contagio popular por la liberacin de Israel. Si no se les frenaba, mxime supuesta la histor

cidad de lo visto, se les poda exacerbar el sentimiento del movimiento nacionalista. Y los apstoles y las gentes galileas comenzaban a comprometerse en movimientos poltico-mesinicos en torno a Cristo (Jn 6:15; Mt 14:22).

Este hecho de su mesianismo les evocaba otra objecin ambiental. Si El era el Mesas, ¿por qu no haba venido el profeta Elas, que en la creencia popular se lo supona vivo y se lo esperaba como condicin previa para ungir y presentar al Mesas a Israel? Era esto una creencia ambiental muy elaborada por los rabinos, basada en una interpretacin materialista de un pasaje de Malaquas (Mal 3:23)

. Adems, en la creencia ordinaria de Israel estaba que la resurreccin de los muertos coincidira con el final de los tiempos, aunque para alguna concepcin rabnica coincidira el mesianismo con el juicio y consumacin escatolgica

inos a este propsito. Acepta que Elas debe venir a restaurarlo y prepararlo todo conforme a Malaquas, pero no con un Elas revivi, sino por uno que en el espritu y virtud de Elas ha de venir (Mt 11:14). Por eso, los discpulos comprendieron que

ra, que del Bautista podr decir Mc (9:13) que hicieron con l como estaba escrito. Elas tuvo celo y fortaleza por la ley de Yahv, y fue perseguido por Acab y su mujer Jezabel; as el Bautista, con el celo y fortaleza por la Ley, fue perseguido y muerto por Antipas, instigado por su mujer Herodas.

Y si en el ambiente estaba que Elas sera el precursor del Mesas, esto fue el Bautista con Cristo, el Precursor del Mesas, que prepar su venida y lo present a Israel. Y lo que era una concepcin ambigua y nacional, tuvo en el Bautista una realizacin espiritual e hist

Djoles: Por vuestra poca fe; porque en verdad os digo que, si tuviereis fe como un grano de mostaza, dirais a este monte: Vete de aqu all, y se ira, y nada os sera imposible.

es qu es lo que discutan con aqullos. Acaso para situar, si era preciso, las cosas en su punto. Aliados de atrs los escribas con los fariseos (Mt 15:1), que no slo ponan emboscadas dialcticas a Cristo, sino que ya haban resuelto perderle (Mt 12:14

Segn las concepciones errneas de los antiguos orientales, la enfermedad, como mal, era causada por un espritu. As, Sal, que aparece con unos sntomas neurticos tpicos, es descrito en su estado nada menos que por haberle Yahv enviado un mal espritu (1 Sam 16:14). Precis

ss, ni para sus curaciones ni para acusar su poder de taumaturgo, necesita dar precisamente un diagnstico cientfico. Como tampoco corrige en cada caso lo que era creencia vulgar: que toda enfermedad era efecto de u

sos de curaciones demonacas, parece que es el contexto el que valorar, en simple exgesis, si se trata de una verdadera posesin o de una acomodacin al lenguaje ambiental.

cmo este tipo de enfermos estaban especialmente expuestos a mil peligros externos, entre ellos el de caer al agua de los ros o del mar. Podra ser tambin un caso de semidesesperacin producido por efecto de los hab

mas epilpticos. Parece estar en cierta analoga con los casos de endemoniados, que a la vista de Cristo le reconocan y pedan no los perdiese (Mt 8:28.29). Sin embargo, el ataque pudo producirse entonces por efecto de la misma emocin. El hecho de que el espritu malo lo arroja al fuego para hacerle perecer, segn la descripcin popular de Mc, no postula, en absoluto, una verdadera posesin diablica, sino una redaccin colorista y ambiental de Mc, y tambin de Lc, en contrast

. Pero de Cristo le viene el nimo preparatorio: Todo es posible al que cree (Mc). Es el boicot que se nota en los evangelios a la obra de Cristo; su obra milagrosa la realiza en funcin de la confianza, no es una obra de magia. Y esta fe surge en l: ¡Creo, ayuda mi incredulidad!

pus de tantos prodigios hechos. ¡Oh generacin incrdula y perversa! ¿Hasta cundo voy a estar con vosotros y os voy a sufrir? (Lc). ¿Por qu no admitan sus prodigios, y por qu no sacaban las consecuencias de sus signos? Este luntico era tipo de esta generacin p

Cristo manda traer al enfermo. Al acercarse, Cristo increp al espritu, y se produce una convulsin violenta hasta quedar como muerto. En Lc el relato cambia. Se lo trae, se produce la convulsin, y viene la increpacin de Cristo al espritu. Son las pequeas varia

cin instantnea de una epilepsia, si no se admite la posesin diablica, cuando se halla en estado de trance, no admite hiptesis sugestivas. Lo que, por otra parte, nada resolvera, ya que una lesin orgnica de la corteza cerebral no se puede curar por sugestin, menos an cuando la sugestin no cabe por hallarse en estado de inconsciencia, ni por suceder instant

Aunque la respuesta final es la misma en Mt-Mc, Lc la omite. Mt intercala un preludio en el que les habla de vuestra poca fe. Acaso, en la subconsciencia, confiaron en su poder como si fuera propio de ellos, sin acusar plenamente su reconocimiento y dependencia al dador de carismas.

La comparacin que utiliza sobre el grano de mostaza y el trasladar montes eran metforas usadas en el ambiente rabnico. Como trmino comparativo de lo mnimo se usaba el grano de mostaza, lo mismo que el trasladar un monte era metfora usual para indicar que una cosa se realizara fuera de los modos ordinarios

Esta clase, es decir, esta raza: los demonios.; o puede admitir otra ms especfica: esta clase de demonios. Los que admiten esta segunda interpretacin se basan en que los apstoles ya haban expulsado demonios (Mc 6:13), por lo que aqu se precisara una especie de ellos. Pero la razn no es convincente. De ser as, no cabra duda de que

se trataba de un caso de verdadera posesin. Pero la primera interpretacin es completamente posible en este mismo contexto. Su sentido sera: esta clase, las enfermedades que se atribuan a los espr

Es decir, con el recurso pleno a Dios, que concede libremente el uso de estos carismas, y sin que el hombre los mistifique y boicotee con una semiconsciente autosuficiencia suya o con una falta de recurso y confianza plena — poca fe — en Dios. Era, en el

Ya se indic a propsito de la primera prediccin de su pasin y muerte (Mt 16:21-23 par.) la probabilidad de que estas predicciones estn matizadas, con relacin a su anuncio primit

Mt destaca que los apstoles, al orla, se pusieron muy tristes. Esto prueba que el vaticinio fue, al menos nuclearmente, suficientemente claro, y que ellos lo comprendieron. En cambio, Lc dir que no saban lo que significaban estas palabras, que estaban veladas, de manera que no las entendieron. La redaccin de Lc refleja la forma ms primitiva. Slo dice: El Hijo del hombre ha de ser entregado en poder de los hombres. Sin embargo, en Mc, muy matizado, dir que no lo entendieron.

sas y hubiese de padecer. Pero les quedaba sufrimiento, pues sus vaticinios se cumplan. Y acaso obedezca a esto lo que dicen Mc-Lc: que teman preguntarle, pues a la protesta de Pedro, en la primera prediccin, de que esto no sucediese vino la rplica confirmativa de Cristo. Era incomprensin ambiental.

Y l respondi: Cierto que s. Cuando entr en casa, se acerc Jess y le dijo: ¿Qu te parece, Simn? Los reyes de la tierra, ¿de quines cobran censos y tributos? ¿De sus hijos o de los extraos?

El tributo tena el siguiente origen. Moiss haba prescrito un censo, y, conforme al nmero de los varones censados, cada uno pagara medio siclo al santuario (Ex 30:11-16). En tiempo de Nehemas, este impuesto era de un tercio de siclo al ao (Neh 10:32). Habiendo crecido las necesidades, posteriormente se elev a medio siclo de plata (Mt 17:24)

Con esta ocasin Cristo le hace a Pedro una pregunta, que va a ser una enseanza. Los reyes de la tierra cobran los impuestos, no de sus hijos, sino de los otros ciudadanos — si no tiene el sentido de ciudadano del pas frente a pueblos sometidos —. Los hijos son consider

La comparacin — pequea parbola — est tomada de la vida real y aplicada a Jess y los suyos, en contraposicin a los dems. Pero sobre todo a El. Jess abiertamente reconoce y proclama su absoluta independencia frente a las leyes tributarias del templo, que era hom

naje, en ltimo trmino, a Dios. La parbola iba a tener algo de alegora. Los hijos estaban exentos. Pero Pedro haba proclamado haca an poco, por revelacin del Padre, que Jess era el Hijo del Dios viviente. Jess se situaba as en la esfera de su Padre. Por eso estaba exento del tributo al templo. Pero con l estaban asociados y exentos los discpul

plo (Mt 12:6). Por eso, El dispensaba las leyes, pues era seor del sbado (Mt 12:8). De esta conducta de Cristo concluyen Strack-Billerbeck: De la prueba alegada por Jess para su exencin de la didracma, se sigue que reivindica para s, ante Dios, un lugar que jams ha convenido a un israelita.

Para evitar el escndalo hace un milagro. Manda a Pedro que se acerque al lago, junto al que estn, y que en la boca del primer pez que pesque hallar una moneda — un estater — y con ella pagar por los dos. El estater vala cuatro dracmas, que era lo justo para p

Se propona que Cristo mand a Pedro a pescar, y que la primera pieza lograda se vendi en este precio. Pero no lo dice el texto, y se valorara en una cantidad desproporcion

8 Dabrowsk, La transfiguracin de Jess, vers. del pol. (1939); Vost, De Bap-tismo, Tentaiione et Transfiguratione lesu (1934) p. 141-156; Zielinski, De ransfigura-tione lesu: VD (1948) 291-303.335-343; Baltensweiler, Die Verklarung Jesu Histo-risches Ereignis und synoptische Benchte (1959); Rlesenfeld, fesus transfigure (1947); George, La Transfiguration: Bible et Vie Chrt.(1960) 21-25; Hoeller, Die Verkla

rung Jesu (1937); Caird, The Transfiguraron: Expository Times (1955-1956) 291-294; Fonck, en VD (1922) 72-79; A. Fenillet, Les perspectives propres a choque evangeliste dans les recits de la Transfiguration: Rev. Bibl. (1858) p.281-301; X. Leon-Dufour, Eludes d'

vangile. La transfiguration de Jess (1965) 83-122; M. Sabbe, La redaction du rcit de la Transfiguration, en La Venue du Messie (1962) 65-100; P. Miguel, Le Mystere de la Transfiguration: Les Quest. Liturgiq. et Paroiss. (1961) 194-223; P. De Surgy,

on este captulo comienza la seccin del cuarto gran discurso del evangelio de Mt. En l se agrupan, artificiosamente, una serie de consignas, en parte morales, a sus discpulos, au

Son recogidos varias veces en el evangelio estos celos y ambiciones de los apstoles por los primeros puestos en el reino. Son todava los hombres galileos y judos que se figuran a su modo lo que ser el Reino.

rreccin de la hija de Jairo (Mc 5:37). Abiertamente, un da la madre de Juan y Santiago le pedir a Jess los dos primeros puestos en su reino (Mt 20:20-21; Mc 10:35-37), lo que pr

dujo una serie de protestas en los diez que oyeron esto (Mt 20:24; Mc 10:41). Todava a la hora de la ltima cena se producen estos altercados de ambicin en ellos (Lc 22:24); lo que hizo a Cristo darles una leccin terica sobre esto (Lc 22:25-27) y otra prctica con el lavatorio de los pies (Jn 13:6-17).

Con esta psicologa an ambiciosa, se suscit un da en Cafarnam, en el camino (Mc v.33.34), una de estas discusiones sobre quin de ellos es el mayor en el reino de los cielos.

cansar, pues venan de camino, para expresar con un signo ms su leccin magisterial. Llama a un nio y lo puso junto a s (Lc), pero en medio de ellos; la expresin griega en m

El que se haga pequeo como nio — que podran ser tambin los desestimados en la comunidad eclesistica —, se es el ms grande en el reino de los cielos. Mc lo expresa con frmula ms primitiva:

Los fariseos se crean con derecho al reino (Mt 3:9). Pero ste — y sta es la leccin — se da como puro don gratuito de Dios. Lo mismo que los puestos en l. Se lo ha de recibir co

de los nios. Acaso ms que por sus condiciones morales — inocencia, simplicidad —, por la valoracin social en que se los tena en aquel ambiente: el nio era considerado como sin valor. En el tratado

despus de analizar el poco valor social que tiene el nio, se dice esto: He aqu el principio: todo el tiempo que vive no es tenido ni como vivo ni como muerto; si muere, es considerado muerto a todos los efectos.

ginal de la frase, probablemente, se refera al reino y a las luchas farisaicas contra l. En el Mtg parece tener una mayor amplitud moralizadora todo este pasaje, incluso polmico.

La gravedad del escndalo se expone con el grafismo oriental. El amor al prjimo exige desearle el bien, y el escandaloso lo empuja al mal. Sapiencialmente hablando, esto le condena. Por eso, le vala ms que lo arrojaran al mar — con el grafismo descriptivo que ut

Si a una persona la escandaliza el pie, la mano o el ojo, vale ms cortarlos y echarlos de s que entrar con todos los miembros en el infierno. En varios cdices se aade al v.44 de Mt, y al v.43 de Mc: donde el gusano no muere ni el fuego se apaga; pero no par

andaliza un ojo y se lo corta, queda el otro para seguir escandalizando. La comparacin est hecha sobre un principio de la ley natural: hay que sacrificar la parte por el todo. Aqu, con este aviso, se alerta sobre la gravedad del escndalo, y el castigo

tras. En tiempo de Acaz (733-727) y Manases (696-641) se haban quemado nios a Moloc (2 Re 23:10; Jn 32:35; 2 Crn 33:6). Para hacer aquel lugar execrable para siempre impuro, el rey Josas (639-608) lo haba hecho llenar, profanndolo, con inmundicias. Un fuego, siempre mantenido vivo, quemaba constantemente todos los detritus y basuras. Isaas muestra los c

Otro tema concatenado al modo semita con la temtica de los pequeuelos. Estos versos de Mt 10-11, se uniran mejor con el v.6 que con el 9. Podra ser una inclusin semita

, o efecto de las fuentes. Los pequeos aqu no parecen exigir ser sinnimos de nios, pueden referirse a discpulos o partidarios, social y culturalmente sencillos, frente a escr

Un motivo ms para no despreciarlos es el que tienen ngeles custodios (Sal 91:11), los cuales ven siempre la faz de Dios. Es una enseanza contra la concepcin rabnica, muy oscura, sobre los ngeles custodios

ciados (Act 12:15). Si Dios se ocupa de ellos, ponindoles la privilegiada custodia de sus ngeles, merecen, por esto mismo, gran estima y acusan gran dignidad. Hay tambin una e

seanza teolgica de importancia. Segn la concepcin juda, slo los ngeles superiores eran admitidos a contemplar la majestad de Dios; los otros reciban sus rdenes detrs de una cortina

os. La solicitud pastoral por una sola oveja hace ver la estima que por ella tiene el pastor. En su sentido histrico debe de referirse a la defensa de Cristo contra los fariseos por sus co

La Iglesia primitiva tena en ella una enseanza de solicitud del pastor — jerarqua — frente a los apstatas y a los expuestos — catecmenos — a errores ambientales. Aunque la

Lc lo trae en otro contexto. En l, hermano es equivalente a hombre; en Mt hermano es, por el contexto (v.17), equivalente a cristiano. Se parte de una falta del prjimo para expone

Si se trata de una verdadera falta, se ha de buscar el bien del hermano; por eso, lo primero es hacrselo notar para remediarlo. Pero a solas, por justicia, caridad y actitud p

cano. Parece ser esto ya redaccin de alguna Iglesia con necesidades especiales. Lo que ya aparece es la Iglesia constituida, por lo que su redaccin refleja este estadio. Aparte de la te

¿Exige esta enseanza de Jesucristo la realizacin sistemtica de ese triple estadio de recursos? Los incluir en ocasiones. Pero la enseanza directa de Jesucristo es el

En esta forma acumulativa se somete, por ltimo, al que no reconoce su pecado, al juicio de la Iglesia. La doctrina que se ensea es de importancia capital. La Iglesia se halla dotada de verdaderos poderes judiciales: puede castigar, y esto supone que puede juzgar. No es ms que la enseanza de la Iglesia como sociedad perfecta, dotada de todos los medios — poderes — para poder realizar su fin. Po

No es, pues, poder conferido al laicado ni a cada uno de los fieles. Porque el poder que tiene la Iglesia — sociedad — supone una jerarqua, que es la que formalmente est dotada de tales poderes. Y si el v. 18 estuviese desplazado de su propio lugar, habra que reconocer que su insercin aqu sera una interpretacin de Mt al v.17, y siempre quedara el poder que se concede a la Iglesia, sin decirse que se concede a cada uno de los fieles, lo que tiene que ser, adems, interpretado en fun

en este contexto, no significa, probablemente, prohibir o permitir, sentido corriente en la casustica rabnica, sino pronunciarse contra una medida disciplinar propuesta en la Iglesia contra un hermano.

r fuera de su propio contexto, pues no tiene una conexin literaria inmediata con el v.17. Lo tendra mejor con el v.14; cf. Mt 18:12 (vosotros). Por tanto, permanece con la amplitud de poderes que requiere la misin de la jerarqua de la Iglesia (cf. A

palmente se insiste es en la eficacia de la oracin en comn. ¿Por qu esta eficacia? Porque, cuando stos estn reunidos en mi nombre — conforme al sentido rabnico, por causa de l., en nombre de l.

—, all estoy yo en medio de ellos. Era ya creencia en Israel la fuerza religiosa de la oracin hecha en reunin, en sinagoga. As deca un rabino que las oraciones hechas en las sinagogas, al momento en que la comunidad ora, son odas. Esto se deduce del

por la garanta de estar El mismo presente entre los que oran as. Esta reunin con Cristo, que no les har pedir nada al margen de su voluntad (Jn 15:7.17), les har recibir, adems de la fuerza de su vinculacin (Jn 15:5; 14:13.14; 15:16; 16:23.24), la prese

cia mstica y complacida de Jesucristo en medio de ellos. El tono sapiencial con que est formulada la concesin de lo que se pida, indica el poder de Cristo.

. Sus razones, de inters algunas, no son decisivas. Aunque la redaccin acuse un tono eclesial, el ncleo fundamental es de Cristo. Acaso, primitivamente, Cristo habl de la presencia de Yahv en las reuniones religiosas ambientales, que, naturalmente,

El Lugar? Porque, en todo lugar donde se encuentran los justos, all tambin se encuentra Dios entre ellos. Pero despus que Jess habita entre los hombres, El es entre ellos una

concreta y viva de Dios. Hoy estamos acostumbrados a esta afirmacin y a todas las afirmaciones semejantes. Pero es preciso que la costumbre (en su sentido ambiental) no nos vele el sentido y la fuerte intencin de tales pal

bras. Ellas equivalen a una nueva afirmacin de la divinidad. Todos los textos que mencionan una presencia misteriosa en el seno de una comunidad dicen que es la de Dios. Pero ahora Jess sustituye a

a la Piedra, al Lugar. El reivindica para s el tributo de la presencia y de la omnipresencia. ¿Quin osara hablar as? Una criatura no podra, sin sacr

puesta de Cristo es afirmativa, con el grafismo oriental, de perdonar no slo siete veces, sino setenta veces siete. Y para hacer ms grfica la enseanza se expone una parbola de Cristo.

indicaba un peso determinado de dinero. El talento comprenda 60 minas = 6.000 dracmas ticas. La dracma tica era equivalente al denario. Y ste era la p

r en parte, vender a su mujer, hijos y propiedades. En los contratos de entonces entraba la responsabilidad familiar (2 Re 4:1; Dan 6:24; Est l6:18). Mas el anlisis de los datos hace ver que se trata de la pintura de una corte oriental, pero no juda

Con ello se ve lo inverosmil de poder, con esta venta, lograr ni una cantidad respetable ante la deuda de los 10.000 talentos. Es un dato ms alegorizante en la parbola para acusar la misericordia de su seor con l. Por lo que, no pudiendo pagar, el

Tambin se percibe, alegorizada, la distancia entre el perdn del rey al siervo (60.000.000 de denarios) y lo que no quera perdonar aquel otro siervo (100 denarios). Esto habla de

A la hora de esta redaccin evanglica se refleja los problemas internos eclesiales, que exigan resolverlos — lo que no es destruir la justicia — con la caridad y el perdn.

(Jn 10:40). A Perea ha debido ir desde Jerusaln, como indica Jn, y pasando por Betania. As se explica tambin cmo las hermanas de Lzaro saban dnde estaba Jess

so, v.gr., el no haberle preparado bien la comida. El mismo hecho de encontrar otra mujer ms hermosa, como motivo de divorcio, era considerado, segn rab Aqiba, como excesivo por varios maestros

. Y rab Aqiba (t sobre 135) deca que se poda divorciar incluso si hall una mujer ms hermosa, pues en el Deuteronomio se dice: Si ella no encuentra gracia a sus ojos sin restriccin alguna

Pero Jess los desconcierta exponiendo una va distinta, que era la de la revelacin primitiva. En el Gnesis se expone claramente la creacin de los dos sexos y la unin insep

sona; y una sola carne no se puede dividir sin matarla. Y Cristo pronuncia una sentencia definitiva, restituyendo el matrimonio a su indisolubilidad primitiva: Lo que Dios uni, no lo separe el hombre. Expone

sea lo permitiese (Mc v.4), sea lo mandase (Mt v.7), respondiendo esto ms a la letra de la formulacin del Deuteronomio (24:1). La diferencia de frmula lo explican, en parte, los destinatarios judos (Mt) y gentiles-romanos (Mc), a quienes van destinados sus evangelios.

no suceda as. El matrimonio, aludiendo al Gnesis, se ensea que es de institucin divina. El matrimonio en su institucin creadora, por su naturaleza, era

fue una concesin que se autoriz, como una dispensa temporal, a causa de vuestro carcter duro (cf. Dt 10:16; Jer 4:4), ante las condiciones ambientales ms o menos primitivas. Pero aquel parntesis de concesin ya termin. Y Jesucristo restituy el matrimonio a su indisolubilidad primitiva.

de tratar y resolver este caso. Casi nadie sigue hoy esta solucin (Benoit). Porque esa frase es tan ambigua que lo mismo podra querer decir esto que otra cosa. Y, por tanto, no se podra saber lo que quera responder. ¿Y respo

No sera lcito el divorcio en el caso de adulterio. Los que adoptan esta posicin, la plantean en la hiptesis de las dos escuelas judas: la laxista de Hillel y la rigorista de Shamma. Cristo

Despus de afirmar Jesucristo la indisolubilidad absoluta del matrimonio, es increble que la restrinja, y menos an que venga a mezclarse en una querella de escuelas judas, ni menos an pretender con ello desvirtuar la proposicin esencial, que ya rige desde su misma institucin, referida en el Gnesis. Pues no es slo cuestin cristiana; es la interpretacin de la institucin misma matrimonial en un pri

del inciso, sea de incesto (1 Cor 5:1) y de las uniones ilegales entre familiares; v.gr., en la sinagoga de Dura-Europos se encontraron actas matrimoniales de hermanos; sea en el sentido ms

do, ilcito, irregular de cualquier manera (p.50). Aadiendo que la legislacin (mosaica) y la jurisprudencia (rabnica) no haban an distinguido los matrimonios nulos o invlidos de los ilcitos o irregulares (p.59). As cita

sto); Act 15:20.29; 21:25 (el concilio de Jerusaln, donde la prohibicin seran todas las prescripciones mosaicas de Lev c.18), Heb 12:16 (matrimonio mixto o ilcito), Tob 8:9 (matrimonio de fornicacin, nulo, en contraposicin al que contrae Tobas por

T. con la Ley (Mt 5:17ss). En la Ley se reconoce el divorcio (cf. Ex 21:7-11; Dt 21:10-14; 24:1-4). Y, entre los diversos pasajes, est ste discutible (Dt 2:1-4). Est — dice — adems entre pasajes que tr

dena al que, por ser vctima de ella, se case de nuevo. Por eso, este doble inciso de Mt — no de Cristo —, como excepcin a la condena del divorcio, no puede negarse sin ms, ya que se entronca con esa citada tendencia de misericordia del A.T. En caso de tener que co

tiene, pues, en la lnea dura: slo lo permite en las uniones ilegales que cita Levtico (c.18). Aade que los estudios de Franssen — de 1950 a 1955 — han hecho ver que el concilio de Trento no quiso condenar

Esta posicin falla. No se ve esa armonizacin del N.T. con la Ley en el sermn del Monte, cuando los contrastes son tan fuertes. Y la frase de Cristo que no vino a destruir la Ley, sino a

amente al tribunal, al da siguiente hbil, divorcindose por esta razn. Esto, dice, era tan evidente para los oyentes de Cristo, que no vio probablemente la necesidad de especificarlo. Pero Mt, ms tarde, al escribir el evangelio, vio la necesidad de ac

No es esta hiptesis nada evidente. La virginidad fsica puede ser perdida sin culpa. ¿Cmo determinar entonces el tribunal si en este caso deba o no haber separacin por culp

a especficamente a esto? La determinacin de Cristo es absoluta, no hacen falta tribunales. Por ambiente y por corresponder este trmino exactamente a lo que se indicar luego, la solucin que se propone es otra

Por lo que no pudiera tener una equiparacin social ni moral al concubinato o adulterio. ¿Se dio este tipo matrimonial en Israel? S. Y esto es lo que hacen ver los escritos rabnicos.

Pero esto, desde el punto de vista de la moral natural, era invlido, y no vala para convalidarlo ni la buena fe, ni la autorizacin o interpretacin rabnica, ni la consumacin del mismo.

Pero, de hecho, esta interpretacin haca que se tuviese por vlido este matrimonio en el sector a que afectaban sus doctrinas, aunque, ante la misma moral natural, objetivamente considerado, fuese un concubinato. Mas, ampliamente divulgado este punto por efecto de las discusiones rabnicas y por su traduccin a la prctica, por lo menos en el sector en que infl

ban muy vivas en el rabinismo. Por eso haca falta recoger esta enseanza de Cristo, para que los primeros cristianos palestinos procedentes del judasmo, conocedores de este ambiente, supiesen claramente a qu atenerse. En cambio, esto falta en

tos para la gentilidad y desconocedores de este tipo de matrimonios invlidos, no haca falta plantearles ni resolverles este problema. De ah su omisin en la intencin de estos evangeli

cin legal y la justificacin moral de esta disolucin requeran tambin un testimonio legal, cuyo medio normal era dar el libelo de repudio a aquella situacin estable y hasta entonces moral y legal.

La pregunta se la van a hacer sus discpulos, posiblemente despus de esta disputa y ya en casa (Mc 10:10). Como ya se dijo, este tipo de dilogos poda ser, conforme al uso ambiental rabnico, un procedimiento de matizacin. La respuesta de Cristo al tema de la i

s verdadera sorpresa en los discpulos. Buena prueba fue cmo los discpulos interpretaron las palabras de Jesucristo en sentido de una indisolubilidad absoluta. Por eso le dicen que, si tal es la causa

sarse. Naturalmente, no se habla aqu de un divorcio imperfecto, que era desconocido de los judos, sino en la hiptesis, como se ve en el pasaje anterior, de no poder volver a casarse.

Jesucristo, frente a estos dos grupos de impotentes matrimoniales, los que eran as por nacimiento y los que fueron reducidos a tal estado por los hombres con finalidades penales o pasionales, o a tipo de los cultos orientales, presenta un tipo metafrico de eunucos que a s mismos se hicieron tales a causa del reino de los cielos. Pensaron algunos si las tres expr

En vista de no concordar este propsito con el ambiente palestino, ni con lo esencial del tema tratado aqu (cf.l Cor 7:25), se propone que se refiera el texto al hecho de guardar celibato la parte inocente de una separacin que no puede ser vincular. Parecera, sin emba

go, muy estrecha esta interpretacin. No se puede ignorar las corrientes esenias/qumrmicas sobre el celibato, y que tuvieron que influir en el ambiente. Si Pablo habl tambin, como se indic, de la excelencia de la

. Se pensaba que por la vinculacin, como jerarcas, con Moiss, a su oracin e imposicin de manos, haban de recibir la bendicin de Dios (Dt 34:9). Pero no slo en estos casos, sino que tambin era co

oncepto de grandeza moral y taumatrgica en que las gentes tenan a Jesucristo. Vean en su oracin sobre ellos y en su imposicin de las manos, como pensaba para su cur

os. Esto incomod a los apstoles. Tanto, que ellos rean a las gentes. Pero esta actitud de los apstoles indign a Jess (Mc), quien les dijo que no les impidiesen acercarse a l, po

Frente a los fariseos, que se crean con derecho y exigencia del reino, Cristo seala de quines es: de los nios. Considerados como sin valor, reciben el reino sin exigencia:

(Dan 12:2). ¿Piensa este joven — acaso con tendencias de esenio — en nuevas prcticas? ¿O quiere ver claro en aquel prolijo mar de preceptos rabnicos? ¿Busca algo ms que el declogo? Es interesante considerar el ttulo que le da a Cristo, y que aparece modificado en los evangelios.

Cristo le replica que por qu le llama bueno, que slo uno es bueno (Mt), o nadie es bueno, sino slo Dios (Mc-Lc). En la literatura rabnica se lee que, en determinadas ci

cia evolutiva — que El es Dios. Y valoran el texto de Mt como un arreglo artificioso para evitar que Jesucristo evite rechazar el ttulo de bueno, y, en consecuencia, evitar el situarse

En la literatura rabnica no se dio el ttulo por antonomasia de el bueno a ningn rabino; slo a ttulo excepcional, rab Elezaro (s.III) oy en sueos: Salud al rab

Pero lo que tiene aqu ms inters es la respuesta de Cristo, resaltando que slo Dios es bueno, o el Bueno. ¿Por qu esto? ¿Qu intenta Cristo con llamar la atencin sobre una cosa tan ev

. Pero se advierte que no es ninguno directamente acerca de Dios. Probablemente se debe a destacar la funcin positiva de sus riquezas en servicio del prjimo. No basta decir Seor, hay que p

ner por obra los mandamientos. ¿Por qu el joven hace esta pregunta? ¿Va llevado de deseos de perfeccin? Al menos, la respuesta de Cristo va en esta direccin. ¿O es que piensa, como se deca en el medio religioso judo, que se precisan determinadas prcticas? ¿Quin ser hijo (o digno) del siglo venidero? Y rab Eliezer deca: El que reza tres veces al da el sa

rada de dileccin que Cristo tiene para este joven que haba cumplido los mandamientos. La respuesta de Cristo en Mt es para la perfeccin, en Mc-Lc es una formulacin menos mat

Ni esta perfeccin se impone a todos, como se ve en la prctica cristiana, que si en ocasiones pudo venirse a este desprendimiento (Act 4:32), se reconoca no ser obligatoria (Act 5:2.4). Acaso esta persona que aspira a una vida ms perfecta fuese movida a ella por los influjos ambient

Sobre un caso concreto, Cristo expone toda una doctrina de perfeccin. Es la doctrina de los profetas sobre el amor eficaz al prjimo. Se citaba honorficamente algn caso de rab

. Con ellas, ¿le incita a ser uno de sus discpulos? (Mc 10:1; Lc 10:1). Parece muy probable. Son las mismas palabras que le dirigi a Pedro, a Andrs (Mt 4:19 par.) a Juan, a Santiago (Mt 4:21), a Mateo (Mt 9:9 par.) y a Felipe (Jn 1:43). El sentido ho

do moral no es otro que el programa que Cristo ense en otra ocasin: El que quiera venir en pos de m, niegese a s mismo, tome su cruz y sgame (Mt 16:24 par.). La perspectiva de Cristo era la perfeccin por la cruz. Invitarle al discipulado no es

r esto. Los tres evangelistas recogen el motivo: porque tena muchos bienes. No hubo respuesta. Slo fue su rostro ensombrecido y. su marcha. Los ojos de Cristo, que le amaron, le vieron irse. En el pensamiento evanglico es una de las

fismo oriental hiperblico: Os digo ms: con mayor facilidad entra un camello por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos. La lectura camello es genuina. Pero alg

tersticas de esta mentalidad. Adems, este tipo de comparacin era completamente usada en el medio ambiente, As se lee, v.gr.: Practicad por m, por la penitencia, una abertura c

fante. Probablemente sera esto entonces como un recuerdo de la presencia de estos grandes animales en las guerras macedonias y sirias. As se lee: Nadie piensa, ni en sueos.,

mando sus imgenes del medio ambiente, sustituye elefante por camello. Y as dir en otra ocasin a los fariseos: que colis un mosquito y

te, no predica Jesucristo una revolucin social en que se exija la renuncia a la propiedad, ni es una condena y exclusin del reino de los cielos a los ricos. El mismo, reconociendo la propiedad, purificar los abusos econmicos de Zaqueo (Lc 19:1-10). Es

por contraste con el joven rico, que abandon a Cristo por las riquezas. Aqu es al revs. Los apstoles, poco o mucho, lo dejaron todo por Cristo. ¿Qu premio tendrn? Cristo se lo anunci en Mt para la reg

(Mc-Lc). En Mt hay, no obstante, un dato orientador. Ser cuando se siente el Hijo del hombre en el trono de su gloria. En el mismo Mt, para describir el Juicio final, dice: Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria., se sentar sobre su trono de gl

nar, suponiendo que esta regeneracin aludida era el perodo de tiempo anterior al Juicio final, y que comenzaba con la renovacin del mundo por la redencin e instauracin de la Iglesia. As,

Este triunfo lo tendrn los apstoles sobre las doce tribus de Israel. El lenguaje especfico judo poda hacer creer que el pensamiento de Cristo se dirige a ellas. Para nosotros repr

recibir el ciento por uno (Mc), que Mt-Lc lo formulan diciendo a secas que recibir mucho ms. Mc aade que recibir aqu el ciento por uno en todo lo que deja, pero junto con persecuci

rspectiva que se esperara, y que haban visto, de persecuciones al discpulo de Cristo. Si me persiguieron a m, tambin a vosotros os perseguirn (Jn 15:20). Es lo que pasa actualmente con un musulmn o un indostnico que se pase a la fe: encontrar l

cucin y el boicot en el seno de su mismo hogar. Era ya prediccin de Cristo, al anunciar que no vino a traer la paz, sino la guerra, incluso en los hogares (cf. Mt 10:34-36). Y, al tener que dejarse y amar ms que a los valores de ley natural a Cris

. Pero este perodo no existe, ni nadie va a tener, v.gr., por una hermana dejada, cien nuevas; otros apelaron a la amplificacin de bienes que se tenan en la comunidad cristiana primitiva (Plummer, Lagra

20 Le divorce dans le N.T. (1948) y Textes rabbiniques des deux premiers stcles chre'tiens (1955); cf. ndice en Mt 19:9: Mariages de prostitution; Nisi ob fornicationis causara.: Rev. Scienc.

235ss. — 28 Denzinger, Ench. symb. n.980. — 29 Strack-B., Kommentar. I p.807. — 29 Q. Quesnell, Eunucos por el Reino (Mt 19:10-12) e indisolubilidad del matrimonio: Selec. de Teol. (1970) n.35 p.266-268. — 30 Zorell,

et latine (1938) ap. crt. a Mc 10:21; en contra, v.gr., Nes-Tl, N.T. graece et latine (1928) h.l.; S. Lgasse, L'appel du riche (1966); W. Zim-Merli, Die Frage des Reichen nach dem ewigen Leben (Mc 10:17-31 par.).: Evangelische Theolo

hiens (1949) p.208; Olivera, Sedebitis et vos super sedes duodem: VD (1923) 161-165; Dupont, Le logion des douce trnes (Mt 19:28; Lc 22:28-30): Bblica (1964) p.355-392; J. Martin, Avec des persecutions: Rev. des Eludes G

n (Mt 21:1). Esta ida de Jess a Jerusaln es la subida al Calvario. Precisamente se lo va a anunciar por tercera vez a los apstoles en esta subida definitiva a Jerusaln. De aqu la doctrina que va a darse en estos captulos.

undamentalmente, est tomada del medio ambiente palestino. Un seor dueo de una via necesita jornaleros. Estos solan reunirse en una plaza, donde se haca fcilmente la contrata. Pero ya en esta bsqueda de trabajadores se acusan elementos artifici

Los judos dividan el da, desde la salida del sol hasta el ocaso, en doce horas. Pero el uso ordinario utilizaba normalmente las horas de tercia (de las nueve al medioda), sexta (del medioda hasta las tres) y nona (desde las tres a la puesta del sol)

Rasgos improbables es el que estn all todo el da ociosos y el que el seor les pregunte qu hacen all, lo mismo que el responderle que nadie los contrat.

Llegada la tarde, el seor manda a su administrador que llame a los viadores y les d su salario. Se deca en la Ley: al trabajador dale cada da su salario, sin dejar pasar sobre e

o que era justo, y ese jornal se les entrega. Pero l es muy dueo de sus bienes y de hacer con ellos lo que quiera. A los primeros no les hace agravio, pues les da lo justo; pero con los otros quiere usar de magnificencia.

dran a ser de hecho los primeros en su ingreso en la Iglesia. Ya, sin ms, se ve que esto es muy artificioso en el cuadro de la parbola. San Juan Crisstomo haba observado que Jess no deduce esta sentencia de la parbola. Puesto que los primeros no vienen a ser (en ella) los ltimos; al contrario, todos reciben la misma recompensa

Si a unos, que trabajaron ms, les paga lo convenido, es justo en su obrar; si a otros, que trabajaron menos, les da igual, con lo que puedan vivir los suyos, es efecto de magnanimidad. Es una parbola con la que Cristo, seguramente, responde a las crticas farisaicas de buscar, aparte de gentes buenas, a publcanos y pecadores, llam

dolos e ingresndolos a todos en su reino. ¿Por qu esta diversidad de dones, y por qu esta diversidad de horas? Porque Dios, pleno de bondad, es dueo absoluto de repartir sus dones

Esta tercera prediccin sobre su pasin y muerte est descrita muy minuciosamente: la ms de todas. Si Cristo se atuvo en su enunciacin literaria al gnero proftico, de ncleo claro y contornos ms oscuros que se hacen claros a la hora de su cumplimiento, esta redaccin es la que estara ms matizada con el cumplimiento de los hechos. Cristo est consciente de su muerte y de su resurreccin. En cambio, los apstoles aparecen en una situacin semejante a la que tuvieron en las dos primeras predicci

El les respondi: Beberis mi cliz, pero sentarse a mi diestra o a mi siniestra no me toca a m otorgarlo; es para aquellos para quienes est dispuesto por mi Padre.

Mt-Mc, que son los que narran este episodio, lo ponen inmediatamente despus de la tercera prediccin de la pasin. La ambicin que reflejan aqu los dos apstoles est en la misma l

Con el primero les corrige el enfoque de su concepcin terrena del reino. Este es de dolor. ¿Podrn ellos beber el cliz que a El le aguarda, y ser bautizados en el bautismo de su pasin? Se ve que este tema no responde directamente a la peticin que le hacen; ms d

rles del plan del Padre. Por eso, la primera parte puede ser histrica en este momento, pero tambin podra tener un contexto lgico, para precisarles bien la naturaleza del reino. El martirio — testimonio — estaba bien experiment

girse, como El, en este bautismo de dolor, le respondieron que s. No era un respuesta de fcil inconsciencia. Y Cristo les confirma, con vaticinio, este martirio de dolor. Pero no se ve exigencia, por este vaticinio, ce que ambos hubiesen de tener que sufrir lo mismo que Cristo, sino ser sumergidos, bautizados, como indica el nombre, en una fuerte pasin

Quedaba con ello corregido el errneo enfoque sobre la naturaleza de su reino. Y les aprobaba su coraje cristiano, cuyo mpetu se refleja en otras ocasiones (Lc 9:54). Pero haba en esta peticin un plan ms profundo del Padre que no competa a Cristo el cambiarlo; haba en todo ello una predestinacin (cf. Jn 6:37.44): Dios dispone libremente de sus dones: de

Esta pretensin y proposicin de los hijos del Zebedeo la oyeron los otros diez — no se dice si al hacerla all mismo — y se indignaron contra los dos hermanos. Acaso esta protesta abierta fue separados de ellos. Al ver aquella disputa, Jess los llam. Y va a restablece

gar de ser en servicio benfico del bien comn, lo es en provecho propio, y as oprimen a los pueblos. Los apstoles comprendieron y asumieron como mision el hecho politico y social desigual de su epoca. Eran galileos y haban odo hablar de los abusos de Herodes el Grande, de Arquelao y Antipas, lo mismo que de los abusos de a

sto sucede de hecho, ya que no es sa la misin del poder entre gobernantes de pueblos, no ha de ser as entre vosotros, que son apstoles y se sentarn en tronos del reino para juzgar a las doce tribus de Israel. Al contrario, la idea se da con todo

Deber ser esclavo de todos (Mc). As enfocados, los puestos jerrquicos y de mando cobran su autntica proyeccin y excluyen automticamente las apetencias en el Reino terreno. Pues

4) En el libro de los Nmeros significa incluso la liberacin por sustitucin. As, los levitas sustituyen a los primognitos en el servicio del templo (Nm 3:12).

en inscripciones y papiros, y en el clsico, este trmino se usaba en ocasiones para indicar el precio del rescate de un esclavo. Y a veces, con este trmino, se expresaba una liberacin mediante un sacrificio. As, Filn de Biblos cuenta que los reyes fenicios tenan la costumbre, en las calamidades pblicas, de aplacar a los di

En primer lugar, esta forma muchos es evidentemente equivalente a todos los hombres en San Pablo. En un mismo pasaje permuta, para hablar de la redencin de todos los hombres, el trmino muchos con todos (Rom

Pretende dar a las diversas categoras de fieles helensticos el concepto de servicio y prontitud en el mismo. Ni hay el menor inconveniente que esta frase ausente en Lc, acaso por ausencia en su fuente, est en Mt-Mc en un contexto lgico, procedente de otra situacin lit

Mt-Mc colocan inmediatamente despus de la peticin de la mujer del Zebedeo la escena de la curacin de estos ciegos; Lc, en cambio, suprimiendo la escena de los hijos del Zebedeo, acaso por tener menos inters para sus lectores gentiles, intercala el pasaje de Zaqueo. En t

El segundo problema es el nmero de ciegos. Mt pone dos; Mc-Lc, uno, dando el nombre del mismo, Bartimeo = hijo de Timeo. Las soluciones propuestas son las siguie

Se trata de dos ciegos; si no, Mt no tendra motivo para fijar este nmero. Si Mc-Lc se fijan en uno, del que dan el nombre, acaso se debe a que slo uno pas, por ms conocido, a la catequesis y a esos dos evangelios. ¿Acaso hacan falta dos testigos para testificar el m

in es que se tratara de una condensacin complementaria hecha por Mt de dos curaciones individuales e independientes hechas por Mc (8:22-26; 10:46-52 = Mt 20:29-34).

. En Mt sale varias veces (Mt 9:27; 12:23; 15:22; 21:9.15). Para explicar cmo aparece en boca de estos ciegos este ttulo mesinico no hace falta recurrir a un prstamo del evangelista; a esta altura de la vida de Cristo, ya haba la sospecha en muchos y la creencia de que era el Mesas. Los ciegos podan orlo all mismo, entre las gentes — y posibles aclamaciones — que venan con Cristo: much

(1933) I p.413.431; Buzy, Les parbales. (1932) p.205-237; J. Dupont, La parbale des ouvers de la vigne (Mt 20:1-16): Nouvelle Rev. Thol. (1957) p.785-797; Vargha, Operarii in vinea: VD (1928) 302-304; J. Duplacy, Le matre ge'nreux et les ouvers go'istes (Mt 20:1-16): Bibl. et Vie Chrt. (1962) p.16-30; J. B. Bauer, Gnade

Esta entrada mesinica de Cristo en Jerusaln es relatada por los cuatro evangelistas. El que rechaz tantas veces honores porque an no era su hora, consciente de que sta ha llegado, va triunfalmente

cual (Jn 2:12). Lleg en este viaje a Betania seis das antes de la Pascua (Jn 12:1). De aqu se va a dirigir, no se dice que el mismo da, a Jerusaln. En su caminar se acercaron a Betania y luego dieron vista a Betfag, cerca del monte de los Olivo

El significado del nombre de Betania es incierto. Segn el Talmud, significara casa de dtiles; segn San Jernimo casa de afliccin o de la obediencia; para otros sera una contraccin de

casa de Ananas, expresin con que se la designara cuando perteneci a la tribu de Benjamn. El nombre de Betfag significa casa de higos verdes.

pulos, cuyos nombres no se dan, que vayan a Betfag y que en seguida encontrarn una asna atada y a su hijo, sobre el cual nadie ha montado (Mc-Lc), para indicar el honor de llevar al Mesas. En el A.T. en algunos sacrificios slo se poda ofrecer vctimas que no hubiesen ll

vado yugo (Nm 19:2; Dt 21:3). Es probable sea sta la intencin honorfico-mesinica de Mc-Lc en este detalle. Que los desaten sin ms y se los traigan. Y que, si alguno les dijese algo, le respondan sencillamente que el Seor los necesita; y en seguida os lo enviar (Mt-Mc).

Es un texto tomado, parte del mismo — su principio —, de Isaas: Decid a la Hija de Sin (Is 63:11), es decir, Jerusaln; el resto es una cita abreviada del profeta Zacaras. El profeta habla del Rey-Mesas, que tiene su dominio universal, pero destacndose que El viene a reinar con humildad y mansedumbre, y el profeta cita, por puro paralelismo literario s

— gnero literario — la entrada bondadosa del Mesas en un imperio de paz. Los rabinos decan que, si Israel era puro, entonces el Mesas vendra sobre las nubes, conforme a Daniel (Dan 7:13); pero, si no, sobre un asno, conforme a Zacaras (Zac 9:9)

. Aqu, en el relato, aparecen como realidad estos dos animales. Naturalmente, no sugiere esto una adaptacin, sino una no rara realidad. Los discpulos encontraron all una asna y un pollino. Estaba atado a una puerta, afuera, en el camino (Mc). As, los discpulos lo enco

traron todo como les haba dicho (Lc). Pero, cuando empiezan a desatarlo, algunos de los que haba all (Mc), que, segn Lc, eran los dueos de l, les van a llamar la atencin por aquello que hacen. Toda la escena es de lo ms natural. Los asnos estn atados a una de las argollas o salientes de las casas, mientras sus dueos despachan sus asuntos o comercian en las tiendas. Pe

o algunos de los dueos estn cerca, y se dan cuenta de la accin de los discpulos. Por eso les preguntan el porqu de aquello. A la respuesta de lo que haba dicho Jess, les dejaron llevarlo. Acaso eran discpulos, simpatizantes, amigos o conocidos,

Ambos animales son trados a la presencia del Seor. El asno, en los pases orientales de la antigedad, no tena slo el sentido de pobreza que en los occidentales. Serva de caba

s. El poner sus mantos sobre estos animales es seal de honor. Es curiosa la forma de Mt: pusieron sus mantos sobre ellos, sobre los dos animales. De seguro que slo se refiere a aquel sobre el cual se mont Jess. Es una forma global de decir las cosas. Pues, segn el mismo Mt, luego de poner los mantos sobre ambos animales, dice que montaron a Jess tambin sobre ellos (

Jn pone aqu un comentario a todo esto que haban hecho los discpulos al traer estos asnos, y la vinculacin que tena todo esto con el pasaje proftico de Zacaras. Dice, despus de citar el pasaje del profeta: Esto no lo entendieron entonces sus discpulos, pero cuando fue glorificado Jess, entonces recordaron

ss bajaba as para entrar en Jerusaln, rodeado de sus discpulos y de la turba que le segua (Mt), se encontraron con otra gran muchedumbre que haba venido a la Pascua, y al saber que Jess llegaba a Jerusaln, salieron gozosamente a su encuentro (Jn 12:12.13),

ron ramos de palmeras (Jn), como se sola hacer en las fiestas importantes (Jdt 15:12 grec.; 2 Mac 10:7) para unirse festiva y triunfalmente al cortejo, como el de Simn Macabeo, que e

Aparte de ser muy natural el hosanna en boca de las turbas, tambin surga espontneo al salir a recibir a Jess con ramos y palmas. Precisamente en la fiesta de los Tabernc

—, el primero era de cedro, y el segundo, una palma, de la cual pendan ramos de mirto y sauce, y los agitaban en la procesin. Este ramo se llamaba tambin Hosanna.

nica, sin duda, en su intento. La expresin ¡Bendito el que viene en nombre del Seor! est tomada del salmo 118:26. El salmo es un canto triunfal a Dios, que da beneficios a Isr

este beneficio mesinico a Dios en el cielo. La frmula paralela que presenta Lc tiene una construccin especial: Paz en el cielo y gloria en las alturas. La segunda parte de ella es la equivalente a las de Mt-Mc:

Pero la primera parte, Paz en el cielo, ¿en qu sentido est? Se comprende muy bien el canto de los ngeles en el nacimiento de Cristo: Gloria a Dios en las alturas, por esta obra, por lo que viene a los hombres la paz (Lc 2:14). Pero aqu es a la inversa. Sin embargo, el pasaje de Lc est construido con un paralelismo

, haya de interpretarse aqu como sinnimo de gloria, de la glorificacin que al cielo trae la obra mesinica que realiza Jess. En boca de las turbas, salvo que sea una interpretacin de Lc, no se pueden incluir los altos conceptos de glorificacin, reconciliacin, que ensea San Pablo (Col 1:20). Si pro

ces llor sobre ella y le predijo la catstrofe de su destruccin, que se avecinaba, por no haber conocido, culpablemente, el tiempo de tu visitacin (Lc 19:41-44). Slo Lc trae este episodio. Su expos

gunos fariseos (Lc). Insidiosamente, acaso ms que para deslucir o apagar el prestigio del Maestro, para comprometer a ste si no haca lo que iban a proponerle, lo que era tentarle una vez ms, le dijeron: Maestro, reprende a tus discpulos. Pero la respuesta de Cristo en aquella hora, que era la hora

n es vista en el Evangelio con un cierto aumento ideal. Y, ante aquel cortejo y aquel entusiasmo, las turbas, sobre todo los peregrinos de la Dispora que se encontrasen all aquellos das,

Este cortejo que acompaa a Cristo en esta entrada no requera revestir un volumen desorbitado. Poda pasar por una reunin de caravana de las que entonces estaban subiendo a la fiesta pascual, y a la que salan gozosos a recibir otros peregrinos, ya de antes llegados, sus compaisanos o amigos. Esto justifica la ausencia y falta de intervencin en l de la autoridad romana.

Si en Mt se le llama el profeta Jess, el de Nazaret de Galilea, antes, en la misma escena de Mt, se le aclama con el ¡Hosanna al Hijo de David! que es el ttulo mesinico ms ordinario. En cambio, la primera pregunta citada, que es la ltima de la narracin, se la da respondindose a la pregunta que hacen ciertas personas en la ciudad. Podra ser un modo prudente de responder por gentes galileas o

tos se le presenta como un revolucionario que seduca la regin de Galilea, ni en Mt ni en Mc se dice esto; slo lo narra Lc. Los otros lo presentan como el Rey de los judos. Lc n

ms aquello debi de ser una cosa espordica y por alguna gente a su alrededor. Lo cual, por su brevedad y reduccin a su entorno, acaso ni trascendi a la autoridad romana; o por que aquello no tena peligro.

Todo depende de cmo se conciba este cortejo. Ni hay inconveniente en suponer — es lo lgico — adiciones ideales sobre el volumen de la muchedumbre. No fue un anuncio protocolado

. Cristo s la haca, pues saba que iba a la muerte redentora, y para eso — pues ya llevaba varios das por all — pidi el asno. Todo ello no debi de pasar del volumen de una pequea caravana — acaso a la que para ms d

simular se uni — de las que estaban llegando a la Pascua. Siendo conocido, seguramente que gentes lo saludaron y hasta vitorearon. ¿Con las mismas expresiones con que aparecen redactadas en los evangelios? ¿Se las recordara entonces? Lo aclamaran con e

ttulo de Profeta (Jn 6:14; cf. Mt 21:10-11) y, acaso, en el entusiasmo pudo sonar alguna de estas aclamaciones, por algunos de los que rodeasen aquel pequeo grupo. Pero a la hora de la r

c) Por ltimo, no obsta el citado texto de Jn. Pues ste, despus de relatar que Cristo hizo su entrada montado en un asno, dice: Esto no lo entendieron entonces los discpulos; pero,

tada por los cuatro evangelistas. Pero con una diferencia fundamental: los tres sinpticos la ponen en la ltima Pascua de Jess en Jerusaln, mientras que Jn la pone en la primera. ¿Se repiti la escena? ¿Es un procedimiento literario de desplazamiento? En este caso, ¿quin lo sita bien en su momento cronolgico: Jn o los sinpticos? La escena es la misma en Jn y en los sinpticos. Y parece que es Jn el que la sita

ron: ¿Oyes lo que stos dicen? Respondiles Jess: S. ¿No habis odo jams: De la boca de los nios y de los que maman han hecho salir la alabanza?

Slo Mt pone este episodio vinculado literariamente a la escena de la purificacin del templo. Sin embargo, es difcil compaginar, tal como est ordenado, la expulsin de los mercaderes del templo con el revuelo que all se armara, y la exigencia de las autoridades, que le piden cuenta

plo, y que otra vez las autoridades vengan a protestarle. Debe de tratarse de un texto puesto en un contexto lgico, pero que, al percibirse en l un eco de las aclamaciones (v.15) de su entrada mesinica, debe de suponer un momento histrico prximo a aquellos das.

hasta los nios y los que maman se dan cuenta de ello; es una hiprbole, pero sumamente grfica. As aqu, hasta los nios le aclaman en el mismo templo, donde se esperaba que el profeta Elias lo ungira

raciones — maravillas — que haca y las aclamaciones de los nios, y protestaron, y le reprochan lo que estn diciendo de El las aclamaciones. Se buscaba comprometerle con alg

Cristo sale de Betania por la maana para dirigirse a Jerusaln. En el camino sinti hambre. Desde lejos (Mc) vio una higuera plantada junto al camino (Mt). Estaba llena de hojas (Mc) y fue por si encontraba en ella algn fruto que comer (Mc). Pero no enco

tr en ella ms que hojas (Mt-Mc). Pero Mc tendr buen cuidado en resaltar: porque no era tiempo de higos. Al verla sin frutos, dir Cristo: Que jams nazca fruto de ti. Y la h

un rbol; primero, que no es responsable de nada, y segundo, por no dar frutos cuando no es poca de darlos. Y esta posicin se confirma con la parbola de Lc (13:6), donde la higuera tiene un valor simblico. En los profetas se encuentran acciones simblicas muy chocantes (Jer 13:1ss; 19:1ss), en cuya lnea se entro

so de la parbola de Lc (13:6). Israel, simbolizado en la higuera, fue plantada por Dios en su via; la cultiv con su revelacin y sus sacrificios y sus profetas. Pero, a la

. Tena slo hojas de la apariencia. Cristo, con su maldicin simblica, indicara lo que en otras parbolas (cf. Mt 12:1-12 y par.): que Israel era desechado. Sobre todo en sus jefes, despus de su oposicin mortal contra l en la escena del templo.

Otros autores, por el contrario, dan otro sentido. Sera un hecho prodigioso, y, al mismo tiempo, simblico, con el cual quera ensearles de modo bien ostensible el poder y eficacia de la

Esta ltima posicin parecera ms lgica, por dos razones. Una, porque, segn dice Mc, Cristo va a buscar comida en la higuera cuando no era tiempo de higos. Por lo que no es la imagen ms adecuada para ensear que Israel deba ya de estar maduro para recibir al Mesas; y segunda, porque Mt-Mc vinculan a continuacin el poder de la oracin al ejemplo de la higuera que se s

que si ello es conforme a su voluntad (1 Jn 5:14), Dios la oye. Son formas sapienciales e hiperblicas. As se dice en Mc: Creed que recibiris y lograris todas las cosas que pidis en la oracin. Acaso procedentes tambin estas frases de otros conte

Probablemente el v.21 se trata de una incrustacin aqu y es un duplicado (Mt 17:20; Mc 11:23; cf. Lc 17:6). Pertenece a un grupo de sentencias fuera de su contexto y reunidas en una agrupacin de oportunidad.

Los tres sinpticos relatan este incidente. En Mc est paseando por uno de los prticos del templo. Lc, aunque con mayor amplitud cronolgica, pero la escena es la misma, dice que estaba enseando al pueblo en el templo

nos, representantes de las familias influyentes. Extraa el que intervengan los prncipes de los sacerdotes; deben de estar simplemente por el sanedrn. A l competa esta investigacin. Se le exige a Cristo que d cuenta de: ¿Con qu poder haces

El poder para ensear oficialmente en Israel requera un largo aprendizaje con algn rab y luego recibir de l, mediante la imposicin de manos, este poder. Si no proceda de esta cadena, que se deca se entroncaba con Moiss, su enseanza no era lcita, oficial ni o

Y con relacin a los actos mesinicos en el templo, se buscaba comprometerlo, pues ya tenan de atrs organizada la persecucin del mismo. Estaba en el ambiente rabnico que se pediran o d

Pero Cristo les plantea un dilema como condicin para contestarles a esto. El prestigio del Bautista en Israel y la conmocin causada fue tal, que hasta el sanedrn le envi una r

¿Cual de los dos hizo la voluntad del padre? Respondironle: El primero. Dceles Jess: En verdad os digo que los publcanos y las meretrices os preceden en el reino de Dios.

Porque vino Juan a vosotros por el camino de la justicia, y no habis credo en l, mientras que los publcanos y las meretrices creyeron en l. Pero vosotros, aun viendo esto, no os habis arrepentido creyendo en l.

Solamente Mt inserta a continuacin la parbola-alegora de dos hijos que su padre enva a su via y que tienen actitudes distintas. Esta parbola aparece en dos formas diferentes en la tr

cin manuscrita; se invierte el orden: en una recensin se pone primero el hijo segundo, con todo lo anejo en la misma, y en la otra, al revs. Una tercera forma mixta no se considera a

. Tambin los autores de crtica textual se hallan divididos en la reconstruccin de este texto. Si alguna razn de lgica interna pudiese valer, sera el orden, lgicamente puesto, en la aplicacin. En cuyo caso tendra la prioridad la que pone primero en escena al hijo m

¿Cul es el sentido de esta parbola? Jesucristo mismo lo da en el v.31. Les dice: En verdad os digo que los publcanos y las meretrices os preceden a vosotros en el reino de Dios.

cluido aqu por una cierta analoga con la cita de los publcanos y meretrices o por venir a referirse al pasaje anterior, sobre los poderes de Jess, en el que se cit a Juan Bautista. Hasta se quera ver en l una alusin, en otra forma literaria, de un pasaje de Lc (7:29-30

Los publcanos, gente odiada en Israel, hasta considerarse contaminados con su trato, y las meretrices, la hez de la sociedad, se contraponen aqu a los fariseos, los puros, los que conocen la Ley, los que la cumplen. En Mt las obras es un tema base. Pero esta aplic

3) El hijo primero, que dice que s y luego no cumple la voluntad de su padre, son los fariseos. Como conocedores de la Ley, eran los primeros que deban haber ingresado en el Reino. Tericamente decan que s para aceptar al Mesas cuando viniese, pero de hecho, ante Cristo-Mesas, dijeron que no. Vieron las seales que Cristo haca como garanta de su

mo Jesucristo, caracterizando esta hipocresa religiosa: Dicen y no hacen (Mt 23:3). Y tambin les dijo que no entris (en el reino de los cielos) ni permits entr

Los tres sinpticos ponen esta parbola inmediatamente despus de la cuestin de los poderes de Jess. La descripcin de la via es costumbrista. No era raro en Galilea que ciertos dueos arrendasen sus tierras y ellos se marchasen a vivir a tierras lejanas. La descripcin en los tres sinpticos tiene pequeas variantes literarias, suyas o de la catequesis, que no tienen ms que simple valor descriptivo. Ya lo enseaba San Agustn

. El auditorio inmediato o, al menos, al que llega esta enseanza, son los prncipes de los sacerdotes y los fariseos (v.45), y a los que se refiere en sus parbolas, pudiera ser en general el auditorio jerrquico del v.23. Y en el v.45, al or esto los prncipes de los sacerdotes, al or estas

2) La via es Israel. Era una de las expresiones ms caractersticas para simbolizar a Israel desde Isaas (Is 5:1-7; cf. 27:2-6; Jer 2:21; 12:10; Ez c.17; Os 10:1; Sal 80:9ss, etc.). En el templo herodiano de Jerusaln, una gran vid de oro macizo y de proporciones colosales, colocada encima de la entrada

4) Los siervos que envan a su via para recoger los frutos de aquella etapa y acelerar la fructificacin de esta via son los profetas (cf. Mt 23:29-38; Lc 11:47-51; cf. 13:34; Act 51:52; Heb

rrado; Jeremas, lapidado en Egipto; Miqueas, aprisionado por Acab; Zacaras, apedreado por orden del rey Jos; el Bautista, decapitado por orden de Antipas; Jesucristo y los apstoles, perseguidos y martirizados. Los diversos grupos y pocas no tienen un matiz alegrico esp

rlo (Mt 27:23.25; Act 3:14.15). Es el propsito de su muerte. Mt-Lc dirn adems que, echndolo fuera de la via, lo mataron. Se refiere aqu a Jerusaln. Cristo padeci (su muerte)

Despedir de mala manera a esos malhechores. Este anuncio proftico de Cristo tuvo un cumplimiento histrico trgico: castigo a Palestina por Vespasiano, que culmin con la destruccin de Jerusaln el ao 70 por Tito.

La continuacin que ponen los tres evangelistas ya no pertenece a la alegora. Es un desarrollo o amplificacin, un tema sugerido, por lo que significaba este rechazar de su v

a al Hijo. Se cita la Escritura como argumento supremo en Israel. Al negar los prncipes de los sacerdotes y los fariseos que no sucedera esto, les pregunta: ¿Qu significa ento

Esta cita est tomada del salmo 118:22. El salmo es un canto de triunfo con el que se alaba a Dios por haber hecho triunfar a Israel, conculcado por invasiones y reyes. Y no slo esto, sino que el Israel despreciado y oprimido por los gentiles vino

es una gran piedra, como an se ve en ruinas en Palestina, que serva para unir, por su ngulo, dos partes de un edificio. Es expresin muy usual (Jer 51:26), y lo mismo poda estar en el fundamento del edificio (Is 28:6) que en partes intermedias, o incl

El v.44 es leccin crticamente discutida. Slo la trae Mt. Dice as: Todo el que caiga sobre esta piedra, se estrellar. Y sobre quien ella caiga, lo aplastar.

jos literarios para la primera parte, de Isaas (Is 8:14.15), y para la segunda, de Daniel (Dan 2:34.45ss), se expresa lo que ser el efecto de esta piedra rechazada por los edificadores judos. Si ellos chocan contra El — los autores de su muerte —, se estrellarn contra El; y si El, su justicia, tiene que venir contra ellos, entonces los aplastar. Es el pensamiento que ac

del siglo II, Lc, Mc, Mt, hace ver un manifiesto proceso de alegorizacin en la misma. Sin embargo, hay que descartar que fuese originariamente una alegora inventada por la Iglesia primitiva y puesta en boca de Cristo, pues se hubiese destacado claramente el tema central y triunfal de aquella poca cristiana:

damente a la via. En Mt son grupos. En Mc, el hijo es muerto dentro de la via; no se ven rasgos claros alusivos a la pasin, como en Mt-Lc. El hecho de enviar, por ltimo, al hijo pudiera ser un rasgo lgico postulado por el desarrollo de la parbola — como se indicar luego en Mc, de suyo, la alusin es ms clara a Cristo al poner unido

trar en su herencia los viadores, cabra pensar si esto no supone una interpretacin alegrica en cualquier estadio de esta parbola. Sin embargo, estos datos responden a realidades hist

Los latifundios de Galilea se encontraban en gran parte en manos de gente extranjera, que incluso vivan fuera del pas. El odio de los galileos contra estos dueos era bien conoc

minadas condiciones, se considera como bienes sin amo, que cada uno puede tomar, teniendo preferencia el primero que la tome. La presencia del hijo les hace suponer que el dueo ha muerto y que el hijo viene a tomar posesin de la herencia. Muerto ste,

terminadas condiciones que les harn legalmente dueos de la via. Podra, originariamente, la parbola haber terminado aqu y as. ¿Qu significara entonces? ¿Cul era su finalidad d

ante las crticas farisaicas por admitir al reino a los pecadores. Se la justificara con una comparacin parablica o una sencilla alegorizacin, diciendo que ellos fueron los primeros llamados, pero que, ante sus reincidencias en el rechazo de aceptar el ingreso en el reino, se dio la via a otros (Mc-Lc), que, por analoga con las parbolas del mismo gnero, seran los pobres (

Ya en su estadio primitivo haba base para una cierta orientacin alegrica. La via descrita es Israel (Is 5:7); lo que todos saban. Por tanto, los viadores eran los jefes rel

12 P. Van Bergen, L'entre messianique de Jess a Jerusalem: Les Quest. Liturg. et Paroiss. (1957) p.9-24; J. Dupont, L'entre de Jess a Jerusalem dans le redi de St. Matth. (21:1-17): Lum. et Vie (1960) p.1-8; Stanley,'£iwde5 mathennes: L'entre messian

sen. (1962) 256-260; A. Robn, The Cursing of the Fig Tree in Mk 11. A Hypothesis: New Test Studies (1961ss) p.276-281; C. W. F. Smith, No Time for Figs (Mc 11:12-14.20-23): Journ. of Bibl. Literat. and Exeg. (1960) p.315-327; G. Mnderlein, Die Verfluchung des Feigenbaumes (Mk 11:12-14): New Test. Studies (1963) p.89-104.

Esta parbola de los invitados a la boda del hijo del rey, en su frmula compleja, tal como aparece en el evangelio de Mt, es propia de este evangelio. La doctrina se acopla, en estos ltimos das de la vida de Jess, como un anuncio proftico de la muerte que El recibir, del castigo que recibir Israel y de la vocacin al ingreso de todas las clases de Israel en su reino o acaso tambin a los gentiles.

V.7. El rey que enva sus ejrcitos y manda matar a aquellos asesinos, es explicable en un rey oriental, dueo de vidas. Lo que no se explica es que los invitados no acepten, cuando, en un rey oriental, la invitacin es una o

ento tambin ausente en Lc, introducen un nuevo aspecto, una idea distinta de la comparacin fundamental que se da en los versculos antes dichos. ¿Se trata de una nueva alegora? Se percibe una

. No slo es extrao que los invitados que no quieren asistir al banquete maten a los enviados, sino lo que lo desorbita an ms es que el rey movilice sus ejrcitos para matar a aquellos reducidos asesinos, y les incendie la ciudad.

o en la alegora que comienza con el v. l1. Es el tema del vestido nupcial. El rey encuentra a uno que no lo lleva y lo manda castigar. Este aspecto, ¿es ajeno a la estructura de las dos alegoras o es parte integrante de la primera? La enseanza que se

de la alegora primera. Su ausencia en Lc, en el lugar paralelo, viene a confirmar esto. Adems, en el v.10 el rey manda que salgan los criados y traigan al banquete a todos los que hallen, y trajeron, hasta lle

cido el reino mesinico —, no ha de quedar sin lugar su objetivo. Otros entrarn en l. Estos primeros invitados no eran dignos. El rey manda a sus siervos — apstoles, Pablo, etc. — que salgan a la bifurcacin de los caminos, y a cuantos encontris, llamadlos a las bodas. Y los siervos salieron, y a todos cuantos encontraron, malos y buenos, los reunieron, y la sala de bodas qued

slo consiste en que los siervos salen de la ciudad del rey a buscar a estas gentes en las bifurcaciones de los caminos. ¿Se quiere expresar con esto que quedan las vas abiertas a todo el que venga por ellas, judo o gentil? Tal vez. Pero no es evidente esta suposicin.

Tendra a su favor la historia de la predicacin evanglica, cmo debi de comenzar por Jerusaln, Judea, Samara y hasta lo ltimo de la tierra (Act 1:8), y cmo los apstoles comienzan a predicar a los judos, mas, al ser rechazados por stos, se vuelven a los gentiles (Act 18:6).

La alegora se refiere slo a los judos. Se referira, con los primeros mensajes, a los dirigentes religiosos de Israel, a los que deberan saber que El era el Mesas, a los que podan juzgar que los das del Mesas estaban presentes (Mt 16:1-3). Los fariseos rechazan a

ciones se explicara por artificio literario — a que ingresen en el reino las clases no dirigentes ni cultivadas, o las clases cultivadas y el pueblo, despreciado por los rabinos por no conocer la Ley como ellos (Jn 7:49). As se explicara bien el que se hace ingresar en el reino a todos los que se encuentran, buenos o malos. Los malos seran las gentes ms despreciables de la sociedad juda: los pecadores,

traponiendo esto en la parbola de los dos hijos enviados a la via (Mt 21:28-32), a los prncipes de los sacerdotes y a los ancianos (Mt 21:23), y entre ellos a los fariseos, les dice: en verdad os digo que los publcanos y las meretrices os preceden en el reino de Dios (Mt 21:31).

ervos enviados sern, acaso, en la alegora original, los profetas; pero en esta perspectiva literaria son el Bautista, los apstoles, los discpulos misioneros de Cristo, de los cuales varios ya fueron ultrajados y muertos.

dien la ciudad. Parece, dentro de todo el conjunto de elementos alegricos de este relato, que se trata de la destruccin de Jerusaln por Tito, el ao 70, aunque los elementos con que se lo describe no pasan de un clis con el que se describen en el A.T. este tipo de catstrofes.

3) El vestido nupcial son las disposiciones morales requeridas para participar en el reino. La unin a l por la fe se supone en todos los convidados — incluso en el que no est con el vestido nupcial —, pero hacen

tismo cristiano se supone como ingreso a este banquete de boda mesinico, pero se exigen condiciones de permanencia en l (Rom 3:8; 6:1.15; Jud 4), en orden a la escatologa final.

8) El cambio de la palabra “siervo” () (.3.4.6.8.10) por “ministros” () (. 13) confirma, filol

quesis, sea por el evangelista, no tiene relacin directa con las alegoras expuestas. Y se ve fcilmente. Dice la sentencia: (Porque) muchos son los llamados, pocos los escogidos. Muchos, de suyo, puede ser equivalente a todos (Mt 20:28; Mc 10:45; Rom 5:15.18.19). Se trata de un semitismo, que responde al hebreo

se interprete del rechazo de los judos y de la vocacin de los gentiles al reino mesinico; en cualquier hiptesis, los rechazados son menos que los posteriormente invitados, puesto que con ellos lleg a llenarse de comensales el banquete. Pero esta se

tencia dice lo contrario si se aplica a una consecuencia o deduccin de la alegora. Sera: muchos son los llamados — clases dirigentes y todos los judos, que son los

La tercera alegora — el vestido nupcial — tampoco tiene relacin directa con esta sentencia. Aplicada a esta alegora como una deduccin o formulacin prctica de su cont

entran en el reino en su fase temporal. Las alegoras pintan invitaciones e ingreso en el reino desde el punto de vista de la contraposicin entre los judos, sobre todo los dirigentes, o los gentiles. Pero en esa masa debe de haber atencin para su ingreso

lacin con la parbola en su estadio primitivo. Se ve por varios datos, al compararla con el relato ms sobrio de Lc y con el an ms esquemtico del apcrifo

1) En ste, la descripcin es sobria, esquemtica. Un hombre prepar un banquete. Enva a un siervo a que invite a cuatro personas, que se excusan de asistir. Entonces manda al criado que salga a las calles y traiga a los que encuentre para que tomen parte en el banquete preparado (cf. J. jeremas, o.c., p.215).

nquete e invita a muchos. Envi a su criado a invitar a tres clases de personas. Pero todas se excusan de asistir. El criado se lo cuenta al seor (

le manda de nuevo al “criado” salir a “los caminos y cercados” y “obligarles” () a entrar, hasta que se llenase de invitados la casa. Pues los otros no tomar

e; aade la obra de destruccin de la ciudad por no haber querido ingresar aquellos hombres en el banquete de bodas de su hijo; aade el tema del vestido nupcial y el castigo que le guarda a este invitado.

El rey, irritado, enva sus tropas e incendia aquella ciudad e hizo perecer a aquellos asesinos. Debe de ser la destruccin de Jerusaln y el envo de las tropas romanas, que invaden Palestina e incendian Jerusaln. En la Escritura se habla de tropas enemigas de Yahv, a las que El enva para castigar a otros pueblos (Is 10:5-6-11). Isaas describe el ej

cito de los medos como el ejrcito de Yahv, dispuesto a destruir Babel, diciendo: yo mando mi ejrcito — dice Yahv — consagrado para la guerra, y llamo a mis valientes para ejecutar mi ira (Is 13:1-15).

La boda est preparada, pero los invitados no son dignos (v.8b). Este pensamiento no est explcito en Lc. La boda est preparada, porque es la hora de Cristo Mesas prese

te, que instaura el mesianismo, representado, ambiental mente, por un banquete. En el A.T. era alegora de Yahv con su pueblo — desposorios —, que aqu se prolonga con la divinidad

en el banquete de bodas, en el Reino, hace falta, adems, el cumplimiento tico de sus preceptos (Rom 3:8; 6:1.15; Jud 4). Por eso, el que as no obre es arrojado a la oscuridad de fuera, en contraposicin a la ilum

As, una parbola primitiva cobra una alegorizacin dada por la Iglesia primitiva. La alegora de Mt, en su sentido original en boca de Cristo, debi de ser una parbola con la que se responda a las crticas de los fariseos

enriquecindola cristolgicamente; y, sin hacerle perder su sentido fundamental originario, la aplic a sus fieles. Debi de surgir tambin la crtica de admitir en su seno a ciertos (cf. J. Jeremas,

Environle discpulos suyos con herodianos para decirle: Maestro, sabemos que eres sincero, y que con verdad enseas el camino de Dios sin darte cuidado de nadie, y que no tienes acepcin de personas.

Las maquinaciones para perder a Cristo continuaban. Los fariseos le enviaron discpulos suyos, que eran estudiantes ya aprovechados de la Ley, pero que an no haban recibido el ttulo oficial de

La pregunta poda encerrar un problema moral para algn judo de conciencia recta. Como segua teniendo inters para las comunidades judeo-cristianas antes de la catstrofe del 70, y, en sentido ms general, para el tema de la obediencia a la potestad civil (cf. Rom 13:6-7; 1 Pe 2:13).

lao, bajo el procurador Coponius (6 d.C.), Judas el Galileo (Act 5:37) arm una revuelta echando en cara a los judos que pagasen el tributo a los romanos y que sufriesen otros se

se, en contraposicin a los impuestos aduaneros. Podra referirse a la capitacin, que era el tributo personal que deban pagar al Csar todas las personas, incluidos los siervos; los ho

. Pero sera muy probable que, por la palabra impuesto, se refiriese aqu a todos los impuestos que los judos tenan que pagar, directa o indirectamente, a Roma, en contraposicin al medio siclo que, por motivo religioso, se pagaba al templo.

Le traen un denario. Este poda tener la imagen de Augusto o de Tiberio. Ya que las monedas del emperador anterior tenan curso vlido en el del siguiente. Lo interesante es que perteneca al Cesar.

Los judos usaban las monedas romanas en su nacin, por lo que reconocan de hecho el dominio sobre ellos del Cesar. La moneda extranjera se tena por seal de sujecin a un poder extranjero. Precisamente, para indicar su independencia, los Macabeos crearon un tipo propio de moneda, y luego, en el levantamiento final, hizo lo mismo el pseudomesas Bar Khokhebas. Por eso, si ellos reconocan este

Pero si, por tanto, haba que dar al Cesar lo que es del Cesar, haba otra obligacin tambin en los sbditos. Hay tambin que dar a Dios lo que es de Dios. En realidad, este precepto abarca el otro, de sumisin al poder constituido, y en ste cobra su fuerza aqul. Que den, pues, a Dios lo que es de Dios, no slo en el orden moral personal, sino en el colectivo de la nacin, en cuanto las exigencias teocrticas sean compatibles, en asp

ectos no esenciales, con las determinaciones del poder que los tiene sometidos. Las obligaciones para con el Cesar son temporales; las obligaciones para con Dios son trascendentales. Fue una de estas en

En el ciclo de preguntas capciosas parar perder a Cristo est tambin este pasaje. El ataque viene ahora de los saduceos. Estos eran materialistas. Negaban la existencia de espritus — ngeles y almas humanas — y negaban la resurreccin de los cuerpos, creencia ntim

Los saduceos atacan a Cristo en su enseanza con un dato que se basa en la ley del levirato. Segn esta legislacin, cuando un hombre casado muere sin descendencia, su hermano se casar con su cuada y el primognito de este matrimonio figurar como hijo del hermano muerto (Dt 25:5-10). Los saduceos, para defender su posicin, complicaban el tema hacindole tener consecuencias hasta en el otro mundo. Tal es el caso hipottico que se cita en el evangelio. Eran cuentos que usaban los saduceos para defender su posicin y que se recogen en el Talmud. Un judo pierde a doce her

anos casados y sin hijos. Conforme a la ley del levirato, las doce viudas lo reclaman, y l acept tomar a cada una por mujer un mes al ao, y al cabo de tres aos era padre de treinta y seis nios

Les dice que yerran porque no comprenden las Escrituras ni el poder de Dios. En efecto, ¿quin podra poner en duda el poder de Dios de resucitar a un muerto? Varios haba resucitado Jesucristo en su vida, y bien patente y bien reciente estaba la resurreccin de Lz

En primer lugar les hace ver que, en la hora de la resurreccin gloriosa, los cuerpos no tienen la finalidad transitoria que tienen aqu. Era error no slo de los saduceos, sino de un sector, al menos, de los mismos fariseos, el atribuir a los cuerpos resucitados las funciones carnales que tenan en la tierra. Precisamente la procreacin prodigiosa, ridcula y monstruosa de las mujeres sera una de las caractersticas despus de la resurreccin, como superacin de la prole numer

. Pero en la resurreccin no ser as. Esta finalidad y sus funciones correspondientes no tienen razn de ser. En la resurreccin, al no morirse, ya no hay que conservar la especie. Por eso, en

critura haba otros pasajes, claros, en los que se habla de la resurreccin corporal (Dan 12:2; Sal 16:10-11; 49:16; 2 Mac 13:43). Si Jesucristo utiliza este texto con una argumentacin e

En este texto del xodo, en su sentido literal histrico, no se trata de probar que los patriarcas vivan, sino que Dios, que se aparece a Moiss, frente al politesmo y al etnotesmo reinantes en la antigedad, le garantiza y se identifica con el mismo Dios que se apareci a los patriarcas. Pero Jesucristo, con su argumentacin, va ms lejos. Pues dice al citar estas palabras — Yo soy el Dios de Abraham, Isaac y Jacob — que, si Dios es el Dios de

la resurreccin. Mas ¿cmo concluye este argumento? Pues, a lo ms, parecera probar que las almas de los patriarcas vivan, eran inmortales. Pero aqu la prueba va a la resurreccin de los

Se ha propuesto que Dios aqu descubra un sentido profundo de las palabras de las Escrituras, que ni el mismo Moiss haba comprendido. Ni contra este desconocimiento de Moiss ira lo que se lee en este pasaje en Lc: Que los muertos resucitan, lo

. Concretamente, rab Sinay deduca de Ex 6:4 la resurreccin de los muertos. Pues como all Dios promete a los patriarcas darles la tierra de Canan, y como se promete a ellos, de aqu deduca la resurreccin de los patriarcas

umana, es que no se la concibe como tal sin el cuerpo. De ah que el amor predilecto de Dios a los patriarcas, que era adems irrevocable, exiga, en el plan de Dios, l

Pudiera extraar lo que se lee en Lc, por efecto de la procedencia de otras fuentes, como si la resurreccin fuese privilegio exclusivo de los justos. Pues se lee garantizando la resurreccin: Pero los que son

. Pero la respuesta de Cristo va en la perspectiva concreta de la resurreccin de aquellos a quienes afecta el amor de Dios, como eran los patriarcas. De los otros prescinde. Como tambin prescinde San Pablo en la primera epstola a los Tesalonicenses, al hablar slo de la resurreccin de los justos (1 Tes 4:13-18).

s escribas, sin duda de secta farisea, que defendan la resurreccin contra los saduceos, al ver apoyar sus creencias, por sinceridad o poltica, aplauden la posicin de Jesucristo (Act 23:6-10).

Este pasaje lo traen en forma anloga Mt y Mc. Lc tambin lo trae en forma ms esquemtica y como introduccin justificatoria, que dar lugar a la exposicin de la parbola del buen s

cuentes. Se distinguan ordinariamente 613 mandatos: 248 eran positivos y 365 negativos. De ellos, en las listas que se elaboraban, a unos se los califica de graves, y a otros, de leves. Aunque en la poca de Cristo este nmero no hubiese estado cerrado y fijo, existan ya listas, clasificaciones y discusiones en torno a ello. Frecuentemente se buscaba cul fuese el primero de estos mandamientos

. Se lee en una parbola sobre el Deuteronomio 22:7: El Santo (Dios) no ha revelado qu recompensa guarda sino slo a dos preceptos, el ms importante entre los importantes: Honra a tus padres (Ex 20:22), y el ms pequeo entre los pequeos: Deja libre a la madre cuando cojas a los pajaritos (Dt 22:7). Para estos dos mandamientos ha fijado la recompensa

(), pero el sentido exacto de esta palabra depende del contexto. No siempre tiene mal sentido, ya que significa “experimentar,” “probar,” pero lo mismo pu

nza. Este parece ser el sentido, como se desprende de Mc (v.34). El que le interroga es “legista,” un doctor de la Ley (). En Mt-Mc se plantea el problema ambiental sobre cu

ay que hacer para alcanzar la vida eterna. Si no es que pretende preguntar por algunas prcticas especiales, en el fondo es la pregunta que se hace en Mt-Mc: seran las prcticas esenciales, por lo que se le centra el tema. En Lc la r

daccin es ms exhortativa; era inters suyo o de su fuente. En Mc se aprecia un ambiente helenstico, en el que interesa, adems del hecho histrico de Cristo, darle una redaccin p

, , , . El actual texto de Mc tendr

el comienzo de la misma: Oye, Israel (Dt 6:4.5). Todas estas expresiones: corazn, alma y fuerza (Mc), ms que expresar cosas distintas, son formas semticas, pleonsticas, de decir globalmente lo mismo. Esto es lo que constitua originara y fund

Para los judos, este mandato del amor de Dios sobre todo era fundamental. Pero tambin se vinieron a mixtificar o yuxtaponer a l otros, en los que, dndole una importancia excesiva a otras cosas muy s

nos poner por encima de todos los preceptos el mandamiento de sacrificar diariamente dos corderos de un ao a Yahv. Hasta el mismo precepto del amor a Dios vena a quedar as desvirtuado por el precepto de sus mismos ritos.

palabras del Levtico: Amars a tu prjimo como a ti mismo (Lev 19:18). Pero en su mismo contexto se ve que este prjimo de un judo es slo otro judo, y a lo ms el peregrino (

Pero, frente a esta mutilacin de lo que es prjimo y de los deberes que para l hay, Jesucristo explica el mandamiento del Levtico y lo sita en el puesto que le corresponde, y lo precepta en funcin de Dios. Por eso se da aqu a este mandamiento dos caractersticas: la

cima de los ritos y ceremonias. Tal, en el siglo II despus de Cristo, el rabino Ben Zoma. Lo cual no era ms que situarse en la enseanza de los profetas (Os 6:6; Jer 7:21-23; cf. Prov 21:3).

Se supone entonces que, en la hipottica primera parte perdida, los fariseos le plantearan capciosamente alguna pregunta, v.gr., al estilo del tributo del Cesar, para comprometerle con la autoridad romana, o sobre el mesianismo en su relacin con David. Y se quiere ver una confirmacin de la pr

s (Mc 12:35). A lo que Cristo habra respondido con una pregunta difcil de contestar. R. Bultmann considera este texto en Mc desprovisto de valor polmico, mientras se lo da en Mt y la fuente de que l procede

Naturalmente, todo esto es demasiado hipottico. Ya es muy hipottico pensar que se pierda la primera parte de un relato y no el resto, que forma, por hiptesis, unidad con l. Es hipottico el suponer el contenido de esa primera parte y confirmarlo con el comienzo de Me: respondi Jess,

bra, que es el sentido que tiene frecuentsimamente en los evangelios. Y contra esta hiptesis est la lgica explicacin, de gran contenido doctrinal, de este pasaje.

cos. Los fariseos estn reunidos (Mt) probablemente en torno a El (Mt 22:34), cuando Jess, dirigindose a ellos, que es lo mismo que, con frmulas ms imprecisas, dice Mc — ens

. En tiempo de Jesucristo se lo tena por mesinico. Los apstoles lo citan frecuentemente en este sentido (Act 2:34; 1 Cor 15:25; Ef 1:20-20; Heb 1:3; 5:6; 7:17.21; 8:1; 10:12-13; 1 Pe 3:22). Pero despus de la muerte de Cristo, al ser utilizado por los cristianos para probar el carcter mesinico de Cristo, los judos, para evitar esta argumentacin, le negaron este carcter, atr

sas, por ser ste superior a aqul, poda llamarle Seor, que el intento de Cristo ha de ser otro. Y no es que no sea por origen descendiente de David, lo que era evidente. Pero Cristo hace hincapi en que no bastara esto. ¿Cul es entonces el verdadero y profundo moti

leza del Mesas, como era la creencia de un sector de la tradicin juda, interpretando as la profeca de Daniel: su naturaleza trascendente. Precisamente Cristo destaca el hecho de que le llame Seor siendo su hijo. Quera con ello orientar el verdadero sentido de esta expresin aplicada al Mesas. En la versin de los LXX, la palabra

clamado superior a Salomn rey (Mt 12:42), a Jonas profeta (Mt 12:41), al sbado, hasta ser l mismo seor del sbado (Mt 12:8), y de ser superior al mismo templo (Mt 12:6).

tt.76 p. 142-144; W. Gronkowski, Ami-ce, quomodo huc intrasti. (Mt 22:12): RuBi (1959) p.24-28; G. R. Castellino, L'abito di nozze nella parbola del convito (Mt 22:1-14) e una lettera di'Mari: Est.

., vers. 1 tal. (1923) II p.135-136. — 14 Strack-B., Kommentar. III p.650. — 15 Strack-B., Kommentar. II p.888 y IV p.891. — 16 Libro de Henoc V 6:8; M. Wlles, Studies in Texis: Lk. 20:34ss: Theology (Lon-don 1957) 500ss. — 17 Strack-B., Kommentar. I p.893ss. Biblia comentada 5a —

18 Bonsirven, Textes rabbiniques. (1955) n.1901 p.514; Dreyfus, L'argument scripturaire de Jess en faveur de la re'surrection des mors: Rev. Bib. (1959) 213-224; S. Bartina, Jess y los Saduceos. El Dios de Abr

— 31 Cf.Rev.Bibl. (1905)46-50. — 32 Strack-B., Kommentar. IV p.452-465. — 33 San Justino, Dial, cum Triph. c.33 y 88. — 34 Strack-B., Kommentar. IV p.452-465; Tournay, Le Psaume 110: Rev. Bib. (1960) 5-41. —

Mc (12:38-40) y Lc (20:46-47) ponen algn pequeo resumen — alguna sentencia — solamente de la primera parte del mismo — de tres y dos versculos, respectivamente —, y en la misma situacin histrica lo insertan los tres, inmediatamente despus de narrar la cuestin sobre los orgenes del Mesas.

algunos procedentes de otros momentos de la larga lucha de stos contra Cristo. Y hasta alguno pudiera estar muy matizado, si no redactado, por el evangelista o su fuente (v.10), ausente en los otros sinpticos, aunque conforme al espritu de la doctrina de Cristo y al estilo de estas afirmaciones. Por otra parte, aunque en momentos distintos, era una neces

cribas y fariseos, es que stos se sentaron en la ctedra de Moiss. Esta expresin tuvo un doble sentido. Conforme al uso de la expresin rabnica, estar sentado en la silla de alguno significa ser sucesor, tener el derecho de ensear con su poder. En poca posterior, la expr

en una ceremonia no bien conocida y mediante la imposicin de manos. As, ellos se crean llegar por esta cadena ininterrumpida hasta el mismo Moiss, de quien recibieron la tradicin, la custodia de la Ley y el poder de ensear. Consid

rael, tenan un poder, y ste haba que respetarlo. Por eso Jesucristo dir de ellos, en cuanto transmisores de esta doctrina, no en cuanto alteradores de ella y de sus principios (cf. v.4): Haced, pues, y guardad lo que os digan, pues es la doctrina de la Ley, pero no los imitis en las obras, porque ellos dicen y no hacen. Era una de las grandes responsabilidades del farisesmo: destruir con su mal ejemplo lo que enseaban con autoridad oficial. De este tipo

Pero no slo no cumplan lo que enseaban, sino que hacan una obra perniciosa en la guarda o en la precaucin por la observancia de la misma Ley en otros. La cargaban de una serie de minuciosidades y reglamentaciones preventivas, que hacan aborrecer la misma Ley: la hacan insoportable. Bastaba recordar sus prescripciones, ridculas, sobre las lociones de manos, va

os, alimentos, comidas y hasta de los mismos lechos del triclinio; o el camino del sbado, o sobre la pureza o impureza, diezmos, etc.; en una palabra, toda la casustica rabnica. La construccin rabnica en torno a la Ley es un cercar y aprisionar la

isma Ley; y en lugar de ser preventiva para su cumplimiento, era una legislacin casustica que slo haca odiarla. Nunca mejor que aqu la sentencia de que la letra mata. La casustica rabnica an

se desenvuelve la primera parte de este pasaje es el poder que tenan de doctores; pero no se considera ni aprueba, por tanto, la equivocacin en tantas cosas de su exgesis sobre la Escritura.

ritu postizo y material que ponan en ciertas obras externas. La descripcin de esas exterioridades farisaicas es dura. En cada apartado se dan los lugares paralelos, lo mismo que, por razn de homogeneidad, se comentan aqu algunos elementos que no tr

nos, para que te sirvan de seal; pntelos en la frente entre tus ojos (Dt 6:8). Y lo que era una recomendacin metafrica, se hizo por los rabinos una realidad material. Se escriban las palabras de la Ley en membranas, se metan en pequeas cajitas y se las ataban con tiras de cuero al brazo izquierdo, y se sujetaba tambin esta cajita en la frente. Se las usaba por los piadosos materi

rentar as ser ms religiosos que los dems. Ni parece que fuese ajeno a ello cierto sentido de supersticin, al venir a considerrselo con un cierto valor de amuleto

ran flecos en los bordes de sus mantos, y aten los flecos de cada borde con un cordn color de jacinto (Nm 15:38), que se pondran en las cuatro puntas del vestido (Dt 22:12), para que les recordase el cumplimiento de todos los mandatos de Yahv. Esto que se consideraba una prctica piadosa, haca que los fariseos, por hacer alarde de su piedad, las alargasen.

dos de tnicas largas y amplias, sin duda para llamar la atencin, por su gravedad, en este lento pasear y ser as saludados en las plazas. Detalle este ltimo que tambin recoge Mt (v.7a). Este tipo de plaza o gora, en la antigedad, no era un lugar aislado, sino que era el centro social de la ciudad; all iban para recibir los saludos de las gente

— maestro mo — era el ttulo ms codiciado por ellos y con el que los judos solan llamar a sus doctores. Tal era el ansia que tenan de ser saludados con este ttulo, que llegaban a ensear que los discpulos que no llamaban a su maestro por el ttulo de

y no buscis la gloria que procede del nico? (Jn 5:44). Nada era comparable para un escriba como el ser citado por otro rab como una autoridad que fijase, en su cadena de autorida

12:39; Lc 20:46). Jesucristo contar en una parbola cmo no se deben buscar en un banquete los primeros puestos — reflejando, sin duda, este medio ambiente —, sino los ltimos, no vaya a ser que, ante todos los comensales, sea uno invitado a dejar el pue

zn de la edad; pero tambin por razn de la dignidad del personaje, v.gr., de su sabidura. Como estos puestos por motivos de dignidad eran mucho menos frecuentes que los que se asignaban por razn de la edad, de ah que la ostentacin y vanidad de los fariseos quisiese que en los banquetes se les asignase a ellos estos primeros puestos.

. Con su conocimiento del derecho y con su astuta piedad, devoraban los bienes de las viudas, gente, generalmente, sin defensa (Ex 22:22; Dt 10:18; 14:29; 16:11.14; 24:17, etc.). Era algo contra lo que clamaban los profetas. O acaso les devoraban los bienes a cambio de promesas de largas oraciones,

Toda esta conducta farisaica, demasiado clara en su significado, queda terminantemente estigmatizada por Jesucristo en una frase terrible: Todas sus obras las hacen para ser vistos de los hombres (Mt v.5a).

ni rab, ni padres, ni doctores. Estas expresiones vienen a ser sinnimas. Su triple repeticin es uno de los casos clsicos de sinonimia hebrea; al menos los matices d

Ante esta ansia farisaica desmedida de hacerse llamar rab, ellos — ¿quines? luego se dir — no deben hacerse llamar rab. ¿Por qu? Porque uno solo es vuestro Maestro. Todo magisterio religioso tiene por fuente y maestro absoluto a Dios. Ante este Maestro, t

el hombre no se lo apropia y vuelca sobre s, como hacan los fariseos. As deca sobre 180 (d.C.) rab Ismael bar Jos: No te consideres como nico juez; uno solo es nuestro juez, Dios

de Israel en nada se distingue del concepto de director de la vida moral y religiosa. Otros consideran como probable que este v.10 no sea otra cosa que un duplicado del v.8, puesto que no se ve una palabra aramea que responda propiamen

que ha de tenerse o que ha de haber en aquellos que tienen puestos de magisterio o jerarqua. As les da la norma: El ms grande entre vosotros deber ser como vuestro serv

dor. No se niega la jerarqua, pues abiertamente se reconoce cmo debe comportarse el mayor entre vosotros, lo que es reconocerla, sino lo que se ensea es cmo ha de conducirse y cul ha de ser la actitud del espritu que han de tener los que tienen esos puestos: Ser como un servidor (

la providencia de Dios, que es sta: El que se ensalce ser humillado, y el que se humillare ser ensalzado (Mt). Norma proverbial que los evangelios recogen en varios casos (Lc 14:11; 18:14), y que Jesucristo debi de repetir, como uno de esos temas c

Esta segunda seccin del discurso de Cristo son siete amenazas contra los fariseos y escribas por siete aspectos de su hipocresa. La estructuracin de ellas con el nmero 7, tan del gusto de Mt, hace ver el artificio selectivo de las mismas. Faltan en Mc.

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipcritas, que diezmis la menta, el ans y el comino, y no os cuidis de lo ms grave de la Ley: la justicia, la misericordia y la buena fe! Bien sera hacer aquello, pero sin omitir esto.

o la culpa de ellos, como directores responsables. Con su llave cerraban, en lugar de abrir, como era su misin oficial, a las turbas su ingreso en el reino mesinico de Cristo, y hasta le prepar la muerte y movieron a las turbas a pedirla (cf. Mt

tos fuera del judasmo. Se sabe cmo, por influjo de un judo palestino llamado Elezaro, toda la familia real de Adiabene, sobre el 50 de nuestra era, se hizo juda

. Esto se prestaba a grandes abusos y a la irrespetuosidad ms flagrante. Como con el principio que para ellos rega esta prctica, se meta la praxis de la vida en una red de complicaciones que la hacan imposible, luego para salir de ellas se inventaron un cdigo sutil de dispensas. El Talmud tiene dos tratados sobre toda esta mecnica: el

del templo, s. Por el oro del templo podra entenderse el oro que revesta el sancta sanctorum, o el candelabro de oro, o la mesa de oro de los panes de la proposicin,

a ese oro que decora el templo y a esa ofrenda que se pone sobre el altar, que es, por su misma naturaleza, santo. Lo mismo que el que jura por el templo, jura por l y por quien lo habita. Lo mismo que el que jura por el cielo — que es el trono de D

La Ley preceptuaba el pago de los diezmos de los animales y de los productos de la tierra (Lev 27:30-33; Dt 14:22ss). Los rabinos llevaban esto con ostentacin escrupulosa. Se dice en el Talmud: Si alguno desgrana una espiga de cebada, puede comer los granos uno a uno sin 'diezmo'; pero si los recoge en su mano, debe pagar el diezmo; aadindose: Todo lo que se come, y conserva, y crece en el suelo, est sometido a diezmos

La enseanza doctrinal de Cristo es clara: ante esta escrupulosidad para cosas tan mnimas, debera ello ser exponente de una escrupulosidad mayor para las cosas fundamentales. Pero no era as en los fariseos. Hacan estas cosas para ser vistos de los hombres (Mt v.5). Por eso omitan lo que era esencial, pero que poda pasar ms inadvertido a los ojos de los hombres. Y esto era descuidar lo ms grave de la Ley: la justicia, la misericordia y la buena f

tica de sus diezmos era, pues, pura hipocresa. Bien sera hacer aquello, pero sin omitir esto (Mt-Lc). Por eso les refuta otra vez el pensamiento al estilo oriental, variando slo la forma: Colis un mosquito y os tragis un camello (Mt). Es una especie de proverbio, ya que el mosquito se tomaba usualmente por trmino comparativo de las cosas pequeas, y b

Para no contaminarse con alguna impureza legal, los rabinos y los mayores haban elaborado un cdigo de prescripciones minucioso e insoportable. Mc recoge una alusin a esto y hace una explicacin de estas costumbres. Dice de los fariseos y judos que de vue

pocresa farisaica. Escrupulosamente limpiaban por fuera los utensilios para comer, pero no se ocupaban tanto de lo que iban a poner dentro del plato. Estos, purificados por fuera, iban a estar por dentro llenos de rapia e intemperancia

Y lo que Mt aqu formula directamente de los utensilios que se limpian por fuera y los productos reales que se le ponen dentro, pero connotando indirectamente el estado de su vida moral, Lc lo interpreta directamente del estado moral: Limpiis la copa y el plato por fuera, pero vuestro interior est lleno de rapia y de maldad. Por eso, frente a esta actitud de una moralidad tan doble, les pide que limpien primero lo de

Lucas cambia, en el lugar paralelo, esta sentencia. Acaso provenga de una versin aramaica equvoca. Se estudia en el comentario a Lc 11:39-41. En Mt la versin es ms lg

manos, o un sepulcro, quedara legalmente inmundo por siete das (Nm 19:16). De ah la costumbre preventiva de blanquear los sepulcros antes de las fiestas de peregrinacin, sobre todo antes de la Pascua, para lo cual se empezaba esto desde el 15 del mes de Adar. El Talmud recoge estos usos antes de la Pascua, que se haca encalndolos

. Esta alusin se lleva como censura global a los fariseos. Aquellos sepulcros blanqueados estaban llenos de huesos de muerto y de toda suerte de inmundicias. As, los fariseos aparecen por fuera ju

de esto: que por arreglar estos sepulcros son cmplices en la muerte de los que guardan en esos sepulcros (Mt); lo que formula con un gran realismo Le: Vosotros mismos atestiguis que consents en la obra de vuestros padres; ellos los mataron, pero vosotros edificis (Lc 11:48). Todo esto se basa en el concepto semita de causa y efecto. Todo lo que de alguna manera se puede ref

cir la formulacin de este pasaje en Mt. Por el hecho de arreglar estos sepulcros, ya con esto os dais por hijos de los que mataron a los profetas (v.31). ¿Por qu? ¿Cul es el en

Y el contenido teolgico es ya bblicamente conocido (Ap 6:10-11). Son los planes de Dios, que asignan un lmite a la obra de su intervencin justiciera. El tremendo apstrofe que Jesucristo dedica a los escribas y fariseos, llamndoles serpientes, raza de vboras, es t

nas siendo malos? (Mt 12:34; cf. 3:7). Era metfora ya usada en el A.T. (Dt 32:33b; Sal 140:4b). Y se les anuncia un castigo: ¿Cmo escaparis al juicio de la gehenna? (Mt). ¿A qu castigo se refiere este huir del juicio de la gehenna? Normalmente, en las Escrituras el castigo de la gehenna est por el castigo eterno del infierno. Sin embargo, huir de la ge

. Por eso, esta frase en este contexto, a causa de los v.36 y 38, no parece referirse al castigo eterno — prediccin proftica — de escribas y fariseos, sino que parece referirse al castigo que experimentaran en el asedio y destruccin de Jerusaln

Jesucristo se muestra a s mismo — Yo os envo — como dueo que dispone de propios profetas, sabios y escribas. Son trminos judos bien conocidos. Pero aqu e

tos trminos se aplican a los suyos. Estos profetas, sabios y escribas son los apstoles y misioneros cristianos. Ya los haba considerado El como profetas anunciadores de su reino (Mt 10:40-4l) y como escribas (Mt 13:52). Acaso ms que una precisin y catalogacin tcnica de estas clases en sus apstoles y discpulos (1 Cor 12:4-10), se quera decir con ello que tambin El tiene su cuerpo de gentes sa

Cristo probablemente us, como ya se dijo a propsito de las profecas de su Pasin, del gnero proftico, que tiene sus leyes, amplias, vagas. Por eso, se ve aqu la matizacin ante hechos cumplidos.

rucificaris. Los judos no usaban la crucifixin. Este era suplicio romano. Pero ellos, como en el caso de Cristo, con sus denuncias seran causa de crucifixiones. As sera crucificado Pedro en Roma (Jn 21:18.19)

Toda esta conducta mala y homicida de fariseos y judos iba a tener una repercusin trgica en ellos. Iban a pagar por toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacaras, hijo de Baraquas, a quien matasteis entre el templo y el altar. Lc, en el lugar paralelo, comienza diciendo que se

edir cuenta de toda la sangre de los profetas derramada desde la creacin del mundo, desde la sangre de Abel. La primera parte es una hiprbole oriental, que queda precisada por la alusin bblica de Abel. Es, en el fondo, el mismo pensamiento que rela

Se conoce a otro Zacaras, muerto en el atrio de la casa de Yahv por orden del rey Jos; pero ste era hijo del que fue sumo sacerdote Yyada (2 Crn 24:21).

Una solucin propuesta, ms por va de coaccin ante la dificultad, fue suponer una duplicidad de nombres en el padre de este Zacaras: se llamara Baraquas y Yyada. Tiene como base slo una glosa. Probablemente se trata de una glosa explicativa o sustitutiva por c

nfusin del nombre de Yyada. San Jernimo deca que en el evangelio apcrifo de los Nazareos se lea, en lugar de Baraquas, hijo de Yyada.

cia. Y como con su muerte vendra el castigo sobre Jerusaln, por lo mismo, y unido a l, vendra el castigo por la sangre inocente de todos sus mrtires, o testigos, de los que aqu se trata.

incluye aqu, en un contexto completamente natural, un apstrofe a Jerusaln, que Lc lo sita en otro contexto, y que no debe corresponder a su situacin histrica, pues hasta est incluido en una seccin de su estancia en Galilea (Lc 13:34.35), por su p

Ante el triste vaticinio que Jesucristo hace del castigo por su muerte, abre su corazn sobre Jerusaln. La forma de repetir dos veces el nombre de Jerusaln, si llevaba una intens

rusaln, los profetas que mat y cmo apedrea a los que le son enviados. El mismo, al que tantas veces en Jerusaln y en el templo los fariseos quisieron matar, aunque aguardaron otra hora por temor al pueblo. Ante el deicidio y castigo que se avecina, Jess deplora ante Jerus

los bajo sus alas, as Jesucristo ofreci a Israel el calor protector de su amor (Dt 32:11; Sal 90:4; Is 31:5, etc.). Pero ¡no quisiste! Fue la tremenda responsabilidad de Israel ante las obras y milagros

Pero el castigo que se anuncia vendr sobre esta generacin (Mt v.36). Y se precisa: Vuestra casa quedar desierta. (Mt). La casa, lo mismo podra entenderse del solar patrio, sobre todo Jerusaln (Jer 12:7), que del templo (Jer 32:34). La terrible destruccin de Jerus

ln por Tito el 70, acompaada de deportaciones en masa. Segn Josefo, aparte de la cifra excesiva de 1.100.000 muertos en el asedio, fueron 97.000 deportados, y todos los menores de diecisiete aos fueron vendidos

En verdad os digo que no me veris, desde ahora (desde su muerte inminente) hasta que digis: ¡Bendito el que viene en el nombre del Seor! (Mt-Lc). ¿Qu perspectiva histrica anuncia el Seor? Los autores se dividen al sealarla. Para unos es la hora de la parusa final y triunfal de Cristo al fin del mundo (1 Tes 4, 13-18); para otros es la hora del ingreso de Israel en la fe despus que se cumpla el tiempo de las naciones (Rom 11:12; cf. Lc 21:24

). La primera posicin es difcil de admitir. Pues parece que esta aclamacin es triunfal y libre. Y en la hora de la parusa final, Cristo ser el Juez, y si los reprobos tendrn que r

conocer que Cristo-Juez es el Mesas, no lo hacen con una aclamacin libremente triunfal. Son los hechos los que se les imponen. Es la segunda posicin la que parece ms lgica. Pues en todo ello hay, sobre todo a la luz de San Pablo,

Las aclamaciones con que das antes lo haban recibido en Jerusaln sus discpulos y las turbas, el da de Ramos, encontrarn una repeticin en otra hora del pueblo de Israel — ¿ingreso paulatino? ¿masivo? — reconocindolo como verdadero Mesas (Rom c.ll).

ste captulo de Mt, como los paralelos de Mc (c.13) y Lc (21:5-38), contienen el Discurso escatolgico de Jesucristo, llamado as por versar sobre los finales de la Ciudad Santa y el mundo, y tambin

terior y pedaggicamente? Pero esta pregunta supone a su vez otra cuestin: ¿Hay en este discurso dos temas distintos yuxtapuestos, la destruccin de Jerusaln y el fin del mundo, o se trata del segundo tema — fin del mundo —, superpuesto al primero — castigo de Jerusaln —, de lo que se hablara directamente en este discurso? Otros autores antiguos, en cambio, piensan que todo el discurso se refiere al fin del mundo.

no quedara piedra sobre piedra (Mt 24:2, par.), y por responder tambin con su discurso a la pregunta de los discpulos, que le interrogan: ¿Cul es la seal de tu venida y

3) Es cierto que todas las expresiones o cuadros del discurso pueden explicarse, como se ver en el anlisis, directamente, literalmente, de la destruccin de Jerusaln. Pero no, po

Jess sale del templo para pasar el torrente Cedrn y subir al monte de los Olivos. Cuando iban caminando (Mc), sus discpulos, que Mc concreta en uno, se le acercaron. Podra esto hacer suponer que Jess, como en otras ocasiones, se adelantaba solo, aunque esta frase en Mt debe de ser simple forma literaria de poner en escena a alguien, para mostrarle a l las

onstrucciones del templo. El texto acusa la admiracin y orgullo judo de aquel soberbio edificio. Maestro, mira qu piedras y qu construccin (Mc). Y Lc mismo pone en boca de algunos discpulos el comentario de admiracin sobre esto: decan que estab

s judos y para satisfacer un poco a ellos de su origen idumeo y usurpador, reconstruy el templo, pobre, de Zorobabel (Esd 3:12-13), en proporciones colosales y con una riqueza de ornamentacin fabulosa. Josefo describe la vista impr

La respuesta de Jesucristo a esta invitacin de los discpulos fue la ms sorprendente y tajante de todas. Pues, de todo aquello que vean, vendrn das en que no quedar piedra sobre piedra que no sea destruida (Mc). Los enormes bloques de piedra se derrumbaron. Por orden de Tito el suelo fue allanado. Adems el templo fue destruido por el fuego. La falta de esta indicacin en el relato hace ver el respeto a los datos histricos de Cristo, de los eva

Siguieron su camino, pasaron el torrente Cedrn y subieron al monte de los Olivos. Y como estuviese sentado precisamente frente al templo (Mc), se le acercaron los discp

c precisa fueron cuatro: Pedro, Santiago, Juan y Andrs. Mt habla de los discpulos y Lc lo cita en una forma totalmente impersonal: a unos que decan. Y a la vista de aquella soberbia construccin y ante el verdaderamente maravilloso espectculo le hicieron unas preguntas que son diversamente formuladas por Mc-Lc y Mt. Lc slo dice que le pr

ca de la destruccin del templo. Mc lo formula as, pero sin preceder literariamente ms que la profeca de la destruccin del templo: ¿Cundo suceder esto y cundo ser la seal de que todo se va a cumplir? (v.4). Mt, en cambio, tiene una precisin mucho ms grande. E

so las mismas y siendo formulada expresamente en Mt la pregunta de los discpulos, no slo sobre la destruccin del templo, sino tambin sobre el fin del mundo, se ve que la respuesta de Jesucristo, en este discurso, abarca, en la forma que sea, a los dos temas. La forma que p

por adversarios o discpulos (cf., v.gr., Mc 4:10; 7:17; 9:11; 10:28; 13:3; etc.), los tiene por redacciones artificiosas o redacciones secundarias. En este tema, en Mc lo plantea uno de sus discpulos, en Lc algunos hablando del templo, en Mt son sus discpulos. C

; Lc v.9); todo esto no ser ms que el comienzo de los dolores (Mt v.8); despus de esto vendr el fin (Mt v.17). Este panorama trgico, esquemticamente expresado, es el siguiente. Habr:

descripcin esquemtica est toda ella incluida — aparte de su valor histrico — en el gnero apocalptico. Y sus frases no slo tienen su reflejo en el A.T., sino que son como cliss conocidos y usuales de anuncio de males en este gnero apocalptico,

Y hasta aparecen en forma de cliss de conjunto. As, v.gr.: Morirn por la espada (guerra), por el hambre y por la peste (Jer 21:9a). Palabra de Yahv: para la espada, para la peste, para el hambre (Jer 34:17). Una tercera parte morir de pestilencia y de hambre; otra terc

Es muy propio en pocas de grandes cataclismos pensar y sealar un posible fin. En la mentalidad de entonces de los apstoles, imbuidos en el medio ambiente de excitacin m

velaba el tiempo y expresaba ms grficamente la grandeza de estos acontecimientos, describe lo que ha de pasar antes de que esa catstrofe suceda. El va a venir. Precisamente le preguntan los apstoles cul ser la seal de tu venida. Pero la venida de Jesucristo iba a ser doble: una al f

re su presencia corporal —, describe sus preludios con una descripcin genrica, algn tanto vaga, situada en el gnero apocalptico del A.T. Por eso, su interpretacin exige una gran ca

— Muchos vendrn en mi nombre (Mt-Mc-Lc). No quiere decir venir en mi nombre que vengan como representantes suyos, sino que vendrn, como abiertamente dice Mt, como falsos mesas (Mt v.5; cf. Mc 13:22). Que es lo mismo que se dice en Lc, cuando aparecern diciendo: Yo soy y Ha llegado el tiempo (L

La Historia ha recogido el nombre de varios de estos seductores que se presentaron como mesas. Los Hechos de los Apstoles dan el nombre de tres. Uno se llamaba Teudas, que reuni en torno suyo como unos cuatrocientos hombres. Anunci que pasara triunfa

; fue muerto, y todo se disolvi (Act 5:35-36). Otro, en los das del empadronamiento despus de la deposicin de Arquelao, fue Judas el Galileo, que arrastr al pueblo en pos de s. Pero tambin l pereci y todos los que le seguan (Act 5:37). Otro fue un egipcio, que provoc una sedicin y llev al desierto cuatro mil sicarios (Act 21:38). Prometi a las turbas que lo acompaaran al monte de los Olivos,

. Los Hechos de los Apstoles recogen tambin las pretensiones de Simn Mago en Samara, que vena practicando la magia en la ciudad y maravillando al pueblo de Samara, diciendo ser algo grande. Todos, del mayor al menor, le seguan y decan: Este es el gran poder de Dios (Act 8:9-11).

— Pueblo contra pueblo. Lo justifica de sobra la guerra de Roma contra Judea, comenzada por Vespasiano y terminada por Tito, con la destruccin de Jerusaln. Fue Israel el que se levant contra el poder de Roma. Desde el comienzo de la insurreccin juda, todo eran levantamientos y aplastamientos sistemticos.

— Los apstoles fueron llevados ante el Sanedrn y despus azotados (Act 5:41). Luego, la persecucin de Agripa I (41-44) contra la Iglesia naciente, teniendo en la crcel a Pedro y mandando decapitar a Santiago el Mayor (Act 12:1-4). Y antes la muerte de San Esteban (Act c.6-7), y aquel da comenz una gran

persecucin contra la Iglesia (Act 8:1-3). San Pablo testifica sus persecuciones. Y las iglesias nacientes iban experimentando el odio y la persecucin (1 Tes 2:14-16). En Roma estallar en el 64 la gran persecucin de Nern.

ede referirse a que diversos cristianos apostatarn y se volvern contra sus hermanos. Se expresa en la forma ms terrible. Los padres entregarn a los hijos y stos a los padres (Mt 10:21; 35-38). Otros piensan en las luchas intestinas que dividieron a l

solutamente geogrfica de esta predicacin. Y, en efecto, por los Hechos de los Apstoles y por San Pablo se sabe que antes del 70 estaba difundido el Evangelio en su mayor parte — valor que pretenden tener estas expresiones absolutas

ciones — por el mundo grecorromano (Act, varios pasajes). Y San Pablo, sobre el 51, dir que se ha difundido el Evangelio en todo lugar (1 Tes 1:8). Y dir de la fe de los romanos que es conocida en todo el mundo (Rom 1:8), as como l tiene el mandato de promover a la fe a todas las naciones (Rom 1:5). Y sobre el 63 aadir que el Evangelio lleg a los de Colosas, como en todo el mundo (Col 1:6). Y lo reafirmar al decir que el Evangelio ha sido predicado a toda criatura (Col 1:23; cf. 1 Tim 3:16).

d. Por consiguiente, mientras no conste su exigencia por otro captulo, ha de valorrselas en su ambiente, y, por tanto, en tono ms restringido. Luego todo este largo pasaje analizado no requiere por necesidad darle un anuncio de males que r

cios, lo que haca temer tambin la venida del mismo. Los rabinos vinieron a consagrar, para exponer esto, una frase elptica: Los dolores del Mesas, que eran los dolores (castigos previos para el alumbramiento, manifestacin) del Mesas.

bunales y jueces: proponeos no preocuparos de vuestra defensa (Lc). Porque en esa hora no sern ellos los que hablen por s mismos, sino que recibirn sabidura tal, que no os podrn resistir o contradecir todos vuestros adversarios (Lc), pues hablarn lo que se les comun

que en aquel momento (Mc); no hablarn ellos, sino el Espritu Santo (Mc). Se promete una serie de ilustraciones y asistencias por parte de Dios, que vendrn a ser como unos in

habl Pedro, lleno del Espritu Santo, ante el sanedrn al ser interpelado (Act 4:8). Y San Esteban ante el sanedrn, que le examina, y se levanta contra l, pero sin poder resistir la sabidura y el Espritu con que hablaba (Act 6:8-10).

Esta primera seccin describe las seales que preludian la ruina de Jerusaln. Se la preludia con una frase que recogen slo Mt-Mc: Cuando viereis, pues, en el lugar santo, la abomin

dor; es decir, el devastador es Antoco IV Epifanes, cuando, en su invasin destructora, el da 15 del mes de Casleu (168 a.C.) edificaron sobre el altar (de los holocaustos) la abomin

cin de la desolacin (1 Mac 1:57; cf. 6:7; cf. 2 Mac 6:1-5). Debi de ser un dolo colocado sobre el altar de los holocaustos, el cual era, al mismo tiempo, realidad y smbolo de la s

Pero este anuncio de Jesucristo, ¿supone una profanacin semejante? Algunos as lo creyeron, por lo que vieron el cumplimiento de esta profeca de Cristo cuando Adriano (117-138) mand colocar la estatua de Jpiter Capitolino en el templo de Jerusaln. Pero esto es posterior al vaticinio. Otro hecho anterior es la orden de Calgula, cuando en el ao 40 (d.C.) mand poner una estatua en el templo de Jerusaln. Sin embargo, la orden no fu

cumplida. El Evangelio, recogiendo palabras, sean de Cristo, sean del evangelista, despus de relatar esta abominacin de la desolacin, dice que hay que entenderla con mucha cautela, pues escribe: Que el lector entienda (Mc v.14). Se trata, pues, de

nacin de la desolacin, sirva de aviso para huir, cosa que no podra realizarse despus de la destruccin de Jerusaln. Y tenindose en cuenta lo que tambin dice a este propsito Le: Cuando veis a Jerusaln asediada por los soldados, sabed entonces que ha llegado su

tstrofes (Jer 30:7; Bar 2:2; Dan 12:1; Jl 2:2; 1 Mac 9:27; cf.Ap 16:18). Por eso no puede ser, sin ms, trmino especfico de algo absolutamente excepcional, como ser la ltima tribul

a que debe hacerse en seguida de ver estas primeras seales, pues, de lo contrario, se llegara tarde. Las frases con que se describe tienen tambin valor por acumulacin. De hecho, algunas tendran interpretacin literal histrica; pero, de suyo, slo

lgo de su casa (Mc-Mt), responde al ambiente palestino. Las terrazas estaban comunicadas con la parte baja por una escalera exterior que llevaba directamente arriba sin pasar por el piso de la casa.

El pensamiento, dejando las formas grficas de expresin, es el que describe Lc: los que estn dentro de la ciudad, que se alejen (v.21). Esta gran tribulacin la vern ellos, pues cuando os persigan en una ciudad, huid a otra. En verdad os digo que no acabaris las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre (Mt 10:23).

mo: Caern (sus moradores) al filo de la espada y sern deportados a todas las naciones, y Jerusaln ser pisoteada por los gentiles. (Lc v.24). La Historia prob hasta la evidencia el castigo de Jerusaln. Los datos que transmite el historiador judo Josefo, contemporneo de estos hechos, son la prueba histr

Lo va a ser por amor a los elegidos (Mt-Mc). Sea por amor a los que pertenecen ya en esa hora a la fe, no slo judeocristianos, sino tambin tnico-cristianos dispersos por el mundo (Mc 13:27), sea por los que deben ingresar en ella y que estn asediado

. Es el resto del Israel de Dios. Pero, de no abreviarse esa hora terrible de castigo — Cestos son los das de venganza para que se cumpla todo lo que est escrito (Lc v.22) —, nadie se salvar (Mt-Mc; cf. Jer 12:12). Interpretar esta salvacin a l

vida eterna est fuera de contexto. Pero hay en ello un punto que conviene destacar: el valor de la oracin para el alivio de estos dolores que han de venir. Orad para que vuestra huida no suceda en invierno ni en sbado (Mc-Mt). Es la oracin la que v

a traer el que esta huida no se realice en las dificultades del invierno ni en la obstaculizacin que les haran los judos al ver a los cristianos, judos, transgredir el camino del sbado. Los cristianos de Jerusaln tomarn en cuenta esta adve

en el plan de Dios, se cumplan los tiempos de las naciones para su ingreso en la fe. Luego de ello, el Israel castigado y pospuesto, como ensea San Pablo, ingresar en la fe (Rom c.9-11). Cf.

Nuevamente se inserta aqu otro anuncio de Jesucristo previniendo contra la seduccin que pudieran ejercer engaando, si fuera posible, aun a los elegidos (Mt-Mc). Esta seduccin sobre muchos va a ser ejercida por falsos cristos y falsos profetas. Estos harn grandes pr

En efecto, ningn momento sera ms propicio para aceptar la impostura de un mesas que en la hora de la hecatombe. En la atmsfera sobreexcitada de expectacin mesinica exi

tente en Israel desde los das de Juan el Bautista, haba de encontrar, psicolgicamente, su explosin y su necesidad en la misma hora del, avance romano contra Israel. Y por la historia se sabe — Josefo lo cuenta — cmo en aquellos das surgieron muchos profetas soborn

cindoles evidentes prodigios. Y entre ellos se destac un falso profeta, ya incendiado el templo, que anunciaba al pueblo que Dios les mandaba subir al templo, donde recibiran s

No. La venida del Hijo del hombre no ser as. Es Mt el que recoge los datos, dos metforas, para expresar la evidencia de esta venida. La venida del Hijo del hombre ser:

cesita que se diga de El que est aqu o all, en el desierto o en casa. Ser visible, porque ser evidente de todos (Lc 17:24).

Donde est el cadver, all se reunirn las guilas. Esta expresin debe de ser un proverbio, al menos calcada sobre un cierto proverbio (Job 39:30). Lc la citar tambin a propsito de lo subitneo de la parusa (Lc 17:37). La Vulgata v

in que la observacin est alegorizada en el texto, que el cadver sera Jerusaln agonizante, y las guilas, el ser despedazada por las guilas romanas, ya que, en otros pasajes del A.T., las guilas simbolizan reinos y enemigos concretos (Is 18:

parusa al final de los tiempos; puesto que ya antes (Mt 24, 5.11; cf. par.) habl de los falsos mesas y de los falsos profetas, esta repeticin supone otra perspectiva. Adems se lo quiere confirmar con la enseanza de San Pablo sobre la parusa final

Pero no se ve motivo serio para esta posicin. En primer lugar, el v.26 es una forma de repetir lo mismo que se pone en el v.23. Y todo ello puede muy bien ser un duplicado de los v.5 y 11 de Mt (cf. par.), haciendo llegar esos mismos sig

do, al momento mismo de la gran tribulacin. Los cuales, unos haban de suceder entonces por necesidades histricas — dolores —, y otros — los mesinicos — por exigencias psic

lgicas. Puede, pues, explicarse todo esto, sin violencia del texto y en plena homogeneidad con el mismo, de los hechos sucedidos en los das de asedio y destruccin de Jerusaln.

Luego, en seguida, despus de la tribulacin de aquellos das, se oscurecer el sol, y la luna no dar su luz, y las estrellas caern del cielo, y las columnas del cielo se conmovern.

l hombre. Es descrita por los tres sinpticos. Esta venida ser enseguida, despus de la tribulacin de aquellos das (Mt-Mc). En efecto, una vez que se ejerce el gran castigo, la gran tribulacin, es cuando se va a realizar esta venida o parusa del

dad con pasajes profticos (Is 34:4), de los astros. Acaso se incluyan en ello, genricamente, las fuerzas celestes. Mc pone los ejrcitos de los cielos, que son las estrellas.

6) Los hombres enloquecern de miedo e inquietud por lo que viene sobre la tierra (Lc). Que es lo mismo que dice Mt en otra forma: Se levantarn todas las tribus de la tierra y vern al Hijo del hombre

cos, con las que se acompaan las grandes intervenciones de la justicia divina (Is 13:9-10; 34:4; Jer 4:23; Ez 32:7; Jl 2:10; 3:4, etc.). A ttulo de modelo se transcribe el orculo de Isa

intervenciones divinas. No se trata, pues, de prdromos sealados por la transformacin de los astros, sino de fuertes imgenes para indicar que Dios entra en escena.

Otra vez se est en una descripcin hecha a base de elementos apocalpticos. Y, por tanto, hay que interpretar el contenido y enseanza de este pasaje en funcin de este gnero liter

quiera hacen alusin a l. Si algn signo apareciese, esto debe ser probado por otro captulo — tradicin, magisterio, etc. —, pero no puede establecerse solamente por el gnero apoc

fanas, y ms an en las teofanas apocalpticas, con el que se indica, generalmente, el poder extracsmico de aquel a quien acompaan (Ex 19:16; 34:5; Lev 16:2; Is 19:1; Jer 4:13; Ez 10:3; Dan 8:13; Sal 18:13; 104:3; Act 9:11; Ap 1:7; 14:14 etc.).

Los ngeles son otro de los integrantes apocalpticos. Aqu aparecen a las rdenes del Hijo del hombre; sin duda se vincula a ellos el sonido de la gran trompeta (Mt), que ti

bleas o reuniones judas al sonido de la trompeta, lo mismo que para la guerra o para hacer algn anuncio (Ex 19:16; Ez 33:6ss; 1 Tes 4:16; 1 Cor 15:52). Es la orden que se da para que se congreguen todos los elegidos. La universalidad se acus por congregarlos desde los cuatro vientos (Zac 2:10) y de un extremo al otro del cielo (Mt-Mc). Son imgenes tom

das del A.T. Esta cita pertenece a Zacaras (2:6), pero tomada de los LXX, ya que el texto original dice lo contrario: Os dispers por los cuatro vientos. Debe de ser un complemento de los evangelistas o de las catequesis. Estos ngeles obedientes a las rdenes de Cristo ac

Estos elegidos estn — judos y gentiles — esparcidos por todo el mundo y han de ingresar en el Reino. Y acaso se refiere preferentemente a los judos de la dispora que e

tuviesen entonces en la ciudad, ya que, como en Pentecosts, residan en Jerusaln judos, varones piadosos, de cuantas naciones hay bajo el cielo (Act 2:5). Sobre ellos, los ngeles del Hijo del hombre ejercern una proteccin especial sobre estos elegidos (Sal 91:9-16).

Los que piensan que se refiere a la parusa final lo interpretan como una liberacin de los temores de aquella poca. Pero la interpretacin anterior es mucho ms homognea y parece mucho ms probable.

(v.29). Cuando las ramas echan hojas y se pueblan frondosamente, es que la primavera se acerca. En la higuera, sus hojas gruesas y carnosas no empiezan a brotar hasta que el calor penetra en la tierra. Esto indica en Palestina, donde no se conoce la primavera propiamente dicha, la proximidad inmediata del verano.

Pues as hace la comparacin. Cuando veis que suceden todas estas cosas, sabed que ya est cerca, a las puertas (Mt-Mc), el reino de Dios (Lc), en esta fase triunfal de la venida de

nos destructores, sino al poblarse de hojas y reverdecer su vida; o tambin que fuese un signo de la bendicin que viene (Joel 2:22). Aunque acaso est implcito lo que dice: levantad vuestras cabezas, porque vuestra liberacin (

fiere a la destruccin de Jerusaln (Mt 16:28). Precisamente en la Escritura, el nmero de cuarenta aos es el trmino que expresa una generacin. Muriendo Jesucristo sobre los treinta y tantos aos y siendo la destruccin de Jerusaln el ao 70 del nacimiento de Jesucristo, esa generacin queda, conforme al uso bblico, encuadrada en estos cuarenta aos. Y

miento de aquel da y aquella hora es tal que no lo sabe nadie, ni los ngeles ni el Hijo, sino slo el Padre (Mt-Mc). Crticamente, la lectura en Mt de ni el Hijo, aunque probable, es discutida

(Mt 20:23; 11:25; Lc 12:32, etc.). Este es el/ secreto y la hora del Padre para manifestarlo a los hombres. Cristo mismo dir en otras ocasiones que an no lleg su hora

Como en tiempo de No, a los hombres, despreocupados del castigo, haciendo su vida ordinaria, de improviso los sorprendi el diluvio, as ser la venida del Hijo del hombre (Lc 17:26-30). En los profetas se habla de guerras que vienen de

Dos mujeres (Lc 17:35), ya que es lo usual, estn moliendo con un molino de mano, que se compone de dos grandes piedras planas giratorias. Las dos estn all moliendo, y, en esta hora, una ser tomada y otra ser dejada.

. Ser un tomar o dejar religioso. Su interpretacin pudiera ser la siguiente: ser tomados para su permanencia o incorporacin al reino. Sera un aspecto de lo que ya antes dijo Mt:

(Sal 91:9-16) y reunirn a sus escogidos de todas las partes del mundo para protegerlos en orden al reino (Mt v.31). e a su vez sera, en otra frase, lo que se dijo antes: la providencia especialsima de Dios sobre los suyos en estos m

Esta ltima seccin del discurso escatolgico se refiere a la necesidad de vigilar. Puesto que ese da y hora es desconocido, no cabe ms que estar alerta y

rada la casa para entrar. Por eso, si el dueo de la casa supiese la hora en que pudiese haber un robo en su hogar, vigilara y no dejara que perforasen su casa para entrar a robar (2 Pe 3:4-14).

y prudente para que sea leal al dueo y sepa cumplir bien su oficio en ausencia de su seor. Pues cuando ste vuelva y llegue a casa sin avisar, si encontrase que aquel siervo ecnomo haba cumplido bien su oficio, esperando siempre la llegada de su s

. Y an se completa esta descripcin con el clsico llanto y crujir de dientes. Para los que interpretan este pasaje del fin del mundo sera imagen del infierno.

y esto es verdad. Pero no est bien el creerlas yuxtapuestas (buscando el pasaje de una y de otra, sea en el v.29, sea en el v.23 o incluso en el v.21), puesto que ellas estn, en realidad, superpuestas. Parece, en efecto, pref

rible interpretar todo el discurso en funcin de la destruccin de Jerusaln y ver, al mismo tiempo, en este terrible drama el verdadero prdromo del fin del mundo. Pues esta catstrofe que seal el fin de la Antigua Alianza fue un drama sin precedentes en el drama de la Salud y no se reproducir ms que al final de los tiempos, cuando Dios ejercer sobre todo el gn

elegido en Cristo, el mismo juicio que El ejerci entonces sobre el primer pueblo elegido. Es por lo que este da de Yahv, considerado en la Escritura desde un punto de vi

de es a la afirmacin de Jesucristo de que no quedar del templo piedra sobre piedra. Se refiere, pues, a la destruccin de Jerusaln. En la perspectiva literaria de Mc-Lc, parece que slo se habla de la destruccin de Jerusaln. Prescinden, por tanto, de lo que hubo de vatic

Mt, en esta parte expuesta — c.24 —, parece que slo se refiere a la destruccin de Jerusaln. Pero, a diferencia de Mc-Lc, ya en la pregunta que hacen los discpulos a Jesucri

(Mt 24:3). Si en Mt la respuesta a la primera pregunta se encuentra en el c.24, la respuesta a la segunda se encuentra en el c.25. Los dos forman una unidad que responde, literariamente, a las dos preguntas hechas a Jesucristo.

As, en el c.25 se habla manifiestamente del juicio final (v.31-46), en que la sentencia es que unos irn al suplicio eterno, y los justos a la vida eterna (v.46). Es, pues, el fin del mundo.

os parbolas. La primera es la de las vrgenes necias y prudentes, que se trae para ilustrar esta afirmacin que all dice: Velad, pues no sabis ni el da ni la hora (v.13). Ilustra la neces

La segunda es la parbola de los talentos. Mira a la necesidad de rendir los valores que Dios da a cada uno. Pues, a la hora de la retribucin, al negligente le mandar echar a las tinieblas exteriores; all habr llanto y crujir de dientes (v.30). Pero todo este rendir y aprovechar Ir talentos no es otra cosa, en el fondo, que vivir rectamente, estar siempre preparndose — vigilar — para la hora de la r

tribucin, el juicio final. En la perspectiva literaria de Mt, esta parbola est vinculada al juicio final. Este bloque de parbolas sobre la vigilancia da la impresin, o bien que Cristo aludi o aadi alguna de ellas sobre la n

llo de los c.24 y 25 —, pero afines por un fondo comn de vigilancia; o que la catequesis primitiva, expectante ante una inminente parusa (2 Tes 2:1ss), aprovech este contexto para incluir la necesidad de esta vigilancia que afecta a una doble vertiente en Mt:

Es as como parece que se salva bien la interpretacin del c.24 de slo la destruccin de Jerusaln (lo que acusa Mc-Lc), y la respuesta de Jesucristo, en Mt, a la destruccin de Jerusaln y al fin del mundo. De esa hora no se dan seales; es hora incierta, ser sbita, y slo cabe vigilar

. Lese, en Verbum Domini (1932) 324; M. Black, The Son of Man Problem in Recent Research and Debate: The Bulletin of the J. Rylands Library (1962s) p.167-170; E. Schweizer, The Son of Man: Journ. of Bull. Liter. and Exegesis (1960) p.110-129.

20-37): Rev. Scienc. Relig. (1948) 544-565; Lc discours de Jess sur la ruine du temple (Mc13; Lc 21:5-36): Rev. Bibl. (1948) 481-502; (1949) 61-92; La syntfose eschatologique de St Matthieu: Rev. Bibl. (1949) 340-364; (1950) 62-91.180-211; Spadafora, Ges

cus:Verb. Dom. (1952-1953); I. De Rosa, La parusia del discorso escatologico di N. S. Ges Cristo: Studi D. Mallardi (1957) 67-77; C. Perrot, Essai sur le discours eschatologique (Mc 13:1-37; Mt 24:

1-36; Lc 21:5-36): Rev. Scienc. Relig. (1959) 481-514; D. Squillaci, // discorso escatologico: Palest. Cl. (1957) 1016-1021; H. Conzelmanx, Geschichte und Eschaton nach Mc 13: Zeitsch. Neut. Wissenschaft (1959) 210-221; H. O. Owen, The parousw ofChrist in the Synoptic Gospels: Scottish Journ. of Theol. (1959) 171-192.

do con l a la segunda parte de la pregunta hecha a Jesucristo por los discpulos con motivo de la afirmacin de la destruccin del templo: ¿Cul ser la seal de tu venida y del fin del mundo? Al ignorarse hay que vigilar. Las dos parbolas siguientes son evocadas ante el ju

. El esposo, con su cortejo, tardaba, lo que es un rasgo irreal, pues ya todos estos actos estn demasiado cronometrados, y siempre en un cortejo de stos, que es de una duracin muy pequea, no viene a suceder — lo que supone una tardanza muy larga — que estas vrgenes se adormilasen y se durmiesen. Rasgo irreal, pues ya haban salido, y nada se dice si se duermen en el camino o se volvieron a casa. Y es increble que se puedan do

mir las compaeras de la esposa mientras la han de acompaar en toda su fiesta y espera. Es rasgo ambientalmente irreal, pero literaria y doctrinalmente real, que interviene en la ens

rmino griego tiene varios significados — embotado, tardo, fatuo, estulto, imprudente, etc. —, pero aqu, en contraposicin a las otras, que se las califica, por su previsin, de prudentes (

mparas se las supone, ordinariamente, conforme al pequeo tipo de lucernas de barro, de las que se encuentran con tanta abundancia en las excavaciones de Palestina. Pero, as valoradas, parece ser otro rasgo irreal. Pues no se ve cmo unas lucernas tan pequeas pueden servir para alumbrar a

pliamente el camino de un cortejo nupcial. Ordinariamente se usaban altas antorchas. Zorell ha propuesto que con el trmino de estas lucernas, aqu usado, se significa, como en otros muchos pasajes — clsicos y papiros —, las teas que se usaban en estos cortejos

de llevar el aceite de repuesto. Zorell hace ver cmo, en su hiptesis, segn las costumbres actuales de Beln, estas teas llevan en su extremidad superior telas impregnadas en aceite, y para repostarlas han de llevarse tambin vasijas con aceite, de repuesto

ta tras el cortejo, y el que tengan estas jvenes poco previsoras que llamar a la puerta y al esposo para que les abra; ni le llamaran seor, pues eran familiares o gentes amigas. Y la respuesta del mismo: No os conozco; y el que las prudentes reprochan su descuido a las otras: no es alegra fa

Expuesto el cuadro de esta parbola, la doctrina que con ella se ensea aqu es sta: Vigilad, porque no sabis el da ni la hora de la venida final del Hijo del hombre. Es ad

cial, all parusaco, sino que hay que tener esta previsin de repuesto, que es cooperar de una manera muy directa para poder intervenir o sumarse a l. Esta preparacin es personal; cada una de estas vrgenes previsoras ha cooperado y se ha preparado. Y para esto hace falta que esta preparacin religiosa sea no slo actual, sino, como alguien ha dicho, habitualmente actual. Ya que el esposo puede llegar inespe

¡Seor, Seor! Yo entonces les dir: Nunca os conoc (Mt 7:21-23). Es todo ello la necesidad de las obras, en los mayores, en la vida cristiana para el premio e ingreso en el cielo. La parbola siguiente lo confirmar.

tento de Cristo, todo el tiempo anterior a ese momento es tiempo de preparacin parusaca. Se est ya en la hora postrera (1 Jn 2:18; cf. Act 2:17), y en ella, si la muerte sorprende antes de su venida, como sucedi a tantos que oyeron estas palabras de Cristo, no dej de ser su vida, as enfocada,

ocupacin de la Iglesia primitiva, a la que representaba en fuerte tensin expectante en las diez vrgenes. Por otra parte, esta mezcla de vrgenes prudentes y necias, como la mezcla temporal eclesial de buenos y

La cantidad que deposita es exorbitante y acusa intenciones alegricas. Va a distribuir talentos. El talento, ms que una moneda, era el peso de un determinado nmero de din

ro. Pesaba unos 42 kilogramos. Era equivalente a 6.000 denarios. Y ste aparece como el sueldo diario de un operario (Mt 20:2). Se cita en un papiro cmo se pagan a un tejedor 80 dracmas (la dracma tica es equivalente al denario) como salario de dos meses

Despus de mucho tiempo volvi aquel seor. Con ello se da margen suficiente a la produccin de los bienes confiados. Pero el primero y nico acto que se destaca, por su valor de enseanza, es el que pide cuentas de los talentos entregados a aque

El seor los felicita por haber sido siervo bueno y fiel. Pero destacar un rasgo, por el valor alegorizante que va a tener: han sido fieles en lo poco. Pero cinco y dos talentos eran una fortuna cuantiosa. Los cinco talentos eran equivalentes a 30.000 denarios, y los dos talentos equivalan a 12.000. El felicitar por haber sido fi

El premio ser una mayor abundancia de dones: si aqu se le encarg de administrar una cantidad limitada, lo poco, el premio ser constituirlo sobre lo mucho. As, de adm

El juicio que hace su seor de l es ste: Eres malo y perezoso; y si sabas que yo era as y temas perderlo al exponerlo a determinados negocios, debas haberlo llevado a los banqueros, para que a mi vuelta lo hubiese recibido con el inters. En la poca de Cristo el inters que produca el dinero en las mesas de los banqueros era sobre un 12 por 100 al ao

Hay una cosa chocante: el talento que se quita a este siervo inepto hace que se lo den al que tena cinco y logr otros cinco talentos. ¿Por qu esto? Podra acusar la libre voluntad de di

De hecho, como explicacin, se aade lo siguiente: Porque al que tiene, se le dar y abundar; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitar (v.29).

radjica. El que obra bien y merece, se hace siempre digno de una mayor donacin de gracias y que los poderes otorgados a los discpulos crecen con el uso y disminuyen con el desuso (J. L. Mckenzie). Naturalmente, la parbola alegorizante tiene un valor sapientiae extremi

11) El echar a este siervo intil a las tinieblas exteriores, all habr llanto y crujir de dientes es, en este contexto, el castigo del infierno y frmula usual en los evangelios. En Lc (21:7) est menos alegorizado

Se plantea el problema de si esta parbola es la misma que trae Lc (19:11-28) sobre las minas. Las diferencias apreciables en la comparacin de ambas son accidentales, y los autores admiten, generalmente, que es una doble versin de la misma.

cristiana es clara. En ella se censurara a los escribas y jefes religiosos de Israel, a quienes se haba confiado el tesoro de la doctrina y no la supieron administrar para el mesianismo, hasta impedir al pueblo recibir el don del reino (Lc 11:52). Si originariamente no se aluda al juicio final, se lo supona en el transfondo.

por qu se le aade al que tiene ms lo que se le quit al que no produjo. Esta sorpresa est explcita en Lc (19:25-26). Tales son los planes de Dios (Mt 20:11-15): libres y misteri

Que haya un alerta vigilante en los fieles, aunque sta se demore (2 Tes 2:1-2), haciendo rendir los talentos que Dios ha dado a cada uno. Que no haya desnimo porque sta no

Este cuadro del juicio final es el trmino natural de toda la construccin literaria del discurso escatolgico en Mt. Las parbolas de la vigilancia a la parusa exigan como trmino la manifestacin de sta. La parusa final de Cristo ser la hora en que El ejercer un juicio universal. Se omite la resurreccin de los muertos (1 Tes 4:15-18), con la transform

cin que experimentarn en esa hora al ser revestidos de las dotes gloriosas (1 Cor c.15). Aqu slo se presenta el hecho de Cristo Juez del mundo, que da una sancin eterna, con se

cndose este privilegio o atributo divino. ¿No es esto sugerir su naturaleza divina? Por esta doble prerrogativa de Juez de los seres humanos y de fin ltimo de los hombres, se nos mue

la constitucin del mundo viene a tener el mismo significado. As se lee en el Apocalipsis: Y la adoraron todos los moradores de la tierra, cuyo nombre no est escrito,

. Son hechos prcticos. No en vano El dejar en la ltima cena, como caracterstica de los suyos, el amor de unos a otros (Jn 13:35). Y es la prueba clara del amor a Dios, hasta llamar San Juan mentiroso al que dice que ama a Dios y no ama al prjimo con hechos (1 Jn 4:20-21). Era la doctrina en la que tanto insistieron los profetas y autores sagrados, y que aqu se describe a su estilo (Is 58:7; Job 22:6, etc.).

Mt describe este cuadro en la lnea del sermn de la Montaa. Si aquello es el programa, esto es el trmino de toda la actividad. Es tema muy de Mt (7:2 Iss). En su pintura se ven usados, probablemente, sobria y libremente, elementos de temas apocalptico

Pero este amor al prjimo no es filantropa; ha de ser caridad. Porque exige que, al beneficiar al prjimo necesitado, se vea en el prjimo a l: a m me lo hicisteis (v.40.45).

mio de cielo lo que se hace a mis hermanos ms pequeos. En realidad, lo que ms destaca Mt en la condena de Cristo en el juicio no es tanto el no haber hecho estas obras, sino el no haberlas hecho viendo en esos desgraciados a El (Bonnard) (cf. Mc 9:37; Lc 9:48): hacerlas por l.

Los malvados tendrn suplicio (v.46), que es separacin de Cristo (v.41); fuego (v.49) y compaa del diablo y de sus ngeles (v.42). Del infierno se dice que est prepar

diablo y para sus ngeles. En el ambiente judo se admita un demonio de rango superior, que concretaba en s todas las maldades, al que se le dan diversos nombres, y que ejerce un cierto reinado sobre los inferiores, incluso para dirigirlos

Y este castigo ser eterno. La palabra cobra un espantoso realismo, sin atenuacin alguna posible, en este contexto. Los unos y los otros tienen un destino igualmente eterno; si queremos arrancar a los condenados de su pena, es menester tambin tomar a los elegidos de su vida

les. (1932) h.L; Lagrange, vang. s. S. Matth. (1927) p.4 74-479; Fuenterraba, La imagen parablica del matrimonio y la parbola de las diez vrgenes: Est.

Times of Jess II p.463-464; Kennedy, Money-changers, en Hasting, Dic. ofBible III p.432-433; Willam, Das Leben Jesu. vers. esp. (1940; el ap. Operaciones bancarias p.380-383; P. Ganne, La parbale des talents: Bibl. et Vie Chrt. (1962) p.44-

Mt comienza presentando dos hechos que pareceran unidos, y que suponen una realizacin cronolgica distinta: la prediccin de Cristo sobre su muerte y la confabulacin sanedrita para perder a Cristo. Pero es ello efecto del procedimiento de yuxtaposicin

La prediccin de Cristo sobre su muerte se hace dos das antes de la Pascua. Pero la confabulacin sanedrita debi de ser hecha ya das antes, seguramente con motivo de la res

La reunin fue oficiosa por lo menos. Mt pone que la componen los prncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo. Los evangelistas suelen citar, ms o menos explcit

del sumo sacerdote, Caifas. Esto hace ver una reunin oficiosa, ya que la sede oficial estaba situada en la llamada sala Gazith, junto al Xystus, situada, inciertamente, dentro o fuera del recinto del templo

Mt-Mc, por narrar la escena a continuacin del anuncio de Cristo de su muerte, parecen dar la impresin de que esta escena tuvo lugar dos das antes de la Pascua, cuando Jn la sita con toda precisin seis das antes de la Pascua. Pero no es ello otra cosa que Mt-Mc utilizan la paralasis semita, o simple yuxtaposicin de escenas, sin que suponga ello una fijacin cr

Los comensales, conforme a las costumbres, coman reclinados en lechos, con los pies cercanos al suelo. La protagonista de esta escena es, segn Mt, una mujer, pero que se sabe era Mara la hermana de Lzaro (Jn 12:3)

Durante la comida se acerc a Jess, y, rompiendo uno de esos frascos de alabastro de cuello muy alargado, derram sobre la cabeza de Jess el rico perfume. Este era de nardo legtimo (

cedera el pistiks. Pero sera muy improbable esta importacin a Betania. Si se destaca su legitimidad, es debido, probablemente, a lo que dice Plinio: que haba, por su caresta, m

Mt-Mc dicen que era de mucho precio, y Jn precisa que era una libra de nardo. Judas lo valor en ms de 300 denarios (Mc). Y el denario vena a ser el jornal de un trab

de Jess y los enjug con sus cabellos. Es efecto de los aspectos fragmentarios de las fuentes (cf. Jn 20:17). ¿Acaso en la cabeza quiere evocar la uncin real? No parece probable, pues lo

Este acto de exquisitez provoc crticas en los discpulos, probablemente iniciadas por Judas. Fueron protestas abiertas entre ellos. An aparece la actitud rudimentaria de los ap

te la censura de los apstoles, sali Cristo a la defensa de aquella mujer. Los judos dividan las obras buenas en un doble aspecto global: limosna y obras de caridad

s (Dt 15:11). Es una forma sapiencial de hablar, que ni vaticina el pauperismo eterno ni impide la superacin del mismo. Mientras haya pobres, siempre podrn ejecutar la caridad con ellos. En cambio, con El no, porque va a la muerte.

Todas estas hiptesis, que pueden surgir evocadas, ms que por Mt, por la lectura del texto, ya sabidos los hechos, son forzadas en una interpretacin exclusiva y directa. ¡Cunto ms natural es el gesto de Mara de Betania, al recibir a Cristo en casa de su hermano Lzaro!

sentan a Judas en escena, dirigindose solo a los prncipes de los sacerdotes, que eran los ex sumos sacerdotes, junto con el pontfice de entonces. Pero Lc detalla que tambin trat, sin duda para el prendimiento de Cristo, con los guardianes del templo — ¿antes? ¿despus? —. Estos estaban reclutados entre los levitas, bajo el mando supremo de un

nera la entrega (Mt). En Mc se dice ms globalmente que prometieron darle dinero. Pero Lc tambin insiste en lo de Mt: convinieron las dos partes en una cantidad de dinero. Y sta fue fijada en treinta monedas de plata. Que tenan que ser siclos del templo, ya que deberan ser repuestos luego en l (26:6).

Algn autor pens si la precisin de este importe sera obra de Mt o de la catequesis primitiva, por razn del simbolismo que encierra, sin que se quisiese precisar exactamente la cantidad. Sin embargo, la afirmacin es muy firme. Y el desprecio de lo

roto, para evitar posibles revueltas populares. Todo debi de quedar planeado para actuar al primer aviso de Judas, conocedor del lugar de retiro del Seor en Jerusaln aquellos das.

Los tres sinpticos sitan la preparacin de la ltima cena en el primer da de los cimos (Mt-Mc). Primitivamente, solamente se coma el pan cimo la semana pascual, que comenz

e este precepto de la Ley, extendieron la obligacin de comer el pan cimo desde el medioda del 14. De ah el que, en el uso vulgar, la fiesta de los cimos viniese a tener el valor de ocho das

a pascual se celebraba en Jerusaln. Pero los all no residentes necesitaban un lugar oportuno. De ah la iniciativa de los apstoles, que Mc matiza que eran Pedro y Juan, para saber dnde iban aquel ao a celebrar la Pascua.

Cristo deba de estar en Betania. Por eso les manda ir a la ciudad, Jerusaln. Mas por orientarles les da una indicacin. Al llegar a la ciudad encontrarn un hombre. Deben s

guirle hasta la casa donde vaya. Y all llamar al dueo y decirle de su parte que les indique el lugar que tiene preparado para ellos. La frase de Mt mi tiempo (de muerte) est cerca, om

Era proverbial que jams ningn forastero haba dejado de encontrar hospitalidad, un aposento entre los jerosolimitanos, para celebrar la Pascua; hospitalidad que era gratuita. Pero la costumbre haba establecido que les dejasen como compensacin la piel del cordero pa

Primitivamente la Pascua se coma de pie, para recordar la salida presurosa de Egipto. Es lo que llamaban la Pascua egipcia. Pero ya en Israel la coman recostados sobre pequ

gar. La sorpresa fue profunda en todos. La nobleza de su alma les haca ver su inocencia, pero la palabra del Seor, que siempre vieron se cumpla, les hizo temer sobre su futuro: l

, ni era fcil que slo en aquel momento Judas coincidiese con Cristo en tomar algo de la bandeja comn, en aquel mezclarse todos sin un ritual de turnos. Pero, en todo caso, el sentido no es se, pues cuando Judas sali del Cenculo, los apstoles no saban quin era el traidor (Jn). La frase slo sign

fica que uno que tiene gran familiaridad con El le va a entregar. Es el sentido en que Jn usa, para decir lo mismo, un salmo en sentido tpico: El que come conmigo mi pan, levant contra m su calcaal (Sal 40:9).

lo dijo, pero en voz baja, pues Pedro har seas a Juan para que pregunte a Cristo quin es (Jn), y slo a ellos se lo dir. Pero ni aun as saban ellos que la traicin era inmine

La narracin de la institucin eucarstica aparece relatada en los tres sinpticos reducida al mnimum: a lo esencial. La razn es que no era, a la hora de la composicin de los evang

lios, necesario un desarrollo amplio, ya que era por todos conocida y sabida, por vivrsela en la fractio pais. No fue slo despojada de los elementos de la Pascua juda, ya caducos, s

En los relatos de la institucin se notan dos grupos afines, sustancialmente idnticos, pero con pequeas variantes redaccionales: Mt-Mc y Lc-Pablo (1 Cor 11:17-34). El primer grupo posiblemente represente la tradicin de alguna iglesia palestina, v.gr., Jerusaln, mie

de haber comido. Esta aparente divergencia est en funcin del ritual rabnico. Segn ste, la cena pascual propiamente dicha consista en comer el cordero pascual, y luego se beba un tercer cliz ritual con vino

a pensarse que Cristo haba hecho ambas cosas y que cada grupo de evangelistas recogi una u otra. Pero en las dos multiplicaciones de los panes, Mt-Mc ponen, por la misma accin de Cristo, que lo bendijo (

. Esta orden tena una triple finalidad: captar la atencin, ensearles lo que haba que hacer con aquel rito nuevo, y con ello atreverse a recibir el cuerpo sacramental del Seor.

Hecha la consagracin del pan, Mt trae la consagracin del vino. Cristo tom un cliz. El judasmo no conoci el uso de una copa en los banquetes religiosos hasta despus del siglo IX d.C.

o gracias, con una frmula de alabanza al Padre por la consagracin que iba a hacer de su sangre en el vino, se lo dio, diciendo: Esta es mi sangre. Y se realiz la co

traponerla a la escena del Sina (Ex 24:3-8), en donde se hizo la alianza entre Yahv y el pueblo mediante el sacrificio y aspersin de la sangre. La sangre de Cristo establece la Nu

taba derramando ya ahora, por lo que se probara, por ello, que la Eucarista era un sacrificio. Sin embargo, el uso de un presente por un futuro inminente es tan frecuente en la

que, por lo menos, esto solo dejara en la incertidumbre de saberlo. Pero, cotejado con otras frmulas neotestamentarias (Mc 9:13; Mt 26:4; Mc 14:21; Lc 22:22), se ve que son como un clis para expresar la muerte rede

El provecho de esta sangre es “por muchos” ( ). Mc y Lc usan la frmula , en favor de. Mt, en cambio, usa , aunque con este mismo sentido seg

Los que van a recibir este provecho en Mt-Mc son muchos. Pero esta expresin no es restrictiva a algunos, sino equivalente en diversos pasajes bblicos a la totalidad o unive

pondiente. En la doble frmula iba, al menos implcitamente, el concepto de sangre, que se derrama por los hombres en el Calvario, para el perdn de los pecados, y con ella se est

de Cristo de la ltima cena? La frmula binaria pan-vino / cuerpo-sangre tienen un corte preciso y esencial. Lo otro, si es teologa apostlica, desentraada de la frmula esencial, ¿cmo aparecen, especialmente la de

ciones sobre los apstoles. Lc y Jn, independientemente, las ponen en otro contexto, en el Cenculo. Esta coincidencia independiente de Lc y Jn ha de tenerse muy en cuenta, mxime cuando Jn, que sabe ser ms preciso, vincula la protesta de Pedro a otro giro de la convers

cin de Cristo. Adems, por la forma introductoria de Mt-Mc, parece que stos juntaron dos predicciones dadas en momentos distintos en un contexto lgico. Ambas predicciones debi

lizarn de El. Su prisin de Getseman ser un tropiezo para ellos. El Mesas triunfador que se esperaba en el medio ambiente aparecera aquella noche humillado y prisionero. El Cristo de los milagros, y que en varias ocasiones en que queran prenderle lo evit, iba all a ser d

nido. El impacto que esto iba a causarles era muy fuerte; y ante el desconcierto de la prisin y del piquete de tropas, no tendrn la confianza en El que otras veces, como ante el mar ag

Y como confirmacin se alega un pasaje del profeta Zacaras, que en su texto original dice: Herir al pastor y se dispersar el rebao (Zac 13:7). La cita est acomodada a las ci

En su sentido histrico alude al rey Sedecas, ltimo rey de Jerusaln, el cual, capturado por los caldeos, su ejrcito fue dispersado y el pueblo deportado a Babilonia (2 Re 24:18ss; 25:1-22). Acaso la cita ha sido intercalada por el evangelista o por la catequesis

sin que caus esto en la catequesis primitiva. Es un buen ndice de lo que Pedro significaba para las cristiandades primitivas. Mt-Mc la ponen a continuacin de la anterior. Lc la pone aparte, con una portada dogmtica muy importante, y Jn tambin la pone aislada y vinculada a otro propsito.

Por eso, el anuncio se iba a cumplir trgicamente: Esta misma noche antes que el gallo cante, me negars tres veces. Si algunos evangelios ponen solo un canto del gallo es porque era el principal o lo fundamental (Buzy). Era costumbre juda designar la hora de cie

ces, me negars tres. Esta ltima podra significar, o bien la rapidez de la negacin aquella misma noche, o precisar casi el momento: tres veces antes de los dos cantos del gallo, que son sobre las tres y cinco de la maana. Este contraste de Mc de

Y adelantndose un poco, se postr sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mo, si es posible, pase de m este cliz; sin embargo, no se haga como yo quiero, sino como quieres t.

Llegado all, mand a sus discpulos quedarse en un lugar, mientras El iba a orar. Pero llev consigo a Pedro, Juan y Santiago, que aparecen con un carcter de predileccin (Mc 5:37; Lc 8:51; Mt 17:1-13, par.).

) (cf. 14:9; 17:23; 19:12; etc.) y a tener “tedio” y hasto (i) (cf. Flp 2:26); pero el contexto exige que en grado muy elevado. Mc pone otro matiz de “terror” (i)· Aparte de esto

s calificativos, El mismo les dice a los tres cul sea su estado de nimo: Mi alma est triste hasta la muerte. La frase es elptica y ha de suplirse algo: o mi alma (yo) est triste hasta

do con El, lo que era orar; recomendacin que tres veces les har, sin duda a los grupos, ya que por todos miraba con la misma solicitud de prevenirles contra aquella hora de defeccin.

El entonces se adelant un poco, como un tiro de piedra (Lc), trmino clsico (Tucdides), como unos treinta metros. Y, ya solo, pero que los tres apstoles, con la luna ll

ribe diciendo que se postr (Gen 17:3; 1 Cor 14:25; Ap 7:11), y Lc que se puso de rodillas. Cada evangelista trata de expresar a su modo aquella actitud de Cristo, sin que sea posible establecer cul responde mejor a la historia. Mt traduce aquel abat

expresaban los judos la suerte, buena o mala, que aguardaba a alguno (Sal 11:66; 79:9; Ap 15:7;16). Este cliz era su pasin y muerte (Mt 20:22, par.), pero no slo en lo fsico, sino en lo moral: por el conocimiento sobrenatural con que vea todos los elementos que entraban en juego en la obra retent

peda al Padre que, si fuese posible, pasase de El aquel cliz de Getseman y del Calvario. Pero por encima de este primer brote del dolor natural estaba su decisin firme de afrontarlo:

lia de oracin, porque el espritu, la parte noble del nombre, est pronto para las nobles protestas de lealtad; pero la carne es flaca, tiene sus compromisos de miedo y de pasin. En el A.T.,

mientras la carne es el hombre dejado a sus impulsos (Nm 27:16; Jn 3:6). Y haca falta superar, con la gracia que lograse aquella oracin, el trgico momento de defeccin que se acercaba:

dor y de su pequea tropa encima, pues ya se oan sus pasos cerca (v.47), les dijo: Dormid ya y descansad, que ya se acerca la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado. Levantaos, vamos; ya llega el que va a entregarme.

El sentido de estas palabras referidas por Mt-Mc es el de un pequeo tono de irona: Dormid y descansad (si podis). ante lo que ya est encima. Hay en ell

An estaba hablando, cuando lleg Judas, uno de los Doce, y con l una gran turba armada de espadas y garrotes, enviada por los prncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo.

Con Judas llegaba una gran turba armada de espadas y garrotes, enviada por los prncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo. Mc cita las tres partes del sanedrn. Pero es procedimiento usual en los evangelistas el citar parte de los elementos componentes del mismo, o todo, para indicar lo mismo. Ya por Jn se sabe la condena de Cai

samente, del sanedrn, lo mismo que el pacto de Judas con ellos y con sus ministros para entregarlo y preparar hbilmente el prendimiento. Lc pone que llega slo una turba. En Jn, por citarse tambin una

camento romano de proteccin. Pero no hay exigencia ninguna para ello. Y en Jn, como en otros pasajes bblicos y extrabblicos, ambas palabras son usadas para designar tropas y ma

orbitar el nmero de las tropas, por innecesario, y hasta en ellos por no llamar la atencin. Un pelotn de unos cincuenta hombres era ms que suficiente para enfrentarse con una doc

nas. Eran elementos del equipo militar, aunque seguramente no faltaron lanzas. El uso de estos garrotes y antorchas perteneca al armamento de la guardia del templo. Josefo cue

La seal que Judas haba dado para que le reconociesen bien en aquella penumbra era besarle. Era uso normal en los discpulos de los rabinos; cuando se encontraban con ellos, despus de abrazarse, los besaban en la mano, rostr

Generalmente se admite una frase elptica que hay que suplir. Suponen que lo que hay que suplir es: l)Que a qu viniste, o haz a lo que viniste; 2) ¿Me besas, amigo,

bleza de almas galileas, inflamables ante aquella desproporcin de gentes y de armas (Lc). Pero Pedro no esper. Atac a un siervo del sumo sacerdote llamado Maleo (Jn), que acaso por celo se destac al frente del grupo o capitaneando a aquella tropa irregular, y le cort la oreja derecha. Se hacen cbalas por qu fue la derecha, cuando atacando

jo, en forma sapiencial, que guardaran la espada, porque el que usa la espada as, a espada morir — ¿puede haber una condena de los zelotes? —. Era la venganza oriental de la ley del talin y del goel. No es que niegue la defensa armada justa, pero es que all era i

prudente ante la desproporcin de gentes, y, sobre todo, ante la inutilidad, pues haba llegado su hora. De ah el decirles: Basta ya. Dejad. Las cosas seguirn el curso de permisiones

do. Nunca lo tuvieron ms cerca ni ms en sus manos. Pero no lo hicieron porque haban de cumplirse las Escrituras a este propsito: sea que se refiera a un sentido proftico global del A.

n pasaje concreto, acaso a la misma citacin alegada antes de Zacaras, con la que se les profetiza a los apstoles su escndalo aquella noche, o tambin a Isaas (53:3-12) en su vaticinio sobre el Siervo de Yahv.

Prendido Cristo en Getseman, es llevado a casa del pontfice. Juan es el que hace saber que primeramente le llevaron a casa de Anas, porque era suegro de Caifas. La razn de esto d

Mt-Mc narran el proceso de Cristo ante el sanedrn en una sesin nocturna, mientras que Lc la pone por la maana, aunque descrita con los mismos caracteres literarios, si bien los primeros aluden a otra condena matutina. Luego se ver el problema.

Cafs ocupaba el sumo pontificado desde el ao 18 al 36 d.C. Nada ms se sabe de l por fuentes extrabblicas. Pero es bien sabido que los sumos sacerdotes solan lograr el cargo a fuerza de oro, de servili

En casa de Caifas aparece reunido todo el sanedrn (v.59) para condenar a Cristo. Si la frase redonda admite excepciones, indica bien la responsabilidad global de los jefes de la n

Segn los escritos rabnicos, el gran Sanedrn constaba de 71 miembros, presididos por el sumo sacerdote. Se sentaban en semicrculo. Dos secretarios se sentaban delante de ellos para recoger por escrito las palabras de los que condenaban o absolvan. Segn la

El proceso de Cristo no puede llamarse tal, pues ya de antemano estaba decretada su muerte, como se ve por los sinpticos de Jn: era slo la forma ce apariencia legal para que Plalo autorizase y ejecutase su sentencia. En la actuacin del mismo se ve un cudruple pr

1) Caifas interroga a Cristo sobre su doctrina y sus discpulos. Este pasaje es propio de Jn (18:12-24). Pero parece lo ms lgico que haya sido el primer punto del interrogatorio. Ante un proceso amaado, Cristo no responde: los remite a sus oyentes, pues siempre habl en pblico. Y sobre sus discpulos calla su nombre. Es lo que toda persona de honor hara

s para condenarle a muerte. Probablemente se trata de una frase mal redactada. Lo que buscaban eran testigos de cuyas aportaciones pudiesen sacar motivos jurdicos de condena contra Cristo.

Por ltimo, aparecieron dos. Las diferencias redaccionales de Mt-Mc no afectan a la sustancia. La frase alude al momento en que la autoridad le pregunta con qu poder expuls a los mercaderes del templo: sin embargo, El les remite a que destruyan este templo y El lo levantar en tres das,

formacin de la misma, hecha con mala voluntad, por estos testigos. Pero la frase corri, pues se la arrojaron los fariseos cuando est en la cruz, y se cita en el proceso de San Esteban (Act 6:14).

cia, sino por haberlo odo ellos mismos, no vala Su testimonio. Pues ni aun as era concorde su testimonio. El que en el templo, por celo, haba expulsado a los mercaderes profanadores, no poda pensar ahora en destruirlo. Pero, aparte de esto, segn los rabinos, para que el test

vant en medio de la asamblea, para interrogar a Cristo. Que responda algo a todas aquellas testificaciones que se hacan contra l. Pero, si las pruebas alegadas se haban desestimado por invlidas, ¿qu se buscaba del reo al volver a revisar sus falsas acusaciones? Caifas busca en sus respuestas algo que permitiese condenar jurdicamente a Cristo. Intento que, jurdic

Pero Cristo boicote estos planes con el silencio de su dignidad: Jess callaba. Este silencio evoca el no abrir la boca del Siervo de Yahv (Is c.53) en su perspectiva de p

4) En vista de que toda esta estrategia fallaba, Caifas apel a la conjuracin a Cristo. En los procesos jurdicos, la conjuracin con determinadas frmulas obligaba

¿Qu es lo que pretende preguntar Caifas a Cristo? Que con la primera expresin se le pregunta si es el Mesas, es evidente. Pero la segunda expresin, ¿es sinnima de la primera o se pregunta por la divinidad de Cristo? No que Caifas pueda ni pensarlo, pero podra hacerlo sea porque Caifas haba odo que l lo deca, o que se deca de l, o, supuesto lo anterior, h

Adems, si la segunda frase Hijo de Dios o Hijo del Bendito fuese sinnima de la primera, el Cristo, ms que un pleonasmo, resultara una tautologa. Pues Caifas le pregu

y, por el, era competidor de Tiberio. Que son las acusaciones fundamentales que le harn a Pilato, hasta hacerle ver que si no lo castiga no es amigo del Cesar, por ser su competidor. Pero al sanedrn le interesaba adems deshonrarlo en su misin y doctrina — tan distinta y nueva — ante su exgesis far

a la diestra indica majestad. Estar a la diestra de alguien puede tener valoracin distinta, yendo desde el simple honor hasta encontrarse situado en el mismo rango de la divinidad (Act 7:56; Ef 1:20; Heb 1:13, etc.; cf.

Sobre las nubes del cielo (Mt) o con las nubes. (Mc). Es otra expresin tomada de Daniel (7:13). Las nubes son otro elemento clsico apocalptico, con el que se expresa la grandeza sobrehumana y el dominio csmico de aquel que domina sobre ellas.

resiones. Y ya se ha visto cmo la profeca de Daniel haba sufrido una evolucin en la que el Hijo del hombre pas de un sentido colectivo a un sentido personal; y de una personificacin mesinica a un mesianismo trascendente:

2) En los Hechos de los Apstoles se lapida a San Esteban por blasfemar, por decir que vea el cielo y al Hijo del hombre de pie a la diestra de Dios (Act 6:7-11; 7:55:59). Ven blasfemia en decir que Cristo comparte el poder divino, que est en la esfera de la divinidad. Que es conceptualmente la descripcin que hace Cristo ante Caifas. En la

3) El salmo 110:1, sintate a mi diestra, aqu usado, supone aqu esta interpretacin. Precisamente basndose en este pasaje, Cristo, das antes, les haba presentado una objecin de cmo poda David llamar Seor a su descendient

4) Ante el sanedrn no podan ser ajenas las enseanzas de Cristo, hechas en diversas ocasiones, en las que se presentaba con un origen divino, y que San Juan sintetiza diciendo que los judos queran lapidarlo por blasfemia, porque t, siendo hombre, te haces Dios (Jn 10:33). Y en otro pasaje se lee: Por esto los judos buscaban con ms ahnco matarle, porque no slo quebrantaba el sbado, sino que deca a Dios su propio padre, haci

Mt-Mc destacan un rasgo que era obligacin en todos, mxime en el pontfice. Al or una blasfemia haban de rasgarse las vestiduras. La casustica rabnica lleg a legislar por dnde se deba comenzar a rasgarlas y la medida de estos d

npticos. Mt introduce la escena con su ligadura de entonces, que, de suyo, no indica una contigidad inmediata. Pero la naturaleza de las cosas exige que fuese a continuacin o con una contigidad muy prxima. Mt, desdibujadamente, dice que comenzaron a injuriarle. ¿Quines? Lc, que los que le tenan preso. Mc establece una distincin de inters entre criados y otros que llama algunos

ieron en el rostro. Aparte del sentido de desprecio y repugnancia fsica, era considerado por la Ley como una injuria gravsima (Nm 12:14; Dt 25:9). Es muy probable que Mt-Mc, por la coincidencia de estas expresiones con el pasaje del Siervo de Yahv, d

. Acaso pudiera haber influido tambin su declaracin de ser el Mesas, ante el sanedrn, sobre todo si eran siervos judos, ya que flotaba en el medio ambiente que el Mesas, sin h

. Y as, al que se proclamaba Mesas, se le peda, irnicamente y por adulacin servil, que lo mostrase con los hechos. Tambin se ha propuesto, basndose en

Pero la narracin de estas negaciones de Pedro ha creado un problema ya clsico. La confrontacin de ellas da una mltiple e irreductible divergencia en cuanto al lugar, a la act

solucin ha sido propuesta. En Mc, Pedro sali afuera, pero de hecho queda dentro. Y comparada esta frase con otras de Mc, significa una verdadera salida. Al canto del gallo en Mt-Lc no se dice que Pedro caiga en la cuenta. La solucin que se propone po

cin de Pedro terminaba aqu; en otro relato, la negacin se transmita en dos tiempos. Estos relatos se uniran y saldran las tres negaciones. Se lo cree ver confirmado con Mt y Lc, que trataran de eliminar las incoherencias de Mc: suprimen un canto del gallo y no indican que Pedro se dirija hacia la puerta. Jn pone la primera negacin separada de las otras dos por el juicio en casa de Anas. En esto se quiere ve

(Lc 22:32). Fue una negacin por fuera, pero siendo internamente fiel. Fue el amor el que le llev al palacio, y fue la imprudencia de no haberse alejado del peligro en que estaba la que le hizo negar.

1 Lon-Dufour, Mt et Mc dans le rcit de la Passion: Bibl. (1959) 684-696; Problemes de la Passion d'aprs deux etudes recentes: Rev. Histor. (1961) 119-138; A. Van Hoye, Structure et thologie des rcits de la Passion dans les vangiles synoptiques: Nouv. Rev. Thol. (1967) 135-163.

— 5 Bonsirven, Le Judaisme palestinien au temps de J.-Ch. (1935) II p.258; J. B. Bauer, Ut quid perditio uta, Zu Mk 14:4 f. par.: Nov. Test. (1959) 54ss; A. Melli, Sempre i poveri con voi, ma non sempre avete me (Mc 14:39 par.): Humanitas (1959) 338-343; J. H. Greenlee, Eis mnemosynon aute's, For her Memorial (Mt 26:13; Mc 14:9): Exp. Tim. (1959) 245s. — 6 Mi

51 Bieneck, Sohn Gottes ais Christusbezeichnug der Sinoptiker (1951) p.25; Bonsirven, Le Judaisme. (1934) I p.361-362; T. F. Glasson, The Reply to Caiphas (Mt 14:62): New Test. Stud. (1960) 88-93; A. Feuillet, Le Tomphe du Fus de Fhomme d'apres la dclaration du Christ aux Sanhedrites: Recherches Bibliques VI: La venue du Messie (Louvain 1962) 149-171.

. La solucin que se presenta ms viable parece ser la siguiente: las dos sesiones son histricas y distintas, como se ve por la afirmacin de los tres sinpticos. Ambas redacciones reflejan, literariamente, un mismo contenido. Sin emb

El relato de Lc est situado en una perspectiva jurdica ms verosmil: interrogatorio con la condena. El proceso nocturno que relatan Mt-Mc no debi de ser el proceso oficial, sino una reunin previa, de urgencia y oficiosa, de un grupo ms o menos numeroso de sanedritas, expectantes o convocados con urgencia, ante la impr

vista prisin de Cristo, para examinar, en casa de Caifas, al reo y preparar los motivos que jurdicamente se alegaran en el proceso oficioso, en la maana y cuando estuviesen todos convocados.

ja la descripcin del mismo con las lneas fundamentales de Lc, que eran las histricas. Pero su adelantar el proceso era sintetizar, en esta sesin, la condena oficial, de la cual la noctu

natoria como esta ltima. De ah que por esta identidad de condenas se forme, literariamente, aunque adelantada, la nocturna con las lneas de la matutina. Por eso, una

Solamente Mt, de los evangelistas, narra este episodio. Y lo intercala aqu, probablemente por un procedimiento de eliminacin, para seguir despus mejor el cursus del proceso y muerte de Cristo. La misma frmula introductoria entonces, de usual vaga ligazn en Mt, lo indica.

Como un primer fruto de este arrepentimiento, tom los 30 siclos, y, yendo al templo, se dirigi a los prncipes de los sacerdotes y ancianos. Acaso se dirigi a un grupo de estos sanedritas. Este hecho de protestar la inocencia de Cristo y luego arrojar los 30 siclos sugiere fuertemente que Judas quiere deshacer la ejecucin del mismo. Pero no encontr en aqullos ms que el mayor sarcasmo, echndole la culp

a l: ¿A nosotros qu? Viraslo t. Frmula usual de rechazo. El contraste de esta respuesta, en que no se hace aprecio de la venta traidora que se hizo de Cristo, para repararla, resalta ms fuertemente al compararlo con la legislacin ideal juda, qu

Entonces Judas, desesperado, arroj en el pavimento del templo aquellos 30 siclos. Esto fue en el lugar donde se encontr con ellos, y como una protesta, plstica y autntica, del contrato de la venta de Cristo.

Mt narra, en su forma sinttica, que, saliendo de all, se ahorc. Pudo ser en aquel momento de desesperacin, o das despus, en un crescendo de remordimiento. En los H

del templo, donde se guardaban las ofrendas. El motivo es que eran precio de sangre. Y acordaron en consejo comprar con ellas el campo del Alfarero para sepultura de los peregrinos. Estos peregrinos son indudablemente, para los judos, los de la dispora, ya que para los gentiles era la autoridad romana la que tena que ocuparse de ello.

= sangre). Parecera que lo hubiese sido por ahorcarse all Judas. Pero en los Hechos de los Apstoles se da otra razn: Judas adquiri un campo con el precio de su in

quidad. Lo fue, pues, por haberse comprado con el precio de la venta de Cristo, que era precio de sangre. El hecho de la compra as de este cementerio tuvo gran divulgacin en las primeras comunidades cristianas. San Jernimo, en el

posiblemente se puede ver tambin algn intento de Mt, al aludir a este pasaje de Zacaras, aunque aqu no lo dice explcitamente, el hecho de que esos siclos se los tire.

Viendo, pues, Pilato que nada consegua, sino que el tumulto creca cada vez ms, tom agua y se lav las manos delante de la muchedumbre, diciendo: Yo soy inocente de esta sangre; vosotros veris.

so, yendo, como es su estilo, a la sustancia de los hechos, preguntndosele si es el Rey de los judos. Esto supone el conocimiento que de esta acusacin tena Pilato, ya que el acusado tena que haber sido presentado al procurador con una notificacin oral o escrita de su acus

Pero hubo otras acusaciones de los prncipes de los sacerdotes y ancianos. En Lc, estas acusaciones eran todas convergentes en llevar la acusacin al terreno poltico de su re

A la pasin de estas acusaciones, Cristo no respondi nada. Era el silencio de la inocencia y de la dignidad ante la pasin y la falsedad. Pilato mismo, que le invit a defe

derse, se maravill ante aquel silencio. No sera improbable que en el evangelio de Mt, con tantas conexiones mesinicas con el A.T., se quiera resaltar en este silencio el cumplimiento del silencio, una vez ms, del Siervo de Yahv (Is 53:7)

cencia de Cristo. No es una realeza temporal a la que aspira, como lo demuestra su enseanza y el ser su conducta social tan distinta de los agitadores polticos y pseudomesas que por e

risdiccin perteneca Cristo, aunque en lo judo caa bajo la jurisdiccin del Gran Sanedrn, ya que Roma sola respetar su administracin y leyes. Cf.

in perteneca Cristo, aunque en lo judo caa bajo la jurisdiccin del gran Sanedrn, ya que Roma sola respetar su administracin y leyes. Se est

Fracasndole esta salida de remitir Cristo a Herodes, hizo conocer a los prncipes de los sacerdotes y al pueblo, reforzado por el juicio de Antipas, la inocencia de Cristo. Pero, temiendo revueltas y queriendo complacer a los judos y salvar a Cristo, y acaso para no c

Psicolgicamente se ve a Pilato con el pleito perdido por torpeza. Entr en dilogo con el pueblo, y las exigencias de ste, bien adoctrinado por sus jefes religiosos, y las exige

cias de ellos, estn ya respaldadas por el temor de la revuelta. Y en vista del fracaso de la flagelacin y la escena de burla que relata Jn, apela a otro expediente: soltarles a un preso famoso, pero plantendoles el dilema de l o Cristo.

cin de Egipto. Roma la respet, como respetaba tantos usos de sus pueblos sometidos. En un papiro greco-egipcio, aproximadamente del ao 88-89 despus de Cristo, se lee que el prefe

to de Egipto C. Sptimo Vegeto recibe la peticin que le hace una parte litigante contra un tal Phibion; y, reconociendo el prefecto que es digno de la flagelacin, dice que lo perdona en gr

cin de Cristo y de su misma humillacin ante aquellas exigencias, lo que est en pleno acuerdo con lo que se sabe de l por los datos de Josefo y Filn. Mxime conociendo que se lo haban entregado por envidia (Mt-Mc).

. Barrabs era ladrn (Jn), haba sido encarcelado por cierta sedicin que hubo en la ciudad, y en la que haba tomado parte en un homicidio (Mc). Adems, debi de ser un cabecilla temible, pues era un preso famoso (Mt).

No obstante este dilema, los prncipes de los sacerdotes y los ancianos persuadieron a la muchedumbre que pidiesen a Barrabs. Se comprende fcilmente este cambio en la ps

ero, en este intervalo de indecisiones, Mateo es el nico que cuenta la escena del aviso que la mujer de Pilato le enva al tribunal, para que no se comprometa con la condena de ese justo, pues ha padecido mucho en sueos esta noche a causa de l.

s sueos tenan en la antigedad importancia y supersticin. Sobre todo para un romano, pesaba el sueo de Calpurnia, la mujer de Cesar, que, por haberlo soado la vspera de su muerte baado en sangre, no quera dejarlo salir de casa

to. Pues la hora de la redencin estaba a punto. Todo se puede explicar bien naturalmente. La mujer del procurador de Roma haba odo hablar de Cristo, de sus milagros, y probabilsim

mente aquella noche los servicios secretos de Pilato deban haber trado sus informes sobre Cristo y sobre lo que contra El se tramaba. Mujer sensible y justa — hasta se la quiere hacer proslita del judasmo

. Los detalles histricos que Mateo l solo trae no estn absolutamente garantizados, y acaso se trate de una tradicin tarda. Y se pudo introducir en el relato de Mt por algn influjo extranjero (Benoit, o.c., p.161). Para otros, en cambio, no es inverosmil (Bonnard, o.c., p.397), pues se sabe su pr

El dilogo, o la tctica inhbil de Pilato con el pueblo, amaestrado astutamente all por sus dirigentes, condujo a la catstrofe de su claudicacin. El peligro a perturbaciones sociales, en la sobreexcitacin pascual, le hizo temer. Sobre todo, el peligro de delaciones a Roma, donde ya tena otras que le valieron el aviso de su correccin; delacin que sera ahora de no velar por la autoridad de Roma an

scrito: Estas palabras significaban que la responsabilidad y la falla vienen a nosotros y a nuestros hijos. Ejemplo: si alguno bebe, lleva su sangre sobre su cabeza (es decir, la responsabilidad de su falta).

. La jurisprudencia romana no sealaba nmero de golpes; quedaba a discrecin del juez que lo determinase. Los golpes no slo caan en las espaldas, sino que habran de caer en otras partes del cuerpo, incl

Josefo cuenta que l mismo mand azotar a un enemigo, en Tariquea, hasta que se le vieron los huesos. De esta flagelacin hasta la denudacin de los huesos se conocen

cena de burlas, y terminada sta, dicen, sin ms, que lo condujeron a crucificar. Lc omite la escena de burlas, y slo presenta a Pilato dos veces anunciando ante el pueblo que lo corregir (= flagelar), y que despus lo soltar. Pero despus de soltar a Barrabs, Lc, sin mentar ya la flagelacin, dice que a Cristo lo entreg a

cificar. Jn, despus de decir que solt a Barrabs, aade que a l lo mand azotar. Y luego narra la escena de burlas, el Ecce Homo, ms interrogatorios, y as lo entrega para cruc

Para ello le despojaron de sus vestidos. Esta es la tnica o manto, pues luego va a salir as presentado por Pilato al pueblo, y es increble que lo llevase en una casi desnudez, aunque

a caa, que le pusieron por cetro, le golpearon la cabeza. No era cetro de gobierno, sino de burla. Unindose a la injuria moral el dolor fsico, al hacer ms hirientes las esp

mente separada de lo anterior, diciendo, sin ms, que, despus de haberse divertido con El, le quitaron la clmide, y le pusieron sus vestidos, y lo llevaron a crucificar. Este ponerle sus vestidos, hace ver que le tuvieron que quitar aquel caparazn de espinas, por lo que es seguro, aparte de ser una burla improv

La cruz constaba de dos travesanos: uno vertical, llamado supes o palus, y otro horizontal, llamado patibulum. Generalmente, el reo slo llevaba el patibulum; el st

El cruciarius deba llevar una tablilla — titulus — en la que iba escrita la causa de su muerte. Unas veces la llevaba delante de l en una pancarta, otras la llevaba colgada del cuello o de una mano

gn las reglas en vigor en la poca imperial, deba ser redactado por escrito y despus ledo en alta voz. Eran considerados nulos los juicios proclamados sin ser escritos.

dro y Rufo (Mc). La colonia cirenaica en Jerusaln era numerosa, pues tenan una sinagoga propia (Act 6:9). A la hora de este encuentro vena del campo (Mc). El centurin se dirigi a l y lo requis para que llevase la cruz de Cristo. La voz usada es de origen persa (

Al ver el centurin encargado de la custodia el agotamiento de Cristo, temiendo que no pudiese cumplir su condena por desfallecimiento, requis a Simn de Cirene, pensando que se trataba de un servicio pblico, para que llevase la cruz de Cristo.

circular, rodar, de donde cosa redonda, redondeada, craneal. Su nombre se debe a la prominencia de la colina, que, dentro del terreno en que estaba enclavada, le daba este aspecto craneal. Son innumerables los lugares que en

Mt no describe detalles de la crucifixin. Slo destaca que le dieron entonces a beber vino mezclado con hil. La palabra hiel que usa, o tiene un sentido genrico de cosa amarga, redactado as por influjo del salmo 69:22, o el traductor habr vertido la palabra

ados a muerte se les ofreca vino mezclado con fuerte cantidad de mirra, por crerselo narcotizante. En Jerusaln procuraban este brebaje a los ajusticiados las familias principales, y en su defecto era la comunidad la que se encargaba de procurarlo

. Este titulus deba ser conservado por escrito y ledo luego en voz alta. Se buscaba que la sentencia no pudiese ser arbitrariamente modificada, siendo adems remitida por instrumento a la provincia; es decir, se supone el juicio dado por el procnsul en su capital

do) por Pilato (Jn 19:19). En los cuatro evangelistas, con pequeas variantes refaccinales, es el mismo. Jn notar que estaba escrito en latn, griego y hebreo (arameo). Esto hace ver el desfile de gente que se esperaba. En las cercanas de Roma existen lpidas sepulcrales judas escritas en estas tres lenguas

s de un competidor de Roma, utiliza la misma acusacin y motivo de la condena para burlarse de los judos al crucificar a su Rey. Lo crucifica con dos ladrones. Los llevaron por la Va Dolorosa a crucificar con El (Lc), y los pusieron uno a cada lado; y

l en medio, resaltar Juan. Eran malhechores (Lc), y Mt-Mc los presentan como salteadores. Era aquella poca turbulenta de agitaciones sociales y bandidaje, como Josefo refleja en sus escritos

Mt resalta luego no slo el desfile del pueblo ante Cristo crucificado, sino que pone una triple clase de injurias que se le dirigan: por los que pasaban, moviendo su cabeza, gran desprecio oriental (Job 16:4; Is 37:22, etc.); por los prncipes de los sacerdotes, con los escribas y ancianos, que acaso formaban grupos ostentosos, hablando en voz alta para que se los oyese bien (Mc), si no

dez con que la divulgaron. Era la errnea acusacin hecha, que no vali para la condena, de destruir y reedificar el templo, y el proclamarse Hijo de Dios. Si poda lo primero, que se sa

El centurin y los que con l guardaban a Jess, viendo el terremoto y cuanto haba sucedido, temieron sobremanera y se decan: Verdaderamente, ste era Hijo de Dios.

Los judos dividan, en el uso vulgar, el da en cuatro partes, cuya divisoria era la hora de sexta (medioda), siendo las otras horas prima y tercia, desde el amanecer hasta las nueve y desde esta hora hasta el medioda. Pero todo ello valorado con el sentido emprico de a

chura y aproximacin segn las estaciones. Estas tinieblas estn presentes precisamente el tiempo que Cristo est en la cruz. La expresin toda la tierra es una hiprbole; se refiere seguramente al horizonte que se div

25; etc.), se refiere a la tierra en general; y, cuando habla de un pas particular, acompaa la palabra tierra de un determinativo (Mt 2:6.20; 10:15; 9:26). No obstante, la excepcin cabe, acaso por el redactor.

mo signo de la venganza divina (Am 8:9; Jl 2:10-31, etc.). Significaban aqu la protesta divina por el deicidio que comete Israel. Algunos autores han negado realidad histrica a este hecho. Tendra un valor simblico. El cielo es siempre sombra para el

lma desolada (Loisy). Sin embargo, los evangelistas presentan el hecho con una precisin cronolgica que no tiene en los profetas. Y en Jerusaln, por esta poca, se da el fenmeno de los sirocos negros, que es un cierto oscurecimiento de la a

Las descripciones de los evangelistas no tratan de precisar la naturaleza del fenmeno; hablan segn las apariencias sensibles. En todo caso, no pudo ser por efecto de un eclipse, ya que ste no puede darse durante el plenilunio, como era aquel 15 del mes de Nisn, a pu

con vinagre, y a veces con otros ingredientes, y que usaban las tropas de la custodia, y se la dio a beber (Sal 69:22). Pero Cristo, al percibir aquel refresco, renunci a l (Jn), y, dando de nuevo un gran grito, expir.

que la usan en otros casos, parecera que quieren acusar la libertad de su muerte. No sera improbable, pues, que a la hora de la composicin de los evangelios, bien penetrados de lo que era Cristo, hayan querido acusar esta libertad con esas expresiones. As Jn dice que, inclinando la cabeza,

do al terremoto que se cita, ya que esto supondra haberse cado el cuadro de piedra en que estaba enmarcado, y hubiese tenido un mayor reflejo histrico-simblico en la tradicin. Desde los primeros siglos const

rra en Judea en la antigedad. Los temblores de tierra son otro de los elementos con los que en el A.T. se muestra la grandeza de Dios. Con temblor de tierra pintan los profetas el gran da de Yahv. Es elemento frecuente en las teofanas. Conforme a su uso en los profetas, el sentido de este temblor de tierra, sincronizado con su muerte, manifiesta l

ira divina por el crimen de Israel. San Cirilo Jerosolimitano sealaba ya una gran hendidura en la roca del Calvario, que an se conserva, como efecto — deca — de este terremoto

dejndoles paso franco al abrirse los monumentos; pero es un adelantamiento, pues aade que despus de la resurreccin de El (Cristo) vinieron a la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos. En la perspectiva real de Mt, la resurreccin de estos muertos tiene lugar en la resurreccin de Cristo, pero se narra con

rpretacin es difcil, y por esto objeto de varias opiniones. Lo indudable es que esa resurreccin, cualquiera y como quiera que sea, es seal de la victoria de Jess sobre la mue

¿Son absolutamente histricos estos hechos lo mismo que el oscurecimiento? En absoluto podran serlo. La duda que puede surgir es que son hechos, sobre todo alguno, que son conocidos como un gnero literario. ¿Podr haberse usado aqu? En el Talmud palest

dioda. Cuando muri R. Hanina, el mar de Tiberades se hundi. Cuando muri R. Ishaq, setenta umbrales de casas se rompieron en Galilea. Cuando muri R. Shemuel, los cedros se salieron de cuajo en Israel, etc.

— Lo relatan los tres sinpticos. Este centurin era el que tena la responsabilidad militar de la custodia y muerte de Cristo. Pero junto con l van a prorrumpir en esta glorificacin (Lc) los que con l guardaban a Jess, que son e

dion, y acaso los otros soldados que guardaban a los ladrones crucificados. El motivo es que, al ver el terremoto y cuanto haba sucedido, temieron sobremanera, y decan. Esto que vi

ron era la majestad y perdn de Cristo, sus siete palabras, la rapidez de su muerte, su gran voz en la agona y las tinieblas sobre el Calvario. Pero las palabras son transmitidas dive

Las interpretaciones pueden ser varias. Le poda, para gentiles, destacar la inocencia ante la condena juda. Las palabras del centurin y los suyos pueden referirse a la acusacin del Sanedrn y de los que venan a insultarlo al Calvario, dicindole que se haba hecho Hijo de Dios, reconociendo ellos que era verdad lo que los sanedritas y el populacho decan que era mentira, pues lo probaban los hechos; o tambin, si eran tropas no judas, que pensasen, sugerido por

Manda, pues, guardar el sepulcro hasta el da tercero, no sea que vengan sus discpulos, lo roben y digan al pueblo: Ha resucitado de entre los muertos. Y ser la ltima impostura peor que la pr

tumbres judas, tenan que estar enterrados. Pilato tambin condesciende con estos usos. Los tribunales judos tenan dos fosas para enterrar a los ajusticiados, ya que no los permitan s

Jos de Arimatea, discpulo oculto del Seor (Jn), o gran simpatizante, pero hombre digno, como lo presentan con varios ttulos los evangelistas, tuvo la valenta de ir a Pilato, acaso por intermediarios palaciegos, para pedirle el cuerpo de Cristo. Tena para su acceso un ttulo especial: era miembro del sanedrn (Mc-Lc), destacando, natur

naba su tesis de que lo haban entregado por envidia, y hasta, posiblemente, el herir as, de alguna manera, las costumbres sanedritas sobre los enterramientos de los ajusticiados. Mc har ver que Pilato se extra de la muerte tan pronta de Cristo, ya que podan estar los aju

Mt, en redaccin sinttica, pone en escena a Jos de Arimatea como si l mismo, pero solo, actuase en aquel acto funeral. Tambin se sabe que intervino Nicodemo (Jn), y la nat

tacar el aspecto del cuerpo sagrado que iba a recibir; Mc dir que la haba comprado. ¿Por qu no traer una de su casa? Es por la misin sagrada que iba a tener. Pero la interpretacin de Mc puede ser otra

Mara Magdalena y la otra Mara, que es la madre de Jos (Mc), dada la angostura de la cmara sepulcral, estaban sentadas frente al sepulcro. Pero Mc da la finalidad: mir

ban dnde lo ponan. Estas mujeres, probablemente, en un momento determinado entraron dentro, pues queran saber, si haba varios loculi, dnde lo ponan, para cuando viniesen despus del sbado a completar los perfumes mortuorios no sufrir confusin alguna.

Tambin este tema tiene dificultad. Las mujeres en Mt-Mc van a ir al sepulcro para verlo; en Le llevan aromas. ¿Qu pretendan con ello? Si se piensa en ungirle al modo judo, como lo dice Mc (16:1), ya lo haba hecho Nicodemo (Jn 19:39.40). Si se pie

Mt es el nico evangelista que cuenta la guardia puesta por los sanedritas al sepulcro. Con ello tiende a hacer ver la verdad de la resurreccin. Siendo sepulcro de piedra, excavado en la roca, con sola la boca de entrada custodiada por tropa, nadie puede robar el cadver. El anuncio de Cristo que re

No es verosmil que los judos esperen al da siguiente de la sepultura para poner la guardia. Se lo podran haber robado en el intervalo. Al da siguiente, con reposo sabtico, personas piadosas, ¿lo habran hecho? Y al otro da ya resucita. Adems, ¿pensaran los fariseos en la resurreccin cuando los mismos discpulos

Las razones alegadas son de inters. Sin embargo, el texto de San Justino, que se cita en el captulo siguiente, como confirmacin del pasaje evanglico, tiene su valor. La frase de Mt que corri hasta el da de hoy hace ver que la objecin juda estaba en la calle, y ¿se deshara, ante los judos y dems, con este hipottico cuento, que podran constatar no ser histrico?

Por eso, el protestante Bonnard escribe a este propsito: En s mismo, este relato no tiene nada de inverosmil. Las dificultades que ven es el que los prncipes de los sacerdotes y fariseos aparecen al corriente de su anunciada resurreccin, lo mismo que se va a pedir la tropa el da de sbado. Pero reconoce qu

Cath. Bibl. Quart. (1946) 124-134. — 66 Guillaume, Mt 27:46 in the light of the Dead Sea Scrolls of haiah: Palestine Exposition Quarterly (1955) p.78-80; H. Bierkelan, Finales en a dans les pronoms et les

73 Ncar-Colunga, Sagrada Biblia (1949) p.1306 nota 52; Loisy, Les vanges Sinoptiques (1908) II p.689-690; Plummer, An exegetical Commentary on the Cospel according to St. Matthew (1911) p.402; Taylor, The Cospel according to S. Marc (1952) p.956-957; L

— 82 C.Lmont, l'u ri'scrit imperial sur la violation de sepultare: Rev. Hist. (1930) 1uxoit. K. S.Myth, The Guara on the Tomb (Mt — 83 (15; 28:14): Heuhrop Journ. (1961) 157-179. — 84 Bonnard, L'evangof

2) Va contra la profeca de Cristo de que estara tres das en el sepulcro. Cuando las mujeres van, ya Cristo resucit. Pero, si van en la tarde del sbado, es que resucit ento

ces. Pero, enterrado el da antes, viernes, antes de la puesta del sol — cmputo judo del da —, slo estara Cristo en el sepulcro un poco del viernes y lo que iba del sbado.

el sbado. En Lc, el contexto exige lucir, y alude con ello, probablemente, a la costumbre juda de encender abundantes lmparas en la tarde comienzo del sbado.

puesto que ellas no van al sepulcro el sbado, ltimo da de la semana que terminaba, sino en la aurora del primer da de la semana que comenzaba. La traduccin, pues, ha de ser otra.

Pero esta imprecisin de Mt es aclarada por Mc (16:1) y Lc (24:1): venan trayendo aromas que haban preparado (Lc) para ungirlo (Mc). La rapidez con que se haba emba

de volver al sepulcro para un reembalsamamiento, y lo redact de otra manera: vienen a ver el sepulcro por afecto o para orar y llorar ante l. Sin embargo, esto crea un problema. Cf.

¿Quines son las mujeres que vienen al sepulcro? Mt cita a Mara Magdalena y la otra Mara, la misma frmula con que las describi y dej sentadas frente al sepulcro (27:61), precisamente preparando introducirlas nuevamente en escena aqu. Pero esta otra Mara es, sin duda, la que l describe p

Mc deja junto al sepulcro de Cristo a Mara Magdalena y Mara la de Jos, mirando dnde se pona el cuerpo del Seor, para venir luego a ungirlo. Y as, pasado el sbado, pone en escena a Mara Magdalena, y Mara la de Santiago, y Salom, que es la madre de los hijos del Zebedeo.

An en otro pasaje Lc da nuevos datos sobre este grupo. Juana, aqu citada, es Juana mujer de Juza, administrador de Herodes (Antipas) (Lc 8:3; cf. Lc 8:l.3). Era un grupo de piadosas mujeres que haban sido curadas y que lo servan con sus bienes (Lc 8:l.3).

Pero al ver as removida la piedra, Magdalena, que est entre ellas, no investiga ms. Supone que hubo un robo. ¿Ignoraban el anuncio de la resurreccin, al menos para el tercer da? ¿Qu forma tuvo el anuncio proftico de Cristo? Pero de esta i

dava los apstoles (Lc 21:10.11; Jn 20,8.9). Y Magdalena, ms ardorosa, se da a correr para ver a Pedro y al otro discpulo a quien Jess amaba y decirles que han tomado al Seor del monumento y no sabemos dnde lo han puesto

que est sentado a la derecha, sobre el sepulcro que estaba excavado a la derecha de la cmara funeraria. No es el de Mt, que est a la entrada y sentado sobre el golel;

la guardia de la custodia. Dice de l que su aspecto era como el relmpago, y su vestidura, blanca como la nieve. Ambas expresiones se encuentran en el libro de Daniel para describir apocalpticamente un ngel que se le apareci como un varn vestido d

lino (Dan 10:1-17), o el apocalptico anciano de das. As, del ngel que se aparece en forma de varn dice que su rostro era como la visin (fulgor) del relmpago (Dan 10:6). Y del anciano de das dice que sus vestiduras eran blancas como la nieve

Mt pone, para dejar preparada la escena, que, cuando las mujeres vienen al sepulcro, un ngel baj del cielo y removi la piedra del sepulcro, dejando ste abierto. No se trata en el texto de un terremoto ordinario, que puede abrir sepulcros, pues lo presenta como un hecho sobrenatural. El ngel, luego, se sent sobre la piedra volcada, en seal de tri

pera de las mujeres. La apertura del sepulcro no es para que salga el cuerpo glorioso de Cristo resucitado, sino para que entren las mujeres, y se pueda ver y comprobar que el cuerpo del Seor no est all. Clon la vista de este ngel aterrador y con el sepulcro abierto, el piquete de guardia huye y va a justificarse. Ante este cuadro quedaron aterrados. ¿Quin, sino una a

¿Cundo fue la resurreccin del Seor? Su hora no se sabe. No se puede estrechar la vinculacin de la accin del ngel con la ida de las mujeres al sepulcro. En todo caso, debi de ser en la noche, a juzgar por las descripciones horarias evanglicas de la ida de las mujeres al sepulcro, y sta ya haba sido antes de su llegada.

Enterrado Cristo el viernes, permaneci en el sepulcro todo el sbado y resucit el domingo. Los tres das de su anuncio se cumplieron. No haba que tomarlos por das de vei

ticuatro horas. Tres das y tres noches era una expresin ya hecha para designar tres das, sin que requiriese esto el que fuesen das completos. Era un principio corriente que un da c

menzado, o parte de un da, contaba para ciertas cosas como un da entero. As se lee en la literatura rabnica que rab Eleazar (sobre el ao 100 d.C.) deca: Un da y una noche hacen una

cripcin algunos elementos tradicionales. Benoit lo enfoca como un signo errneo en ellas: deben de mirar al cielo, donde Cristo resucitado est, no ya a la tierra. En la ascensin es a la inversa: estn mirando al cielo, y el ngel les dice que no miren ms al cielo; Cristo parti y no volver hasta la parusa

o a ste como a jefe del grupo. Esta prediccin de precederles a Galilea la hizo en el Cenculo cuando les anunci que aquella noche se escandalizaran t

efiere a la triple prediccin que les hizo sobre su muerte y resurreccin (Mt 16:21; 17:22.23; 20:17ss y par.). Acaso se deba esto a que Lc orienta su evangelio hacia Jerusaln, lo mismo que cuenta todas las apar

perficial del texto. Y esto no slo se deduce de lo que dice Jn (20:1.2), sino tambin porque las mujeres, a la vuelta del sepulcro, saben, despus del anuncio del ngel, que el Seor ha resucitado. Y conforme a la orden del ngel, as lo manifestaron a los discpulos, aunque

. Por eso no hay oposicin ninguna entre el pasaje de Juan: No me abraces, y el de Mt cuando dice que las mujeres abrazaron los pies del Seor. Pues el texto de Juan supone que Magdalena le abraz los pies, pero que Cristo le manda despus que se retire.

Por eso ambas apariciones deben de ser la misma. El texto de Mt (v.9.10) no exige que la aparicin de Cristo a las mujeres se realice en el camino, ya que puede ser muy bien una redaccin paralctica.

dor y el sepulcro abierto, a comunicar la noticia y justificarse. Haba que dar una explicacin de alguna manera de aquel suceso. Hay una reunin de gentes sanedritas — Josefo habla del papel de estas reuniones de jefes judos en esta poca y de sus repercusiones — y se apela al dinero. Aquella soldadesca mercenaria aceptaba fcilmente aquella propuesta: mientras do

man, haban robado el cuerpo. Mas a quien lo pensase, no le parecera verosmil: ¿cmo dormir en una custodia, que era gravemente punible en el cdigo militar? ¿Cmo atreverse nadie ante la tropa, mxime sus discpulos, a intentar violar un sepulcro? ¿Cmo no despertar ante el ruido de gentes y de instrumentos y del rodaje de la piedra sepulcral? Alguna explic

cin haba de darse. Las gentes sanedritas se comprometan a apaciguar al procurador si la noticia llegaba a l. Si a ellos no les interesaba el asunto, menos haba de preocuparle aquel enojoso asunto a Pilato. La noticia se divulg entre los judos hasta el da

Fuera de Jn, que dedica su captulo 21 a las apariciones del Seor en Galilea, slo Mt habla explcitamente de apariciones en Galilea, y Mc en la parte deuterocannica.

Los Once discpulos, cumpliendo la orden del Seor que les transmiti mediante el ngel y las mujeres, van a Galilea. No se indica el tiempo. Pero, sin duda, fue despus de las apariciones en Jerusaln. Seguramente que se hicieron indicaciones ms precisas, pues los discpulos se dirigieron, en Galilea, a la montaa que Jess les haba mandado

. Acaso estas indicaciones precisas, con la reiteracin de la orden de ir a Galilea, les hubiesen sido hechas por el mismo Cristo en algunas apariciones jerosolimitanas, si no fue en el Cenculo, al decirles que les precedera a Galilea.

All se les apareci el Seor. Pero el versculo que expresa esto ofrece una dificultad especial. El texto de Mt dice as: Y vindolo (a Jess),

1) Los que dudan no son los discpulos, sino otros que estaban con ellos cuando la aparicin del Seor. Concretamente se cita a San Pablo, quien, entre los testigos de la res

As cita una aparicin del Seor ya resucitado ante ms de quinientos hermanos en una sola vez (1 Cor 15:6), o tambin que estuviesen con ellos algunos de los 70 discpulos que tena para el apostolado en Galilea (1 Cor 15:7ss).

Como matiz de esto se hace notar que Mt no cont las apariciones jerosolimitanas, y las dudas que all hubo por algunos, y que ahora, en la nica aparicin a los discpulos que l cuenta, hace una sntesis en la que l indica todo.

No sera imposible dados los procedimientos redaccionales de Mt, como acaba de verse en el caso de la aparicin de Cristo a las mujeres. No es, sin embargo, un caso claro; se presta a la confusin, ms que el caso anterior.

sucristo. De esto ya estaban convencidos. Pero la duda poda afectarles en el sentido de no saber, en un primer momento, aunque tenan la promesa y saban que veran al Seor en Gal

As, despus de la multiplicacin de los panes, cuando a la noche estaban remando en el lago, vino el Seor a ellos andando sobre el mar. Pero ellos, vindolo andar sobre el mar, se turbaron y decan: Es un

Y despus de resucitado, presentndoseles en formas diferentes, podan en un primer momento dudar. Como, hasta que El se descubri quin era, lo ignor Magdalena, vindolo en forma de hortelano (Jn 20:15), y los que iban a Emas, al verlo en forma de peregrino (Lc 24:15). Y en el mismo lago de Genesaret, mientras estaban pescando, se les apareci el Seor y los llam, pero los discpulos

Algo anlogo pudo ser la duda que debi de afectar a los discpulos o a algunos de ellos, y expresado en forma global, como es frecuente en Mt. En un primer mo

do, al aparecrseles Cristo resucitado, los apstoles, aterrados y llenos de miedo, crean ver un espritu. Y luego de demostrarles su realidad, se dice que no crean an a fuerza del g

otestad” () que tiene para ello. Esta le fue “dada” () por Dios, por el Padre. Le dio plenitud de poder ( ). Evoca el pasaje dani

lico (Dan 7:14). Estos trminos son claros y, sobre todo, estn casi encuadrados en la teologa de Jn (Jn 13:3; 17:2ss). Este poder — todo poder — se lo dio el Padre en el cielo y en la tierra. Jn dir que el Padre. le dio poder sobre toda carne, para que (a todos los que T le diste) les d la vida eterna (Jn 17:2). El poder en el cielo es sobre toda potestad celestial, y en la tierra, sobre toda la humanidad, y acaso sobre todo lo creado. Ejerce poderes divinos, pues tiene el poder de Dios. En Mt terminar (c.25) como Juez de toda la humanidad.

¿Cundo recibi este poder? No se dice aqu; solamente se lo reconoce y promulga (cf. Mt 729; 9:6; 21:23; etc.). Si el entrar en el ejercicio pleno de sus poderes es despus de la resurreccin (Jn 17:1-5; Flp 2:6-11; Act 2:36; 10:42; Rom 1:4), la plenitud ontolgica la tiene desde la encarnacin. Si Mt,

). esto con carcter universal, pues es “para todas las gentes ( ).” Es el cumplimiento profetice ya abierto y bien acusa

tianismo en actividad universal. Si Cristo se hubiese expresado con esta claridad sobre estos puntos — frmulas y universalismo — no se explicaran, fcilmente, algunos problemas pla

gir, sino tambin lavar, purificar (Lc 11:38; Mc 7:14). El bautismo cristiano hace nacer del agua y del Espritu y sin l no se puede entrar en el reino de los cielos (Jn 3, 3.5.6.7), y San Pablo ensea que el bautismo hace convivir con Cristo (Rom 6:4; 6:1-11).

mente en nombre de las tres personas de la Trinidad (v. 19b). Crticamente esta leccin es genuina. Conybeare quiso negarle autenticidad, basndose en Eusebio de Cesrea, que cita este pasaje, y pone en boca de Cristo el predicar y bautizar slo en mi Nombre. Pero Eus

Mas parece que no es frmula originaria de Cristo. ¿Quin la hubiese inmutado? Por otra parte, el misterio trinitario se fue percibiendo lentamente (Jn 14:9). Seguramente que la frmula es posterior a la iluminacin pentecostal. A la hora — tarda — de la composicin de los evangelios ya el problema est resuelto. Acaso no se refleje ms por ser conocido de s

¿Qu significado tiene esta asistencia de Cristo? En el vocabulario del A.T. (Ex 3:12; Jos 1:5.9; Is 41:10; 43:5; etc.) tiene el sentido de asistencia y proteccin a alguien, para su misin. Este es, fundamentalmente aqu, el sentido de esta promesa de Cristo. La gara

24 G. Ongaro, L'autenticitd e integrit del domma trinitario en Mt 28:19: Bblica (1938) 267-279; Lebreton, Dogme de la Trinite (1927), nota E, p.599-610; J. Alonso, ¿Hasta que' punto los elementos del rito bautismal cristiano

En los Hechos de los Apstoles se habla de un tal Juan, por sobrenombre Marcos (12:12.25; 15:37). Otras veces se le llama indistintamente Juan (15:39) o Marcos (Col 4:10; Flm 24; 1 Pe 5:13). Que una persona tuviese dos nombres era frecuente. Ms de la mitad de los judos mencionados en las inscripciones de Roma llevan un nombre o un cognomen lat

iliar de Bernab (Col 4:10), persona de gran prestigio en la Iglesia primitiva (Act 9:27, etc.). Fue con l y con Pablo en el viaje apostlico (Act 12:13). Pablo no lo quiere llevar en el segundo, volvindose de Perga a Jerusaln (Act 15:38).

3, Marcos est en Roma con Pablo, cuando ste est en cautividad (Col 4:10ss; Flm 24), como colaborador suyo. Sobre el 63-64 est tambin con Pedro en Roma (1 Pe 5:13).

Posteriormente, la tradicin testifica explcitamente lo mismo. As, San Ireneo dice: Marcos, discpulo e intrprete de Pedro, nos transmiti por escrito lo que Pedro haba pred

quema catequtico de Pedro en Hechos de los Apstoles (1:21ss; 16:19ss; 10:34-43). Cristo comienza su oficio de salvador con la vocacin de Pedro (1:16-18). Se describen con ms d

dro. Nada se dir de su caminar sobre las aguas, que se narra en Mateo, aunque se dice que Cristo camin sobre el mar (6:45-52); tampoco se narra la promesa del primado, aunque se narra la confesin de Pedro (8:27-29), ni de la moneda

solemnes, v.gr., (5:41), (7:34), (14:36; cf. 3:17; 15:34). A esto se une un estilo i

tas: (7:24), - (10:1). Sin embargo, no se puede atribuir todo este estilo inculto en el uso de las part

culas a la ndole semita, puesto que aparecen a veces en obras griegas escritas en lengua vulgar. Pero en comparacin del evangelio de Mateo, y sobre todo de la mejor lengua griega de Lucas, en Marcos se acusa mucho ms el carcter semita.

mente explica las costumbres y usos judos (7:1-23; 14:12; 15:42). Omite, en cambio, lo que los gentiles no podran comprender fcilmente o interesarles (Mtc.5-7 y 12 y Mc 12:37-40; cf. Mt 24:20 con Mc 13:18; Mt 16:4 con Mc 8:12), lo mismo que omite muchas citas de las Escrituras. Por el contrario, destaca que la predicacin del Evangelio debe ser hecha a las gentes (13:10; 11:17), cosa que Mateo omite en el lugar par

lelo (21:23). Suaviza las cosas que podran ofender a los gentiles (7:27; cf. Mt 15:26). E incluso omite toda la misin de los apstoles slo al pueblo judo (Mt 10:15ss; 15:24), lo mismo que la misin a Israel de los s

, , , (, y frases de tipo latino (2:23; 5:23; 14:65, etc.), en la frecuencia de su uso. Ya

nicos latinos se haban incorporado al griego vulgar, y aparecen tambin con frecuencia en otros libros del Nuevo Testamento. Pero en Marcos aparece ms frecuente su uso, y ms an el hecho de utilizar vocablos latinos para expresar trmin

n como dato confirmativo est el que se presenta a la mujer teniendo la iniciativa del divorcio (10:12), al margen de los usos judos y en plena consonancia con el derecho romano. Pero estos indicios latinos son excepcin aislada en la composicin original de este evangelio

se sido ms rica. La destruccin del templo por el fuego no hubiese faltado, y el texto da la impresin de su destruccin por demolicin: No quedar piedra sobre piedra (13:2). La e

presin la abominacin de la desolacin hubiese sido probablemente precisada, por lo que no hara falta prevenir al lector con el que lea, entienda. Como, por otra parte, nada s dice ni nada se alude al comienzo de la guerra de Roma contra Israel, podra ser indicio de que este evangelio est co

Como fecha tope de su composicin se da frecuentemente el ao 63. Ya que Lucas escribe despus que Marcos, y antes de su libro de los Hechos, escrito ste estando, acaso, an San Pablo en la prisin romana del 61-63.

San pifanio: escribi en seguida de Mateo arameo. De ah el suponer que escribi entre el 42-44. Pero son muchas las hiptesis que han de suponerse. No sabindose con exa

ber, por este captulo, la de Marcos. Habra de suponerse que Pedro estuvo ya en Roma sobre el 42 y que llev de compaero consigo a Marcos. Pero sobre el 44 Marcos est en Antioqua (Act 12:15), y poco despus, junto con Pablo y Bernab, emprende el prim

. El argumento tomado del final de Marcos, que los apstoles predicaron por todas partes (16:20), lo que supondra una poca muy tarda para la composicin del evangelio de Marcos, tiene en contra dos serios reparos: el final de Marcos es una adicin posterior al evangelio; y la locucin aludida, en absoluto podra referirse slo a su misin en Palestina. Que haya sido escr

rarse de Pablo en el primer viaje apostlico (45-48) (Act 15:38ss) puede ser el momento de unirse con Pedro, con el que tena amistad su familia (Act 12:12). De hecho Marcos est en Roma cuando Pablo est cautivo (61-63) (Col 4:10; Flm 24) y cuando se escribe la primera epstola de San Pedro (1 Pe 5:13). Y con este margen de fechas no hay inconveniente en a

Del anlisis de su evangelio, concretamente del discurso apocalptico (c.13), como antes se dijo, se desprende que es anterior al ao 70, y probablemente al 66, ya que no hay indicios de la guerra romana contra Israel. En cambio, la insistencia en los sufrimientos, en el ambiente en que se mueve Mc, respondera bien a la poca de la persecucin neroniana. Ac

De lo expuesto anteriormente, tanto de los testimonios explcitos de la tradicin (Clemente Alejandrino, Orgenes) como del anlisis estructural del mismo, el evangelio de Marcos est destinado a gentes no judas, y probablemente latinas.

e su exposicin, que Jesucristo es Hijo de Dios, son clara muestra de que intenta presentar a Jesucristo como verdadero Hijo de Dios. Pero, al mismo tiempo, destaca tambin su aspecto m

Probablemente tiene tambin este sentido, como confesin de la Iglesia primitiva, el uso de la palabra Seor en un contexto en que parecera mejor la de Maestro (11:3). Tambin lo hace ver en pasajes en los que Cristo figura con atributos divinos, v.gr., perd

nando los pecados (2:5-12), o dueo de los ngeles (13:27), o haciendo ver a los escribas la trascendencia del Mesas (12:35-37), con la parbola de los viadores homicidas (12:1ss) y proclamndose seor del sbado (2:28). Lo que se confirma por el momento en que lo e

El sentido mesinico se ve en Hijo de David (10:47ss; 12:35ss). El ttulo de Cristo lo usa Pedro en su confesin de quin sea El, pero debe guardar secreto (8:29-30). Tambin en la frecuencia con que usa el ttulo de Hijo del hombre. Actualmente discuten los autores si Cristo toma este ttulo exclusivamente de Daniel, o si procede de los apocalpticos o de las parbolas de Henoc. P

ro se admite, en cualquier caso, que se trata de un ttulo mesinico, aunque poco corriente en el medio ambiente. Con l Cristo se presenta como Mesas. Si este trmino procediese de los apocalpticos, se discute si el Mesas debera sufrir. Lo niegan a

nos especialistas (Bonsirven, Sjberg). En todo caso, con l, Cristo centra en s el Mesas doliente de Isaas y el Mesas glorioso-divino de Daniel, conforme a la evolucin que de este pasaje hubo en el mismo ambie

Las interpretaciones que se dieron son varias y segn las tendencias doctrinales. As, se ve en ello la expresin de una teologa posterior originaria de la catequesis cristiana, para ensayar el explicar los sufrimientos y muerte de Cristo (Wrede); otros hablan de una creacin posterior de la comunidad, para justificar el carcter humilde de la vida de Jess (Dibelius); otros lo reducen a un artificio literario (Ebeling).

cin. Segn sta, Jess no poda decir claramente lo que El era antes de haber mostrado por su muerte la significacin de sus ttulos.

, no es resolver el problema. Pues, en este caso, habra que admitir que toda la revelacin, por no manifestar la plenitud de su contenido en un primer estadio, no era revelacin — apocalipsis — hasta la etapa final de la misma. ¿Se podra negar que Cristo prohibiese decir lo que El ya era por no haber llegado en su obra a la plenitud de la m

sma, que es decir tambin a la plena madurez de su revelacin a las gentes? Esta posicin parece ms sutil que satisfactoria. Si los hechos hablan, ¿por qu negar El lo que es? As, a la pr

niega el Proto-Marcos y acepta la fuente de Pedro, pero admitiendo retoques procedentes de otras fuentes antes de su uso por Mateo y Lucas. Es donde menos rasgos hay de adaptacin a los usos de la catequesis. En la misma lnea est Stanton

, restringiendo mucho el papel de Pedro en el evangelio de Marcos, a pesar de su radicalismo, admite unos veinte episodios de este origen, aunque no recogidos directamente por Marcos. Este es un compilador que utiliza diversas fuentes; unas procedentes de Pedro — unos veinte episodios — y otras de otras tradiciones valiosas. R. A. Hoffmann

reci bajo una doble forma. La primera procedera de un discpulo de Pedro, que puede ser Marcos mismo, y la segunda edicin, tambin aramaica, habra sido influenciada por el pa

pa, acentundose ms o menos estos perfiles y buscndose nuevas combinaciones, a veces tan hipotticas como radicales (Wendling, Loisy, Wellhausen.). Como un tipo de hiptesis post

rior est la de Bussmann. Con objeto de explicar la dependencia de Mt y Lc de Mc y explicar, al mismo tiempo, por qu, si Mt y Lc dependen de Mc, aqullos no traen todos los pasajes de ste, present la hiptesis de tres redacciones de Mc. Las dos primeras, completadas cada vez ms, fueron conocidas por Mt y Lc en momentos distintos de su amplificacin

. Pero, aparte de ser gratuito y de pie forzado, no explica la homogeneidad lingstica de todo el evangelio de Me; ni las omisiones en que se basa para hacer su hiptesis exigen este artificio de triple redaccin; pueden tener otra explicacin; v.gr., Lc

. De l toma el contenido y orden de historias. Supone que el arameo de Mt y el de Mc eran semejantes. Mc se limita a copiar, y slo a introducir algn matiz o detalle pintoresco. El trabajo de redaccin

En 1955 se expusieron otras dos teoras. Una es la de A. Guy. Se basa en Papas. Marcos, aunque escribi con esmero las cosas del Seor, no lo hizo con orden. Dist

en repeticiones, en interrupciones a las narraciones, etc. Pero admite, por otra parte, un gran orden en el desarrollo cronolgico de la narracin. De aqu saca el autor la conclusin de diversos estadios en la composicin del evangelio

ctores; hay un tercer estadio, que no se explcita bien, en que se estructura en la forma actual el evangelio. Marcos es el compilador; en l est el influjo de Pedro. Pero el editor posterior es otro

Con este material se elabora el evangelio de Marcos. La obra de ste es redactar un evangelio, una serie de datos sobre la vida de Cristo, para hacer ver que es el Hijo de Dios, utilizando este material. As, a veces lo incorpora con las agrupaciones con que ya exista, dndoles un cierto orden, e intercalando notas redaccionales y haciendo ciertas sntesis que completen el material preexistente y sirvan de elementos de unin y acoplamiento

cos en ella, segn la cual no es verdadero autor, sino slo un simple incorporador de todo un material preexistente, limitndose a simples retoques de unin. Pero Mareos es autor, proc

bindole seguido posteriormente con intimidad, como se indic en la nota biogrfica sobre Marcos, se pens si Marcos no habra incorporado a su evangelio enseanzas de Pablo.

tente est usando los verbos hacer, tener, poder, querer, con la consiguiente fatiga literaria. Tambin usa frecuentemente las expresiones: se puso a hacer una accin; y de

cribe, sin ms, las gentes o las cosas como numerosas. Tambin como frase hecha usa la mirada circular de Cristo, sea llena de bondad o de ira, siendo el contexto el que la valore. Otra caracterstica es la frase de cuando el Maestro llama, usada en otros contextos; v.gr., Pilato llamando al centurin. Por eso, de suyo, la simple palabra no tendra un sentido esp

. — Sintcticamente, Marcos no usa las diversas partculas que relacionan unas frases con otras en sentido de consecuencia, unin, causalidad, oposicin. Marcos usa la paratasis, que es la simple yuxtaposicin de frases, mediante la con

quema ms o menos prefabricado en su estilo. As, v.gr., comparando la tempestad calmada (4:39-41) y un exorcismo (1:25-27); la curacin de un ciego (8:22-26) y un sordomudo (7:32-36); o entre la descripcin de las reacciones ante dos predicaciones de Cristo (6:1-2 y 1:26-27); los relatos de la preparacin de la cena (14:13.14.16) y la entrada en Jerusaln (11:1-6). Un ejemplo del mismo es la com

que tienen por finalidad llevar a una sentencia de Cristo; v.gr., la escena de las espigas arrancadas y frotadas en sbado (2:23-28), con la mxima final: El sbado ha sido instituido para el hombre, y no el hombre para el sbado. Siempre que no se suponga el invento de una escena histrica para ambientar una

. — Podra parecer una paradoja lo que es en Mc una realidad: la pobreza de vocabulario y el esquematismo ms o menos flexible de algunos relatos junto con la viveza y el colorismo descriptivo. Utiliza palabras vulgares (1:38; 2:11; 14:31) que Lc evita deliberadamente. De ah la extraordinaria variedad de palabras para describir las real

os vestidos, nueve para los alimentos. Turner ha destacado la variedad de nombres mencionados por Me: treinta y seis veces toma cifras determinadas; entre las cuales, nueve son los Doce; dos, los tres das, y diez, otros nombres repetidos.

mente definible. La agrupacin de varios episodios parece tener ms un orden lgico que cronolgico. Adems, varios de ellos deben ser insertados con la agrupacin con que vienen de las fuentes, condicionando as la situacin exacta. No obstante, las lneas generales del evangelio de Mc son perceptibles, sobre todo siguiendo el encuadramiento geogrfico.

La lnea general es: Introduccin. Ministerio galilaico. Pequea salida extragalilaica. Despus de la confesin de Pedro en Cesrea, Mc orienta su evangelio hacia Jerusaln. Rel

Acudan a l de toda la regin de Judea, todos los moradores de Jerusaln, y se hacan bautizar por l en el ro Jordn, confesando sus pecados.

que corresponde al escrito. As varias ediciones crticas (Swete, Vogels, Von Soden, Nestl, Merk). Pero esto supondra haber formado parte de un escrito de evangelios, v.gr., Mt, del cual Mc sera el se

ntario greco-romano, la palabra evangelio es utilizada, en el lenguaje oficial, para indicar los bienes que han de seguirse con motivo del advenimiento al trono de algn emperador. As se dice, v.gr., a propsito de Augusto

as. Pero en muchos cdices unciales y en la mayor parte de los cursivos se lee en plural: en los profetas. Es, sin duda, una retractacin del texto en orden a justificar la posterior insercin de la primera pr

V.7. Coincide con Lc en parte de la redaccin de este pensamiento, que transmiten los tres sinpticos en cuanto a la sustancia. El no es digno de postrarse para desatar las correas de sus sandalias. Son diferencias redaccionales, elaboradas libremente por los evangelistas, como se ve especialmente al comparar estas tres formulaciones de los sinpticos con la d

tismo en agua. Este era superficial ante el otro. Bblicamente se dice que todo lo que se puede purificar por el fuego se haga, ya que es purificacin ms profunda. Este es el sentido de la metfora aqu, sin duda, primitiva. En Mt-Lc aparece la metfora con la explicitacin de su valor: En Espritu Santo y fuego. En Mc ya aparece la sustitu

V.17. La voz del cielo, a diferencia de Mt, aqu est formulada directamente a Cristo: T eres el Hijo mo. Los tres ponen la forma que en El me complac, lo que puede ser la traduccin griega o corresponder al perfecto esttico semita, que puede, a su vez, correspo

El relato de la tentacin est reducido al mnimum por Mc. Casi es una alusin a la misma, ya que Mt-Lc la relatan con amplitud. Mientras Mt pone las tentaciones despus del ayuno cuadragesimal, Mc y Lc las ponen literariamente escalonadas a travs de los cuarenta das. Dos son los

bras salvajes, gacelas, guilas, y a la noche se oyen los aullidos de chacales y hienas. En tiempo de Elseo haba en los bosques entre Jeric y Betel osos (4 Re 2:24). El mosaico de Madaba (s. VI

renta aos del desierto. La finalidad de estas tentaciones en Mt-Lc es manifiestamente mesinica. Y era creencia en Israel que el desierto sera lugar de accin mesinica, y que de alguna manera se repetiran en los das mesinicos las experiencias — tentaciones — r del xodo. Por eso se relaciona este morar entre bestias salvajes con las serpientes de fuego del desierto (Dt 8:15; 32:10) y con la alimentacin prodigiosa del man (Dt 8:3; 29:5),

de Cristo sobre Satn. Y con estos rasgos se aludira a las tentaciones mesinicas de Cristo, relatadas con amplitud por Mt-Lc: la victoria sobre Satans y el servicio que los ngeles le hicieron a

cin y la del nuevo xodo. Es lcito, pues, creer que, al mismo tiempo que en la estadia de los hebreos en el desierto, el segundo evangelista piensa en la restauracin de la paz paradisaca, cuando muestra a Jess Mesas viviendo en compaa de fieras; no hay lugar a temerlas, po

ciones con sus circunstancias extraas, podan desorientar a sus lectores de origen pagano y debilitar la proclamacin que l pretenda hacer de la trascendencia de Cristo. Tambin se puede co

Mc y Mt advierten que este relato tiene lugar despus de la prisin de Juan, que es muy posterior (Jn 3:22ss; 4:1-3), y que supone ya la vida pblica de Cristo. Lo que pretende aqu Mc es presentar un esbozo de lo que va a ser la misin de Cristo. Pero este viaje de Cristo, en su vida pblica, a Galilea es el segundo

lado (Jn 3:24; 4:3). Pero los tres sinpticos presentan este modo general de la predicacin y gira apostlica de Cristo por toda Galilea. El tema que Mc recoge es esquemtico, pero en l sintetiza el fo

La expresin el tiempo es cumplido, lo mismo que el reino de Dios, eran frases escatolgicas. En el ambiente judo evocaban, al punto, el mesianismo y las maravillas a l anejas.

bra en los sinpticos (Is 50:8; 51:5; 56:1), el sentido aqu es el de una inminente proximidad. En los evangelios, Cristo unas veces habla del reino como ya llegado (lo identifica con su persona y sus actos) y otras lo deja ver como en un prximo futuro

mismo que Mt, presenta un cuadro binario y casi idntico de esta vocacin de Pedro y Andrs, Santiago y Juan. La redaccin literaria de estas dobles vocaciones tiene una fo

lgico anterior. Segn Jn, un primer contacto sera en el Jordn (Jn 1:35-51). Pero acaso no explique todo. La redaccin est sometida a un esquematismo literario perceptible. Se indic en la introdu

ca una retribucin a sueldo por un trabajo. Se ve que el padre de Juan y Santiago, dentro de la modestia de un pescador de Galilea, tena un cierto desahogo econmico: eran propietarios de redes (Mt 4:21), sin duda, de algunas barcas, y tena jornaleros para sus faenas.

dad docente de Cristo en las sinagogas de Galilea. Pero parece mejor interpretarlo de slo aquel primer sbado que predicaba en la sinagoga de Cafarnam. La forma plural usada no es otra cosa, probablemente, que una redaccin literaria hecha a imitacin de los nombres de las fiestas griegas, tal como se encuentra en otros pasajes evanglicos (v.gr.,

les, y ense all. Las sinagogas existan en todos los pueblos y casi en todas las pequeas villas. De una sinagoga magnfica de Cafarnam se conservan an muy importantes ruinas.

s tenan dos partes: una oracin, otra lectura y exposicin de la Escritura: primero de la Ley y luego de los Profetas. Esta exposicin estaba a cargo de un sacerdote, del jefe de la sinagoga, o a quien invitase ste, entre las personas que juzgase capace

de hacer una exposicin. Esta no consista slo en parafrasear la Ley; poda ser una exposicin literal o alegrica, reglas de conducta, parbolas, exhortaciones, etc. El tema era libre, amplio; pero el

Hacia el centro de la sinagoga haba una plataforma o tribuna, donde tena su asiento el jefe y los miembros ms respetables de la misma. All estaba tambin el sitio del lector y del que iba a hacer la exposicin. Desde all habl Cristo.

De esta exposicin, lo que caus admiracion en los oyentes, y que recogen Mc-Lc, es que enseaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas (Mt 7:28.29). No slo la sorpresa de los oyentes est en el

Este mtodo no era ms que una cadena de dichos: Dijo rab tal., y rab cul dijo., y as en una serie inacabable de sentencias, sin resolverse nada. Se deca como elogio de uno de los rabinos clebres, Yohanan ben Zakkai, que no pronunciaba nada, ni enseaba nada, que no lo hubiese recibido de su mae

tros —. Piensa que viene a perdernos. Y sabe que Cristo es el Santo de Dios (Jn 6:69). Esta denominacin no era ttulo oficial ni usual del Mesas, aunque fcilmente podra ser d

mente pudiera ser llamado as. As lo llam tambin Pedro (Jn 6:69). El calificativo est en situacin especialmente por la victoria que va a tener contra el espritu impuro.

tivo, en otras ocasiones (Mt 8:4; 9:25.30.31, etc.), con objeto de no divulgar anticipadamente su mesianismo, y lo hizo salir de l. Aquel pobre hombre experiment, ante esta orden, una agitacin violenta, que Lc la describe como arrojando (el demonio) al poseso en medio del grupo en que estaba, a la parte de la sala central, probablemente decante de la tribuna donde estaba Cristo exponiendo su do

Los evangelistas recogen la narracin de los presentes en una doble lnea: una es la fama que va a extenderse por doquier, en toda la tierra de los alrededores de Galilea. Pero esta fuerte fama fue debida a lo que los presentes a la curacin se dijeron estupefactos: era una doctrina nueva por su contenido y por su mtodo, pues estaba revestida de autoridad (Mc, Lc v.32; cf. Mt 7:28.29), y todo ello rubricado por el milagro.

El breve relato de esta curacin es recogido por los tres sinpticos. Debe de estar sugerido por la relacin cronolgica y geogrfica con el milagro anterior. Mc es el nico que dice que esto fue al salir de la sinagoga: vinieron a casa de Simn y Andrs, con Santiago y Juan. La figura de Pedro es posiblemente lo que hizo mantener en la tradicin sinptica este pequeo relato. En el

fiestamente esta escena, a causa de la sistematizacin de su evangelio. Se busca con ello, lo mismo que se buscaba con estos relatos esquemticos y generales, causar un impacto sobre la grandeza de Cristo.

Mc destaca que en el atardecer, pero matizando que, cuando ya se haba puesto el sol, tiene lugar el traerle todos estos enfermos para que los cure. Como la escena tiene

Los tres sinpticos, reflejo del esquema de la catequesis, dan los enfermos trados en dos grupos: enfermos, sin ms especificacin, y endemoniados. Y la curacin se da de

Mc es el nico que trae esta pequea referencia histrica. A la maana siguiente al sbado, fue a orar a un lugar desierto cercano a Cafarnam. Es Lc el que suele destacar la oracin de Cristo. Mc slo lo hace tres veces: aqu, al comienzo de la vida mesinica de Cristo, hacia su mitad (Mc 6:46) y

se. Luego Mt-Mc presentan, extensivamente, un cuadro esquemtico de la predicacin de Cristo por las sinagogas de Galilea. Mc se complace todava en poner como una nueva rbr

Pero l, partiendo, comenz a pregonar a voces y a divulgar el suceso, de manera que Jess ya no poda entrar pblicamente en una ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares desiertos, y all venan a El de todas partes.

La curacin de este leproso la traen los tres sinpticos. La situacin histrica no es la de Mt, que; por su razn sistemtica, la retrasa. Mc-Lc la ponen al comienzo de la vida pblica de Cristo.

cia. La gratitud y la satisfaccin de su cura, que era a su vez rehabilitacin moral suya, le hizo volcarse en alabanzas. Esto hizo que la noticia se divulgase por Galilea, haciendo que Cristo no pudiese entrar pblicamente en las ciudades, porque stas se conmocionaban, procl

Mc-Lc — Mt omite todo este final — ponen mucho inters en destacar este exquisito cuidado de Cristo en apartarse de todo movimiento mesinico prematuro y sobreexcitado que pudiera producirse en las turbas.

the Baptist (1951); J. F. Talbot, Baptism with the Spit and Fire, The Theologian (1958); E. Best, Spirit-Baptism: Nov. Test. (1960) p.236-243; J. E. Yates, The Form of Mk l,8b / baptise ou u'ith erwater.: Xe Test. Stud. (Cambridge) 4 Feuillet, Le Bapteme de Jess d'apres Vvangile s. St. Marc (1:9-11): Cath. Bibl. Quarterly (1959) 468-490; C. E. B., The Baptism of our Lord. A Study of St. Mark, 1:9-11: S. J. T. (1955) 53-63; H. raun,Entscheiden de Motive i

8 Feuillet, a.c.: Est. Bib. (1960) 73; Dupont, L'amere-Jond tnmique au recit oes tentations de Jess (Mc l,12s par.): New Test. Studies (1957) 287-304; J. Jeremas, Die Gleichnisse Jesu. (1970) p.152.

— 10 J. Manek, Fishers of Men: N.T. (Lciden 1957) 138-141; G. De Raucourt, La vocation des Apotres: R. Se. Relig. (1939) p.610-615. — 11 Abel, en Dict. Bib. Suppl. I 1045-1064. — 12 Zunz, Die gottesdienstlichen Vortrage der Juden p.364; Feltex, Storia dei tempi del

Beith Zn. W. (1960) 90-93; F. Mussner, Ein Wortspiel in Mk 1:24?: Biblische Zeitschr. (1960) 285-286; A. Feuillet, l'exousia de Fils de l'Homme: R. Se. Relig. (1954) p.161-181; J. Coutts, The Authory of Jess and of Twelve in St. Mark's Cospel: J. Th.

18 P. Lamarche, La gurison de la belle-mere de Pierre et la genre litteraire des evangi-les: Nov. Rev. Thol. (1965) 515-527. Para una sugerencia de Lon-Doufour, cf. Mt 8:14-15.

(9:2-8), se discute si los dos temas — perdn y curacin — son, aunque histricos, primitivos. Bultmann lo niega; W. Manson considera el milagro una adicin histrica posterior; E. Schweizer juzga su unidad primitiva; Dibelius r

conoce el perdn como centro del relato. Anunciar la primera sin confirmrsela con hechos tangibles poda ser all contraproducente. De ah el milagro sensible como prueba de la ren

La situacin histrica que le da Mc — lo que hacen en forma imprecisa Mt-Lc — est en ntima relacin con esta estancia de Cristo en Cafarnam, pues fue entrando de nuevo, despus de algunos das, en Cafarnam. Lo que dice Mt (9:1) parecera suponer una ause

La vocacin de Lev-Mateo fue recogida con inters por la tradicin primitiva y conservada en los tres sinpticos. Su conversin debi de ser bastante ruidosa, por efecto de ser publ

cano, en lo que tena de despreciable, y por ser hombre enriquecido por este procedimiento, fcilmente abusivo. Deba de ser un caso anlogo al de Zaqueo, igualmente publicano, y e

e de Lev: de Alfeo, y tambin el de ste: Lev. En cambio, el primer evangelista se nombra a s mismo Mateo. Lo ms extrao es que Mc-Lc, en las listas de los apstoles, denominan a Lev con su propio nombre de Mateo. Y que con este nombre se refieren

Lev se ve porque Mt en la lista de los apstoles se nombra a s mismo con el nombre de Mateo el publicano (Mt 10:3). Se supone que sea debido a un rasgo de humildad, por ser el nombre con el que era ms conocido en su oficio de publicano o telon

Mc es el nico que hace saber aqu que a Cristo le seguan muchos. Pero en este mismo versculo se citan como sujeto posible publcanos y pecadores y discpulos de Cristo. Sin duda se refiere a stos, ya que son el sujeto inmediato y ms lgico de la frase. Mc dice, p

saicas sobre la admisin de pecadores en el reino. En el fondo parece percibirse una fina irona contra los justos fariseos. Tambin poda tener su aplicacin en el cristianismo pr

l Cordero (Ap 19:7; cf. v.9; 21:2.9; 22:17). La redaccin eclesial probablemente lo ve con la portada ms amplia de una escatologa realizada (Dodd). A lo que se le unen los v.21-22, acaso procedentes de un contexto distinto, pero unidos aqu por razn

del aspecto absurdo de obrar en ambos casos. Esto va a ser expuesto con las metforas de pao y del vino nuevo. No condena las prcticas de los ayunos que se alegan. Pero s el

Y si los fariseos ayunaban tambin para acelerar la hora mesinica, los discpulos de Cristo no han de ayunar, sino gozarse con su presencia. Ayunarn luego, cuando el mesianismo, que no era como el esperado por los fariseos,

V.23-24. Es extrao que se encuentren los discpulos con los fariseos en el campo un sbado. Acaso en la redaccin haya artificio para destacar mejor el tema central y la pr

Pero el libro I de Samuel no dice que Abiatar fuese sumo sacerdote ni que David se dirigiese a Abiatar, sino a Ajimelek (1 Sam 21:1; 22:11-12). Abiatar era un hijo de Ajimelek (1 Sam 22:20). Por otra parte, en Josefo, los sumos sacerdotes son los miembros de las grandes familias sacerdotales

Otros proponen una solucin demasiado hipottica: que Abiatar tendra dos nombres. Ms verosmil sera suponer que, siendo el nombre de Abiatar mucho ms conocido en el ambiente, por sus relaciones con la historia de David (2 Sam 15:24-29.35; 1 Re 1:7.19.43; 2:26), hubiese sido citado como un punto ms fcil de referencia. Y hasta se piensa que esta forma de relatar esta historia fuese tra

1 A. Cabaniss, A Fresh Exegesis of Mk 2:1-12: Interpr. (1957) 324-327; Dupla-CY, Mc 2:10. Note de syntaxe: Ml. Robert (1957) 420-427; Dupont, Le paralitique pardonn (Mt 9:1-8): Nouv. Rev. Thol. (1966) 940-958; C. P. Ceroke, Is Mk 2:10 a Saving of Jess? (The Theory of Ecclesiological Evangelistic Interpolation.): The Cath. Bibl. Quart.

Los tres sinpticos traen este relato. Los tres coinciden en que los fariseos le observaban para acusarle si curaba la mano seca de un hombre all presente, pues se estaba en la reunin sin

ta a los fariseos. Lc traza la escena presentando a Cristo, que conoce sus pensamientos, por relacin a cmo le observaban para acusarle. Son las clsicas diferencias redaccionales, y de intento temtico. En funcin de ellas se traza la estructura del relato.

4. Mc coincide con Lc en la formulacin de la pregunta que hace a los fariseos, con los que tambin estn presentes escribas (Lc): ¿Es lcito en sbado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla? La frase en su doble forma tiene un valor de ex

Con ello se acusa ms el aspecto moral del bien hecho en sbado. Mt lo formula con una casustica ms popular: la oveja cada en sbado en un pozo y que se la saca. La legislacin rabnica slo permita en sbado obrar para salvar la vida. En esto lleg a una casustica inverosmil.

. Ante el mal que ve en aquella dureza farisaica, se entristece, y surge este movimiento de celo divino, que puede ser a un tiempo de tristeza y compasin y manifestacin en su gesto de la maldad de aquella actitud endurecida, como leccin y medicina para su rectificacin y cura

flictos polticos y prdida de influencia. La conclusin de Mc (Mt) es diferente de la de Lc. Este slo habla de la actitud de los fariseos preguntndose qu deban hacer con Jess. Pos

Mc pone aqu un cuadro sinttico de diversas escenas independientes, y evocador de la obra apostlica de Cristo. Las multitudes vienen a l de todas partes. Mt adelant mucho este cu

dro (Mt 4:23-25). Pero es lgico que lo ponga como justificacin para aludir al auditorio que por esta poca tena Cristo antes del sermn de la Montaa, como Mc lo pone, acaso por lo mismo, antes de la eleccin de los apstoles.

V.9.10. La multitud se le rene junto al Lago. Por facilidad pide una barca, para desde all predicarles y evitar el ser oprimido por las gentes. Pues los enfermos crean que tocnd

Las listas de los apstoles son transmitidas por los sinpticos y por el libro de los Hechos (Act 1:13). Fue un momento trascendental, que todos recogen. A los doce patriarcas se les van a contraponer otros doce fundadores. Los apstoles van a ir a extender por el mundo el nuevo Israel.

V.14. Mc es el que asigna la finalidad de estos doce apstoles: acompaar a Cristo, para formarlos, enviarlos a predicar el Reino, y les dio poder de expulsar demonios. Mc se complace en destacar sistemticamente este poder sobre los espritus impuros. Ello habla de la

V.17. A Juan y a Santiago, Cristo les da el nombre de Boanerges, hijos del trueno. Es el nico pasaje en que se dice esto. Cabra pensar si fue en esta ocasin cuando les dio este sobrenombre o fue en otro momento. Pero, no hacindose el cambio del nombre de Pedro aqu, sino en la escena de Cesrea (Mt 16:18), siendo, sin embargo, insertado tambin aqu (Mc), aunque Mt da el nombre sin suponer que fuese ahora el ca

bio (Lc), probablemente no fuese en este momento tan solemne el darles un simple calificativo por su mpetu; lo cual tampoco era cambiarles el nombre, en seal de dominio sobre ellos. La interpretacin de su nombre se ve bien en una esc

V.19. Mc, que traduce los nombres rameos, aqu lo conserva: Simn el Cananeo. Le llam a Simn el zelotes. Acaso al escribir Mc, con ambiente de insurreccin juda, promovida por los zelotes, temiese que pudiera venir en descrdito cristiano

Este pasaje es propio de Mc. La situacin histrica precisa no es posible fijarla. Son varias las opiniones, y probablemente ninguna sea exacta. Se ve que Mc sita en un contexto histrico dos juicios — pu

nterpretacin es la ms lgica. Estando los familiares en Nazaret, les llega el rumor de estos acontecimientos. Por eso, porque decan esto de El, es por lo que vienen a Cafarnam. El uso de la tercera persona del plural, como indeterminado, es forma or

to. Unos treinta aos de vida oculta, sin estudio con rabinos, y de repente comenzar su obra de predicacin y de milagros, no dejaba de ser sorprendente, ms an para sus parientes, de

Si aqu se expone ste en un caso concreto, la metafsica que se desprende de l es, cerrando los ojos a la evidencia, atribuir las obras de Dios a Satans; el bien, hacerlo obra del mal. Mc resalta esto ms que ninguno: Porque ellos decan: Tiene espritu impuro. Atribuan las obras de la

V.22. Mt pone esta insidia en boca de los fariseos; Lc no matiza stos. Pero Mc pone que son los escribas que haban bajado de Jerusaln. Este detalle acusa bien que la escena tiene lugar ya avanzada la vida pblica de Cristo, cuando el rumor est extendido por Jerus

No son los lazos de la carne y de la sangre los que regulan el amor de Cristo a los hombres. Son de naturaleza superior, sobrenatural. Los regula por el cumplimiento de la voluntad de Dios en los seres humanos(Mt 7:21-24; Lc 13:25-27).

(1931) col.733-734. — 7 Gannon, The interpretaron of St. Mark 3:20-21: Irish Eccl. Record (1944) 289-312; Mcrory, The interpretation of St. Mark 3:20-21: ibid. (1945) 1-5; Wlmmer, Mc 3:20-21: Verb. Dom. (1953) 131-142; F. Spadafora, II greco degli Evangeli, esegesi di Mc 3:20ss: Lateranum (1962) 126-147; J. E. Stein

V. l 1. Mc establece una contraposicin precisa entre aquellos a los que ha sido dado conocer el misterio del reino y entre los otros, que son de fuera. Con esta expresin, los de fuera

Esta enseanza de Cristo es una pequea parbola. Lc la trae dos veces. Una (Lc 8:16-18), como Mc, a continuacin de la parbola del sembrador, y en la seccin del primer viaje. Esto es indicio de que se recogen de fuentes escritas. Ms dificultoso sera saber si Cristo las pr

puesta. Mc establece una contraposicin literaria entre la forma impersonal con que Cristo pronuncia la parbola de la semilla que crece (v.26) y la del grano de mostaza (v.30), deca, y la que utiliza para introducir esta parbola (v.21) y la de la medida (v.24), decales a ellos; pero estos mismos a quienes se d

rige son, en el contexto de Mc, los Doce, junto con los que estaban en torno suyo (v.10). A stos es a los que les expuso el sentido oculto de la parbola del sembrador. A estos doce apstoles y a esos oyentes solcitos, y acaso di

dora del Reino no es enseada para que quede oculta, sino para que d a todos luz de vida. No es una gnosis exotrica para iniciados. ¿A qu se refiere ms en concreto esta ensea

24. Excita a los apstoles a prestar honda atencin a lo que les ensea. La luz que se les va a dar est, en parte importante, en proporcin a las disposiciones con que se le esc

che y reciba. As se deben preparar los apstoles. Se los medir con la medida que ellos usaren para recibir esta enseanza, es decir, en la proporcin con que ellos se dispongan a recibir esta luz del Reino, en esa proporcin se los medir. Si tienen poco esmero en rec

, no slo la recibirn en esa proporcin escueta; ser abundante, se os aadir ms. Frmula que Lc usa a otro propsito (Lc 6:38).

La comparacin usada debe de ser un proverbio. El mismo uso que hacen de ella Mt-Lc en otro sentido, lo sugiere. Rab Meir se preguntaba: ¿Dnde se encuentra que el hombre es medido con la medida que l mide?

25. La misma enseanza se viene a reforzar con otro proverbio ya usado por los evangelistas a otros propsitos. Al que tiene se le dar; es decir, en este contexto, al que presta atencin a la enseanza de Cristo, a las parbolas que les propone, le dar ms luz: luz de nuevas explicaciones, de su honda comprensin (Mt 13:12; 25:29

En cambio, al que no tiene, aun lo que tiene le ser quitado (Mt 13:12; 25:29; Lc 19:26). Es la formulacin oriental paradjica. ¿Cmo quitar lo que no tiene? En este conte

rialmente oda, pero a la que no prest la atencin debida, para escudriarla o para preguntar por su sentido, le suceder que lo que tiene, o sea, esta enseanza parablica de vida, pero slo materialmente recibida, aun eso que tiene le ser quitado, porque no fructificar en l y se perder la cosecha que iba en esa simiente. La formulacin proverbial oriental conserva aqu el concepto de castigo positivo: se le quitar; lo que puede ser el solo hecho negativo de perderlo

leccin, la muerte o el juicio; Dios es el sembrador. Lo que se trata de comparar o ilustrar es: si la tierra es buena, todo ir bien; basta poner en ella la simiente de la palabra. Otros an lo alegorizan ms, pero no pasa

— No se ve que hayan de interpretarse los diversos elementos en forma concreta y de minuciosa alegora. Un hombre cualquiera que siembra, se interpreta mal alegricamente de Cristo, y que duerma o vele. Lo mismo puede decirse del resto de los elementos. No se precisan ni matizan alegricamente. Lo que se compara no es elemento con elemento, sino

ba-espiga-trigo-sazn de ste. Y tan necesariamente sucede este germinar automticamente de la simiente, que, al llegar a sazn, se mete la hoz: es la hora de la recoleccin.

de que estn dotados. Un gran comentario a esta parbola son las palabras de San Pablo, cuando escribe: ¿Quin es Apolo y quin es Pablo? Ministros segn lo que a cada uno ha dado el Seor. Yo plant, Ap

No podrn los seres humanos impedir la vitalidad y el crecimiento del mismo. Acaso quiera Cristo corregir, o tal vez el evangelista, los errores posibles de temor por su suerte ante los ataques al mismo, o hacer ver que, contrariamente a las esperanzas judas,

ste ni sbitamente ni con manifestaciones extraordinarias. Algunos pensaron que iba contra la impaciencia de los zelotes. Para la Iglesia primitiva tena la aplicacin de s

. La enseanza est en la comparacin establecida entre el grano ms pequeo que crece hasta hacerse la ms grande de las hortalizas. En orden a completar el cuadro descriptivo, se dice que se llega a hacer un rbol (Mt-Lc), en el que las aves del cielo pu

den establecerse. La comparacin se establece entre lo ms pequeo que viene a hacerse lo ms grande. De igual modo sucedera con el Reino: en los comienzos es mnimo, son pocas personas las que se les unen, pero vendra a ser muy grande, tanto que cabrn en l multitudes. Mc colorea el tipo diciendo de ese pequeo grano de mostaza que ech ramas tan grandes, que a

u sombra pueden cobijarse las aves del cielo. Ya en el A.T. se encuentra la imagen de un rbol que va creciendo y sirve de proteccin a los sbditos de un gran reino bajo la metfora de aves del cielo (Dan 4:10ss; Ez 17:23; 31:6). El fieri del crecimie

to no parece pertenecer al intento inmediato en la parbola, como se dijo en la exposicin de esta parbola en Mt. Es elemento implcito de contenido, pero descriptivo en la narracin.

( ) es violenta. Se han propuesto para explicarla diversas soluciones:

en su enseanza. Los tres sinpticos tratan de justificar el uso del mtodo parablico por Cristo a partir de un momento determinado de su enseanza. Fue algo que deba de ch

concreto, imaginativo, primitivo y sin tendencias a la especulacin abstracta. ¿Hablaba Cristo para que le entendiesen o para ocultar la verdad al auditorio? Es la doble posicin que se adopta: tesis de la misericordia o tesis de la justicia, como ya se expuso

ggico de ilustracin a los que lo escuchan, en contraposicin a los de fuera (Mc 4:11), que son los fariseos y los hostiles a Cristo, que, o no le quieren or, o no le quieren or como a Maestro, para aprender, sino con intencin aviesa, para perderle. Pero al pueblo s le habla en parbolas, cuya naturaleza es servir pedaggicamente para ilustrar, pero le habla segn p

; pero a los otros, hostiles (fariseos) o negligentes en afanarse por recibir la explicacin o nuevas explicaciones, los de fuera, viene a serles dicho todo en parbolas, pues de hecho no llegan a aprovecharse de la luz que en ellas se encierra. Quedan slo en la corteza, en la parbola. Y por eso, culpablemente, viene a suceder que, viendo, no ven. Ven la parbola, pero no ven ni penetran el hondo contenid

La descripcin que hace Mc de esta escena es, como ordinariamente en l, descriptiva. As, precisa que Cristo dorma sobre un cabezal en la popa de la barca. Mc presenta a Cristo mandando por separado al viento y al mar que se sosieguen. Este dramatismo, as binari

Aunque los apstoles ya haban presenciado algunos milagros de Cristo, no pensaron en su poder ante un espectculo tan imponente. Pero su imperio ante fuerzas csmicas dese

Ya se haba pensado que El fuese el Mesas (Mt 12:23). Por eso aqu, o se refiere a una mayor confirmacin en el mesianismo de Cristo y en los poderes de que se hallaba dot

. St. Marc: Rev. Bib. (1910) 5-36; Pipev, Mystery of the Kingdom of God (Mc 4:10-12) (1947) p.183-200; Tgaras-HI, The Mystery of the Kingdom (Mc 4:10ss): Journ. of Bible and Relig. (1956) 83-89; G. Kennedy, Nothing without a Parable: N.T. Sidelights. A. C. Purdy (Hartford 1960) 10-26; J. A. Baird, A Pragmatic Approach to Parable Exegesis. Some New Evi-dence en Mk 4:11.33ss: Journ, of Bibl. Literal, and Exeg. (1957) 201-207. —

Y se lo permiti, y los espritus impuros salieron y entraron en los puercos, y la piara, en nmero de dos mil, se precipit por un acantilado en el mar, y en l se ahogaron.

bre el pas en que desembarcan. Este es al otro lado del mar de Tiberades (Mt-Mc), frente a Galilea (Lc). Y precisan este lugar. Pero aparece con tres variantes: gerasenos, gadarenos y gergeseos. En Mt est crticamente bien establecida la lectura de gadarenos; en Mc-Lc, la lectura crticamente

La regin de los gadarenos supone una capital, Gadara. La Gadara de la Decpolis era una villa helenstica situada al sudeste del Lago. Era llamada metrpoli de Perca.

Mc-Lc ponen la escena en la regin de los gerasenos. Lc corresponde por capital la ciudad de Gerasa, que formaba parte de la Decpolis y corresponde a la actual Djrash, a 60 kilmetros hacia el sur del Lago

Los autores modernos sitan, generalmente, la topografa de esta escena en la regin que incluye el villorrio en ruinas de Korsi. A unos dos kilmetros al sur de este villorrio est el-Hammi Moqa'edlo. Hay incluso en l una especie de promontorio, que se adelanta prct

solo. La tesis ordinaria es admitir dos endemoniados (Mt), porque si Mc-Lc presentan en escena uno solo, no excluyen la existencia del otro. Y es bien sabido que es del estilo de Mt el presentar las categoras en formas plural y dual (Mt 27:44; 20:30; comp. con los otros evang.). Acaso la tradicin de Mc-Lc se fij en el que fue luego hecho apstol de Cristo entre los suyos.

cin. Mt omiti la curacin de un poseso que cita Mc (Mc 1:21-28), y acaso lo querra incluir aqu. Otros casos en Mt podran ser semejantes. Mt pone igualmente la curacin de dos ciegos (Mt 20:30); en cambio, en el lugar paralelo Mc cita uno. Pero en Mc

Cuando Cristo desembarca en esta regin, le salen estos endemoniados. Mt es ms sobrio y genrico en la descripcin, como es su estilo. Mc-Lc lo describen vagabundo por los montes (Mc) y regiones desrticas (Lc), dando gritos, hirindose con piedras, morando en sepulcros y anda

La ferocidad de estos endemoniados era tal que, para evitar que se hiciesen dao a s mismos o a otros, ya que atacaban a los caminantes (Mt), les haban atado con cadenas en varias ocasiones, pero las haban roto.

Los rabinos atribuan en ocasiones la enfermedad a influjo mgico o a vejacin de demonios. De aqu el usar para la cura medios mgicos o exorcismos. Entre los medios mg

. Las frmulas de los exorcismos judos se pretenda que venan del rey Salomn. Para extraer el demonio de un cuerpo empleaban una especie de anillo mgico y la raz

La expresin Dios Altsimo es usada en los escritos rabnicos para denominar al Dios de los judos. Se haba hecho trmino usual y casi tcnico, desde la poca de los Macabeos, para expresar al Dios de Israel. Tambin los paganos conocan al Dios de los judos bajo este nombre

conjura a Cristo que no le atormente. Y Mc aade la razn: Porque le deca: Sal de ese hombre, espritu impuro. Este imperfecto — le deca (

os. Manifiestamente este endemoniado cree en la virtud del nombre de Dios, mxime sobre Cristo, del que reconoce su grandeza y santidad al llamarle Hijo de Dios. En la conjuracin usa el tipo de resortes judos

En Mc-Lc pide el endemoniado que no le atormente. ¿En qu sentido? Mt es el que da la explicacin: ¿Has venido aqu a atormentarnos antes de tiempo? La tradicin juda reconoca que los demonios estaban condenados en el infierno, pero admita que algunos p

dan ejercer de tentadores y atormentadores de los hombres (Job 1:10.12; 2:4). Slo a la hora del juicio final ser terminada esta obra de tentacin y dao a los hombres (2 Pe 2:4). Esto est especialmente expuesto en los libros apcrifos de

. Tener el nombre era, en el mundo mgico, poseer de alguna manera el dominio de la persona cuyo nombre se posea. Se ve la finalidad de esta pregunta de Cristo en aquel ambiente: al no decir el demonio su nombre y decir que son legin, el poder de Cristo sobre los demonios aparecer ms claro, por no usar el procedimiento

bres, no se puede pensar en semejante invasin en un individuo. Lo que los evangelistas estn destacando aqu ya es el poder total de Cristo sobre los demonios, ya que reconocen la sum

sin a sus rdenes, pues le suplicaban insistentemente que no los echase fuera de aquella regin. Lo que Lc expresar de otra manera, dando el motivo de aquel deseo

No lejos de all haba una piara de puercos, que Mc vala en cerca de dos mil. El nmero no resulta extrao, ya que este puede referirse muy bien a lo que es ordinario: el acoplar en uno todos los diversos rebaos del pueblo para facilitar su pastoreo y guarda.

Aunque la misin de Cristo estaba destinada inmediatamente a los judos, la excepcin benfica en otras gentes se poda dar, como en el caso de la cananea (Mc 7:24, par.).

Si los demonios piden, al ser expulsados de los endemoniados, no ser obligados a ir a¡ abismo, es decir, a cesar en su tarea de enemistad y odio al establecimiento del reino de Dios, y cuya prueba de su llegada, como Cristo dijo, es la expulsin de los demonios de los posedos (Mt 12:28, par.), piden tambin entrar en la manada de los puercos. Era una transa

cin benfica para los hombres. Pero, sin duda, pretendan, al impulsarlos con una carrera desenfrenada a despearse y ahogarse en el lago, provocar una reaccin hostil de las gentes contra Cristo, con las ventajas que de esto pudieran derivarse para su obra de mal. Pero se ve, por otra parte, que su accin en esta piara acu

a, de modo ms sensible, el movimiento diablico de, literariamente, expulsin e ingreso, destacndose as la suprema autoridad de Cristo sobre los espritus impuros.

ralmente, no podr darse una razn concreta de la permisin de este dao en aquellos dueos. Pudo ser por castigo moral, para quitar un excesivo apego a los bienes. Siempre son razones de providencia. ¿Por qu permite Dios o quiere, v.gr., una inundacin, donde se destruirn bienes, se ahogarn rebaos y morirn personas? Pero lo q

racin del endemoniado, sino de la manada despeada y ahogada, le rogaron que se retirase de su regin, pues estaban sobrecogidos de un gran temor (Lc). Y el ruego debi de ser repetido e insistente, como lo describe Mc. No deja de ser extraa esta peticin. Admitido el milagro, ¿por qu se obra as? Probablemente por el temor a que pudiese haber nuevas

jase estar con l. ¿Por qu le rogaba esto? Seguramente que no era por temor a que, ausente Cristo, volviese a su antiguo estado. El que haba ordenado al demonio salir de l le daba con ello la orden de no volver a atormentarle. Pero Cristo no accedi a esta peticin. No poda, por propio impulso, seguirle como apstol o discpulo. Pues no lo eligieron ellos a El, sino El a ellos (Jn 15:16). Pero, si no con carcter oficial, de hecho lo hizo su apstol en aquell

una esfera distinta de los exorcistas judos. ¿Quin era? Esta fue la buena nueva que anunci este poseso ya curado por toda la ciudad (Lc) o por la Decpolis (Mc). Esta divergencia puede ser debida a que Lc d una mala traduccin de la palabra aramea

ste endemoniado de Mc era judo, redund luego en toda la Decpolis. Acaso lo anunci primero a los grupos judos (Mc v.19: Seor = Adonai). Pues, al or lo que el curado deca en esta regin, se maravillaban (Mc). Con ellos se haca la Luz en las tinie

forme al ambiente, sobre la que se da la enseanza. ¿Acaso este endemoniado o loco pudo un da espantar o perseguir parte de un rebao de cerdos, lo que provoc el despearse y ah

da obra diablica es de maldad. Y al despearse cerdos-demonios en el Lago-Abismo-Inflerno se plastificaria mejor el poder de la victoria de Cristo en su lucha contra los poderes demonacos, en la hora de la instauracin de su Reino. Mt ms esquemtico est ms elab

Ambos milagros, y entrelazados, los relatan los tres sinpticos. Pero la superioridad del relato de Mc es innegable: la vivacidad del relato, la precisin de detalles, la traza de los personajes, demuestran el testigo ocular que ha notado con cuidado en su memoria todas las actitudes: la de Jess, las de los discpulos, las de los dos suplicantes, las de la turba. Ten

po corto, como supone la narracin. Cristo reembarca en el otro lado del mar de Tiberades. Debe de ser en Cafarnam. Mt-Mc dicen que all se le reuni una gran muchedumbre, pero Lc acaso refleja mejor la proximidad cronolgica de estas escenas, al decir con su frmula usual rotunda: pues todos le estaban esperando.

ni exige suponer que hubiese all varias sinagogas y que ste fuese el jefe — archisinagogo — de una de ellas. El uso en esta poca de palabras compuestas con esta partcula (

Se llamaba Jairo, nombre bastante usual. Llegndose a Cristo, se postr ante El, e insistentemente le rogaba que viniese a su casa e impusiese sus manos sobre su hija nica (Lc), de doce aos, que estaba murindose, para que la curase. Mc y Lc, que describen dos mensajes de splica, ponen que se estaba muriendo; Mt, que slo pone uno, lo centra en la muerte y muerta. Mt, conforme a su procedimiento sustancial, de abrev

timas, porque relatan dos comunicados: la enfermedad y la muerte de la hija. Probablemente Mt lo presenta abreviadamente as, porque, cuando Cristo va a casa de Jairo, la joven est muerta.

n de Cafarnam (Mt 8:5ss, par.); pero, en cambio, el pedirle que imponga sobre ella sus manos, no era otra cosa que evocar el rito tradicional de curaciones milagrosas (2 Re 5:11), que tambin usaba Cristo (Mc 6:5; 8:23.25), y frmula con la que le peda

mana de Lzaro, despus de la muerte de ste, dirigindose a Cristo: Si hubieras estado aqu, no hubiera muerto mi hermano (Jn 11:21). La prueba le resultaba especialmente dura a Jairo, cuando acaba de presenciar la curacin de la hemorrosa. Es un contraste acusado en dos act

Pero Cristo, al or esto, slo le recomienda que tenga fe. Era sta la que iba a crear el clima en que El ejerca las curaciones, y que, por faltar tantas veces, no realiz milagros.

aban con notas estridentes y lgubres aquella escena. Y, segn el Talmud, aun el israelita ms pobre estaba obligado a alquilar dos dos flautistas y una llorona para celebrar el velorio de su mujer

ta la interpretacin eufemstica. Y, sabiendo aquellos mercenarios fnebres la realidad de la muerte de la nia, se rieron de Cristo. Pero ¡dorma! Porque El precisamente vena a despe

a se levant y ech a andar. Mc-Lc harn ver la posibilidad de esto, pues tena ya doce aos. Y Cristo mand que diesen de comer a la nia. Tena esto dos final

sinico marcano. A esto mismo obedeci el echar de la cmara a todos, excepto a los padres de la nia. Buscaba con este silencio el que no se excitasen extemporneamente los nimos mesinicos. Precisamente en aquel

na, cuya confesin El mismo provoca, y esta resurreccin, a cuyo milagro El impone secreto. Es verdad que no era fcil que se guardase el secreto en aquel caso. La muerta iba a aparecer viva. Pero siempre se vera que l no buscaba la exhibicin mesinica, y que en aquel m

cin social, pues haba consultado muchos mdicos y gastado toda su hacienda con ellos. Slo Mc-Lc narran estos detalles. Pero se ve el juicio distinto que dan Mc y Lc. Este, md

Estas mltiples consultas haban sido hechas no solamente por la esperanza guardada en todo enfermo, sino por una cierta mana oriental. Plinio habla de una turba medicorum consultada

. Todava en el ao 1929 escriba Lagrange: Es an hoy una molesta costumbre de Oriente el llamar para los enfermos el mayor nmero posible de mdicos.

dad. As se lee: Tomad el peso de un denario de goma de Alejandra, el peso de un denario de azafrn de jardn; machacadlos juntos y dadlos con vino a la mujer hemorrosa. Si esto no da remedio, se le ofrecen otros procedimientos semejantes. Y llegan hasta darle gritos dicie

do que est curada. Tambin se menciona este procedimiento: Se cavarn siete hoyos, en los cuales se quemarn sarmientos de vias no podadas, y la mujer (hemorrosa), teniendo en su mano un vaso de vino, se sentar sucesivamente al borde de cada hoyo, y se le dir, hacind

Si la hemorrosa pretende venir clandestinamente a Cristo por detrs (v.27) y como robarle o sorprenderle un milagro, era debido al tipo de impureza legal que significaba su e

s enfermos tocaban a Cristo para curar (Mc 3:10). Las prescripciones rabnicas sobre este tema, para aislar a la mujer a fin de que no contagiase su impureza legal, llegan a lo neurtico. Para ello, el Talmud dedica un tratado entero:

cena. Iba acompaado de una gran multitud, que le apretujaba. En las callejuelas del viejo Oriente, el entusiasmo despertado por Cristo haca que la multitud, empujndose por acerca

Cristo se vuelve preguntando quin le ha tocado, porque he sentido que de m sali virtud. Y miraba en torno suyo, — es la clsica mirada circular del estilo de Mc — c

mo queriendo descubrir quin haba sido. Si Cristo obra as, no es por ignorancia, sino por elevar y confirmar la fe de aquella mujer, hacindole ver que no fue la curacin por un co

creto Pedro (Lc), se extraan de esta pregunta, pues todos le apretujaban y nadie se haba acercado a El con gestos o modos especiales (Lc). Pero Cristo insisti en su afirmacin. San Agustn lo expres en una frmula e

Mc-Lc hacen un relato a este propsito que ha preocupado antes a algunos exegetas sobre la ciencia de Cristo. Al acercarse a El con fe esta mujer y ser curada, Mc, an ms que Lc, lo narra as: Luego Jess, sintiendo en s mismo la virtud que haba salido de El, se volvi y dijo: ¿Quin ha tocado mis vestidos?

popular, el hecho de que Cristo sinti en s mismo la virtud que de El sala, pero no de un modo mgico ni como una sensacin inesperada, sino querindolo y autorizndolo l. Aun dentro del rigor teolgico, tiene su exacta explicacin por su ciencia experimental. P

— 21 Libro de Henoc XVIII 11-15; X 6, etc. — 22 Strack-B., Kommentar. I p.492ss; cf. Lev 11:7. — 23 Rev. Bib. (1908) 549 nota 1. — 24 Josefo, Antiq. XVII 11:44. — 25 Josefo, De bello iud. II 18.1.5. — 26 Lagrange,

cios de un artesano podan extenderse a otros pequeos menesteres. Se citan hermanos y hermanas de Cristo. Estos son parientes en grado diverso del mismo

tensin Mt. En realidad, Mt uni a ella una serie de instrucciones dirigidas por Cristo en otras ocasiones a los apstoles en orden a la misin universal extrapalestina (Mt 10:17ss), como se ve por la perspectiva que les abre. Pero este pasaje de Mc tiene su correspondencia en la pr

Cristo, que asoci a los apstoles a su obra, los comienza enviando de dos en dos por las ciudades, seguramente de Galilea. As les permita atender a un mayor nmero de gentes. La forma binaria en que los enva, les permita ayudarse y tutelarse. Nadie poda so

car una reaccin excitada, pero permita hacer despertar ms esta idea mesinica, preparando su venida. Y les seal el tema de la predicacin, la conducta que deban seguir, y les acr

calzarse con sandalias. En cambio, en Mt se les prohibe esto. En Lc se omite. Podra tratarse de una simple citacin quoad sensum. Se piensa si los primeros misioneros cristianos prescindieron de esto para competir con los apstoles cnicos del medio

sposiciones morales de los oyentes. En cambio, en Mt-Lc, el tema es: Se acerca el Reino de los cielos. Lo que incluye la actitud — respuesta moral — que ha de tenerse ante el mismo, que es lo que destaca Mc.

ta que los apstoles, que han recibido poderes taumatrgicos, no los van a emplear como simple remedio medicinal. Es lo que parece ms lgico. ¿Curaban todos a los que se lo apl

ba, en su obsesin neurtica, que era el mismo Bautista, que haba resucitado (Mc-Mt). Lc da una formulacin un poco distinta, aunque sustancialmente la misma. A la segunda parte del episodio es Mc el que le da ms extensin

Mc destaca que el tetrarca, cuando tena prisionero al Bautista, tema a Juan, porque saba que era hombre justo y santo, y lo guardaba. ¿De quin? Probablemente de las ins

Tambin es slo Mc el que trae, unido al juramento de Antipas a Salom despus del baile, que le dara lo que pidiese, aunque sea la mitad de mi reino. Esta frase tiene antec

trarca. Si Mc le nombra rey, puede ser como un ttulo genrico, como hace el mismo Mt en el curso de su narracin; comienza a nombrarlo con el ttulo oficial de tetrarca (v.l) y luego, en la narracin, lo llama rey (v.9); o por reflejar el uso que popularmente, por hal

sierto y, que estaba cerca de Betsaida (Lc). La razn es que ni aun despus de su trabajo misional, especialmente intenso, les dejaban solos: las gentes venan a Cristo. Mc describe esta premura de las turbas con su lenguaje grafista: pues eran muchos los que iban y venan, y ni espacio les dejaban para comer

V.34. Al desembarcar vio Cristo una gran muchedumbre y se compadeci de ellos, porque eran como ovejas sin pastor. Esta expresin es del ambiente bblico (Nm 27:17; 1 Re 22:27; 2 Par 18:16; Ex 34:5). Pero este pasaje , puesta en el evangelio, tiene, sin duda,

. En el A.T., el pueblo haba sido comparado a un rebao, y el Mesas al pastor. Dios dice en Ezequiel: Suscitar para ellos un pastor nico, que las apacentar. Mi siervo David (el Mesas), l las apacentar, l ser su pastor (Ez 34:23). Y Cristo, en la ltima Cena, se identific con el pastor, y l

bao, conforme a la profeca de Zacaras (Zac 13:7). Y se proclam el Buen Pastor (Jn 10:11ss). Es sumamente probable que esta expresin tenga un manifiesto intento mesinico, mxime con el mismo valor que tuvo precisamente el ser multiplicacin

bablemente la razn de esta omisin en Mc se deba a ser el compaero de Pedro y que pone por escrito su catequesis. Por razones de modestia, Pedro omitira este detalle en la catequ

(Jn 6:17). Cafarnam y Betsaida no se encuentran en la misma ribera. Cafarnam se halla en la orilla occidental del Lago; Betsaida, en la parte nordeste del mismo. Una primera solucin sera que fuesen ms bien

ga tan vaga. Enfocando el problema desde otro punto de vista, se propone otra solucin. Al comentarse el v.13 de este captulo de Mt se ha escrito: Nada hay en el relato de Mt ni en el de Mc, bien comprendido, que obligue a buscar este lugar sobre la ribera oriental del Lago. Jess ha podido atravesar de norte a sur costeando la costa occidental; por eso, el otro lado de un punto cualquiera del Lago no es forzosamente la ribera opuesta de ste.

-55. — 3 Sobre este tema, cf. Comentario a Mt 13:55-56. — 4 ST. TH., Summ. TheoL 3 q.15 a.8 ad 1; W. H. P. Hatch, A Conjecture Concer-ning the Original Text of Mark, 6:6: Journ. of Bibl. Literal, and Exeg. (1956) VII. — 5 Konox, The Sources of the Synoptic Gospels II p.48-49; Ahern, Staffor no Staff (Mt 10:10; Mc 6:8): Cath. Bibl. Quarterly (1943) 332-337. — 6 columela, vn 5:18; plinio,

con relacin a los fariseos venidos. Acaso vienen, como especialmente tcnicos en la Ley, para garantizar la obra de espionaje, o para completar esta representacin de espionaje enviada, ms o menos oficiosamente, por el Sanedrn, o al menos con su implc

Pero, ya en casa, los discpulos, acaso a iniciativa de Pedro (Mt), le piden una explicacin de la misma. Y la explicacin se la hace detalladamente, no sin antes dirigirles un reproche de afecto y pedagoga, registrado en ambos evangelistas: ¿Tan faltos estis vosotros de sentido? (Mc). En realidad, el sentido fundamental de la parbola era claro. Pero esto hace ver la necesidad de ilustracin que te

sificacin moral. Pero Mc trae una amplificacin mucho mayor de ellas, acaso teniendo en cuenta los lectores a quienes iba destinada, ya que no era otra cosa que explicitacin de la doctrina de Cristo (cf. Dt 5:17ss.).

Pasaje propio de Mc-Mt. El relato de Mt es ms largo y con ms desarrollo dramtico. Mc aparece, fuera de su propsito, menos vivo y colorista. Acaso se debe a que Mc lo recoja de una tradicin ambiental y lo

dra pensar en una adaptacin posterior basada en una frase de San Pablo: primero al judo, y tambin al griego (Rom 1:16). En Mt, la frase es ms tajante a favor del judasmo (Mt v.24). La misin de Cristo personal era directamente para los judos.

Los autores han pretendido reconstruir diversos posibles itinerarios de Cristo en este retorno hacia el lago de Tiberades. Pero es extrao lo que dice Mc. Deja Tiro para ir al Tiberades, mas toma la direccin de Sidn, que le aleja. Se ignora el motivo de este itinerario. En todo caso, el milagro que va a narrarse tiene lugar, segn toda probabilidad, en Galilea.

mino que se usa para describirlo () lo interpretan los autores en dos sentidos: “mudo” o con un defecto para hablar: “tartamudo.” La part

de Isaas (Is 35:6) por esta palabra, pero no consta que est influenciado por este pasaje en el uso de esta palabra de la versin griega de Isaas, pues era de uso tradicional (2 Re 5:11).

e rogaban que, para curarle, le impusiera las manos. Era gesto familiar a Cristo (Mc 6:5; 8:23.25). Igualmente era usado como gesto de transmisin de poderes y autoridad con el que los rabinos comunicaban el magisterio oficial a sus alumnos, lo mismo

no de transmisin de bendiciones (Gen 48:14ss). Posiblemente estos que traan al enfermo crean que fuese condicin esencial para la curacin este gesto, pues era de uso tradicional (2 Re 5:11). Otro sentido se expone en Lc 13:13.

car que quera facilitar otra vez el recto hablar a aquella persona. Estos gestos podan hacer pensar a gentes paganas o judas en ciertos ritos mgicos. Los rabinos tenan terminantemente prohibido a todos los que curaban heridas entremezclar con ello el susurro de palabras, menos an de versculos bblicos, mxime si esto se haca utilizando saliva

. En Cristo, esto no era otra cosa que una especie de parbola en accin, con la que indicaba lo que iba a realizar, y con lo que excitaba la fe de aquel sordo, ya que con palabras no poda hacerlo.

te: y se solt el vnculo (atadura) de su lengua. Se pretenda que era el trmino tcnico para indicar que la mudez de este hombre haba sido producida por un sortilegio; alegndose para ello numerosas frmulas mgicas que tenan por objeto el atar la lengua.

osesin diablica ni a ningn espritu en relacin con la sordera, lo que hace mucho ms verosmil pensar que se trata de un simple defecto natural.

Cristo insiste en que no lo dijesen a nadie; no en vano le haba apartado de la turba. Buscaba con ello evitar prematuros y desorbitados movimientos mesinicos. Pero no hicieron caso. Cristo, sabiendo que no se haba de guardar secreto, ¿por qu prohibe divulgarlo? Para que viesen que El cumpla el plan del Padre y que no buscaba ni precipitaba estos acont

. Y corri por la comarca, evocndose este mesianismo, al citar y aplicar Mc a Cristo unas palabras que evocaban las que Isaas dice del Mesas: cmo hara hablar a los mudos y abrir los odos de los sordos (Is 35:5.6). Y que fue la respuesta que,

Mand a la muchedumbre recostarse sobre la tierra; y tomando los siete panes, dando gracias, los parti y los dio a sus discpulos para que los sirviesen, y los sirvieron a la muchedumbre.

por el esquema de la primera multiplicacin de los panes, como se ve comparando ambas narraciones, aunque la naturaleza histrica del hecho condicionaba esta afinidad. Pero este relato es ms incoloro que el primero. Debe de proceder de otra fuente.

), ante la actitud irreductiblemente hostil de los fariseos ante sus obras.

Extraa la negativa rotunda en Mc. Acaso faltase el resto en su fuente. Pero como en Mt-Lc la aplicacin es distinta — en Mt, Jonas es tipo de Cristo (tres das en el sepu

cro) y en Lc es signo del profeta que convierte a Nnive —, acaso esto podra hacer pensar que no estuviese completamente precisa la respuesta histrica y que cada evangelista o su fuente intentase su interpretacin aproximada o adaptada a su propsito 1. Lo que podra hacer omitirla a Mc o a su fuente.

Con esta enseanza, Cristo quiere poner en guardia a sus apstoles contra la actitud que frente a El tomaron los fariseos y Antipas. La levadura hace fermentar la masa, lo que es corromperla (1 Cor 5:6; Gal 5:9). En la antigedad se consideraba la levadura, por la fermentacin que produce, como un agente y un smbolo de corrupcin y putrefaccin

. La actitud de los fariseos ante El corrompe la masa del pueblo para la comprensin de su fe en El. El farisesmo separa al pueblo de Cristo y le impide ir a El: al Mesas. Este es el aspecto negativo de la enseanza. Que no los imiten, no ya en lo hostil, pero ni en la negligencia fre

positivo de la enseanza: que saquen y sigan las conclusiones de los dos milagros mesinicos que les recuerda: las multiplicaciones de los panes y en el desierto. Que vean en ellas los signos milagrosos con que prueba su mesianismo (Jn 6:14-15). E

erodes Antipas. Su vida disoluta, ambiciosa, paganizante y de crimen, con su ejemplo e influjo, era tambin fermento daoso en la masa de Israel. Adems, astutamente, quera deshacerse de Cristo por el descrdito (Lc 13:31-33). En esto era punto de uni

La curacin va a tener lugar en Betsaida. Es discutido el problema sobre la existencia de ua o dos Betsaidas: una en la costa oriental y otra en la occidental. En todo caso, aqu, por razn del itinerario, conviene a la Betsaida-Julias. Podra ser obstculo el que Mc la llame aldea (

isto lleg a Betsaida con sus discpulos (v.22). Dada su fama de taumaturgo, a su llegada le llevaron un ciego, y le rogaban insistentemente que le tocara, es decir, que le impusiera sus manos para curarle. Esta imposicin de manos, que tena diversos

Ya se haba extendido la fama que de El sala virtud que curaba (Mc 5:30). Aparte que deba de influir en las turbas el procedimiento curativo de los curanderos, que exigan el tacto para sus recet

nfermedades de los ojos eran una plaga en la vieja Palestina, como an lo era en stos ltimos aos. En el hospital de San Juan de Jerusaln, exclusivo para enfermedades o

cin. Con la imposicin de las manos en aquellos ojos, indicaba, con el gesto, el imperio y la comunicacin que le haca de la salud, con aquella virtud que sala de El y que curaba, como las gentes lo reconoc

. La omisin de este milagro por Mt-Lc acaso se deba a que sus lectores pudieran devaluar algo el poder de Cristo al no hacer una curacin instantnea. Para otros, esta escena sera un duplicado del relato del sordomudo (Mt 7:32-37), o

V.27. Mc sita esta escena cuando Cristo se dirige a las aldeas de Cesrea de Filipo, pero en el camino. Mt es ms vago; Lc, en cambio, precisar an ms (Lc 9:18).

cho, y que fuese rechazado por los ancianos y los prncipes de los sacerdotes y los escribas, y que fuese muerto y resucitase despus de tres das. Claramente les hablaba de esto.

El, volvindose y mirando a sus discpulos, reprendi a Pedro y le dijo: Qutate all, Satn, porque no sientes segn Dios, sino segn los hombres.

zare de m y de mis palabras ante esta generacin adltera y pecadora, tambin el Hijo del hombre se avergonzar de l cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ngeles.

Los tres sinpticos sitan en este mismo lugar estas advertencias sobre las condiciones para seguir a Cristo. Las advertencias van dirigidas a los que quieran ingresar en su reino. Es ve

dad que, si la invitacin se hace a las turbas (Mc-Lc), tambin se hace a los discpulos (Mc-Mt), lo que parecera drsele un valor no slo de ingreso, sino de actividad ya en el reino. S

V.35. El motivo por el que ha de perderse la vida, si fuere preciso, es por mi causa (Mt-Lc); a lo que Mc aade tambin por causa del Evangelio, interpretacin, suya o de la catequesis. Se ve ya la aplicacin de esta enseanza de Cristo ante persecuciones cristianas.

V.38. Mc, lo mismo que Lc, destacan que el que se avergence aqu de Cristo, El tambin se avergonzar de se en su da. Es lo que supone Mt al evocar la retribucin que Cristo dar a cada uno.

macin del reino, que no se realiz. Esta venida en poder es discutida. Probablemente se refiere a la destruccin de Jerusaln el ao 70. Este versculo, lo mismo que el paralelo Mt-Lc, forma parte,

V.3. Mc habla de la transfiguracin de Cristo, diciendo que sus vestidos quedaron con una blancura que no podra darles ningn lavandero. No obstante, lo describe con vestidos brillantes. En cambio, omite la descripcin del rostro, que Mt relata con elementos apoc

V.4. No deja de extraar que se cite primero a Elas que a Moiss. No se ve una razn positiva que lo justifique si no es por el tema de Elas que va a recogerse en el v.l 1.

V.6. Cuando Pedro propone hacer los tres tabernculos, destaca el estado de estupor en que se hallaban. Es lo que dice Lc. Acaso pensaba en la inauguracin del reino mesinico, o que se planea all, entre Cristo, Moiss y Elas este tema, y quiere contribuir a ello. La sug

V. 11. En este versculo se introduce como cosa natural que se trataba del Mesas. Es que todo el contexto literario lo presupone. En el v.9 reciben la prohibicin de no hablar nada de ello hasta despus de la resurreccin, pero la ignorancia de ellos se acusa, pues no saban qu quera decir cuando resucitase de en

V.l3. Elas ya vino, e hicieron con l como est escrito. As como Elas sufri por la justicia a causa de Acab, as el Bautista fue muerto por Antipas, y ambos instigados por sus mujeres: Jezabel y Herodas. As lo que estaba escrito del primero se cumpli tpicame

Viendo Jess que se reuna mucha gente, mand al espritu impuro, diciendo: Espritu mudo y sordo, yo te lo mando, sal de l y no vuelvas a entrar ms en l.

En la curacin, este muchacho es descrito como teniendo un espritu mudo, es decir, como posedo del demonio, que le produca, entre otros sntomas, ste. Mt lo describe como un l

22. Mc destaca la splica del padre Cristo, para que, si algo puede, los ayude, curndole. Cristo destacar aqu el gran poder de la fe confiada. Tema ordinario en los eva

V.29. Esta especie de demonios no puede ser echada si no es por la oracin. La adicin de ayuno que se lee en algunos cdices parece ser interpolacin, debida acaso a lo unido que estaban en la primitiva Iglesia oracin y ayuno, como se

saron en el poder que tenan conferido como si ya fuese algo propio. Todo es posible al que cree. La lucha entre Cristo y Satn, ste en sentido amplio, que es vencido por la entrega a la fe, es el centro propio de este episodio comn a los sinpticos

diccin. Pero ¿por qu teman preguntarle? Ellos saben que las predicciones del Maestro se cumplen, y tienen un presentimiento de aquel programa sombro — sobre El y sobre ellos — y evitan el insistir sobre l. Sobre el valor de la redaccin literaria vase lo dicho en la prim

siones que los apstoles traan entre s en el camino. A su pregunta se callaron. Pues hablaban sobre quin sera el mayor en los puestos del reino (Mt). Era un tema de ambicin, acaso por ex

La grandeza a la que ha de aspirarse es a hacer las cosas por Dios. As, abraz a un nio, ponindolo en medio de ellos como smbolo de lo pequeo y desvalido. Pero eso que es pequeo, si se lo protege en su nombre, se le hace a El y al Padre que lo e

Posiblemente estas enseanzas estn respondiendo a un simple contexto lgico, ya que la de los nios no tiene aqu una vinculacin perfecta. En Lc la formulacin est ms l

, es decir, no perteneca a los Doce, a quienes se les haba conferido este poder (Mt 10:1). Ms tardamente se cita el caso de exorcistas judos no cristianos que expulsaban demonios en el nombre de Jess (Act 19:13-17).

roverbio popular, en el que ya se agrupa en una unidad con los suyos, que continuarn su obra. El que no est contra ellos, est con ellos. Si la frase es un poco extremada, oriental, en aquel mundo hostil contra Cristo, el que no estaba contra El (Mt-Lc)

En Mc se dice que quien no est contra nosotros, est con nosotros. En cambio, en Mt se dice que quien no est conmigo, est contra m (Mt 12:3

No se puede pensar en un sentido peyorativo, que todos han de ser salados al fuego, como castigo en el infierno, porque en lo que sigue se habla bien de esta sal: buena es la sal.

Salar por fuego es purificar. Puestos estos versculos en funcin del contexto que terminan, indican una prolongacin, un poco sapiencial, de evitar el escndalo. Posiblemente esta sal y fuego evoquen los elementos sacrificiales complementarios del templo, que se ofr

can a Yahv, entre ellos la sal (Lev 2:73). As preparados los sacrificios, eran gratos a Dios. As, el discpulo de Cristo ha de saber ofrecer su sacrificio en s mismo — sal de la tierra —, con mortificacin, renunciamiento, que es lo que les har tener paz entre ellos. Paz, en el sentido semita, es sinnimo de todos los bienes, que aqu es el gran bien mesinico. Todo e

Mc trae como propio las preguntas que sobre el tema le hacen los discpulos en casa. Igualmente plantea el divorcio desde el punto de vista de la mujer — derecho greco-romano —, que tambin estaba algn tanto en uso, mientras que Mt se atiene a la iniciativa del ho

Mc y Lc recalcaban bien la pregunta de Cristo al joven, algo modificada en Mt. Al subrayarle que le llama bueno y que slo Dios es bueno, est atrayendo a este joven hacia s, signif

Probablemente por una conexin lgica con lo anterior — el joven que no dej sus riquezas —, Pedro dice que ellos lo dejaron todo por seguirle. En Mc falta explcitamente la pregunta que est en Mt sobre el premio.

ciones que experimentaba ya la Iglesia. Ya estaba supuesto en el programa anunciado por Cristo, por parte del farisesmo: si a m me persiguieron, tambin a vosotros os perseguirn (Jn)

Estos premios son espirituales, como se ve al decirse que, por dejar, v.gr., a su madre, recibir aqu el cntuplo ahora en este tiempo en madre. Es la clsica hiprbole y paradoja oriental, que hace ver, por su misma forma, el sentido espiritual de lo que pretende decirse. Aparte que, de no ser as, sera todo ello una contradiccin, porque era dejar todo por Cristo, para, ms desocupado, poder seguirle, y como premio aqu le vena el cntuplo de lo dejado, que sera el cntuplo de complicaciones para no poder seguirle.

Iban subiendo hacia Jerusaln; Jess iba delante, y ellos iban sobrecogidos y le seguan medrosos. Tomando de nuevo a los Doce, comenz a declararles lo que haba de sucederle.

na es ya subiendo a Jerusaln. Aunque la frase slo indica el ir, pero la proximidad a su ingreso mesinico, que en seguida se relata, acusa una cierta cercana a la Ciudad Santa.

Es la descripcin ms precisa que se hace de su pasin, aunque se omite el detalle del tormento de la crucifixin. Excepto en la tercera prediccin de Mt, no se anuncia nunca en los sinpticos, en estos vaticinios, expresamente el tormento de la crucificin.

Le contestaron: S que podemos. Les dijo Jess: El cliz que yo he de beber, lo beberis, y con el bautismo con que yo he de ser bautizado, seris bautizados vosotros;

pero, llamndolos Jess a s, les dijo: Ya sabis cmo los que en las naciones son prncipes las gobiernan con imperio, y sus grandes ejercen poder sobre ellas.

ensum, porque ellos lo piden por su madre, como recurso ms discreto y hbil, o acaso se debe a las fuentes. En el fondo de la peticin acaso hubiese razones de posible parentesco (cf. Jn 19:25), de tanta fuerza vinculante en las costumbres de' Oriente

V.37. En tu gloria. En Mt se pide que se sienten junto a El en tu reino. Parecera que se tratase de la fase celeste. Sin embargo, en el medio ambiente se esperaba que el rein

do del Mesas precediese aqu a la fase final del reino de Dios. Esto es lo que piden (Act 1:6). Sin embargo, parece aludir a la parusa (Mc 8:38; 13:26), aunque se discute a qu aluden e

Se piensa que pueda haber un duplicado, ya que parece que en el v.38 se censurara la ambicin de esta pretensin y en el v.40 se dara por buena, al excusarla con la predest

Mc difiere de Mt en que ste pone la curacin de dos ciegos, y Mc de uno. Mc es el nico que da el nombre de ste: Bartimeo; como su nombre indica, hijo de Timeo, acaso una traduccin.

Mt-Mc ponen que el milagro tiene lugar al salir Cristo de Jeric, Lc al acercarse a Jeric. Se han propuesto varas teoras para armonizar esto. Ni Mt ni Mc dan tampoco gra

V.10. En este homenaje mesinico, Mc tiene una frase propia: ¡Bendito el Reino, que viene, de David, nuestro padre! La aclamacin es mesinica, pues no se trata slo de insta

Mc, a diferencia de Mt, divide artificiosamente este relato en dos puntos separados. Cristo va a una higuera por si encuentra algn fruto en ella, mas slo encontr hojas. Pero Mc resalta que no era tiempo de ellos. La maldijo, diciendo que no produjese ms fruto. Mt dir que se sec al punto. En Mc queda as planteado el problema para dar la solucin despus de i

dificultaban a stos el acceso al templo. Pero el sentido teolgico es la universalidad de la misma fe. La segunda alusin, que traen los tres sinpticos, comparando la profanacin a una cueva de ladrones, por sus mercancas abusivas, es una evocacin sumamente oportuna de Jeremas (7:11)

La comparacin del monte era un proverbio ambiental para indicar la realizacin de cosas que no podan ser hechas por medios ordinarios. La oracin le evoca a Mc la peticin del Padrenuestro sobre la necesidad del perdn. Una de las necesidades ms apremiantes

cir, de quin lo recibi. La condena estaba de antemano, pues no lo haba recibido de ellos. La referencia es a la accin purificadora del templo (Mc-Mt). Lc, sin duda, se refiere a la misma, pero por yuxtaponerlo a Cristo, que estaba en el templo enseando, desorienta un p

2 Kuhn, Das Reittier Jesu in der Einzugsgeschichte des iarkusevangelium: Zntw (1959) 82-91; O. Michel, Eine philologische Frage zur Einzugsgeschichte (Mc ll,2ss par): N..T. Studies (Cambridge 1959) 81s; T. A. Burkill, Strain on the Secret. An Examination of Mk 11, 1-13: Znw (1960) 31-46.

Comenz a hablarles en parbolas: Un hombre plant una via y la cerc de muro, y cav un lagar, y edific una torre, y la arrend a unos viadores, y se parti lejos.

Esta parbola alegorizante la traen los tres sinpticos. El esquema fundamental es semejante en los tres sinpticos, pero va evolucionando literariamente y se va alegorizando. Con ell

Mt y Mc tienen una narracin muy homognea. Lc vincula esta escena como una revancha a la parbola alegorizante anterior, por lo que con esta cuestin quieren tenderle una nueva c

lilea. La pregunta no slo era capciosa, sino especialmente comprometida en aquella poca de exaltacin mesinico-poltica de independencia de Roma y de los zelotes. Admitir pagar tributo al Cesar era enemistarle con el pueblo. Negarlo era enemistarlo con las autoridades romanas y sanedri

Precisamente se ha de estar sujetos a toda ordenacin humana por respeto a Dios (1 Pe 2:13; Ap 17:7-18). La respuesta de Cristo tiene un enunciado sapiencial. Tambin la dominacin r

En Mc la pregunta se la hace en un tono de respeto. En Mt, y ms en Lc, en un sentido hostil. Es cuestin redaccional. El tema del primer mandamiento era muy discutido en las escuelas rabnicas. Pero Mc es el que destaca la argumentacin basndose en que Dios es nico; luego

Los v.32-34 son propios de Mc. En ellos se hace ver que el amor al prjimo es mejor que todos los holocaustos y sacrificios. En esto Mc se entronca con la lnea de los profetas sobre la autenticidad del culto y la misericordia (1 Re 15:22; Os 6:6). A esta valoracin del escriba que le pregunt,

Los tres sinpticos insertan en estos ltimos das jerosolimitanos este episodio. Con l Cristo pretende hacerles ver que la simple enseanza de los escribas y fariseos, que slo hacan al Mesas descendiente de David por la sangre, no bastaba para valorar su naturaleza. Apela a la Escritura con un procedimiento un poco de tipo r

La dura censura de Cristo contra los fariseos ha sido recogida por Mt en su captulo 23. La insercin aqu de la ostentacin de los escribas, casi todos fariseos, tiene probablemente una finalidad por contraste, evocada por el episodio siguiente de la pobre viuda. Frente a su inmensa ostentacin de ser siempre los primeros en toda la vida social, buscaban que recay

se sobre ellos el prestigio religioso de la Ley, sin lo cual, para ellos, nada vala (Jn 7:49), y no tenan inconveniente en simular largas oraciones, para ser tenidos por ejemplares, y en devorar las casas de las viudas. Ya los profetas censuraban la indefensin de estas gentes. Este tema es el que le va a hacer presentar lo que significa la ofrenda

El gazofilacio, o tesoro del templo, estaba situado en el atrio de las mujeres. Probablemente haba varias cmaras para la custodia de estos tesoros. En la parte anterior, segn la

Cristo est sentado frente al tesoro. Observaba cmo las gentes iban depositando sus diversas ofrendas. Algunos echaban mucho. Pero una pobre viuda ech dos lepts. Marcos lo interpreta diciendo que hacen un quadrans (

. No slo era una insignificancia, puesto que el denario vena a ser considerado como el sueldo diario de un trabajador (Mt 20:2), sino que, mientras los dems echaron de lo que les sobraba, sta ech, de su miseria, cuanto tena: todo su sustento.

1 Kmel, Das Gleichnis von der bosen Weingartner (Mc 12:1-9): Melang. Goguel (1950) 120-131; J. D. M. Derret, Fresh Light on the Parable ofthe Wickel Vine-dressers (Mt 21:33-46 par): Rev. Intern. des Droits de l'Antiquit (Louvain 1963)

224; L. F'."Rivera, Abraham, Isaac y Jacob y la Resurreccin: Rev. Bibl., Rafael Calzada (Argentina 1958) 199-202; S. Bartrina,/£ss y los saduceos. "El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob es "El que hace existir" (Mt 22:23-33; Mc 12:18-27; Lc 20:2

ental en ambos. El tema, ¿a qu se refiere? Este c.13 de Mc, lo mismo que el de Lc, parece que todo l se refiere slo a la destruccin de Jerusaln. No slo puede explicarse todo l de esta destruccin, sino que es a lo que responde Cristo cuando los dis

Cuando os lleven para ser entregados, no os preocupis de lo que habis de hablar, porque en aquella hora se os dar qu hablis, pues no seris vosotros los que hablis, sino el Espritu Santo. '

Mc recoge el caso de un dueo que parte de viaje y deja encargados a cada uno de sus siervos de una parte de su obra. Deben estar trabajosos y alerta, en espera de la venida del seor y de esta hora de su visita. La formulacin cuatripartita de las vigilias es la usual e

El final: Lo que a vosotros digo, a todos digo: Velad, parece tener una proyeccin ms amplia dada por la primitiva Iglesia en orden a la parusia. Lc le da un aspecto an ms moralizador (Lc 21:34-36)·.

Mc, como Mt, precisa que la Pascua, y explcita para los lectores gentiles que era la de los cimos, as llamada porque en toda la semana se coma pan sin levadura, se iba a celebrar despus de dos das. Se est, pues, en el 12 del mes de Nisn, antes de la puesta del sol, ya que el 14, al ponerse el sol era ya el 15. A no ser que Mc, escribiendo para tnico-cristianos, tome los das conforme al cmputo solar de media noche. El prestigio de Cristo les pona t

Hallndose en Betania, en casa de Simn el leproso, cuando estaba recostado a la mesa, vino una mujer trayendo un vaso de alabastro lleno de nardo autntico de gran valor, y, rompiendo el vaso de alabastro, se lo derram sobre la cabeza.

taban de esta accin: algunos, mientras Mt especifica que eran los discpulos, y Jn que era Judas, sea porque l comenz o se destac ms, o por un caso de silepsis.

cua. Su inclusin aqu — incrustacin — es por evocacin de su rito funeral con que Cristo interpreta esta accin. Pero en Mc, relatada, sin ms, despus de decirse que dentro de dos das era la Pascua, puede producir el espejismo de un error cronolgico. No es ms que una incrustacin por contexto lgico, y posiblemente p

cin en los pies. Probablemente la uncin fue de cabeza y pies. Pero el hecho de omitir este detalle el evangelio simbolista de Jn, en el que se est destacando la realeza de Cristo, lo mismo que el uso judo de perfumar la cabeza, no hacen probable esta hiptesis

das va a los sanedritas a denunciarle, aunque, ms que por celo, por ponerse a cubierto de los peligros por ser discpulo, y que ellos le prometieron darle dinero. En los otros relatos fue una verdadera venta (Mt-Lc), llevndola al desprecio de fijarla en 30 siclos del templo, precio de la venta de un esclavo. Sobre los motivos que hayan podido influir definitivamente en J

Mc, al decir que esta preparacin va a hacerse el primer da de los cimos, matiza para los lectores gentiles, que es cuando se sacrificaba la Pascua. Esto ocurre el 14 de Nisn, ya que desde el medioda se coma pan cimo por precaucin de transgresin legal, y en el uso vu

A diferencia de Mt, que lo presenta ms desdibujado, destaca que Cristo los envi a Jerusaln, y que al llegar les saldr al encuentro un hombre con un cntaro de agua. Les manda seguirle, y, donde entre, que le digan al dueo que l desea celebrar en su casa la Pa

cua con sus discpulos, que son los apstoles. Debe de tratarse de un amigo o discpulo de los que tena en Jerusaln, y que incluso le hubiese invitado a celebrar la Pascua en su casa. Pero la indicacin y coincidencias se presentan como profticas. Mc no da el nombre de estos dos discpulos, que eran Pedro y Juan (Lc).

pues el Hijo del hombre sigue su camino, segn de El est escrito; pero ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre ser entregado! Mejor le fuera a ese hombre no haber nacido.

La narracin de Mc sigue muy de cerca a la de Mt. Pero, mientras en Mt-Jn se explcita el nombre de Judas, Mc lo deja en un tono ms impersonal: la denuncia se hace dando como sola referencia que es uno de los Doce, el que moja conmigo en el plato. Mc termina aqu. En Mt, Judas pregunta a Cristo s

Mientras coman tiene lugar la institucin eucarstica. Para Lc, despus de haber comido. La razn es que Lc precisa el momento; fue despus de haber terminado la cena estricta, comindose el cordero pascual, pero continundose con los ritos de la cena. Mc-Mt slo dicen que se celebr dur

En cambio, al relatar la consagracin del cliz, Mc tiene una redaccin extraa. Segn l, Cristo tom el cliz, dio gracias, se lo dio, y bebieron todos de l. Y despus de esto co

s por lograr una eliminacin del tema en orden a una mayor claridad. Desea hacer ver que todos bebieron de aquel nico cliz consagrado. Para sus lectores no poda haber la menor confusin, ya que conocan y vivan el rito histr

El provecho de esta sangre es por muchos. Es semitismo por todos, como se ve en diversos contextos neotestamentarios y en la literatura rabnica. Hay adems una alusin lit

que aparece en Lc y Pablo. Acaso se deba a que la tradicin de Mc no recogi este elemento, o que l mismo lo omiti por innecesario, ya que estaba incluido en el hecho de la celebracin. Pues una rbrica no se la recita, se la ejecuta. Siendo la nueva Alianza haba, como la otra, de repetirse, conmemorarse (Ex 12:14; Dt 16:3; Ex 13:3.9)

Mc, lo mismo que Mt, relata estas dos predicciones despus de salir del Cenculo camino de Getseman. Pero por la forma introductoria en Mc, ms acentuada en Mt con un ento

La escena es muy afn a Mt. Pero Mc resalta el deseo de que pase de El aquel cliz, que pase aquella hora. Es tema constantemente destacado en el evangelio de Jn: la hora mesinica de la muerte redentora. Acaso con la alusin a esta hora quiere Mc entroncar con el tema de Jn, que es la hora d

(Padre mo). Y Cristo se dirigi a su Padre con la expresin escueta Abba! En un estilo inusitado en su tiempo, daba a entender su relacin personal con El.

fijeza de una frmula no usual, mantenida as, hace pensar en su uso directo por Cristo, procedente acaso de una forma dialectal peculiar. La aposicin de Padre es ciertamente la explicacin de la palabra. Por respeto y reverencia tomaron estos trmino

Mc es menos preciso que Mt en relacin a la posicin de Cristo para orar; slo dice que se postr en tierra. Mt matizar que estaba de rodillas, postrado sobre su ros

En Mc como en Mt, Cristo, cuando va a sus discpulos a pedirles que velen para evitar la tentacin, el escndalo profetizado, se dirige personalmente a Pedro. Acaso sea una advertencia indirecta de solicitud contra la presuncin tenida momentos antes.

ca ante el temor de que El lo pudiese evitar con sus milagros — ¿qu interpretacin les dara en aquella ocasin Judas? — o ante el temor de una posible e insospechada emboscada.

En cambio, trae el episodio de un joven que aparece en escena con una sbana sobre s, y que segua, sin duda, al pelotn que llevaba prisionero a Cristo. Quisieron prender

. La insignificancia del relato prueba su historicidad. Conforme a costumbres de la poca, se trata de una persona, encargado o familiar, que viva en la pequea casa de aquel torcularium, y al or lo inslito de la escena, se despert y sali a ver el suceso. El hecho de que segua al piquete sugiere que se trata de alguien muy interesad

Mc omite explcitamente la conjuracin que le hace Caifas para que diga si El es el Mesas. Pero, en cambio, en su respuesta, se ve la frmula primitiva al conservar el circunloquio de la Potencia p

Y al instante, por segunda vez, cant el gallo. Se acord Pedro de la palabra que Jess le haba dicho: Antes que el gallo cante dos veces, t me negars tres, y rompi a llorar.

Mc, en el cuadro de su relato, pone la primera negacin en el atrio, y, terminada, sali afuera, al vestbulo. Y luego se narran las otras dos negaciones sin aludir a nuevos ingresos de Pedro, pero que debieron de ser dentro. Se pens por ello en la posibilidad de dos tradiciones distintas que l acopl

En el fondo todas estas hiptesis reflejan el tremendo dolor de Pedro por sus cadas. Est romper a llorar debi de suceder fuera, pues no parece oportuno lo hiciese ante aqu

Zu Mk 14:4.: Nov. Test. (Lciden 1959) 54ss; J. H. Greenlee, Eis pnemosynon auts. For her Memoal (Mt 26:13; Mc 14:9): Exp. Tim. (1959) 245ss; A. Melli, Sempre i poveri avete con me, ma no sembr avete me (Mc 14:39

na de burla de los soldados para darle una mayor extensin, aunque fue antes de la condena. Esto sucede dentro del atrio, y precisa que es el pretorio. Esta escena, as presentada y precisada, puede ser ndice de una incrustacin posterior, o un rel

os motivos. Antes de crucificarlo le dieron a beber vino mirrado. Mt lo llama vino mezclado con hil. Era creencia que esta mezcla de vino y mirra tena un valor narctico, y por piedad se lo daban a los que iban a crucificar, para insensibilizarlos un tanto. Lo ofrecan las gentes principales de Israel, pero, en su defecto, era la comunidad, las autoridades judas — Pilato respetaba la costu

ras. En este caso no habra dificultad. Pero en Jn las horas son ms particularizadas (Jn 4:52). En Mc las horas son las en uso entre los judos. As, tercia es el perodo que va desde las nueve hasta el medioda. Como en Jn, la referencia de facto no es la vulgar, y hay que s

poner la divisin de doce horas en el da desde la salida hasta la puesta del sol, entonces la hora quasi sexta de Jn es casi el medioda, por la que coincide con la de Mc. A los comie

. Si no es que Jn tiene esta formulacin, deliberadamente vaga, para obtener un valor simbolista: usando la divisin usual del da, en la hora de sexta caa — tres de la tarde — el sacrificio perenne en el templo

Las palabras de Cristo en su abandono difieren en Mc de Mt. Mc las transcribe por Elo, Elo, y luego las interpreta para sus lectores: Dios mo. La pronunciacin aramea era

resamente las mismas de Mt, precisa de una de ellas, lo que Mt omite, que este Santiago que se cita era Santiago el Menor, lo mismo que cita por su nombre a Salom, madre de Juan y Santiago el Mayor.

Se est en la Parasceve, que es la preparacin de la Pascua. Mientras Jos de Arimatea es presentado en Mt como un hombre rico, con lo que quiere indicar su influencia social, Mc lo pr

no propio judo para designar a un sanedrita, pero Mc, lo mismo que Lc, lo deben de usar en orden a una mejor comprensin de sus lectores tnico-cristianos. Mt-Jn dicen que era disc

Slo Mc destaca que Pilato llama al centurin, encargado oficial de la custodia, para cerciorarse de que Cristo muri. Se maravill de que hubiese muerto tan pronto, ya que los crucificados dejados en la cruz al uso romano podan estar vivos hasta tres das en la cruz.

bana para envolver el cuerpo de Cristo. Pero es extrao que fuese necesario comprar una sbana limpia para amortajar el cuerpo de Cristo, mxime por una persona rica, como era Jos de Arimatea, y en aquellos momentos en los que probablemente rega ya el reposo sabtico

. Se conocen numerosos textos rabnicos que se refieren a la adquisicin de comestibles en das de fiesta, en los que se evita la formalidad de una compraventa. ¿Acaso se podra extender esto, y en esta forma, a otras adquisiciones? Posiblemente el trmino aramaico subyacente sea el verbo

10 E. Dhanis, L'ensevelissement de Jess et la visite au tombeau dans Mc (15:40-16:8): Gregor. (1958) 367-410; F. M. Braun, La sepulture de Jess: R. B. (1936) p.34-52.184-200.346-363; J. S. Kennard, The Burial of Jess: J. B. Lit.

mente ni al de los apstoles. Por eso su preocupacin es cmo poder rodar la gran piedra que cerraba el sepulcro excavado en la roca, lo que se haca con palancas o con varios hombres. La piedra era muy grande.

Las mujeres van a llevar el mensaje a los apstoles, pero el evangelista termina, como es frecuente en otros pasajes, con una nota de gran sorpresa, admiracin, o de temor frecuente en Mc (4:41; 5:42; 7:37; 9:32; etc.). El evangelio, en su forma primitiva, terminaba aqu

Aqu comienza la parte deuterocannica de Mc. Hay cuatro terminaciones distintas: una, la que llega hasta aqu; otra, muy breve, en la que se dice que las mujeres cumplieron su enca

go; otra es una terminacin muy amplificada. Estas dos ltimas tienen muy poco valor crtico, pues se ve el artificio en ellas. Por ltimo, la cannica, que est definido de fe que est

No obstante, su estilo est en fuerte contraste con lo anterior. No hay conexin con el versculo precedente; las mujeres no siguen el mandato del ngel; Magdalena se introduce como si no se la acabase de nombrar; se narran las apariciones de Cristo sin relacin a las precedentes; el modo de escribir es ajeno a Mc. Este final de Mc (16:9-20) presenta adems numerosos contactos con las epstolas de San Pablo

pancias, por esta misma razn, entre la Iglesia de Roma y la de Alejandra. En la Iglesia de Roma, el ayuno pascual era hasta la maana del da de Pascua (Mc); en Alejandra, hasta la medianoche (Mt:

sino por el otro significado que tiene: despus de, con lo que estaba en pleno acuerdo con Me: despus del sbado (Mt), en el amanecer del sbado (Mc).

Mc destaca que la primera aparicin fue a Magdalena. Al nombre de Magdalena se aade: de la que haba expulsado siete demonios. El nmero siete indica abundancia. La expulsin de demonios, conforme a la mentalidad de entonces, puede referirse a diversas c

Esta aparicin de Cristo resucitado a dos que iban de camino al campo, que Lc pone una aldea, y se les mostr en otra forma, alude indudablemente al pasaje de Emas. Si pone en otra forma, distinta de la ordinaria, se refiere a las diversas con

Resucitado Cristo, se apareci varias veces a los Once. En Lc (24:36-42) hay una escena que pudiera evocar sta. Pero all los apstoles, si no creen an en el resucitado, es en fuerza del gozo y la admiracin. Se piensa mejor en las primeras apariciones, en las que, al anuncio de las mujeres, no creyeron (Mc 24:10-11; Jn 20:25).

Estos carismas se realizarn en mi nombre. Ya los apstoles haban recibido estos carismas (Mt 10:1 par.). Hasta se lee: Yo os he dado poder para andar sobre serpientes y escorpiones y sobre toda potencia enemiga, y nada os daar (Lc 10:19). En la primitiva Iglesia se han visto muchos de estos casos: expulsin de demonios, el don de lenguas; San Pablo, a la mordedura de una serpiente, no le afectar; a San Juan en Patmos le darn una bebida envenenada sin causarle dao. Y hasta se pensara si la imposicin de m

Mc termina su evangelio afirmando que el Seor resucitado est en los cielos. Recuerda su lenguaje la ascensin de Elias (2 Re 2:11; Eclo 48:9). La proclamacin de su gloria se e

1 Dhanis, L'ensevelissement de Jesus et la visite au tombeau dans Marc (15:40-16:8): Gregorianum (1958) 367-410. — 2 F. Montaguini, Valde mane una sabbatorum: Scuola Catt. (1957) 11-20. — 3 Cranfield,






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